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09 abril 2018

Yo no me llamo Javier (Cifuentes)

   Yo no te conocí en la playa, no nos fuimos juntos a comer paella, nunca pasaste una noche en mi hotel, no te has bañado conmigo en la piscina de mi chalé, tu no me presentaste a tus padres, no me invitaste a tu casa, ni a dormir ni a comer, hola como estás, que niño tan bonito, ¿Cómo? ¿Qué es mío? ¿Que yo soy el padre? Pero eso como va a ser, si yo soy impotente, deja ya de joder, yo no me llamo Javier, yo no me llamo Javier. 
  Yo tengo un máster en Derecho Autonómico, yo fui a clase, aunque luego no fui a clase, yo me matriculado aunque no recuerdo cuándo, yo hice el trabajo de fin de máster aunque no recuerdo dónde está, yo lo defendí ante un tribunal aunque no recuerdo las personas. ¿Cómo? ¿Que el tribunal dice que nunca me he presentado? Deja ya de joder yo tengo un máster, deja ya de joder, yo tengo un máster, eh, eh, eh...


  Pablo Carbonell ironizaba con aquel que niega todas las evidencias. Años después Cristina Cifuentes ha hecho su propia versión del clásico de los Toreros Muertos. Como a menudo sucede con la canallocracia española, el asunto ha llegado a un estadio en el que pasa de ser trágico a ser cómico, como ya entendió en su momento Valle-Inclán.


  Hace mucho que el asunto del máster de Cifuentes quedó claro para cualquiera cuya fuente de información no sea exclusivamente la COPE o TVE. A partir de ahora todo es carne de memes, cantera para chistes, abono para el escarnio. Sin duda, la interesada se lo ha buscado y no deja de ser irónico que acabe así su carrera política, una nimiedad si se compara con muchas de las felonías de sus compañeros de partido y de las de otras formaciones.


  Ya teníamos a nuestra disposición la matraca nacionalista, pero aventuro que la matraca de los másters seguirá aún no estando (Javier) Cifuentes en escena. Aparecerán políticos con máster nunca cursados, con cursos que no son máster pero en el curriculum vitae aparecen como tales. Máster sin exigencia alguna que reparten los partidos entre sus acólitos.


  Sin duda el negocio de los máster merece un capítulo aparte. Una vez que Bolonia consiguió abaratar académicamente el título universitario para convertirlo en un neobachillerato, la posesión de un máster se volvió prácticamente imprescindible para todo aquel que quisiera ser algo en la vida laboral. Ciertos negocios no solo tienen la virtud de llenar los bolsillos de unos cuantos sino que, por decirlo suavemente, vuelve a poner socialmente las cosas en su sitio. Por ejemplo Dimas Gimeno cursó MBA en IESE institución en que el consejero delegado de PRISA Manuel Mirat, cursó un PDD (Programa de Desarrollo Directivo) y PADE (Programa de Alta Dirección de Empresas). Por si están interesados, las tasas del programa Executive MBA de IESE ascienden a 7.131 euros.


  Claro que no es el caso que nos ocupa. Para los políticos un máster, un posgrado, un doctorado es un adorno. No quieren que nadie les tome por zoquetes y mucho menos tener menos títulos académicos que sus becarios. Hay quien critica la titulitis, pero ¿cómo se cura uno de esa enfermedad si está rodeada de una sociedad de enfermos enganchados a los títulos y alérgicos a la cultura sin papeles ni certificados? Dicho de otra forma. Cuando uno nace en España en su currículum se escribe: inglés- nivel medio.


  En cuanto a cómo queda la universidad española con este asunto prefiero guardar silencio y no hablar ni siquiera con un ejército de abogados. Además tengo algún título universitario español y no tiraré piedras sobre mi tejado. Muchas universidades se han apresurado a pregonar su rigor académico y limpieza institucional. ¿Excusatio non petita, accusatio manifesta?


  Decían las abuelas y los abuelos que más vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo. Pero también cree el ladrón que todos son de su condición.

30 julio 2017

Zona Miriam Blasco

  Escribió el poeta Gabriel Aresti: "no quiera Dios que pongan mi nombre a una calle de Bilbao. No quiero que un barbero borracho pueda decir, yo vivo en Aresti con la cuñada vieja de mi hermano, ya sabes, la coja". Miriam Blasco no es solo una larga avenida en la zona de la Playa de San Juan en Alicante. Es también una "zona", tal y como la denominan las inmobiliarias donde a la clase media alta de la ciudad le gusta vivir. Urbanizaciones ajardinadas, piscinas, pistas de tenis o de pádel y la playa lo suficientemente cerca como para ir andando. Está bien comunicada, es limpia y dispone cerca de buenos colegios y centros deportivos.

  Miriam Blasco es también una parada del tranvía. La siguiente, dirección playa, es Sergio Cardell, que fue su entrenador fallecido en acciente poco antes de que ella conquistara la medalla de oro los Juegos Olímpicos de Barcelona. Miriam le dedicó su medalla y todavía pone los pelos de punta verla en el podio con el brazo en alto sosteniendo un ramo de flores e intentando contener las lágrimas. 

  El tiempo pasa. Hace unos meses escuché a unos pasajeros del tranvía, cuando éste hacía su alto en la parada Sergio Cardell, que era cierto lo que se decía, que era cierto el tango, que Cardell cada vez cantaba mejor. Ningún otro viajero quiso sacarles de su error. Después de haber ganado el oro y de una exitosa carrera como judoca a Blasco le propusieron ir en las listas del Partido Popular en el senado y ella dijo que sí. A los populares les encanta fichar deportistas (mucho más de fiar que los artistas, actrices y actores o si no que se lo digan a Rosa Díez). Habitualmente se dice que el deporte aporta a sus practicantes, además de las destrezas físicas que pagan con su cuerpo, disciplina, capacidad de sacrificio y espíritu de equipo. La disciplina es muy importante en cualquier organización jerárquica y seguirla es esencial si se quiere prosperar en ella, con tal de que se sepa identificar quién es el que manda y quién el que mandará en un futuro. En una entrevista con los lectores del diario Información declaró que el deporte era una alternativa al botellón, las drogas y el pasotismo.

  Blasco fue elegida senadora por primera vez en el año 2000, pomposo nombre que en España se da a los parlamentarios que participan en una Cámara, que aunque se llame Alta, no se sabe muy bien para qué sirve, aunque sí a quien. El periodista Jaime Esquembre lo contaba así en El País. 

  "Miriam Blasco Soto (Valladolid, 1963), lleva más de 25 años noqueando a todo tipo de adversarias y se prepara para luchar en un escenario muy distinto al tatami, sobre el que no tiene rival. Entra en política de la mano del PP por "ideología familiar" y convicción personal ("Porque es verdad que vamos a más"), y de la mano de Eduardo Zaplana, que la convenció para afiliarse y lanzarse al ruedo electoral."

  Por lo visto la estrategia es fundamental en judo. Lejos de la descripción un punto melodramática del periodista, Blasco supo bien qué hacer en el "tatami" del Senado. Dicho de otro modo entendió la naturaleza de la Institución y de su propia situación. Fue elegida tres veces como senadora en las listas del Partido Popular (2000, 2004 y 2008). En España los parlamentarios cobran la pensión máxima si han estado un mínimo de siete años como senadores o diputados, de modo que parece un periodo razonable. Durante ese tiempo la actividad parlamentaria de Blasco no fue precisamente frenética. Escasas intervenciones en el pleno y proposiciones que presentaba conjuntas con otros senadores remolones de su mismo partido. 

  Esta semana Blasco ha declarado en una entrevista con María Escario que se casó el año pasado con su rival en la final de Barcelona 92. Sin duda se trata de una historia preciosa que como todas tiene su reverso tenebroso. Blasco votó en contra del matrimonio homosexual en el año 2005. Dice que por disciplina, cosas de Zapatero (el mismo que según el PP de la época vendía a España a los terroristas traicionando a las víctimas) que con el tiempo han venido bien. 

