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28 junio 2015

¿En qué momento se jodió la Unión Europea?

  Desde que Mario Vargas Llosa escribió "En qué momento se jodió el Perú", desde que el personaje del Zabalita se hizo esta pregunta en "Conversación en la Catedral", no ha parado de repetirse y de aplicarse a decenas de situaciones y países. La brillantez de la frase reside en la universalidad del sentimiento de pérdida. Todos hemos tenido algo valioso entre las manos que de repente descubrimos que ha quedado destruido o que otros lo hicieron. Igual que Zabalita no tenía respuesta, es difícil decir cuándo se jodió la Unión Europea. ¿Cuando se marcharon Kohl y Delors? ¿Con la ampliación masiva a los países del este? ¿Con la introducción errónea y mal planificada del euro?

  Lo único bueno de darse cuenta que uno ya tiene una edad madura, aunque no lo sea, es que ha vivido cosas y además las recuerda. Y recuerdo la ilusión que creó en España la adhesión a las Comunidades Europeas. Para España, que pagó su peaje, suponía dejar atrás, o eso se creía, el pestilente hedor del franquismo y del aislamiento. ¿Ingenuidad? Quizá, pero la ingenuidad es prima hermana de la ilusión, supongo. Al parecer está comprobado que las personas que sufren una enfermedad o discapacidad importante desarrollan un mecanismo de defensa para soportarlo. Básicamente el cerebro garantiza la supervivencia engañando al cuerpo, que lo aloja sobre su verdadera situación. Si gozáramos siempre de lucidez no haríamos nada.

    Creo que esta no es la Unión Europea que se soñó tiempo atrás. No es que no sea un sueño, sino que, siguiendo con el fácil juego de asociación de ideas, empieza a  comportarse como una pesadilla. Hemos pasado del "déficit democrático" de las instituciones de la Unión, un problema importante pero técnico, a llegar a casi al convencimiento que la Unión Europea está al servicio de los banqueros, principalmente. No lo digo yo, que solo sufro de ingenuidad y de sobrepeso. Lo dicen otros muchos sabios, filósofos como Jürgen Habermas y algún que otro economista y odontólogo. 

  Por supuesto no se puede despachar la Unión Europa en unas pocas líneas y tirar a los cerdos todo lo conseguido, pero no hay que ser patólogo para darse cuenta que si uno tiene fiebre alta y ganas de vomitar, se encuentra mal.

  Los síntomas son claros. Se prefiere llevar a un estado de la Unión como Grecia a la ruina y la desesperación política, con tal de salvaguardar los intereses de los bancos y los inversores, que a su vez deben de ser financiados con dinero público.


  Se nos dijo que la Unión Europea era un espacio de libertad y garantía de los derechos humanos, pero cada día comprobamos su ineptitud criminal para afrontar las crisis políticas y de derechos humanos que ocurren en sus fronteras. El tratamiento a los refugiados sirios y libios por ejemplo es repugnante. El Mediterráneo convertido en tumba para miles de personas que huyen de la guerra debería avergonzar a los jefes de Estado y Gobiernos de la Unión. Pero en vez de eso lo que sucede es que no consiguen ponerse de acuerdo ni en un mezquino reparto de refugiados entre los países, con nuestro aborrecible Presidente del Gobierno a la cabeza de los mezquinos. 

  ¿Sería posible en una Unión Europea fuerte una legislación tan contraria a los derechos civiles, rancia, tramposa y arcaica como la Ley Mordaza que para vergüenza de este país entrará en vigor el próximo uno de julio? 

  Seguro que el Gobierno griego ha cometido errores, y no digamos los gobiernos anteriores. Pero la lista de "10 acciones prioritarias" para Grecia publicado por la Troika habla por sí misma. Podemos resumirla en la misma receta carcelaria de siempre. Reforma de las pensiones, reforma del IVA, reforma del mercado de trabajo... Como señala el catedrático Vicenç Navarro, desde que se impuso la política de austeridad, el PIB griego ha caído cerca de un 25%. En cuanto a las pensiones, la gran mayoría de ellas no sobrepasan 665 euros al mes y solo el 14% son superiores a los 1050 euros al mes. Por supuesto, al igual que hace la infame ley mordaza española, trata de mezclar churras con merinas, e incluye medidas anticorrupción y fiscales, que embellecen las propuestas con la esperanza de que nos creamos que una cucaracha es una langosta, toda vez que ambos seres tienen antenas. 

  Grecia no está luchando solo por salvarse a sí misma. Perdonen que me ponga solemne, pero me da la sensación que en esa batalla estamos todos mezclados. Envalentonados después de poner a un país soberano de rodillas, no tendrán escrúpulos con el resto. También está en juego la democracia dentro de la Unión Europea.




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14 marzo 2015

Varoufakis

  Desde que este señor apareció en mi vida he intentado hacer varias aproximaciones al personaje, quizá a cada cual más banal, a cada cual más errática. ¿Qué quieren que les diga? Si fuera un analista político serio trabajaría en La Razón o sería candidato de Podemos. 

  El primer acercamiento a Varoufakis ha sido la encuesta. Desde el punto de vista estrictamente heterosexual, y por tanto desenfocado, considero que Varoufakis es un tipo extraordinariamente atractivo. Masculino, decidido, fresco, inteligente y básicamente "cool". Una columna de Elvira Lindo, que se expresaba en términos entusiastas, me confirmó mis sospechas. Decía algo así como, y hablo con la escasa memoria ram libre de mi hemisferio izquierdo, que Varoufakis tenía una espléndida cabeza griega. Una cabeza bien visible gracias a una imponente alopecia, sin duda producida por altos niveles de testosterona. 

