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27 enero 2016

De reyes y reinas

  Resumen de esta entrada: Me propongo hablar de Felipe VI y de su papel constitucional y de la condena de Marisol Moreno (Alias Marisol La Roja) y de su condena penal. (Hago notar que la rima es completaste intencionada). Ambos asuntos no tienen una relación directa, quitando que se refieren al tema de la monarquía. En el primer caso porque es el oficio que actualmente desempeña "el ciudadano Felipe de Borbón", como tan ñoñamente le nombra Alberto Garzón. En el segundo caso porque habla de los insultos de la ciudadana Moreno al anterior rey (JC) y por tanto se trata de un asunto que a su modo tiene que ver con la realeza, la sangre azul y las reinonas, como ahora explicaré. Todos los asuntos serán hilados con mi habitual gracejo, no exento de cierta trampa dialéctica. Para los impacientes ya les anticipo que lo interesante estará al final. Pasando de todas las normas de redacción de blogs, iré de menos a más (como Usain Bolt).

  Hoy se ha conocido la condena a la concejal de Izquierda Unida por el Ayuntamiento de Alicante Marisol Moreno por insultos al rey. El juez no ha querido reproducirlos, pero como yo no tengo tantos melindres y considero a mis lectores señores y señoras hechos/hechas y derechos/derechas, me veo en la obligación de reproducirlos para hablar con conocimiento de causa. Moreno llamó a don Juan Carlos I en su cuenta de Twitter "borracho" y dijo que su familia estaba formada por "vagos, estafadores, borrachos y asesinos". Iba a añadir que "de Alicante tenía que ser". Pero me he prometido a mi mismo intentar no caer en la autocompasión.

  Me llama la atención que una concejal de Izquierda Unida recurra a algo tan reaccionario como vincular a una persona a su (mala) familia. Me doy por aludido. Mi familia es muy buena, pero tirando de árbol genealógico no me resulta difícil hallar algún vago, un estafador, borrachos por supuesto, aunque lamento comunicar que no hay en nómina ningún asesino. En realidad la familia no se elige, te toca, por lo tanto uno no es responsable de sus méritos ni creador de sus virtudes. 

  Dice Moreno que se arrepiente de haberlo dicho porque "entonces" (por aquel tiempo, que se decía en la homilía de las misas) no era concejal y no sabía que años más tarde (¡ay el destino!) le llevaría a ocupar un cargo público. Es decir, de haber sabido su alto destino, no lo hubiera dicho, pero, da la sensación, de que no cree que insultar sea una conducta en si misma reprochable y tampoco lo creen sus compañeros de partido que por supuesto se han apelotonado para mostrar "su solidaridad". La multa son 6000 euros, pero la concejal ha dicho que retomará su faceta de monologuista con el fin de que súbditos (perdón compañeros) y afines la sufraguen presenciando su monólogo "La reina Roja". ¿La reina? ¿No habíamos quedado en que debemos acabar con las monarquías? ¿Por qué esa obsesión por los reyes, las reinas, los príncipes y las princesas? ¿Debe cambiarse un rey de verdad por alguien que se cree Reina, aunque sea por un día? ¿No sería más educado, honesto y elegante pagar la multa y callar? Si se tiene la valentía para insultar nada menos que a S.M. JCI, ¿por qué no la tiene para acarrear las consecuencias, en vez de mostrarse como una víctima del sistema judicial?

  Con la monarquía ocurre como con los malvados, salvando las distancias. Por alguna razón, están superprotegidos por sus secuaces o por el Código Penal. En la ficción pueden resultar inspiradores, atractivos, sugerentes y cautivadores. Pero quién querría encontrarse en su vida real con Hanníbal Lecter, Drácula, Liberty Valance o Darth Vader? No, Darth Vader no es mi padre, de modo que sigo sin tener asesinos en mi familia. No estoy comparando (señor juez) a Felipe VI con Anton Chigurh. La realeza que nos cautiva, por ejemplo en La Princesa Prometida, tiene tan poco que ver, en mi opinión, con la monarquía real, como los villanos de la ficción cinematográfica tienen poco que ver con los carteristas, ladrones, maltratadores y estafadores de carne y hueso.

  Si tomamos el ejemplo de Felipe VI veríamos que encarna a una institución que muchos encuentran prescindible (aunque otros muchos la ven francamente deseable) y que su comportamiento como funcionario de la administración, en su sentido de servidor del estado, deja para algunos, dudas razonables.