  No puede negarse de que se trata de una persona práctica. Dicho de modo más crudo, no creo que fuera extraño que algunos pensaran que se trata una persona paniaguada y obediente, con pocas o ninguna convicciones políticas que se arrimó en el momento adecuado al sol que más calienta. Sin embargo antes de encender la hoguera pensemos en los sacrificios que hay que hacer (además de  mucho talento) para que un deportista de élite llegue a los éxitos de Blasco. De pequeño tenía un héroe deportivo poco habitual: Domingo Ramón Menargues. Llegó a ser cuarto en los juegos olímpicos de Moscú en la prueba de 3000 metros obstáculos. Entrenaba con nosotros y para mí su zancada que no cesaba pasadas las horas y las vueltas al estadio era un prodigio sobrehumano. Un día su entrenador, Joaquín Villar, se indignó. El trabajo que le ofrecían era de vigilante nocturno. Me impresionó tanto que aún lo recuerdo. Un atleta prodigioso en una garita cobrando cuatro duros. Era una época anterior al programa ADO, un periodo en que las pistas de tartán eran paraísos escasos. Hoy no serían deportistas sino doctorados los que ponen cafés o buscan una plaza de técnico para la que hubiera sido necesaria la FP.

  Blasco presidió la "Comisión especial sobre la situación de los deportistas al finalizar su carrera deportiva". Hay que reconocer que muchos de los que ahora dan su nombre a grandes avenidas, parques o universidades, en vida no tenían donde caerse muertos. Y ahora, ¿de qué les vale?




23 mayo 2017

El editorial

  Para algunos (para mí) existe un morboso placer en leer y escuchar a quien tiene opiniones diferentes a las propias. A veces puede ser peligroso. En ocasiones puedes encontrarte con argumentos bien construidos que se sustentan en informaciones contrastadas. Cuando las lees sabes que estás en lo cierto y que el otro está equivocado, pero sería incapaz de rebatir ante un auditorio neutral las posiciones del contrario. En cambio otras son saludablemente disparatadas. Masajean el ánimo, tonifican el ego y proporcionan la dosis diaria de indignación que nos mantiene en forma la propia autoestima. Las primeras son peligrosas porque pueden tambalear nuestro modo de ver las cosas. Las segundas pueden deslizarse en el terreno del humor tal y como lo definió Woody Allen: tragedia más tiempo. Como ejemplo podíamos poner el editorial de El País.

  Desde que El País ya no es el diario independiente de la mañana y se ha convertido en una iracunda hoja parroquial del liberalismo, los editoriales de El País se han reciclado en material para elaborar un libro recopilatrio al estilo de "Celtiberia Show", de Luis Carandell. Como acertadamente recogía un meme, el editorial tras la victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE parecía escrito, como muy bien expresó @gerardotc, por Jack Nicholson en el hotel Overlook. "La victoria de Sánchez no es ajena al contexto político de crisis de la democracia representativa, en el que se imponen con suma facilidad la demagogia, las medias o falsas verdades y las promesas de imposible cumplimiento". Con lo fácil que es entender que lo se necesita es más PSOE, mucho PSOE y no menos PSOE".

  Me gusta imaginar al editorialista tecleando furiosamente, en éxtasis, como lo hacía Jack Lemmon en Primera Plana (The front page), mientras que Cebrián (Walter Matthau) le pasa cariñosamente la mano por el hombro y le enciende un cigarrillo que posa en sus labios.  "Anoche una vez más El País consiguió salvar a España en la hora más crucial de su historia. Pedro Sánchez, el tigre bolchevique, que enloquecido se escapó del patíbulo para presentarse a las primarias del PSOE y sembrar el pánico en las calles y los mercados, fue detenido y desarmado argumentalmente por este diario...". Rapsodia en rojo. Rojos bolcheviques. Populismo rampante... 

  Los gurús del masaje sentimental y de la hamaca moral se han pasado décadas diciendo lo saludable que es reirse de uno mismo. Yo lo he practicado tanto que ya no me encuentro la gracia. Sin embargo nada dicen de lo saludable que es reirse de los rivales. A veces es una necesidad. Te puedes amargar bajo el peso del poder o puedes empezar a contar las almorranas de su culo. A veces la opresión no es tan asfixiante y simplemente el humor te permite tomar la distancia necesaria. No digo que el humor sea siempre tan beneficioso. Es detestable cuando se practica de arriba hacia abajo, porque se convierte en un matonismo despreciable. Pero cuando es en el sentido inverso o es horizontal, tiene un efecto similar al de la jalea real: favorece los impulsos nerviosos en el cerebro, es desintoxicante, regula la presión sanguínea y es antifungicida.

  En la era de la diversidad solo podremos soportar (y nos podrán tolerar) si le vemos la gracia al contrincante. Cassandra a los jueces, los jueces a los tuiteros, los gays al autobús de hazteoir, la federación de padres separados a las feministas y así en un círculo irónico que preserve la paz. Yo  he vuelto a El País para que alegre el erial de mi vida con sus editoriales y reportajes de Víctor y Ana. ¡Ay de los que nada les haga gracia! Cuidado con ellos.

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26 abril 2017

La familia

  Los anuncios me recuerdan que dentro de unos días es el día de la madre. Este año por lo que he visto son más sensibleros, más bien ñoños. Los personajes se hacen carantoñas, lloriquean y se abrazan de forma melodramática. Pueden hacerlo porque mamá no se ha ido con sus amigotas a beber gin tonics y siempre está dispuesta para socorrer o asesorar a sus retoños. Para un español el amor de madre se simboliza en una croqueta. Hace poco fue el día del padre (que salvo honrosas excepciones no saben hacer croquetas), y por lo general son más fríos, pero en el fondo tiernos. Me extraña que no esté institucionalizado el día del hermano, del primo, del sobrino, del cuñado (tan injustamente denostado), de la suegra, de la nuera, del primo hermano, del tío abuelo... Pero lo sorprendente es que no haya día del padrino.

  De vez en cuando me gusta escuchar a Federico Jiménez Losantos. No es fácil explicar por qué uno consume pornografía: obviamente se hace porque aunque no sea decoroso, gusta. Como es un asunto un poco vergonzoso ya no recuerdo si he explicado antes las razones de este vicio. Jiménez Losantos es un periodista que realiza un programa matinal de noticias en el que él habla y un grupo amorfo de corifeos le dan la réplica. Su tendencia ideológica puede considerarse como ultraderechista (con matices). Está a la derecha de Rajoy, con el que se suele meter por blando y era muy partidario de Santa Esperanza Aguirre Mártir. Es extremadamente culto y su lengua viperina maneja un castellano preciso y afilado. Por eso sus motes e insultos son tan buenos. Pero no es lo que más me atrae del personaje. Lo que de verdad me seduce es que "los conoce". Conoce los hilos, los títeres y los titiriteros. Conoce sus relaciones, sus fiestas y aunque no los cuenta, es obvio que también sus líos y sus perversiones. Conoce la Corte y su entramado de relaciones familiares.

  Podrá aumentar la temperatura cinco grados por el cambio climático. Podrán deshacerse los casquetes polares. Podrá Kim Jong-un enviar un misil y a cambio recibir otro. Podrá arder Roma con Santiago, pero la familia siempre será la familia y en eso un país como España, tanto la izquierda como la derecha están de acuerdo. Por supuesto la familia no siempre es cariño ni carantoñas, pero casi siempre simboliza el patrimonio y también las vocaciones profesionales. De todas las profesiones del mundo los hijos de fiscales eligen ser fiscales, los de cocineros, cocineros, los de actores, actores, los de políticos, políticos, los proferosores de historia tendrán hijas profesoras de historia y los ladrones, ladrones, pero con un MBA.

  El entramado corrupto que es la política española puede ser seguido como una crónica negra, pero también como una saga familar, al estilo de la Casa de Jampul de Isaac Bashevis Singer. Sagas familiares donde hay un exquisito reparto del trabajo, la fortuna y las lágrimas. El cuñado tiene el cargo, la mujer trabaja en la administración, el suegro era ministro franquista (Cara al sol con la camisa nueva etc), el compañero de pupitre tiene una empresa que contrata con la administración a cambio de financiar al partido y también tiene una hija, con la que se casa mi hijo. Si son varios los hijos se reparte la tarea. Unos viajan a Andorra, otros cierran los tratos de las mordidas. Se reúnen en sus fincas a cazar, en sus chalés de barbacoa, de viaje pagado por la Caja de Ahorros.