  Convencido del resultado y como creador de la empresa demoscópica "My extraño World", inicié un trabajo de campo que incluía a mis amigas y conocidas. Sorprendentemente la hipótesis de partida no fue confirmada. Algunas no sabían quién era Varoufakis. Hubo alguna que lo confundió con el anisakis y me recomendó que dejara de comer boquerón crudo. Entre quienes le conocían, el interés fue escaso y en algunas ocasiones, hostil.

  Desconcertado me fui a mis fuentes griegas. Varoufakis ya era una estrella en su país, donde analizaba la política griega. Una de mis fuentes le tachó de "griego virtual", un tipo que se ha pasado media vida lejos del Partenón y del Sirtaki. Al contrario que en España, donde la élite política tuvo su experiencia internacional más intensa antes de llegar a los ministerios en las colas de Eurodisney, en la mayoría de los países se han formado en el extranjero. En el caso griego, preferentemente en el Reino Unido. 

  Mientras nuestro Rajoy balbucea en castellano, o nuestro ministro de Hacienda Montoro habla en un idioma propio lleno de sonidos guturales, Varoufakis es bilingüe. Trabajó en universidades de Australia y Estados Unidos, y asesoró a George Soros, si bien la Wikipedia no me confirma ese detalle. ¿Maledicencia? Mi contacto griego es ligeramente derechista y considera a Varoufakis un pájaro.  

  Sin embargo, una periodista griega residente en España que mi memoria no es capaz de recordar, asegura  en una entrevista, que Varoufadis es una estrella. Brillante y un poco chulo, pero sin pelos en la lengua. Con todos los respetos, los que comparan Syriza con Podemos se equivocan de medio a medio. Olvidan el factor griego: nacionalistas y muy orgullosos. "Fuimos nosotros quienes echamos a los nazis", ¿ya no se acuerdan? Sí, vi "Los cañones de Navarone". También Anthony Queen tenía esa belleza griega en el cráneo. Accidentalmente había nacido mexicano.

  Una revista publica un reportaje, "El Varoufakis más íntimo". Aparece posando en su casa. Vemos al ministro tocar el piano. La vemos abrazar a su atractiva esposa, a la sazón artista. Lo vemos posar en una preciosa mesa rústica llena de coloridos alimentos a la espera de ser devorados por fauces patricias. Yo diría que la fauna invitada bien podría ser un profesor de filosofía, un empresario de nuevas tecnologías, una activista danesa de derechos humanos, un escritor francés, y si falla el músico, quizá de relleno el rector de la Universidad de Elche. Menú, me inclino por algo saludable. Que no falte el tofu ni el vino de Creta.

  Cómo se puede ser tan triunfador y tener tiempo de ir al gimnasio es para mi un misterio. Cabalgando en su moto y descamisado, camino de la reunión del Eurogrupo, Varoufakis parece una estrella de cine al lado de los casposos y encorbatados colegas europeos. Estoy seguro que De Guindos lo detesta, porque ni  siquiera el acento pijo y su paso por PricewaterhouseCoopers le han quitado su aspecto de huertano. El mismo Varoufakis ha reconocido que su presencia produce irritación. Estoy seguro que paladea esa irritación como un goloso una onza de chocolate Valor.  Pero no es irritación, es envidia, mi querido Yanis. A estas alturas, ¿ya ha quedado claro que no solo los ministros europeos envidian a Varoufakis? Yo me acuso: me gustaría ser él, como me gustaría ser bombero de calendario, Daishin Kashimoto, Adrian Mannarino y Jordi Roca. También me gustaría ser funcionario  o monitor de pádel. ¿Rencor? No. Si consigue su propósito de sacar a Grecia de la pobreza y recuperar la dignidad, con gusto rumiaré mi resentimiento por las esquinas.




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24 enero 2015

Grecia es nuestro estado de ánimo

  En español hay muchas expresiones que vienen a significar la ruptura alegre y despreocupada con el pasado. El sentido común dicta que deben hacerse las cosas de acuerdo con una lógica establecida, conservadora podríamos decir. Pero desde siempre, la sabiduría popular ha sabido que llega el momento de cortar, de seguir los impulsos. El momento de "ponerse el mundo por montera" y "que salga el sol por Antequera". Si sale bien "San Antón y si no la Purísima Concepción".

  Sin duda las realidades políticas y económicas son también estados de ánimo colectivos. 



  Cuando se es precavido, es mejor ante unas décimas de fiebre, quedarse en casa en el sofá, tomarse un caldito e ir a la cama temprano. Pero si el malestar sigue, quizá sea mejor después de todo darse dos carreras, una ducha fría, recurrir a la homeopatía, practicar sexo o tomarse dos gin-tonics. "A vivir que son dos días" o incluso, si el fin es inevitable, "para lo que me queda en el convento, me cago dentro".

 El estado de ánimo acaba encarnándose en los líderes políticos. Por ejemplo, el temperamento sombrío de los británicos de los años setenta y principios de los ochenta, inmersos en una profunda crisis económica y de identidad nacional, se encarnó en Margaret Thatcher, la sombría hija de tendero. La Dama de Hierro, en la más clara tradición del sadomaso nacional, interpretó que los "naughty" británicos, especialmente los laboristas, mineros escoceses y otros izquierdistas,  estaban "in need of correction".

