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24 julio 2014

Reeducados

  Han leído en la prensa, supongo, que Jaume Matas, ex ministro de del Gobierno español con Aznar y ex presidente de la Comunidad Autónoma de Baleares; Carlos Fabra, ex eterno presidente de la Diputación de Castellón y Pedro Hernández Mateo, ex alcalde de Orihuela (Alicante) —todos ellos del Partido Popular—, (pero que se hicieron corruptos por culpa de Zapatero) van a entrar en prisión.

  Será que estamos en época de vacaciones y de viajes, por lo que la prensa narra la elección del centro penitenciario elegido para cumplir la condena como quien narra la elección de un destino vacacional. Por ejemplo, los chicos de la canallesca especulaban sobre si Matas elegiría una cárcel mallorquina, cuyo catering debe estar provisto de mejores ensaimadas, o de una cárcel madrileña, ya que es allí donde vive el condenado. Finalmente Matas se quedará en Madrid, y así no tendrá tentación de practicar balconing. ¿Se habían dado cuenta que Centro Penitenciario y Centro Comercial comparten la misma centralidad? Y todavía hay gente que cree que el equilibrio está en su justo centro.

  Pero esta entrada no está escrita para (o sólo) decir tonterías. También es para instruir y reflexionar todos en voz alta, (yo pongo la voz alta y usted pone la reflexión, por supuesto). El artículo 25 de la Constitución Española dice que "las penas privativas de libertad estarán orientadas a la reeducación y reinserción social del preso". "Aborrece el delito pero compadece al delincuente", clamaba doña Concepción Arenal. Qué repugnante es la corrupción, el cohecho, el tráfico de influencias, pero mi compasión para Matas, Fabra y Hernández Mateo.  

  Cuando uno ingresa en una prisión española no le dan un traje naranja como hacen en sitios menos civilizados. Uno puede conservar su chándal más escandaloso para pasear por el patio. Cuando el interno entra en prisión pasa un reconocimiento médico. A los pocos días tiene una entrevista con los profesionales del centro, el educador, el psicólogo, el maestro...

  Me muero de ganas de conocer el contenido de esas entrevistas con tan ilustres presos. 

—Veamos señor Matas. ¿Consume usted drogas? ¿Sabe leer y escribir? ¿Su padre se fue de casa y su madre les abandonó? ¿Pertenece a una familia desestructurada? ¿Ha abusado del alcohol, los fármacos, antidepresivos ansiolíticos? ¿Era su padre un hombre violento y autoritario? ¿Le sorprendió alguna vez masturbándose o mirando imágenes sexuales? Yo le muestro unas manchas en un cuadro y usted me dice qué es lo que ve. —¿A Iñaki Urdangarín?—.

—Buenas tardes Señor Fabra. Soy el educador del centro. Mi misión consiste en que comprenda que su conducta es dañina para la sociedad. Hablaremos de los impuestos y de por qué hay que pagarlos. Creo que le gustan los aviones, por lo que usted hará pareja con otro interno al que le gusta el aeromodelismo y así implementará habilidades de cooperación de empatía. Una Trabajadora Social se ocupará de que su familia próxima no quede desatendida, especialmente su hija diputada, que por su empleo, está en una situación de especial vulnerabilidad. —¿Que me vaya a dónde?—.

—Señor Hernández. Veo en su expediente que le gusta falsificar documentos. Aquí en el centro tenemos un pequeño taller de prensa. Los internos elaboran su diario. También tenemos una radio. He pensado que una buena línea de reeducación, ya que también le gusta la obra pública, sería que se incorporara a tareas de jardinería, y como tiene experiencias en contratas de basuras, sacará los cubos de la cocina cada día cuando termine de podar los setos—.

  No me cabe duda que la Junta de Tratamiento, que así se llama el grupo de expertos que proponen la clasificación de los internos, será benévola con los tres. Todos serán educados y cooperadores. Incluso se prestarán a dar clases de economía y derecho, como ya hizo algún ilustre. ¿Suena a risa? Por supuesto, porque la cárcel no está hecha para los corruptos ni para los delincuentes de guante blanco y mano luenga, sino para los pobres que apenas tuvieron una oportunidad. De entre estos últimos estoy convencido que muchos se reinsertan. Fabra, Matas y Hernández, lo dudo.