  A veces alguno sale descarriado y quizá uno de los empresarios más poderosos de cierta región tiene una hija en Podemos. Pero al menos no será una mugrienta sino una de las líderes del partido. A fin de cuentas, ¿no se recomienda poner una vela a Dios y otra al diablo? Nada personal, solo negocios.

Pues eso. Feliz día del padrino.



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07 febrero 2017

Juego de Tronados

  Antes de comenzar a sacar punta al filón tragicómico de Podemos, a su sitcom de bajo presupuesto, vaya por delante que en mi opinión ni la más extravagante declaración ni la declaración más sonrojante llegan a la altura de los zapatos de cualquier felonía del Partido Popular en la Comunidad Valanciana. Una advertencia pertinente pues aunque coloquialmente decimos que nos han robado el corazón, siempre es peor que nos roben (literalmente).

  Particularmente y aunque he sido votante de Podemos por descarte, siempre me ha estragado su dialéctica entre sabionda y flowerpower, su buenrollismo ñoño, su condescendencia de claustro de universidad española, en donde hay tantos "príncipes" del saber. Me irritaba su continua y cargante necesidad de descubrir el Mediterráneo. Es fácil imaginártelos en la casa rural, tocando la guitarra como cristianos de base y asando chorizos a la sidra en la chimenea mientras se habla de las terapias alternativas o de un emocionante encuentro en cierta comunidad remota de Bolivia. Unos encuentros elitistas, por supuesto. Reservados a profesores de universidad, politólogos, poetas inéditos, guionistas de televisión y directivos de Médicos Sin Fronteras.

  Quizá esos encuentros no han existido nunca salvo en mi mente. Es posible que tenga envidia sin más y que me gustaría haber participado en uno de esos encuentros. Seducir a una chica con pañuelo palestino y muslos de esprinter mientras le cuento un rollo sobre Gramsci o House of Cards. En cierto modo Podemos me ha hecho sentir viejo, o si se quiere, adulto. Me han transportado a la madurez. He sentido vergüenza ajena con las exhibiciones de puño en alto, los gritos asamblearios en el Congreso, las muestras de cariño "youtuber", su tufo a Instragram. Cuando se ponen serios utilizan las enojosas frases del poder. Fulanito es un "valor", hay que "empoderar", se debe "implementar".

  Es cierto que desconozco los entresijos del asunto. Me gustaría leer la crónica de José Martí Gómez. Pablo Iglesias se sincera al periodista mientras apura un vermut en un garito del amanecer a una hora en que lo normal sería consumir churros. No dispongo de esa información. Solo soy un tipo de provincias que lee las noticias y sobre ellas tiene que hacerse una idea de la realidad, como el fulano de la caverna de Platón. Pero a veces las sombras son muy claras. Si ves en la pared la silueta de un león y el rugido de un león, será un león. Por ejemplo Carlos Fabra parece un gagster de película y sin embargo fue un dirigente del Partido Popular.

  A esta generación de treintañeros les gusta imaginarse como el Che Guevara, pero luego presentan a su novia en las redes sociales como lo harían Bisbal y Chenoa. Se enfrentan al viejo stablishment y sueñan con asaltar los cielos pero lo hacen con contratos de asesoría y en despachos de universidad. En la cafetería no se juntan con el Personal de Administración y Servicios. Se sienten feministas, pero al final son las chicas las que lavan los platos y son ellos los que vigilan la barbacoa. Ya lo dice Miguel Urban: es una lucha de "machos alfa". ¿Machos alfa? 

  Como macho Delta que soy para mí, lo más cansino de todo esto no es el espectáculo por la lucha por el poder (el psicodrama en palabras de Iglesias) sino la ñoñería burguesa (y hamburguesada) con la que lo hacen. Sus melindres al pedir disculpas después de la enésima puñañada o la enésima zancadilla. Gritan escandalizados mientras preparan la cicuta; ¿Hasta dónde hemos llegado? ¡Tartufos!

  Chicos, chicas. Esto es un partido. Estamos hablando de poder. Estamos hablando de política. Estamos hablando de cabrones y cabronas. Ya saben: están los enemigos, los enemigos a muerte y los amigos dentro del Partido. Podemos no es diferente. No todo el mundo vale para ese sórdido mundo de luchas, intrigas y traiciones, de la misma manera que no todo el mundo vale para subirse a un ring y empezar a repartir manos al hígado. La diferencia está en quién da los golpes bajos y quién no, y quién da la mano tras el combate y abraza al adversario y quién no. La gente "maja" no se dedica a la política, escribe libros de poesía o vende en mercadillos. En política más pronto que tarde habrá que cambiar la llave de un despacho. Los políticos, por desgracia, no son los filósofos de Platón. Aún éstos serían desagradables, como los escarabajos peloteros, pero necesarios. En el Partido Popular eso no pasa. Ya saben que los cadáveres no llegan a los congresos. Se da por supuesto que hay que cazar varios leones antes de sentarse en el consejo de ancianos (o pagar a alguien en b, para que lo haga).

  Esto no es el maldito Juego de Tronos. Esto es cien veces más escalofriante. Es "Lucha de Poder en el Wonderland Podemita". Muchos lo hicieron antes, en Suresnes, por ejemplo. Se quiebra la inocencia y no hay vuelta a atrás. Se mata al león para ser admitido como jefe de la tribu, pero el león ya no volverá a rugir ni a pasearse por la sabana. Todo héroe es a menudo también un criminal. Si tuvieran sentido del humor verían que la clave está en el nombre del sitio elegido para hacer el congreso: "Vistalegre". Dejad de dar la lata. Que gane el mejor o el menos malo. Limpiad la sangre. Restañad las heridas, afeitaros el bozo y poneos a trabajar, que os necesitamos.




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17 enero 2017

Los nombres de las calles y de las cosas

  Recuerdo el nombre de la calle en la que viví por primera vez de forma independiente. Era mi dirección, no la de mi familia. Brockenhurst Avenue, Kigston Upon Thames. Surrey. Encima de ese nombre tan británico estaba mi nombre, y recibí el primer sobre postal (¿publicidad, una multa?) con arrobo. Después de eso he coleccionado unos pocos nombres, menos de los que me hubiera gustado. Plus Ultra. Curricán. Virgen del Lluc. Los nombres de las calles son importantes, pero la importancia es diferente para el residente que para el político.

  Decía Gabriel Aresti en su poema Mi nombre: "Cuando yo muera se podrá leer la siguiente inscripción en mi tumba. Aquí yace Gabriel Aresti Segurola. Descanse en paz. Pérez y López marmolista. Derio. Habrá también en la Biblioteca General de Vizcaya (si no me excomulgan antes) un libro, acaso (no es seguro), que nadie leerá, con mi nombre. No quiera Dios que pongan una calle con mi nombre a una calle de Bilbao".

  Javier Krahe se lamentaba irónicamente de que su nombre no adornaría el callejero de ninguna ciudad. Gabriel Aresti no tiene una calle en Bilbao, sino una avenida en el barrio de Churdinaga. Krahe, que yo sepa, no tiene calle, callejón, avenida o bulevar, pero sí tiene ya estatua y no sería de extrañar que pronto una calle, con su bar, su tintorería y su estanco.

  Seguramente Aresti no quería un nombre de una calle porque no hay nada más solitario e ignorado. Nadie se preocupó nunca de decirme quién era Federico Soto, que da nombre a una de las avenidas principales de Alicante, que siguiendo la costumbre local los lunes, miércoles y viernes es una avenida y los martes jueves y sábados un paseo. Cuando lo descubrí quedé un poco decepcionado. Ni siquiera era masón. Nadie repara en ellas salvo cuando se quieren cambiar. Quizá en una conclusión apresurada se podría afirmar que si te ponen una calle en vida o eres un canalla (razón por la cual Rosendo rechazó su estatua) o eres un deportista que ha ganado (o casi) un título o una medalla.

