Desde que Mario Vargas Llosa escribió "En qué momento se jodió el Perú", desde que el personaje del Zabalita se hizo esta pregunta en "Conversación en la Catedral", no ha parado de repetirse y de aplicarse a decenas de situaciones y países. La brillantez de la frase reside en la universalidad del sentimiento de pérdida. Todos hemos tenido algo valioso entre las manos que de repente descubrimos que ha quedado destruido o que otros lo hicieron. Igual que Zabalita no tenía respuesta, es difícil decir cuándo se jodió la Unión Europea. ¿Cuando se marcharon Kohl y Delors? ¿Con la ampliación masiva a los países del este? ¿Con la introducción errónea y mal planificada del euro?
Lo único bueno de darse cuenta que uno ya tiene una edad madura, aunque no lo sea, es que ha vivido cosas y además las recuerda. Y recuerdo la ilusión que creó en España la adhesión a las Comunidades Europeas. Para España, que pagó su peaje, suponía dejar atrás, o eso se creía, el pestilente hedor del franquismo y del aislamiento. ¿Ingenuidad? Quizá, pero la ingenuidad es prima hermana de la ilusión, supongo. Al parecer está comprobado que las personas que sufren una enfermedad o discapacidad importante desarrollan un mecanismo de defensa para soportarlo. Básicamente el cerebro garantiza la supervivencia engañando al cuerpo, que lo aloja sobre su verdadera situación. Si gozáramos siempre de lucidez no haríamos nada.
Creo que esta no es la Unión Europea que se soñó tiempo atrás. No es que no sea un sueño, sino que, siguiendo con el fácil juego de asociación de ideas, empieza a comportarse como una pesadilla. Hemos pasado del "déficit democrático" de las instituciones de la Unión, un problema importante pero técnico, a llegar a casi al convencimiento que la Unión Europea está al servicio de los banqueros, principalmente. No lo digo yo, que solo sufro de ingenuidad y de sobrepeso. Lo dicen otros muchos sabios, filósofos como Jürgen Habermas y algún que otro economista y odontólogo.
Por supuesto no se puede despachar la Unión Europa en unas pocas líneas y tirar a los cerdos todo lo conseguido, pero no hay que ser patólogo para darse cuenta que si uno tiene fiebre alta y ganas de vomitar, se encuentra mal.
Los síntomas son claros. Se prefiere llevar a un estado de la Unión como Grecia a la ruina y la desesperación política, con tal de salvaguardar los intereses de los bancos y los inversores, que a su vez deben de ser financiados con dinero público.
Se nos dijo que la Unión Europea era un espacio de libertad y garantía de los derechos humanos, pero cada día comprobamos su ineptitud criminal para afrontar las crisis políticas y de derechos humanos que ocurren en sus fronteras. El tratamiento a los refugiados sirios y libios por ejemplo es repugnante. El Mediterráneo convertido en tumba para miles de personas que huyen de la guerra debería avergonzar a los jefes de Estado y Gobiernos de la Unión. Pero en vez de eso lo que sucede es que no consiguen ponerse de acuerdo ni en un mezquino reparto de refugiados entre los países, con nuestro aborrecible Presidente del Gobierno a la cabeza de los mezquinos.
¿Sería posible en una Unión Europea fuerte una legislación tan contraria a los derechos civiles, rancia, tramposa y arcaica como la Ley Mordaza que para vergüenza de este país entrará en vigor el próximo uno de julio?
Seguro que el Gobierno griego ha cometido errores, y no digamos los gobiernos anteriores. Pero la lista de "10 acciones prioritarias" para Grecia publicado por la Troika habla por sí misma. Podemos resumirla en la misma receta carcelaria de siempre. Reforma de las pensiones, reforma del IVA, reforma del mercado de trabajo... Como señala el catedrático Vicenç Navarro, desde que se impuso la política de austeridad, el PIB griego ha caído cerca de un 25%. En cuanto a las pensiones, la gran mayoría de ellas no sobrepasan 665 euros al mes y solo el 14% son superiores a los 1050 euros al mes. Por supuesto, al igual que hace la infame ley mordaza española, trata de mezclar churras con merinas, e incluye medidas anticorrupción y fiscales, que embellecen las propuestas con la esperanza de que nos creamos que una cucaracha es una langosta, toda vez que ambos seres tienen antenas.
Grecia no está luchando solo por salvarse a sí misma. Perdonen que me ponga solemne, pero me da la sensación que en esa batalla estamos todos mezclados. Envalentonados después de poner a un país soberano de rodillas, no tendrán escrúpulos con el resto. También está en juego la democracia dentro de la Unión Europea.