  Muchos británicos están todavía hoy en día, satisfechos de los azotes recibidos, creen que la política de Thatcher contribuyó a recuperar algo del Reino Unido, y el borracho Galtieri se prestó voluntario como diana de los torpedos de la Royal Navy. Aun así desde luego no volverían voluntariamente a poner sus nalgas en pompa preparadas para el castigo.

 El caso de los españoles no es distinto. Aunque amantes de la fiesta, el español es melancólico y desconfiado. En los momentos de alegría podemos confiar en jóvenes abogados como Felipe González o Zapatero. En los de preocupación en un enfurruñado y malcarado inspector fiscal como José María Aznar, y en la postración anímica, en un registrador de la propiedad como Rajoy, un señor aburrido y gris de ojos huidizos y maliciosos.

  Si uno ve el panorama político griego, todo lo que digamos se multiplicará por diez. Si Aznar es enfurruñado, Mijaloliakos de "Amanecer Dorado" es un exaltado violento. Si Rajoy es gris, Samarás da ganas de llorar. El recientemente fabricado líder de centro, Eleftheriadis, es una marca blanca. No es el Gelocatil, es otro analgésico mejor que no daña tanto al estómago pero tiene el mismo principio activo.

  El conservador que anida en mí, el miedoso al que no le gusta salir de "la zona de confort" y algunos datos más, hacen que no me fíe nada del líder de Syriza, Tsipras (Chiripas para el catedrático de Economía, Santiago Niño). Pero deseo, por lo que nos toca, que los griegos le den el poder. Que se dejen de miedo, que rompan las cadenas de la Troika y el FMI. Que tomen una opción optimista, aunque sea equivocada y "cojan el toro por los cuernos". Ya una vez dejaron de ofrendar al Minotauro, siete doncellas y siete mancebos.




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11 julio 2014

Ojo por ojo

  El pasado treinta de junio aparecieron muertos los tres estudiantes israelíes que habían sido secuestrados dieciocho días antes. En las noticias de CNN aparece la figura con el rostro descompuesto —podría afirmarse que rezumando odio— del Primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, afirmando que se haría justicia y no venganza, y que esa era la diferencia entre "ellos" y "nosotros". Para un espectador imparcial y espeluznado como yo, eso significa al menos que Netanyahu sabe distinguir entre el bien y el mal. Luego el mal tiene conocimiento de causa.

  Poco después un adolescente palestino fue secuestrado y quemado vivo. También transcendió por haber sido grabado por una cámara la brutal paliza de la policía israelí. La mala suerte hizo que el joven árabe fuera estadounidense, afincado en Florida, desde donde habla su tía clamando justicia. Entre la opinión pública estadounidense, algo preocupada por esos temas, no gustó nada ver cómo un compatriota, casi un niño, era salvajemente pateado. Pero a los israelíes les importa relativamente poco lo que piensen las autoridades de Estados Unidos, como demostró en 2010 cuando se desairó públicamente al vicepresidente Joe Biden.

  Y en la lógica diabólica de Israel sabemos lo que significa "no tomar venganza": bombardeos a la población civil. Corte de todo tipo de suministros, etc. Desde el comienzo de la ofensiva ya han muerto, según publica El País cuando escribo estas líneas, "más de un centenar de personas", de los cuales 60 son civiles y "al menos" 23 son niños. (Actualizado 23 días después: +1600 muertos palestinos). Cualquier excusa es buena en la consecución de la "solución final" a la israelí. Mientras, la comunidad internacional se limita a pedir... No merece la pena ni continuar la frase, pues debería forzosamente concluir con un exabrupto. En cuanto a Obama, el "pato cojo" no está para dar saltos, si me permiten el chiste facilón.

  Hace unos años, durante la segunda intifada, el intelectual —supuestamente de izquierdas y ex embajador— Shlomo Ben Ami, aseguró que su esperanza para la zona es que empeoraran las cosas, en una versión "buenista" del cínico principio según el cual cuanto peor, mejor. Tan sutiles análisis no están al alcance de mis entendederas, pero la experiencia de este conflicto es que cuanto peor,  peor. Si recuerdo lo que dijo este intelectual, es porque se le supone moderado, agudo y humano. La triste conclusión que  podía sacarse era, que si Ben Ami era de los buenos (palomas en el argot), no quería ni pensar como serían los malos (halcones).

  Pero la esperanza es que sí que existe dentro de la comunidad judía e israelí personas que no se dedican a ver los bombardeos de las ciudades palestinas como estuvieran en el cine, sino que trabajan para la consecución de la paz y la justicia en la zona, como Jewish Voice for Peace. Por supuesto, enfrentarse a las bestias del odio exige una gran capacidad intelectual, una determinación a prueba de fuego y una heroicidad casi sobrehumana. A menudo los que lo hacen pagan con su vida, como le pasó a Isaac Rabin, o muy recientemente a Sawa Bugaidhis.

  Alguien hablará del derecho de defensa. Alguien hablará de los cohetes que se lanzan desde territorio palestino. Alguien hablará de Hamás y de los poco recomendables Hermanos Musulmanes. Pero el ataque indiscriminado contra la población civil está prohibido en el Derecho Internacional Humanitario y se considera un crimen de guerra. Lamentablemente este conflicto es peor que una guerra y ni tan siquiera sus normas le son directamente aplicables. Además, el desequilibrio de fuerzas (y de víctimas) entre las dos partes es tan brutal, que cualquier argumento en ese sentido podría ser rebatido por un niño/a de once años (quizá por el mismo niño que muere al ser bombardeado).