  En Alicante querían cambiar los nombres de las calles. Lo hacían en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica. No es agradable tener que nombrar a personas que han participado en un régimen como el franquismo cuando das una dirección o caminas de paso a la panadería. Aunque no todos lo ven igual, Por ejemplo los concejales del Partido Popular en Alicante.

 Si usted no es español le daré el siguiente ejemplo. Imagine que pasea por una  calle en Alemania y se da cuenta, tras un ciprés, que lo hace por Goebbels Strasse. Pues bien, es lo que sucede en España. A partir de ahí están los que dicen que todo está olvidado y los que son partidarios de recuperar la "memoria histórica". Paradójicamente los que dicen que todo está curado, sanado y enterrado son los que se oponen al cambio de las calles y nombres de franquistas, como por ejemplo los miembros del Partido Popular en Alicante, y por eso y otras razones, como por ejemplo el perjuicio que se causaba a los vecinos, que no habían sido advertidos, presentaron una demanda con su medida cautelar.

El asunto leguleyo tiene su interés, y si tiene paciencia se lo puedo resumir con objetividad no exenta de gracejo. Resulta que el Ayuntamiento de Alicante procedió a cambiar los nombres de las calles en cumplimento de la Ley  de Memoria Histórica. Y sí, parece que era verdad, algunos vecinos no habían sido advertidos que pasaban de vivir en la Plaza División Azul para hacerlo en la de la Libertad. Y sí, el Ayuntamiento lo hizo antes de que la juez pudiera decidir sobre la medida cautelar. Una medida cautelar es una precaución que se toma de no hacer algo, antes de resolver el asunto, no sea que al hacerlo no se pueda deshacer o el daño sea tan grande que no tiene sentido deshacerla. Tiene un latinajo bonito para nombrarlo. Se llama periculum in mora que podía ser el nombre de una película de la saga de Bourne.

  El otro aspecto que se toma en cuenta para acordar una medida cautelar también tiene su latinajo (no peor que el anterior). Se llama fumus boni iuris (apariencia de buen derecho). ¿Quién dice que el derecho no puede ser poético? Viene a significar que lo que se dice tiene, al menos en principio, una base jurídica sólida.

  Por supuesto los partidarios del cambio de las leyes han despotricado contra la decisión judicial y han sugerido que la juez podría ser una seguidora en la sombra de los postulados del ilustre notario Blas Piñar. Los recurrentes están en cambio felices de que al menos por un momento la Plaza División Azul siga siendo azul y no de la Libertad... Dicen que no hay prisa ni urgencia para cambiar el nombre de las calles. Si Goebbels sigue aquí en el año 2017 ¿qué prisas tenemos? Dicen que la Ley de Memoria Histórica es de 2007. ¿Por qué es tan urgente?

  El Ayuntamiento quizá se precipitó y  es posible que debiera haber esperaado a que se resolviera la medida cautelar antes de subir a un operario a la escalera, con lo peligroso que es. Mientras tanto la oposición se alegra de no tener que vaciar el callejero de falangistas y militares sublevados. ¿Será de eso de lo que se alegran? La juez se ve obligada a tomar una decisión que jurídicamente es correcta pero que (como ocurre a menudo) ni da solución, ni  en el fondo es justa. ¿Deben ser los jueces los que decidan los nombres de las calles? ¿Qué nombres pondrían ellos? ¿Calle Castán Tobeñas? ¿Calle del TSJ? ¿Avenida del Otrosí? ¿Paseo Con la Venia? Sé perfectamente que nombres tendrían mis calles en Gordópolis. Calle Isaac Bashevis Singer. Plaza Julian Barnes. Bulevar David Bowie, Parque Eduardo Mendoza, Rotonda del Revés a Una Mano. Obviamente, mis sobrinas darían nombre a los lugares más emblemáticos, menos aquellos construidos por Santiago Calatrava. Barrio de Marta, Auditorio de Elena, Pabellón Joana.

 Mientras fanteseo, me doy cuenta de que los pocos supervivientes que quedan de la época no podrán tener la satisfacción moral de ver como los nombres de fascistas son borrados del honor del callejero y la gente... La gente nunca dará su nombre a una calle, todo lo más a una hipoteca, o a un torneo benéfico de dominó.

Por lo demás, para bien o para mal los alicantinos ignoran, en general, el nombre de sus calles. Rambla, Maisonnave y quizá alguna más, son nombradas y recordadas. Para el resto todo está un poco más arriba o más abajo del "Puente Rojo", que ni es puente ni rojo. No hay memoria, ni desmemoria, ni coordenadas. Solo cosas urgentes que hacer cada día para salir adelante (o para disfrutar por unas horas).




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23 noviembre 2016

Entre lo cortés y lo valiente

  Esta mañana "me he desayunado" (siempre he querido emplear esta tonta expresión de contertulio o profesor asociado) con la noticia del fallecimiento de Rita Barberá. No hace tanto tiempo que la muerte tenía el efecto de embellecer a los feos, templar a los impulsivos, hacer bondadosos a los malvados y generosos a los tacaños. Sin duda era algo irritante pero no tanto como no tener respeto para con las personas fallecidas y con la muerte. Pablo Iglesias (y todos los de su partido que en esto se comportan como el resto, siguiendo como ganado a su pastor en un acto tan sumamente personal) ha abandonado la Cámara cuando se guardaba un minuto de silencio por Barberá. Leo en las redes sociales un apoyo masivo a esta postura: el sectarismo (como el perejil molido) se va abriendo paso. No obstante conviene además destacar que los diputados de Compromís, que tan bien la conocían y con tanta razón la criticaron, sí se han quedado.
 
  Para los que conozcan como se las gastan muchos docentes de las univeridades españolas no sorprende que traten al resto de los mortales (perdón por lo de mortal) como si estuviéramos aquejados de algún tipo de enfermedad mental que nos impidiera comprender cualquier tipo de sutileza. Siguiendo este criterio, Iglesias habrá pensado que quedarse en el minuto de silencio iba a ser "tuitinterpretado" como un "homenaje político" a una figura "corrupta" y que por tanto era mejor "tuit-ausentarse". Por supuesto a los votantes de Podemos no nos alcanza para comprender que una cosa es guardar respeto por el fallecimiento reciente de una persona y por el dolor de su pareja,  amigos y familiares y otra bien distinta la crítica que nos merezca como figura política.

  ¿Pero cómo lo vamos a entender? Para empezar todo matiz es interpretado como flojera argumental. Hay que ir pisando fuerte por la vida. En España (y cuando digo España también me refiero a sus colonias Euskal Herria, Catalonia y la más importante, Alicante) ya se han desterrado las palabras "gracias", "perdón", así como la pérfida y meliflua expresión "por favor". Los buenos modales están proscritos de facto. La compasión de garrafa abunda en las redes sociales, pero el sectarismo impide que se practique en la vida real, y menos con el enemigo político. La muerte ha quedado abolida. La muerte es Jalogüin: caramelos, disfraces idiotas y calabazas, como no paramos de enseñarle a nuestros niños. La gente se vela en instituciones parecidas a supermercados llamados tanatorios donde se acude en pantalón corto y chancletas. La vida es un Tuit o algo que puedas poner en Facebook. ¿Respeto? Por la muerte no, por supuesto.

 
Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos cosquilleáis, ¿no nos reímos?
Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos?


   Si Iglesias o alguien de su grupo ganadero hubiera visto "Ser o no Ser" de Lubistch (o mejor aún, pensara  que alguno de sus votantes  la conoce) recordaría la escena en que un actor declama esta famoso parlamento de Shylock en "El Mercader de Venecia". Esta frase funda el humanismo. Todos, al final somos personas. Yo moriré, usted morirá, morirán todas las personas que usted quiere u odia. Todos compañeros de viaje en esta loca historia. Barberá también, y por cierto con una peripecia vital que merece ser contada. Una tragedia Shakesperiana o quizá una novela de Blasco Ibáñez, de ascenso y caída. ¡Qué desvalidos son los poderosos cuando pierden el poder!