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28 noviembre 2013

El misterio Valencia

  Dice la canción folclórica que Valencia es la tierra de las flores, de la luz y del amor. Luego sigue hablando de las mujeres. Por alguna razón el folclore popular anónimo suele ser un anónimo masculino y muy hormonado, que en cuanto te descuidas pasan de los ubérrimos campos a hablar de tías. Parece que si no universal, es una tendencia generalizada. En el himno alemán, casi sin venir a cuento, se ponen a hablar de sus rubias y rollizas mozas. Tienen la gentileza de hacerlo en la segunda estrofa, justo antes de sus vinos, pero ¡ay!, después de los ríos. Ni los alemanes son perfectos.



  Ya se sabe que las canciones idealizan. A Alicante, de modo harto inmodesto, la llamamos el mejor lugar del mundo (la millor terra del mon), aunque yo propongo que se actualice haciendo una mención galáctica para el caso improbable de que exista otra Alicante en un universo paralelo o cósmico. Quizá nos pasamos un pelín, pero qué sería de los himnos y el folclore si de repente les diera por pasarse al neorrealismo musical.

  La letra quedaría así: Valeeenciaaaaa. (Primeros acordes) Taratachán tachán tachán... Es la tierra del soborno, el cohecho y el amoorrrr (el coro detrás replica.... "entre el constructor y el político, entre el constructor y el político) Valeeencia no conoce la decencia ni el propósito de enmieeendaaaa...). Seamos serios. ¿Quién quiere cantar esto en las fiestas patronales? La gente ya no bebería para bailar sino para olvidar (a veces para olvidar lo mal que bailan). Ya saben donde pueden irse estos agoreros, los inexistentes neorrealistas folclóricos musicales. A freír espárragos imaginarios.

  No cambiaremos el himno, pero "lo-que-ocurre" en la Comunidad Valenciana es algo que no comprenden los extranjeros civilizados que están al tanto, pero que ya tampoco lo hacen los propios españoles. Y créanme: que un español se sorprenda por la corrupción es como decir que un cirujano se mareó viendo sangre. Pero si la sangre sale de un ascensor para inundar un hotel a lo "El Resplandor", supongo que hasta a un hematólogo le temblarían las piernas. ¿Pero qué les pasa a estos de Valencia? ¿Cómo eligen una y otra vez a esta panda de mangantes e incompetentes?

  La expresión "lo-que-ocurre" engloba una mezcla amorfa de corrupción y chapuza en proporciones tan inmensurables como las que debe tener el gin-tonic perfecto. Cohechos, prevaricaciones, sainetes políticos, eventos desastrosos, ruina financiera, pantomimas grandilocuentes... Son tantos los hechos que la Enciclopedia Larousse en sus buenos tiempos hubiera tenido que editar un tomo aparte para explicarlos. Me veo impotente de enumerarlos, pero quizá quedémonos con el más emblemático, en mi opinión. El caso de Carlos Fabra.

  El presunto cacique de Castellón con aspecto de hampón (de aspecto tan fiero que no pasaría un casting de gangsters por estar sobreactuado), fue ayer condenado a cuatro años de prisión. Salió en rueda de prensa contento. Le habían absuelto de los delitos de prevaricación (dictar resoluciones injustas a sabiendas), cohecho (soborno) y tráfico de influencias (mamoneo retribuido). Conserva su puesto en la Cámara de Comercio de Castellón, quien se reunió de urgencia para manifestar que la condena era un asunto "privado" que a ellos no concernía y en la Autoridad portuaria de Castellón. Pues sí. ¡Redrum, redrum, redrum! ¿Llamamos a un espiritista? ¿Qué nos pasó a los habitantes de la Comunidad Valenciana?

  Ayer escuché al catedrático de Filosofía del Derecho Javier de Lucas en la radio decir que (con todo respeto) la decisión de la Cámara de Comercio (y todo lo anterior) evidenciaba que teníamos una sociedad civil "de mierda". Sé que el profesor es una eminencia, pero me quise asegurar y leí en Wikipedia su curriculum. Me mareé entre tanta distinción, libros y premios. Añadía que si volvían a ganar "los mismos" buscaría exiliarse. ¿Si un sabio acaba diciendo lo que dice de la sociedad valenciana, qué puede decir un señor gordo? ¿Defender el derecho al latrocinio?


Alicante



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