  Escuché a Miguel Angel Aguilar decir esta semana en su telegrama en Hora 14, en la Cadena Ser, que el hecho de que los judíos padecieran el holocausto no les da derecho a infligir el trato que dispensan a los palestinos. Así es.



Fotografía de Ana Maroto


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07 diciembre 2013

Madiba

  No me quiero especializar en ese noble oficio periodístico de las necrológicas, pero cómo no escribir sobre Mandela. Por suerte existen personas como él. Por desgracia, deben existir figuras como Nelson Mandela. Hoy el planeta llora la desaparición física del abogado que contribuyó a destruir el sistema del Apartheid. Su hazaña personal consiste en no albergar rencor tras décadas —los mejores años de su vida encarcelado— (y en esa faceta no es menor el poeta español Marcos Ana). Su hazaña política, haber sabido convertir su excepcional capacidad personal en el motor político de la nueva y reconciliada Sudáfrica. Una tarea hercúlea que revela una inteligencia, determinación y corajes excepcionales. No está mal para un abogado.

  Su gigantismo moral es tan enorme (si es que puede haber gigantes pequeños) que su figura es apoyada por seres de todo tipo de pelaje. Entre los millones de personas que lloran sinceramente su pérdida y aprecian su legado, se cuelan como gusanillos en el intestino delgado otros individuos como el sátrapa y asesino que gobierna en Damasco, que se ha apresurado a invocar la herencia de Mandela, o el pícaro político español y valenciano Rafael Blasco. Todos, menos los del gobierno checo, se sienten obligados a rendir pleitesía a Madiba, curioso destino para aquel que durante años fue definido como terrorista.

  En su interesante libro "El factor humano" (título en español horrendamente copiado de la novela de Graham Greene), John Carlin, en el que luego se basó la película "Invictus" desvela, cosa que me sorprendió extraordinariamente, que Mandela no era ningún excepcional orador. Al contrario, tenía un tono discurtivo más bien monótono. No necesitaba la elocuencia para ser un líder mundial pero le hubiera descalificado para trabajar en la Renault como comercial. Pero, cuenta Carlin, tenía un encanto personal en el que sucumbían incluso sus rivales como De Klerk (contratado en la Renault).

  Traspasado cierto umbral, lo sabían de sobra los antiguos griegos, las personas dejan de ser personas y emparentan con los dioses. Ghandi o Mandela ya pertenecen al linaje de Ulises. Un titán para hacer una tarea que parece imposible. ¿Se imaginan un Mandela en Palestina o Israel? Quizá se necesite. Uno que dure lo suficiente para no ser asesinado.

  ¿Quién es el presidente de Suiza? ¿Quienes eran los primeros ministros suecos mientras estaba Mandela en Robben Island? Estos tranquilos y aburridos países no han necesitado héroes o al menos no héroes de la altura de Mandela. Qué bello sería un mundo sin necesidad de dioses y que las diosas sólo fueran de la fertilidad. Mientras tanto, al menos de cuando en cuando, la raza humana tiene un Mandela.

Gracias Madiba





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03 diciembre 2013

Afri-¿qué?

  Escribió el gran periodista polaco Riszard Kapuscinski que África en realidad no existe más que como espacio físico. Una bofetada para los que ven el continente como una simplificada unidad. África, ese lugar de pobreza, safaris y mosquitas con malas intenciones. Es curioso, teniendo en cuenta que somos un país que tiene parte de su territorio en ese continente, y que aunque de poca extensión geográfica, también poseemos allí un pasado colonial y lo ignoramos completamente. Y de la ignorancia española podría decirse lo mismo del que roba a un ladrón, no sé si me siguen.

  En los medios de comunicación españoles África solo existe en su doble vertiente de exportadora de inmigrantes que huyen de la pobreza y de importadores de voluntarios que huyen (quizá) del aburrimiento y de la mala conciencia. Cuando se da información en profundidad, ésta versa sobre las razones de la pobreza y la inmigración y las razones bondadosas de los cooperantes. Por lo demás es casi imposible poner en el mapa los países africanos y el más conocido de sus habitantes es algún león del Serengueti.

  De cuando en cuando África aparece. A veces en forma de elefante de Botswana (con Rey cazador de por medio) y eso nos obliga a poner ese país en el mapa. Otras, las más, porque el fútbol se mezcla en sus asuntos. El fútbol y su primo el rugby, inventos que se fundaron en la Taberna de los Francmasones en Londres, es una pasión española y africana. No es de extrañar que el último encuentro entre la antigua colonia africana de Guinea Ecuatorial y la vieja metrópoli haya sido un partido de fútbol.

  En la víspera, los bienpensantes (los mismos que no osarían criticar una gira por China, o al menos no con tanto estusiasmo) dedicaron la semana a criticar que la selección española jugara en el país que gobierna el sátrapa —formado en la academia militar de Zaragoza— Teodoro Obiang. Por supuesto, es mejor ser bienpensante que malpensante, pero ambos son igual de aburridos, se desahogan cuando saben que sus cacareos son perfectamente inútiles y se hacen a base de rivales que creen de poca enjundia, como los ecuatoguineanos.