  Pero es que además, en mi humilde opinión de ser que jamás tendrá poder alguno, Podemos incurre con su gesto de dignidad adolescente en el error político. Por supuesto se intentará embrollar todo con el manido y fastidioso argumento de por qué esto sí y lo otro no. Por qué sí por Rita y no por la anciana a la que le cortaron la luz, por qué sí por las víctimas de la violencia de género y no por las de la guerra en Siria, por qué sí por las de Siria y no por las víctimas del amianto... Se dirá que por otro no se hizo (como por el añorado Labordeta) y así estaremos un rato entretenidos, chapoteando entre lo falaz y lo mezquino.

  Lo cierto es que Barberá ha marcado una época de la ciudad de Valencia (importante localidad situada al norte de Alicante). Su desaparición supone una pérdida para los que aspiraban llegar a una verdad judicial que se aproximara a lo material, no (desde el punto político) para sus antiguos compañeros de partido que ahora le hacían, por lo que cuentan las crónicas, el vacío. Rita atesoraba un conocimiento de muchos acontecimientos cuya luz hubiera sido de suma importancia para la opinión pública. Perdemos el respeto, pero también la valiosa información que en su caso podría haber aportado. Ya saben la frase: amigos, enemigos, enemigos a muerte y amigos dentro del partido. Quizá hoy alguno ha respirado más tranquilo.

  El hotel en donde ha fallecido es uno de los mejores de Madrid. Un establecimiento de cinco estrellas situado en la Plaza de las Cortes. En la página web se indica que ofrece a sus clientes un "welcome drink". Seguro que más de un cliente lo ha sabido apreciar.




¡Qué descansada vida, la de aquel que huye del mundanal ruido!




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13 noviembre 2016

No somos Arizona

  El refrán español dice que "no hay mal que por bien no venga". La misma idea, reeditada para congresos, charlas y conferencias profesionales se formula ahora diciendo: "no es un problema, es una oportunidad". Ofrezco los dos, como el tendero que tiene varios tipos de manzanas para que elijan la que más les convenza. El mal del que hablo es por supuesto la victoria de Trump y el bien o la oportunidad es que esta victoria nos da la oportunidad de conocernos, aunque sea un poquito, a nosotros mismos.

  Desde mi ventana puedo ver el mar, pero si fijo mi mirada de miope un poco más cerca puedo ver una menos bucólica hamburguesería en cuya fachada ondea la bandera de las barras y las estrellas. Ni que decir tiene que el local no está regentado por estadounidenses sino por un siniestro canario. A nadie le llama la atención una bandera americana, de hecho es parte del paisaje aquí y en otras muchas calles. Hace poco todos juntos y en armonía (como dice el himno del Hércules C.F) hemos celebrado Jalogüin. En algo más de un mes Papá Noel visitará este solar hispano para traer regalos a Kevin, Vanessa, Aaron, Jennifer, o a sus hijos, Samuel, Noa, Erika y Justin (o Yustin). Un poco antes todos (juntos y en armonía) disfrutaremos del Black Friday, y ya en algunos colegios se celebra el Día de Acción de Gracias (y todos los informativos españoles se llenarán de pavos). Durante todo el año, en los telediarios nos informarán de los resultados de la NBA, discutiremos sobre los enfrentamientos raciales en Alabama, nos preocuparemos con la epidemia de obesidad de Texas (que algunos ya pronuncian "Teksas", leer falso viaje que hicimos solidario aquí). Y así estábamos, felices viviendo a ratos en Europa, a ratos como si fuéramos otro Estado más de los EEUU cuando ganó Trump.

  La victoria de Trump nos ha sorprendido, no porque no pudiera ganar (ya lo advirtió Michael Moore hace meses) sino por la sensación de ajenidad que nos provoca respecto a los que considerábamos sin darnos cuenta, parte de nuestra identidad. En cierto modo Trump es como un jamón rancio, no hay español que no lo deteste. Tanto la izquierda (pese a algún esfuerzo patético en demostrar los contrario) como la derecha, incluso la propia Esperanza Aguirre, consideran a Trump un personaje no solo repulsivo sino además incomprensible. Y aquí viene la sorpresa, y los analistas que ya nos advierten, que EEUU no es "lo que se ve en las películas" (o en las películas que ellos ven), sino que es un país con muchas zonas rurales ultraconservadoras e hiperarmadas. 

  Y entonces nos toca recordar lo que ya sabíamos, pero que habíamos ignorado. Que puede que nuestro hijo se llame Justin y no paremos de consumir productos culturales estadounidendenses, pero si miramos al otro lado del océano descubriremos que nuestros vecinos en la globalización no nos conocen. Aunque nos sepamos al dedillo los equipos de la NBA y las canciones de Madonna, para muchos de nuestros conciudadanos americanos de la globalización les es imposible distinguir España de México o de otros países latinoamericanos a los que se engloba en la estúpida y errónea etiqueta "latino", como si fuera lo mismo un huevo y una castaña por el hecho de que son dos cosas que se comen. No saben lo que es el Real Madrid, nunca oyeron hablar de Iniesta, los más cultos alguna vez se les mencionó El Quijote (aunque no necesariamente lo vinculan con España). Ni unos ni otros saben que Florida, Arizona, Colorado y otros miles de topónimos que ellos no saben pronunciar bien son nombres españoles puestos por españoles. Con un poco de suerte Julio Iglesias y la Inquisición. En resumen, ellos no nos conocen y nosotros que creemos que les conocemos tanto que somos como uno de ellos. Una alteridad equivocada (si hay un filósofo de guardia en la sala que me haga el boca a boca).

  No somos Arizona y a Minnesota no le importa lo que seamos. La globalización nos ha hecho ciudadanos del mundo, pero no estadounidenses, para bien y para mal. El romano y el griego que llevamos dentro nos lo impide. Voy a celebrarlo poniéndome una canción de John Denver, pero si esto sirve para recolocar mínimamente nuestra posición y aguzar nuestro sentido crítico respecto a todo lo que venga de los EEUU, bienvenido sea. Que lo malo ya llegará solo.



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12 septiembre 2016

Hillary Guitar

  Erica Berestein, Nick Corasaniti y Ashley Parker, reporteros del New York Times, han acudido durante el último año a los mítines de Donald Trump y han grabado en vídeo las actitudes, provocaciones e insultos de sus asistentes. El vídeo es una antología de la xenofobia, el racismo, el sexismo y del odio. ¡Que le den a lo políticamente correcto! Los admiradores de Trump dan rienda suelta a sus pasiones y tras la ceremonia oficiada por el multimillonario neoyorkino les hierve la sangre. Los periodistas lo condensan todo en tres minutos de akelarre audiovisual, pero advierten que no se trata de hechos aislados.

  Sin embargo lo que más llama la atención del trabajo son la prioridades en la jerarquía del odio. Por supuesto odian al islam, odian a los inmigrantes mexicanos y por extensión a todo lo que suene a español, odian al negrata de Obama, pero por encima de todo odian a Hillary Clinton. ¿El modo de demostrar su odio hacia ella? Lo han adivinado. Sí, no piense más: lo ha adivinado. 

  Para empezar Clinton es, por supuesto, una puta. No hace falta que les diga lo que en su opinión necesita. No hace falta que diga que los asistentes recuerdan el asunto de Lewinsky, de la que solo ella tiene la culpa puesto que no lo hace tan bien, y además ¿cómo se puede tener muslos anchos y pechos pequeños?

  Pero no todos los asistentes son tan considerados. Algunos piden a gritos que sea colgada, que admitámoslo,  es muy americano. Me pregunto (es pregunta retórica) si conocerán la extraordinaria película "Johnny Guitar", dirigida por Nicholas Ray y estrenada en 1954. Por supuesto no la conocen. El cine clásico americano se conoce fuera de Estados Unidos de la misma manera que el flamenco continúa vivo gracias a Tokio. 

