Mostrando entradas con la etiqueta FMI. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta FMI. Mostrar todas las entradas

12 julio 2013

El derecho a la pereza

  Ya lo lo saben. Así se titula el famoso opúsculo de Paul Lafargue, publicado en 1880 y revisado según mi ejemplar y la Wikipedia, en 1883. (No se fíen de la Wikipedia).  Ustedes lo habrán leído. Si no, háganlo, se lo pasarán bien, o si no hagan un anuncio de Aquarius.

  Podría ponerme estupendo y decir que cada año lo releo por estas fechas en las que mi afición por el trabajo, ya de por si escasa, decae hasta los límites de "la chaqueta del guardia", objeto que por alguna oscura razón encarna a los vagos en el refranero español.

  De Paul Lafargue se destaca que era el yerno de Carlos Marx y que pactó con su señora el suicidio, que efectivamente llevaron a cabo. También se distingue por ser un apóstol del ocio y luchador contra el vicio del trabajo, que según él, esclavizaba a la clase proletaria mientras que los burgueses cultivaban un ocio nocivo, consumiendo de manera desproporcionada los excedentes de la producción...ad nauseam. 

  Es cierto que cuando Lafargue escribió y reescribió desde prisión su obra, las condiciones profesionales de los trabajadores en Inglaterra y Francia eran deplorables. Jornadas de doce horas y más siete días a la semana. El trabajo infantil era algo habitual y las estipulaciones laborales en general penosas. En resumen, es la meta a la que les gustaría llevarnos de nuevo la CEOE, la Troika, el FMI y otras sectas destructivas.

  Reconozcamos que en países como España van por muy buen camino. Cuando uno se encuentra a un conocido o amigo que hace tiempo no ha visto, se le pregunta si está trabajando o no. Si la respuesta es positiva se le da la enhorabuena. Muchas veces el propio agraciado con el trabajo es el que menciona que "tal y como van las cosas" y "con la que está cayendo" se siente un privilegiado. Es posible, si hay más confianza y tiempo, que esta persona tan afortunada relate que el contrato es de duración determinada, o que es a tiempo parcial y no se le pagan las horas extras, o que no le costean el desplazamiento o que no le pagan más de seiscientos euros. "Pero... bien, no me quejo".

  El trabajo ya no es el vicio de Lafargue ni el derecho de las constituciones socialdemócratas. Es el privilegio de los que aún son útiles para ser explotados (rancio término).

  Y es que el ocio es muy pernicioso. Sobre todo el del dinero, como ha relatado en gran Luis Bárcenas. "No me gusta que el dinero permanezca ocioso", declaró ante el juez Ruz. Lo dice la propia Biblia: "No es bueno que el hombre esté solo", pero peor es que el dinero esté ocioso. Moraleja: Si el dinero, blanco, negro, gris o amarillo sin distinción de sexo o nacionalidad no para de viajar (Suiza, Bermudas, Gibraltar, Hong Kong) y de trabajar, quizá algunos humanos instalados en la utopía de Lafargue, puedan vivir en la feliz pereza. Pobres.

El Señor Gordo
El humor está aquí, en algún sitio
Estamos en Facebook y Twitter

14 junio 2013

¿Pero por qué no se mueren?

  ¿Por qué se resisten? ¿Por qué insisten en permanecer en el mundo de los vivos? ¿Por qué no dan un paso atrás, el paso definitivo hacia el agujero, la fosa, el hoyo, la incineración, la momificación, la criogenización? Muchos de ellos son creyentes, supongo. Les espera  por tanto San Pedro con el mando a distancia del paraíso, o acaso las huríes. Los testigos de Jehová tendrán que esperar, cierto es, al juicio final, y tras resucitar volver a ponerse a currar, pero tampoco parece que eso les desanime. Si se quiere, podemos utilizar la filosofía optimista "neocom": morirse no es un "problema", como muchos piensan, es una "oportunidad". Quién sabe si incluso oportunidad de negocio.

  Y sin embargo, ellos, humanos, sin distinción de sexo, edad, religión, orientación sexual o afiliación futbolística, erre que erre. Quieren vivir y cuanto más, mejor. Es más, los viejos, a los que más les compete la obligación de desaparecer, se aferran a este "valle de lágrimas", lágrimas que tributan un 21% de IVA. ¿Por qué prefieren seguir soportando la artrosis y a Van Rompuy?

  Pero antes de entrar en harina, quiero situar esta lacra que azota muy especialmente a España en su justa proporción, para que podamos aquilatar suficientemente la entidad de la catástrofe. Según Eurostat, la esperanza de vida al nacer en España en el año 2011 era de 82,5 años, la más alta de la Unión Europea y una de las más altas del mundo. En el caso de las españolas esta cifra se eleva escandalosamente a 85,1 años, la más alta de Europa. Por supuesto los gobiernos se han puesto a trabajar para corregir el citado desequilibrio mediante privatizaciones chapuceras, recortes sanitarios y copago de medicinas. Ojalá fuera tan sencillo. 

 Ya en mayo el FMI, dirigido por Christine Lagarde, investigada por corrupción, que sustituyó a su compatriota Dominique Strauss-Kahn, investigado por abusos sexuales y que a su vez sustituyó al español Rodrigo Rato, imputado en el caso Bankia, nos advirtió sobre "el riesgo de que la gente viva más de lo esperado". El economista que llevó la voz cantante en el informe es un compatriota llamado José Viñals, que llamaba a este problema llamado vivir, el "riesgo de la longevidad". No se refiere a que Urdangarín pueda refundar el Instituto Nóos a los ochenta años. La gente vive de más y eso pone en riesgo las pensiones de los futuros jubilados.

  Para resolver la cuestión, nada mejor que crear la comisión de expertos para que ponga el punto sobre las íes. Juntas en una sala a diez catedráticos de lo que sea, que entre todos suman más de veinte doctorados, debidamente engrasados y te resuelven el problema más intrincado en menos tiempo que el que usted emplea en decir Cons-tan-ti-no-pla. 

guymilnes.com
  Los expertos proponen bajar las pensiones, proponen "desligar" las pensiones del coste de la vida (IPC). Es decir, reducirlas. El caso es que los expertos contemplan unas previsiones para un futuro cuyas condiciones no conocen, realizando una prospección con las condiciones presentes, sin tener al menos la modestia de plantear varios escenarios posibles.

  La propuesta ha sido calurosamente acogida por la agencia Moodys, la misma que avaló la solvencia de Lehman Brothers en víspera de su quiebra y por la Ministra española de Trabajo Fátima Bánez, que no ha trabajado en su vida, más que en puestos políticos.

  Si ama a sus semejantes y tiene más de 67 años, al menos piénselo. No digo hoy, ni mañana. Ellos lo harían por usted. Aunque lo paradójico es que el aspecto de Viñals, Lagarde, Rato y no digamos Strauss-Kahn, invita a pensar que rebosan salud. No me extraña que llegaran a los noventa. Pero, si tan preocupados están ¿por qué no se ofrecen voluntarios?


El Señor Gordo
El humor está aquí, en algún sitio
Estamos en Facebook y Twitter