Manuel Iradier
  No conviene menospreciarlos, a los ecuatoguineanos, me refiero (tampoco a los bienpensantes). Nos tiraron a patadas en una retirada colonial muy a la española, es decir, un acontecimiento entre lo trágico y lo cómico. El gobierno de Felipe González les animó a que se integraran en la comunidad francófona, pero ellos siguieron recalcitrantes con el español. Toda la historia de Guinea Ecuatorial y de España es interesante, cómica, trágica y asaz novelesca. España le debe la colonia a Manuel Iradier. Aventurero y masón, ahora olvidado, merecería al menos una buena película. Ya se sabe que estas historias no entran dentro de la noble categoría de "memoria histórica", que en la definición española significa lo que algunos quieren a toda costa recordar y otros a toda costa olvidar. 

  Los que no entran en esta categoría, como Manuel Iradier y la relación de España con Guinea Ecuatorial, duermen el sueño de los justos. Ramón Jiménez Fraile editó en un libro llamado "África" y publicado por Mondadori, una selección de textos de este explorador vitoriano y artesanal que quedó fascinado por la aventura tras acudir a una conferencia del explorador y buscavidas Henry Morton Stanley (doctor Livingston, supongo).

  África no será un país, pero también es un lugar de cultura, gastronomía (aun recuerdo el delicioso programa británico "A taste of Africa"), tradición y negocio. Se lo digo yo, que me he recorrido el continente en falsos viajes desde Argel a Ciudad del Cabo, pasando por Addis Abeba.

Nota final. Como hace tiempo que no me pongo estupendo recomendando películas, aquí van tres consejos cinematográficos africanos y un blog.






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17 agosto 2013

Nuestros amigos en El Cairo

  Un buen día, el ejército egipcio (financiado por Estados Unidos) decide destituir y detener al Presidente Mohamed Morsi (cuyos hijos son estadounidenses). Se nombra a otro presidente y un premio Nóbel de Paz merodea por allí con no recuerdo bien qué cargo. España, como otros países de la Unión Europea, decide llamar al evento "interrupción del proceso democrático", como quien llama a una diarrea, interrupción del proceso digestivo.

  La mayoría de los medios de comunicación decidieron llamar a las cosas por su nombre y llamar golpe de estado a lo que había sido un golpe de estado, no sin antes organizar debates donde discutir si el golpe de estado había sido un golpe de estado. Al final, como les gusta decir a tertulianos y políticos, la realidad es tozuda y los golpes de estados son golpes de estado. ¿Repetí mucho golpe de estado?

  Todo bien si no fuera por que los golpistas son "los nuestros" y los derrocados del poder tras ganar limpiamente unas elecciones "los otros". En occidente son los nuestros tanto para la derecha como para la izquierda, lo que hace a los otros más otros. No nos arrepintamos porque los otros son los islamistas. Bien es cierto que el complejo fenómeno del islamismo no cuadra en la caricatura del fanático de cuernos y rabo que a veces nos pintan. Pero siendo sinceros, con los islamistas, por su propia naturaleza, al menos el laicismo (esencial para toda democracia real) y los derechos de las mujeres, están en peligro.

  Pero examinemos quiénes son nuestros amigos en El Cairo. Es verdad que todo comenzó con masivas protestas ciudadanas contra el gobierno de Morsi, pero en ningún país democrático hubieran justificado un golpe de estado —acaso sí la convocatoria de elecciones anticipadas— de la misma manera que no queremos que Rajoy sea derrocado, sino nombrado comentarista ocasional de ciclismo en Teledeporte.

  Oyendo el clamor popular los militares se pusieron manos a la obra. Los militares cuando toman el poder acostumbran a ser gente poco desinteresada y una vez fortalecidos, poco amigos de andarse con remilgos negociadores (una ventaja de los políticos, por muy culebriles que sean). De modo que los militares egipcios, que tenían el poder de facto antes de la primavera árabe, con la excusa de las protestas populares, se vuelven a hacer con el poder de nuevo.

  Al final tenemos a los islamistas seriamente cabreados y decididos a recuperar el poder, convocando unos festejos que llaman "viernes de la ira", como si se tratara de una secuela de Freddy Krueger; y al ejército, con sus reales aposentados en el poder, que no dudan en utilizar una brutal y criminal represión contra los ciudadanos que participan en las protestas.

  Y estos son nuestros amigos. Los que disparan y asesinan a la gente. Podemos decir entonces como Kissinger de Somoza, el dictador nicaragüense; "Sí, es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta".

  ¿En eso quedó la primavera árabe? ¿Entre el ejército criminal y la perspectiva nada alentadora de que los islamistas recuperen el poder? Qué difícil es esto de la democracia. No se improvisa en unos meses ni quizá en décadas, porque el respeto a las diferencias y la tolerancia es tan sofisticada como la Teoría de Cuerdas. Como estoy en vacaciones, me siento optimista. En el Mediterráneo, antes de la verdadera primavera hay heladas que marchitan las flores del almendro. Lo malo es que mucha gente ya no la verá. Ni eso ni nada.




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20 marzo 2013

¡Viva Chipre!

  Si son españoles recordarán ese infausto día en que Zapatero compareció ante el Congreso de los Diputados para anunciar los recortes impuestos por nuestros "socios" europeos. Fue una claudicación en toda regla. Vapuleado la noche anterior por los matones de Bruselas, ZP compareció como una piltrafa en la tribuna y aspecto de "Ecce Homo", inmolándose en la pira de los  recortes. Ya se sabe que esta política ha sido seguida, de modo igualmente gallináceo, por el gobierno de Mariano Rajoy (ya saben, ese que no tiene nada que decir salvo que la culpa de todo es de la herencia recibida y no sabemos quién es Bárcenas).
 