  De la complejidad del film (si algún día quisiera hacerme pasar por  una persona seria en estos casos diría que es "poliédrica") dan fe las diferentes sinopsis en español (lo siento Trump) que ofrecen Wikipedia y FilmAffinity.

  Wikipedia: Johnny Logan (Sterling Hayden), un portentoso pistolero, ha cambiado su revólver por una guitarra. Con ella se dirige hacia la casa de juegos de Vienna (Joan Crawford), donde le espera un trabajo como músico, y un viejo amor. Emma Small (Mercedes McCambridge) odia a Vienna porque Dancin' Kid (Scott Brady) la prefiere. Así que cuando la diligencia es asaltada y el hermano de Emma resulta muerto, ella no duda en culpar a Dancin' Kid y a su banda. Luchará por destruir a Vienna y sus sueños de prosperidad con el ferrocarril.

  FilmAffinity: La relación sentimental entre Vienna, la propietaria de un salón situado en las afueras de una ciudad del Oeste, y Johnny Guitar, un pistolero con el que se vuelve a encontrar en un difícil momento, constituye todo un clásico que alcanzó un gran éxito de taquilla.

  Creo que no hace falta decir lo que la gente del pueblo pensaba sobre Vienna, ya que el lenguaje de las películas de la época era menos vulgar pero más elocuente. Hillary no regenta un Salón, pero como a Vienna, la chusma enloquecida del pueblo la quiere colgar, en nombre de la ley y el orden.

 Hay quien interpreta que los hilos del poder, de la economía, de la política, de la moda, lo manejan un puñado de poderosos en conciliábulos como Bildeberg o Davos. Pero aunque esto sea así, que no lo sé, debe cristalizar en los corazones de la gente. Cuando digo en los corazones también digo en su hígado, en sus pulmones, en su garganta y en su bilis, en sus gónadas y traseros. Como hace el vídeo conviene dar un paso atrás, olvidarse de la tribuna, mirar al público y mezclarse con él, como hacía el protagonista de La Rosa Púrpura del Cairo

Darse una vuelta y contemplar. Horrorizarse con los demás y con uno mismo.



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30 agosto 2016

Desde mi mazmorra

  Este mes se estrena en España Ben Hur. Creo que no hace falta decir que desde mi punto de vista, hacer un remake de esta película es una felonía. Una infamia que no debe quedar sin castigo. En mi opinión la mejor manera de sabotearla es hacer "spoiler", a lo cual me dispongo. Contar principio, desarrollo y desenlace; y si tuviera tiempo hasta los títulos de crédito. 

  Ben Hur (Judah para los más íntimos), que es un tipo acaudalado, sensato, guapo y de buena familia, factótum del Partido Judea Sí Que Es Pot, es tentado por Mesala, el líder en Judea con el Partido del Pueblo Romano, para firmar un pacto de gobierno que garantice la estabilidad en la región (nación). Ni que decir tiene que en realidad quien corta el bacalao son los de la Unión Romana, que fijan los objetivos de déficit, las calzadas, los templos de Zeus que hay que construir así como la política exterior y los pactos con los samaritanos buenos y los samaritanos malos, con los egipcios y otras cuestiones. Sin embargo, el gobierno de la Comunidad Autónoma de Judea tiene también sus competencias, termas y teatros, sumos sacerdotes y cosas así.

  Ben Hur rechaza el pacto de gobernabilidad que básicamente consistía en delatar a todos los nacionalistas judíos y la legalización de la homosexualidad, pero rechazaba de plano medidas tales como: 

1. Incremento del presupuesto de gasto para cuadrigas. 
2. Control sobre el fraude del pan ácimo. 
3. Mejoras sanitarias de las inmundas cuevas de los leprosos. 
4. Control sobre el suministro de galeotes. 
5. Acondicionamiento y adelantamiento de las mazmorras de Jerusalén. 

  Mesala se toma muy mal la negativa de Ben Hur, (quien ni siquiera contempla la posibilidad de abstenerse y mirar para otro lado), puesto que con anterioridad habían compartido mesa y mantel y habían sido hasta socios de gobierno. Decide aplicar la Ley de Seguridad Ciudadana del Imperio y manda a su antiguo amigo a un centro deportivo de alto rendimiento.

  Mientras Judah se convierte en una estrella del remo y se gana buenos patrocinadores en la Unión Romana, Mesala, que sigue en funciones, se dedica a contemplar las carreras, visitar las termas y despachar los asunto ordinarios. La Unión Romana contempla la situación con preocupación y manda a Pilatos, un experto en temas de agua y saneamientos, para que controle el orden y el déficit público de Judea. Lo cierto es que pese al aparente desgobierno, las cosas no parecen ir mal, sino más bien todo lo contrario, la zona prospera. Judea crece económicamente. Se vende más que nunca a Antioquía, Corintio y Persia. Los turistas filisteos abarrotan los anfiteatros y se dejan todos sus secstercios bebiendo vino de la región y apostando en el Circo. Desde el punto de vista cultural, la zona, que había aportado el asado de camello y poco más, se encuentra bajo el influjo de la movida cristiana, con grupos de culto tales como Doce más uno, Evangelistas, Magdalena Soul , Vetusto Lázaro y Judas Priest. 

  El gobierno en funciones toma como pretexto este movimiento cultural, al que acusa de antistema, para reclamar el fin del gobierno en funciones. Pero las gentes empiezan a sospechar que todo el pescado está vendido y que es la Unión Romana la que hace y deshace y que todo lo que le interesa a Mesala es subir los impuestos sobre el aceite de oliva y la miel y las pieles de cabra, subir los impuestos sobre las obras de Esquilo y darle la contrata de la reparación de las calzadas, acueductos y teatros a sus amigos de los baños y del Sanedrín, empezando por el Sumo Sacerdote.

  Al final hay elecciones. Mesala se da una buena torta (literalmente) en la arena política. Ben Hur regresa a Judea, pero no puede gobernar porque está inhabilitado por doping y acaba abriendo un centro de medicina alternativa. Finalmente es un viejo rey, que dice ser mago, el que se hace con las riendas de la administración. 

  Y aquí finaliza la película pero no la historia. La historia nunca terminará porque nunca faltan los villanos, los héroes, el populacho sediento de circo o de teatro, los barcos necesitados de galeotes, los pérfidos filisteos, ni los profetas que anuncian el fin del mundo o la resurrección de los muertos.





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25 julio 2016

La ley del embudo

  Según leo en El Diario, una cuenta del maligno Twitter difundió la foto del diputado de Podemos, Xavier Domenech, saliendo del hotel Urban. La publicación lo califica de lujoso. Debe ser uno de esos hoteles maravillosos en los que tocas un timbre y alguien, tan amistoso que no parece humano, te trae una aspirina que puedes tragar con alguna de las delicias del minibar. Miriam Noguera, diputada convergente o como llamen ahora a los ¿independentistas? de Convergencia Democrática, se "hizo eco" de la noticia en su inevitable cuenta de Twitter con la indignación que el caso requería. Transcribo en catalán, me parece más gracioso: "I jo pago 49 euros a un hostal, pero el pueblo ests tu, oi". 

  Hago notar a los lectores que "el pueblo" está escrito en castellano, detalle que no puede soslayarse para el avispado lector que advertirá una connotación hiriente teniendo en cuenta que Xavier Domenech es también catalán. El "oi" final en rigor no significa nada. Es una coletilla ñoña catalana, valga la redundancia. Se puede poner al final o se puede poner al principio. Así se puede decir: "Oi que es maco?".

  Si analizamos la noticia que indignó tanto a la señora Nogueras es fácil concluir que Domenech es algo diferente del Destripador de Boston. En puridad salir de un hotel de lujo no significa necesariamente pernoctar en él. Puede que Domenech quedara con alguien para tomar un café y además tuviera que abonar una exorbitante cantidad por un agua con gas, un café con leche y un Belmonte. El diputado no habría disfrutado de las atenciones suprahumanas del hotel sino que además habría descendido a los inframundos de las "clavadas" de la hostelería de lujo.

