Hubo una etapa de mi vida como estudiante en la que todos mis esfuerzos (no muy recompensados) estaban enfocados en aprender lenguas. La inglesa, la catalana, la española, el griego clásico, el latín… Otra época en la que parecía que estaba dedicado a aprender a manejar artilugios. Mecanografía, aprender a conducir, aprender cómo funcionaban los ordenadores y sus diabólicos programas y algunos otros cachivaches de infausto recuerdo.
Ahora vivo con esa misma sensación. Me dedico a crear o desmontar argumentos, y en ocasiones me parece que todos los argumentos son en torno a dos conceptos o dos banderías. A unos los llamo, con su permiso, "los diversos". Para los "diversos", los que no sólo aceptamos la diversidad sino que la entendemos como algo positivo, los "uniformes" desean un mundo adaptado a su visión en la que los demás, o sobramos o debemos plegarnos a sus deseos y su modo de entender el mundo, y lo debemos hacer de buena gana o por la fuerza.
En biología se sabe que los ecosistemas más diversos son los más robustos. Son capaces de hacer frente a los cambios de mejor manera y globalmente favorecen a todas las especies.
La economía, por ejemplo, es más robusta cuando la actividad es variada, no cuando depende de un solo sector, un solo producto. Las economías donde hay menos desigualdad no solo son más justas, sino como ahora ha quedado de nuevo demostrado, han soportado mejor la crisis económica y son más estables políticamente.
A la sociedad le pasa igual. Globalmente nos interesa comprender que la diversidad es enriquecedora y positiva. Además, como seres humanos, por suerte en en esta vida tenemos alguna meta más que la de sobrevivir y reproducirnos; la diversidad no sólo nos aporta más garantía de supervivencia, sino también riqueza a nuestra existencia.
La diversidad tiene también sus desventajas. Por supuesto si le preguntáramos solo al león, dirá que solo le interesan las gacelas y los guepardos, podría prescindir de las hienas y los elefantes, podrían pasar en teoría de todos ellos con tal de tener acacias, pero si lo consideráramos desde una perspectiva de diosa creadora (todos deberían saber que el Demiurgo es una tía) crearía un ecosistema lo más diverso posible, pues sería más robusto, y en vez de descansar el séptimo día podría tomarse un fin de semana largo, como si fuera diputado.
El respeto y el valor por la diversidad exige un entrenamiento en la comprensión que es sofisticado, y que exige dosis de lo que antes se llamaba tolerancia y ahora llaman respeto. De modo que, humildemente, les sugiero que ante cualquier punto de vista se haga esta pregunta. ¿Mis ideas excluyen legítimamente las de los demás? ¿Mi proyecto impone a los demás una manera de ver el mundo?
Por eso siempre estaré del lado de la diversidad. De los estados plurinacionales contra los que propugnan una única nación (y mejor sería sin estados), con los gays, con los gordos y las gordas, con los que tienen diversidad funcional, con los disidentes, con los que creen en la libertad religiosa incluida la de no tener religión, con los que dudan, con los que no pasan por el aro.
Ahora vivo con esa misma sensación. Me dedico a crear o desmontar argumentos, y en ocasiones me parece que todos los argumentos son en torno a dos conceptos o dos banderías. A unos los llamo, con su permiso, "los diversos". Para los "diversos", los que no sólo aceptamos la diversidad sino que la entendemos como algo positivo, los "uniformes" desean un mundo adaptado a su visión en la que los demás, o sobramos o debemos plegarnos a sus deseos y su modo de entender el mundo, y lo debemos hacer de buena gana o por la fuerza.
Tomemos cualquier debate y apliquemos el cuento.
- Empecemos por el más cansino a escala local. Los llamados independentistas, que entienden que los estados deben ser uninacionales y aspiran a un estado aparentemente uninacional catalán, en contraposición al estado español más diverso y plurinacional. Los llamados españolistas en vez de defender la fortaleza de un estado diverso, plurinacional y pluriracial, mantienen una actitud hostil enarbolando una única manera de ser español, en general rancia y que es la suya.
- Tomemos el debate del aborto. Gallardón y sus secuaces de sotana pretenden imponernos a todos una ética religiosa frente a una sociedad diversa que es secular, y que considera mayoritariamente que las convicciones religiosas son un asunto privado y no deben ser impuestas legalmente. Una sociedad diversa que cree en la igualdad de los hombres y las mujeres y a la que le repugna que los hombres impongan qué deben hacer éstas con sus cuerpos y vulnere sus derechos sexuales y reproductivos.
- Tomemos el ejemplo de los integrismos que sacuden al mundo. De los "apóstoles del pensamiento único" que tratan de convencernos de que solo hay una manera de hacer las cosas. Una manera de salir de la crisis, una manera de gobernar la sociedad. Tomemos el ejemplo de los que entienden que solo hay una sexualidad, la heterosexual, y que los que no la comparten deben ser rechazados, estigmatizados y sus modelos familiares proscritos.
En biología se sabe que los ecosistemas más diversos son los más robustos. Son capaces de hacer frente a los cambios de mejor manera y globalmente favorecen a todas las especies.
Los ejemplos sobre las ventajas de la diversidad sobre la uniformidad se podrían multiplicar:
La economía, por ejemplo, es más robusta cuando la actividad es variada, no cuando depende de un solo sector, un solo producto. Las economías donde hay menos desigualdad no solo son más justas, sino como ahora ha quedado de nuevo demostrado, han soportado mejor la crisis económica y son más estables políticamente.
A la sociedad le pasa igual. Globalmente nos interesa comprender que la diversidad es enriquecedora y positiva. Además, como seres humanos, por suerte en en esta vida tenemos alguna meta más que la de sobrevivir y reproducirnos; la diversidad no sólo nos aporta más garantía de supervivencia, sino también riqueza a nuestra existencia.
La diversidad tiene también sus desventajas. Por supuesto si le preguntáramos solo al león, dirá que solo le interesan las gacelas y los guepardos, podría prescindir de las hienas y los elefantes, podrían pasar en teoría de todos ellos con tal de tener acacias, pero si lo consideráramos desde una perspectiva de diosa creadora (todos deberían saber que el Demiurgo es una tía) crearía un ecosistema lo más diverso posible, pues sería más robusto, y en vez de descansar el séptimo día podría tomarse un fin de semana largo, como si fuera diputado.
El respeto y el valor por la diversidad exige un entrenamiento en la comprensión que es sofisticado, y que exige dosis de lo que antes se llamaba tolerancia y ahora llaman respeto. De modo que, humildemente, les sugiero que ante cualquier punto de vista se haga esta pregunta. ¿Mis ideas excluyen legítimamente las de los demás? ¿Mi proyecto impone a los demás una manera de ver el mundo?
Por eso siempre estaré del lado de la diversidad. De los estados plurinacionales contra los que propugnan una única nación (y mejor sería sin estados), con los gays, con los gordos y las gordas, con los que tienen diversidad funcional, con los disidentes, con los que creen en la libertad religiosa incluida la de no tener religión, con los que dudan, con los que no pasan por el aro.
¿Puedo acabar este articulito con tantas ínfulas con una soflama? ¿Sí? Gracias.
Diversos del mundo ¡Uníos!
El humor está aquí, en alguna parte