  Ha tenido que ser un país pequeño, Chipre, cercenado aún por la ilegal invasión turca que les sigue privando de casi la mitad de su territorio, quien ha tenido que plantar cara a esa asociación paracriminal conocida como la Troika. Por supuesto, sobre Chipre se ha volcado toda la propaganda oficial bajo el lema "se lo merecen", blanqueo de dinero etc. Ya se sabe que en Francfurt  todos los negocios son impecables.  Por supuesto, haber elegido Chipre no ha sido accidental. En teoría es un buen lugar para hacer ciertos experimentos. En teoría.
 
  Dice el ministro De Guindos que los depósitos de los ahorradores españoles son sagrados. ¿Tan sagrados como la sanidad universal o la educación gratuita? A estas alturas, ni el más ingenuo se cree las palabras de un político español. Si lo han hecho con los chipriotas, ¿por qué no con nosotros?
 
  España, se les olvida a los españoles, pese a nuestra situación y la ralea de cierto paisanaje, no es un país cualquiera. Incluso en plena recesión económica ocupamos el puesto 14 en el ranking PIB a nivel mundial y cuarto de la eurozona, posee una gran influencia cultural, ocupa puestos altos en el ranking de Indice de Desarrollo Humano, por encima de Gran Bretaña, Luxemburgo o Italia y sin embargo...
 
 "This is about dignity" decía la pancarta que llevaba una manifestante chipriota protestando a las puertas del parlamento de su país. No sólo se trata de dinero. Se trata de dignidad. Un grupo de políticos cargados de cafeína no pueden cargarse la legalidad y tratar a un país como la pieza de un juguete  que se pone y se quita a su antojo. Por suerte hay ciertas cualidades que no figuran en las estadísticas económicas. Veremos que acaba pasando, pero de momento Goliat se ha envainado su amenaza y recula. Como diría Miguel Ángel Aguilar, veremos.


 
 
 
 
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13 marzo 2013

11 claves para seguir el Cónclave

Atentos, porque para paladear el espectáculo es imprescindible prestar atención a los actores secundarios de la función. He aquí once claves para no perderse nada.
 
  1. Los grupos de monjitas. Auténticas "gruppies", no se retirarán estos días de la Plaza de San Pedro, haga viento, sol o lluvia.
  2.  
  3. Los grupos de despistados. Se ha escuchado a más de un turista norteamericano preguntar cuándo se anuncia la pizza papal.
  4.  
  5. La poli. La seguridad debe ser máxima y los agentes están por todos lados, incluso dentro de la chimenea.
  6.  
  7. Los vendedores. Lamentablemente Ratzinger no tuvo tirón. Juan Pablo II sigue siendo aún el máximo filón. Han creado un grupo de presión para entronizar a un Santo Padre que dé bien a cámara.
  8.  
  9. Los ladrones. Carteristas de todo el mundo se han congregado en Roma. Sus víctimas predilectas son las mochilas de los currillas. Su cínica frase de gala es "quien roba a un ladrón, cien años de perdón".
  10.  
  11. Los muchachos de la prensa. Deben lidiar con sus pocos conocimientos de latín. Palabra fetiche "papable".
  12.  
  13. Los "vaticanistas". Oscuros personajes expertos, supuestamente, en los entresijos del Vaticano. Muchos de ellos fueron en su día "Kremblinólogos" y alguno se ha colocado como exorcista part time.
  14.  
  15. Los ateos renegados. Han dado una excusa falsa a sus familias para pasarse por Roma. En teoría no creen ni en Dios ni en la Virgen y detestan a los curas, pero les importa la elección más que a todos los grupos anteriores. Su medicamento predilecto es "lexatin" con el que combaten la ansiedad entre fumata y fumata.
  16.  
  17. Los activistas lesbianas y gays. No desaprovechan la ocasión para hacer un performance en top less o pelota picada contra la homofobia católica. Suelen ser reducidos por la policía y las monjas.
  18.  
  19. Los niños. Pasan por la plaza pero no acaban de enterarse. Sólo desean comer, mear y mirar por debajo de las faldas de las monjas y las sotanas de los curas. A su modo, el grupo más influyente.
  20.  
  21. Los profesores jubilados de latín. Imprescindibles para seguir algunas partes del proceso para aquellos que no pasamos del rosa rasae.





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12 marzo 2013

El Cónclave II: Pendientes de la chimenea

  Si fuese corresponsal en Roma, mi crónica de la primera fumata sería "atufados en el Vaticano". Me entran dudas, después de ver la impresionante humareda negra, de cuál será el estado de los frescos de la Capilla Sixtina. Espero que los deshollinadores vaticanos hayan hecho un buen trabajo y el tiro sea el apropiado. Puedo imaginarme su factura. Over Chimeneing subcontrató la instalación de la chimena a Chimeneas Management que a su vez subcontrató con Vatican Smog Lmtd. con sede en las Islas Caimán. Además Advance Humo Investment elaboró un informe técnico sobre la posibilidad de sustituir la fumata por una hoguera como la de las Fallas por la que cobró 450.000 euros IVA no incluido.

La chimenea por donde sale la fumata que anuncia al Papa es minúscula. Está anclada con dos cables nada glamourosos, de esos que te dice el albañil  —de momento está bien, pero cámbiela cuando pueda—. Si no estás bien situado en la Plaza de San Pedro se puede confundir con un grajo, o con una docena de arañas. Será una porquería de chimenea, pero es nuestra chimenea.
 