  Pero pongámonos en la hipótesis más escabrosa: el diputado de Podemos habría pasado la noche en el hotel de lujo. El diputado de Podemos habría osado abrir el minibar y tras sopesar el tesoro líquido de su interior habría decidido meter en su gaznate el jugo de uno, dos y hasta tres benjamines. Al diputado de Podemos le habría sobrevenido una insoportable jaqueca y habría descolgado el teléfono para pedir una aspirina. En menos de cinco minutos un empleado del hotel, tan cariñoso, sonriente y atento que no parece humano sino más bien nuestra madre, habría tocado a su puerta y le habría dado una caja entera de aspirinas, no sin antes recordarle que estaba a su disposición. El diputado de Podemos habría dormido como un tronco en su confortable cama king size, arropado por una fabulosa cantidad de canales de televisión. Mientras en su hostal, Nogueras, buscaba sin éxito la TV3 en un televisor tan antiguo como la propia Cataluña y al no conseguirlo tenía que contentarse con Sálvame deluxe. Quizá Wifredo el Velloso tenía un aparato similar en su castillo. 

  Sucede que los hermosos cuentos solo existen en la mente de los fabuladores. La noticia no era noticia sino bulo. Lástima. No soy como Nogueras. Me encanta pensar en el diputado Domenech intentando abarcar con su cuerpo toda la superficie de la cama, el meñique del pie derecho en septentrión, la punta de la nariz al oriente. Recorriendo con la vista los vastos territorios de una suite. Pero resulta que el tuit era falso. Domenech nunca salió del hotel Urban. Nunca pernoctó en ese hotel ni vació su minibar. Como buen hombre de izquierdas se tomaría unas cervezas en la pensión mientras buscaba, sin éxito, la TV3. 

  En cambio sí sabemos quién pernoctó, no un día ni dos, no una semana ni dos, no un año ni dos en el hotel Palace de Madrid. Durán Lleida, el histórico portavoz del Grupo Catalán en el Congreso. Allí recibió a Jordi Évole para su entrevista. Durán  debía echar un vistazo al minibar y escogería un zumo (solo los pobres bebemos los benjamines). Es inconcebible que un señor con tanta clase esté en una pensión y sencillamente impensable la posibilidad de imaginarle  comiendo de rancho, no digo ya abriendo una lata de fabada Litoral. La mera idea de que un alguien como Durán pueda pasar incomodidades hace que te sientas como en los momentos más duros de "Liberad a Willy". Hoteles como el Palace están pensados para el disfrute de señores como Durán, que saben de añadas de vinos, pero también de cuál es la taberna más inmunda de Sicilia donde se sirve la mejor lasaña.

  En suma, parece normal que lo que para unos sí, para otros no. Ellas tapadas con burka, pañuelo y hiyab. Ellos en calzoncillos y con una camiseta de Nike. Ellos en el Palace, pero tú (rata izquierdista) a tu sucia pensión. ¿Acaso no eres del pueblo? ¿Acaso no eres la plebe o vas de farol? Si ellos pactan con los nacionalistas es razón de Estado, si lo haces tú es vender España. Es la lógica del abusador. La lógica del maltratador, que tiene todos los privilegios pero que se convertirá en martillo de herejes en cuanto oses disfrutar de las migajas. Tus movimientos serán observados con lupa. Tus fallos magnificados. Tus derechos extinguidos. Tus vicios exagerados. Tus faltas convertidas en crímenes. Y para ellos: "ancha es Castilla". Es derecho de cuna. Derecho de pernada. Caudillo de España o de Cataluña por la gracia de Dios. 

Y lo peor es que nos lo creemos. Domenech: ¡Vete al hotel Urban y vacía en mi nombre el minibar! A mi salud y a la salud de todos los hipócritas. 

Pop Art by Andrew Fairclough


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27 junio 2016

A toro pasado

  La expresión "a toro pasado", como muchas otras expresiones que vienen del mundo taurino, posee una riqueza que expresa en una frase el concepto y experiencia, aúna lo racional y lo sentimental. No solo es que después de pasar el toro es fácil decir qué es lo que iba a ocurrir, sino que además mientras lo hace uno está tan preocupado en que no le pille el animal, que con gran probabilidad es incapaz de tomar la decisión correcta. Por eso se dice que es fácil a toro pasado, decir que esto debía haberse hecho así o asá, que se debió añadir, quitar, sumar, restar, hablar, silenciar, besar o marcharse a la francesa. Yo ya lo dije, dicen, los que no tenían los cuernos delante.

  En realidad no es algo tan extraño. Es lo que hacen ahora los políticos, los analistas, los comentaristas deportivos y además les pagan por ello. Debía haber jugado Thiago. El portero, Casillas, que no conoce lupanar. Iglesias tenía que haber pactado con Casillas y Del Bosque investido con el apoyo del PSOE. Rajoy debería haberse retirado después del Mundial de Brasil y, por supuesto, tener juntos a Errejón y a Garzón (que además de rimar juegan en la misma posición) no te garantiza más gol. Eso lo sabe hasta Floriano.

  Yo también lo haré. Quiero torear sin toro, desnudo, como un animalista del PACMA. Seguramente no me tomen en serio, pero concédanme unos minutos, y luego me dicen. Básicamente los dos sentimientos que predominan en España tras las elecciones son los del alivio, entre los que han ganado, y la incomprensión, sumida casi en la desesperación fatalista de los que han perdido. Los segundos no pueden entender cómo sigue ganando las elecciones un partido con casi sesenta casos de gravísima corrupción a sus espaldas, que no ha reducido el déficit, ha aplicado durísimos recortes, subido impuestos, una tasa de paro del 21% y casi cinco millones de desempleados. 

  Los ganadores sienten que se han librado de un régimen poco menos que revolucionario auspiciado por una coalición de comunistas financiados desde Venezuela e Irán, que acabarían con la unidad de España, luego con la pertenencia a la Unión Europea, y luego vete a saber si confiscando propiedades. 

  Como se ve los primeros y los segundos, como diría Kahneman, (de obligada lectura) en realidad sustituyen la pregunta que se plantea por otra. A la pregunta cuál es el mejor gobierno se responde  con cómo puedo impedir que los "otros" gobiernen. El concepto capital no está en el bien común, ni en criterios más o menos objetivos sobre las cuestiones políticas y económicas sino que se resume a un asunto de identidad. Porque ya no es la economía (idiota) sino que la cuestión esencial se centra en el asunto de la identidad. 

  Basta ver como ejemplo el referéndum británico. Ni siquiera ellos, que vienen de una tradición eminentemente práctica (¡hola Jeremy Bentham!) se han podido sustraer al poderoso influjo de la preocupación identitaria. Dicho breve y abruptamente, pesó más la idea de dejar de ser británicos que la de perder sus beneficios como miembros de la Unión. Muchos expatriados residentes en España votaron también a favor de salir de la unión en clara contradicción con lo que sería una decisión racional sobre sus intereses. Pero, ¿cuáles son de verdad nuestros intereses?

  Una amiga, parada, pero muy partidaria de los partidos de derecha, se mostraba eufórica porque en la celebración del Partido Popular se veían banderas de España. Y así era. Los simpatizantes del partido cantaban desgañitándose que eran españoles. La bandera de la identidad nacional, del peligro que puede suponer la "ruptura de España", algo a lo que muchos le tienen pánico, está muy arraigada en la cultura española. No debe olvidarse que los golpistas franquistas se llamaron a sí mismos "nacionales" como si sus oponentes del campo de batalla no lo fueran.

  Paralelamente, entre las personas que han perdido las elecciones, compruebo que la derrota les ha alejado más de la idea de España. "Esto no tiene remedio". ¿Cómo es posible? En España se premia a los ladrones, dicen, como ya escribió Valle-Inclán. Unos y otros en realidad comparten la misma preocupación por la identidad, que se siente amenazada o que pesa como una losa o si se quiere como una gigantesca pandereta. No debe olvidarse además que los "nacionales" ganaron. La idea de adscribirse a un grupo de orden y poderoso crea la ilusión de pertenecer a él, aunque no cobres más de mil euros al mes. 