  Por ejemplo, cuando no recibe a la presidenta del Parlamento de una Comunidad Autónoma, por mucho que la señora no le caiga especialmente bien, que por cierto, a mi tampoco. Me consta que jurídicamente los actos del rey tienen que ser refrendados, y que en ese sentido un rey es tan responsable de sus actos como son los menores de edad. Sin embargo quizá sea un poco desalentador comprobar que no es capaz de influir para hacer cumplir el artículo 99 de la Constitución Española y que le compete. Este artículo señala que el rey "propondrá un candidato a la presidencia del Gobierno". "El candidato propuesto conforme lo previsto en el apartado anterior expondrá ante el congreso de los Diputados su programa político...". No dice "podrá exponer" o "expondrá si le da la gana" o "expondrá salvo que se llame Rajoy, en cuyo caso hará lo que le plazca...". El mandato del Rey es imperativo. 

  Pero vemos que las cosas son distintas en la mediocre vida del día a día. La vida del café a toda prisa por la mañana y atasco a la entrada del metro. Por eso es fascinante el cine y la literatura. Allí los héroes son héroes y no se hacen las víctimas cuando vienen mal dadas, ni se hacen pasar por reinas impostoras. Allí los reyes ocupan un trono dorado, cumplen con su regia obligación y no consta que sean onerosos para las arcas de sus súbditos.




El humor está aquí, en alguna parte
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28 noviembre 2011

¿Una Familia Real disfuncional?

  Curarse en salud es un precisa expresión castellana, no exenta de ironía, que significa que alguien se va a excusar (o simula excusarse) por lo que va a decir posteriormente, con el deseo de que no se sea mal interpretado. Me curo en salud para decir que, por razones quizá no siempre bien explicadas y pese a ser una persona de izquierdas, siempre he pensado que la monarquía en España cumple un papel útil. En principio lo pensaba, por compartir cierto aprecio, heredado de otras generaciones, por el papel que tuvo el Rey Juan Carlos I en la transición democrática española. Más tarde fue la convicción de que la República no traía necesariamente, si quiera simbólicamente, algo mejor. Me parecía mucho más preferible un rey como Juan Carlos que un presidente de la Tercera República, pongamos por ejemplo como Aznar (con toda su corte pseudomonárquica al lado) o como Bono. Últimamente mi pulsión monárquica se vio reforzada al comprobar como los sectores de la extrema derecha la rechazaban, lo que me atrajo de nuevo sus simpatías, si bien no muy racionales, quizá más sinceras. Y en eso llegó el año 2011, y hasta hoy. Y todo este discurso se ha caído como un castillo de naipes del Carrefour.

  El año 2011 fue un cambio de era seguramente. No sabemos si en un año pagaremos nuestras medicinas que curan nuestras enfermedades y nuestros vicios gracias a los cuales contraemos algunas de nuestras enfermedades con añejas pesetas. No sabemos si dentro de diez habrá por mor del cambio climático primavera, verano, otoño e invierno. Pero sabemos que la familia real española es una familia en términos (tóxicos) de Trabajador Social como disfuncional. De no ser rey, reina, príncipe, princesa, infantas y duques, serían carne de servicios sociales, de psicólogo, de educador, de Centro de Día.

   El Duque (o ex Duque) de Lugo, un señor de aspecto estrafalario, ex marido de la Infanta Elena, todavía sufre las secuelas de un un ictus. Fue conocido por su vida desordenada y sus negocios como consejero de lo que sea en grandes empresas, que ahora andan de capa caída desde que el divorcio de la infanta supuso su exclusión de la gran familia real empresarial. El Duque (todavía) de Palma está implicado en una trama de corrupción. Se le investiga además por evasión fiscal. En cuanto a la Princesa Letizia, cuando se casó era una joven periodista. Ahora tiene un aspecto diferente e inquietante. Su desparpajo ha sido cercenado por el férreo protocolo. Algunos se preguntan el por qué de su extrema delgadez. Su suegra, la reina Sofía, fue retratada en un libro publicado hace unos años por una periodista de derechas como homófoba, superficial y desinformada. En cuanto al monarca, lo último ha sido golpearse con una puerta, que debía tener la fuerza y eficacia pugilística de Manny Paquiao. Por último, el Príncipe Felipe, heredero de trono de España o lo que quede de ella, está tan en su papel que, como dirían las abuelas, se diría que ni siente ni padece. Salvo el caso del ladrón, el resto de los personajes no necesariamente deben de ser censurados, pero ¿deben ser financiados?
  Hubo un tiempo en que todos hicimos bromas sobre la infanta Elena. Sí, todos sabemos cuales.Y sin embargo; ¿y si Elena, injustamente excluida del trono en esta España que va de igualitaria, es el futuro de la monarquía? Tiene un bonito nombre y siente los colores. No es que me importe mucho el futuro de la monarquía pero, ¿qué quieren? ¿Seguir hablando del paro o de la prima de riesgo?