  Después  de ver el humo, negro como mi alma, tengo dudas sobre el estado de salud de los cardenales. Supongamos por un momento que un terrorista (quizá el mismo que mató a Chávez) se ha infiltrado de Cardenal, ha convencido al Camarlengo para prender la fumata y ha aprovechado la ocasión para rociar la leña húmeda con un producto letal y ha acabado con la vida de todos y también la suya. ¿Quiénes serían los suplentes? ¿Los obispos más veteranos del escalafón? ¿Debería volver Benedicto XVI de su dulce retiro para volver a nombrar cardenales, hacer un nuevo cónclave y elegir un Papa? ¿Estoy siendo presa del pánico religioso?
 

 
  Mi sobrina Marta, de trece años, mira a los cardenales por la tele. Su abuela le pregunta qué le parece el asunto. Para empezar, pregunta por qué no hay ninguna mujer. No sabemos qué responderle. —Viejos y feos— concluye, y ahí termina su interés. Tengo dos días, que es lo que calculan los vaticanistas en que se elija al nuevo Papa, para inculcarle mi afición por los fastos católicos. Lo tengo negro fumata.

09 marzo 2013

De Presidente-Comandante a momia

  Los españoles, al menos los medios de comunicación, han debatido sobre la figura de Hugo Chávez durante el tiempo de su mandato casi con tanto calor como los propios venezolanos. Después de todo quizá la tradicional hermandad de España con los países iberoamericanos que tanto cacarean los políticos y tan poco practican existe en la calle (y si no véase la vergonzosa legislación de extranjería que les hemos aplicado a mayor gloria de la Unión Europea). Nos importa lo que pasa en Iberoamérica y en Venezuela, no sólo en Canarias, donde todavía se la  conoce como la octava isla, sino en toda España (perdón, estado español).
 
  Cuando los venezolanos debaten sobre Chávez dan miedo. Es difícil encontrarse a alguien que no sea un furibundo partidario o detractor (en España se encuentran muchos más de los segundos). Ninguno de ellos es capaz de reconocer mínimos aciertos durante estos años de Chávez en el poder (como la reducción de la pobreza) ni mínimas críticas (como obvio talante populista y autoritario, el fomento del culto a la personalidad etc). Si alguno de ellos estuviera dispuesto a reconocer las zonas grises en vez de ver sólo las blancas o las negras, me hubieran convencido para su causa.
 
  Da espanto reconocer esa vena cainita y, sinceramente, reconocerse en ella. Porque quizá de forma natural entre primos hermanos es la misma tendencia que tenemos los españoles, pocos dados a las matizaciones en nuestras opiniones, anclados en banderías, macerados en el rencor por los medios, y yo el primero de ellos.
 
  Escuché a un analista contraponer el respeto de la prensa de Estados Unidos al informar de la muerte de Chávez con la que ha mostrado la española. Añadía que entreveía en esta actitud un residuo colonial. Yo no llegaría tan lejos, pero los hechos dan la razón al analista en cuestión. Un importante diario catalán llegó a titular el hecho de la siguiente manera: "El caudillo se calla", en alusión al incidente con el Rey Juan Carlos I en una Cumbre Iberoamericana. Ja ja ja. Seguro aún se están partiendo en la risa en la redacción. Les doy el premio a la ocurrencia, se merecen unas moneditas.
 
  Algún lector, sin embargo, dirá: ves la paja en el ojo ajeno y no la viga en el tuyo. ¿Acaso no hace usted un chiste con el título? Los españoles no podemos ver con un poquito de sorna los numeritos del mandatario, su eterno programa de "Aló Presidente" como floridos juegos de sudamericanos subdesarrollados. Sin embargo, mirados desde la otra orilla, es verdad que sería impensable un programa similar con Rajoy o Zapatero, pero ¿es mejor tener un presidente mudo y que cuando habla lo hace para mentir o decir sandeces? ¿Era mejor el discurso melifluo de Zapatero? Si tuviéramos que momificar a alguien para rendirle culto; ¿A quién sería? ¿A Iker Casillas?

 

Suerte Venezuela, y a nosotros que nos pillen confesados.

21 febrero 2013

El cónclave

  Alguien me manda un correo electrónico. El Papa ha renunciado. El alemán se marcha, se pira, se jubila, se abre. La palma del martirio no es para él, ya la llevó por suficiente tiempo su antecesor polaco y debe estar aún pringosa. Por lo visto lo ampara el Código de Derecho Canónico. Compruebo ambas cosas y son ciertas. Repaso mi  vida en Papas: Pablo VI (ver Las Sandalias del pescador), Juan Pablo I (ver El Padrino III), Juan Pablo II (ver Gentl), Benedicto XVI (ver Drácula de Bram Stoker).
 
  El que me lo manda sabe que me encantará la noticia. ¿Tenía algo contra Ratzinger? No me consta. ¿Había hecho campaña a las puertas del Vaticano pidiendo su renuncia? No me consta. ¿Soy católico? Me consta que no. ¿Idiota? Tal vez, pero no toquemos temas que no vienen al caso.
 
  Ergo Why? La persona que me lo manda sabe que me encanta el show de los cónclaves de elección papal. ¿Será un italiano? ¿Será  negro? ¿Será gay? La persona que me lo manda sabe que la última vez hasta hice una porra. La persona que me lo manda incluso me quiere zaherir diciendo que me encantaría no sólo participar en ellos sino encima resultar elegido. Yo que soy un agnóstico, ateo o agnóstico impenitente. Anticlerical cerebral y militante contra las religiones del Libro. Y ¡ay! el caso es que es verdad.
 
 
  Serán restos de mi educación en los jesuitas, pero me gusta la escenografía católica cuando se visten las mejores galas vaticanas. El desfile de los purpurados. Las intrigas vaticanas. Fantaseo con su encierro. Los oigo cuchicheando en los rincones de la capilla Sixtina mientras simulan rezos a la Virgen de Montserrat. Jurando en arameo, latín y griego clásico y conspirando bajo el baldaquino de Bernini. De alguna manera soy a los cónclaves lo que muchos gays a Eurovisión. No entiendo como los bares no montan "Cónclaves Night" para seguir en directo la elección, con palomitas, patatas fritas  y vino casi consagrado (pida dos pague uno).
 
 
 Adoro que de pronto, las tertulias radiofónicas se pueblen de teólogos (liberados o esclavizados), vaticanistas, y otra fauna sacada de novelas de Dan Brown o programas de Iker Jiménez.
 
  Y luego están las palabras. Expresiones que sólo se escuchan estos días como "Colegio Cardenalicio", "Veni Creator" o mi preferida: ¡El  Camarlengo! Tengo pesadillas con que un desalmado en twitter sabotee la fumata blanca.
 
  Es cierto que, por mor de la buena mala salud del Benedicto XVI, el show esta vez será incompleto y sólo constará de la segunda parte. Pero aún así, disfrutémoslo. Es un mes de hermoso espectáculo que como buenos cristianos purgaremos con años de flagelación homófoba, machista y financiera, entre otras. Sólo me queda un deseo. Que la santa Paloma elija a un anciano.






13 octubre 2012

Premio Nobel Irónico de la Paz

  El Premio Nobel de la Paz 2012  se concede a la Unión Europea.

(Pausa valorativa). Sí, a esos. A los de Bruselas. (Pausa valorativa). (¿Risa nerviosa?). No digo que la Unión Europea no se merezca una cena en Oslo, pero ¿de verdad creen que a los noruegos les importa? 

  Mi conocimientos sobre los noruegos no va más allá de un reducido número de clichés. Por desgracia no he estado nunca en el país, lo que quiere decir que o no me enteré o no tenía dinero cuando la moda era visitar los fiordos. He visto noruegos a menudo en  Alfaz del Pi (Alicante), donde reside una numerosa colonia. Parecen gente apacible, aunque no especialmente simpática, que acarrean su salmón de un lugar a otro y aprovechan cada rayo de sol por muy tórrido que sea el día. Ya lo dije... clichés y tópicos. 

  Y sin embargo es justo que añadamos otro, y es el de poseer un ácido sentido del humor, que se manifiesta cada año en la concesión del Premio Nobel de la Paz. Quizá me equivoque y  lo único que busquen sea fastidiar a los suecos. Si en vez de una comisión del Parlamento noruego, fuera otorgado por el Congreso español o el Parlamento de Cataluña, "The Economist" aseguraría que el jurado se había deliberado bebiendo sangría y comiendo tortilla. Como resultado el jurado español/catalán del Premio Nobel  habría decidido conceder el Nobel de la Paz a... ¡la Unión Europea! (y si no vinieran a recogerlo o lo rechazaran, a  Iker Casillas y Xavi Hernández).

  Pero este premio lo otorga, como dijimos, el Comité Nobel del Parlamento Noruego. ¿Da positivo el salmón? El premio se entrega en el Ayuntamiento de Oslo, estableciendo un pertinente cordón sanitario con los Nobel "de verdad", que lo hacen en Estocolmo. En su "palmarés" figuran Lech Wallesa, Sadat, Simón Peres, Arafat, Obama (por sus méritos venideros) y el pacifista político germano-americano Henry Kissinger (por no asesinar a ningún familiar cercano pudiendo hacerlo).

  Noruega rechazó ser miembro de la Unión Europea  por dos veces en el año 1972 y en 1994. Visto lo visto, no puedo decir que se equivocaran del todo. Han esperado en otorgar el premio cuando todo el mundo está de acuerdo en que la Unión Europea pasa su crisis más profunda. Ya nos advirtió Julio Cortázar que un premio puede ser un regalo indigesto. Por tanto, es urgente que sea cambiado el nombre del galardón por el de "Premio Nobel Irónico de la Paz" o "Premio Nobel de la Paz Con-Su-Pan-se-lo-Coman".

  Aprovecho para aventurar posibles ganadores en los próximos años:

  • Arnaldo Otegi y Jaime Mayor Oreja. Por su altura de miras en la resolución del conflicto vasco.
  • Bashar Al-Assad. Por detener el genocidio en Siria después de haberlo iniciado.
  • Guantánamo. Por la mejora de sus instalaciones que la han convertido en penitenciaria modélica.
  • Comité Olímpico Internacional. Por su desinteresada labor en favor del deporte.
  • Angela Merkel. Por sus esfuerzos en favor de la prosperidad mundial.
  • Mitt Romney (si gana). Por lo que tememos que pueda hacer para que no lo haga.
  • Iker Casillas y Xavi Hernández. Porque se lo merecen todo.
  • Ikea. Por su contribución a la independencia de pequeñas repúblicas.