  Dame pan y dime tonto, se decía. Es la economía, idiota, se decía. Pero cualquier psicólogo te dirá que la primera necesidad de las personas es la de saber quiénes son. ¿Y quienes somos? No nos define el trabajo, desde luego, que podemos perder en cualquier momento y que rara vez nos llena. No nos define nuestra familia que puede cambiar o esfumarse. ¿La religión? Para algunos sí, no hay más que ver a los fanáticos reclutados en los barrios impersonales de las periferias de las grandes ciudades europeas. Pero a la religión nosotros ya hemos llegado tarde, gracias a Dios. 

  Yo no soy quien soy y no creo que lo sea. A veces estoy en casa escuchando música y me digo que soy bloguero. Suena bien. Suena cool. Suena como algo interesante. Pero escribir de vez en cuando para que me lean dos personas tan inteligentes como usted, pero a fin de cuentas dos, es una base un poco endeble para llenar mi vacío existencial. Por eso, busco una identidad, y otra y otra. Runner, tenista, cocinero, manitas, madridista, culé, melómano, rociero, catalán, español...

Catalán, español, británico... 

Dame un himno, una bandera, 

dime quién soy y llámame tonto. 



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24 junio 2016

Eurexit

  Podría decir el premio Nobel Daniel Kahneman que lo que le ha ocurrido a David Cameron ha sido un efecto de la regresión a la media. Si abordas la decisión de convocar dos referéndum en donde las encuestas se sitúan cerca del cincuenta por ciento para cada una de las dos opciones, lo normal es que al menos uno de ellos lo acabes perdiendo. Y así ha sido. Y ha dimitido. Ya he leído cosas como que Cameron pasará a la historia como un irresponsable. Pero la irresponsabilidad (o el acierto) será de los británicos. Él cogió el toro por los cuernos en los dos asuntos que dividían al Reino Unido y asumió personalmente el riesgo de la decisión. El Partido Popular español se llama a sí mismo conservador, pero Cameron ha trazado, con sus decisiones y dimisión, la línea que separa a un conservador (demócrata) de un neofranquista. La diferencia de un político que asume sus responsabilidades políticas y de otros que ven natural que el ministro del Interior sea un conspirador de Mortadelo, un mentiroso y un necio.

  No creo que recuerden ya el debate a cuatro en televisión entre los cuatro machos alfa que lideran los principales partidos políticos españoles. Antes de ese debate había existido otro vergonzoso entre leonas, que recordaba a aquellas películas en las que las mujeres se quedaban tomando café, mientras los maridos pasaban a la biblioteca a fumarse un puro y hablar de cosas serias. Estuve tentado de escribir sobre él, pero me sentía incapaz. El valenciano, que como dice mi amigo Ximo, tiene más de doce formas diferentes de definir estados de pereza. Lo que yo sentía era mantra, que es una mezcla perfecta de cansancio y vagancia. Pronto entendí por qué. Lo más llamativo del debate no fue sobre lo que se habló, ni sobre lo que no se habló (como el Brexit) sino el horario. El debate terminó pasadas las doce y media de la noche.

  Con estos horarios, es normal que una población que no duerme no esté en lo que tiene que estar. Cuando estás somnoliento es difícil seguir una conversación y sin embargo cualquier ruido molesta mucho. En estas condiciones es normal que un asunto de gran importancia como el Brexit haya pasado desapercibido.

  Mientras la derecha neofranquista ha conseguido que Venezuela, donde la política española  importa un pimiento, se convierta en centro de nuestras preocupaciones; hemos olvidado que se vive un momento capital de la Unión Europea y también de España. Unos 760.000 británicos residen en España, que también recibe cerca de quince millones de turistas de esa nacionalidad. Cerca de 140.000 españoles están censados en el Reino Unido, aunque la cifra real de españoles residentes es mucho más alta. Es el cuarto país destino de nuestras exportaciones (18.231 millones de euros) el pasado año, y el sexto país del que más importamos.

  Como me recuerda mi amiga Sonia, la Unión Europea nació con el anhelo de acabar con los frecuentes y cruentos conflictos entre vecinos que habían culminado en la Segunda Guerra Mundial. En los años 50, la Comunidad Europea del Carbón y del Acero es el primer paso de una unión económica y política de los países europeos para lograr una paz duradera.

  En la universidad yo era de los muchos europtimistas. Fui beneficiario de una beca Erasmus cuya cuantía económica era pobre, pero que me permite con el esfuerzo de mi madre y del profesor Pérez Lledó estudiar una temporada en Londres. Tenía veintitrés años y nunca había salido al extranjero ni tomado un avión. Quizá ahora puede parecer ridículo o exagerado, pero recuerdo pasear por Leicester Square con la sensación y la emoción de estar en la luna. Mis compañeros de aquellos años tenían la misma sensación. Italianos, alemanes, griegos... teníamos (o nos habían convencido) la sensación de que estar creando una nueva ciudadanía multinacional, basada en el respeto a los derechos y libertades. No así los británicos, especialmente los ingleses.

  No es un secreto para nadie que para los británicos, la pertenencia en la Unión Europea fue siempre una cuestión práctica. Margaret Thatcher logró el "cheque británico" y  en 1992 se introdujo el "opt out" (cláusula de exención). Este trato preferente no ha bastado para que los británicos hayan considerado conveniente permanecer en la Unión y renunciar a parte de su soberanía. Creo que fue John Berger, el autor de "Una vez en Europa" quien dijo que el Reino Unido estaba en la Unión Europea para destruirla. Los escritores, ya se sabe, viven de su imaginación, es decir, de exagerar lo que piensan, lo que dicen y lo que sienten.

  El proyecto europeo esté hecho unos zorros, y a pesar del desagradable Nigel Farage, los británicos tienen sus razones. Cuando ves el trato que la Unión Europea da a los refugiados o la imposición de un directorio a Grecia, es normal que den ganas de arriar la bandera azul con las estrellas, y utilizarla para mejores usos, como por ejemplo hacer trapos para limpiar el baño. Me pregunto si en una Unión Europea fuerte un tipo como Fernández Díaz podría seguir siendo ministro o su jefe (el serio, el responsable, el que nunca sabe nada), el candidato. Pero antes de eso, conviene muy bien pensar en las alternativas.

Quizá el Brexit no sea el fin del mundo como escribe Ramón Lobo. Pero uno no quema la casa, por mucho que esté harto de los ruidos del vecino, de que la cisterna no pare de gotear y se paseen en verano las cucarachas. Ya lo pensaremos, cuando nos cansemos de hablar de Venezuela. No antes.





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26 mayo 2016

¿Vene qué?

  Todos hemos tenido esa experiencia. Fulano se preocupa mucho por nosotros. Fulana (qué malo es el machismo en el lenguaje) parece desvivirse de repente por determinada persona a la que conocemos. Quieren su bienestar, no duermen pensando en la injusticia, oprobio y padecimiento en el que viven. Eso dicen y todos sabemos que lo que en realidad quieren Fulano y Fulana es poner verde a un tercero, el culpable de todas las calamidades. A Fulano y Fulana les importa un bledo nuestros sinsabores y tribulaciones. Fulano y Fulana solo quieren cagarse en la madre, como elegantemente se diría en algún país americano, de otro a costa de nosotros (o de otros zutanos equis). ¿Hipócritas o simplemente utilizan como cachiporra lo que el resto vemos como un trozo de madera?

Ahora le ha tocado el turno a Venezuela. Sin duda, son muchas las cosas que se pueden hacer por ese país. ¿Es posible que podamos actualizar el chándal de los dirigentes? Quizá si contemplaran el sobrio terno de Mariano podrían obtener inspiración. Dos días le han servido a Albert Rivera para advertir que Venezuela es "un fracaso" y para identificar a los culpables: los pérfidos podemitas. Una preocupación muy altruista como se ve. Pero en estos casos nunca es la primera vez.

  Quizá ustedes tengan en la memoria uno de esos arrebatos altruistas en política exterior que de vez en cuando afectan a los políticos españoles. Fue el caso de la activista saharaui Aminatu Haidar. El 13 de septiembre de 2009, la activista fue detenida por la policía marroquí cuando regresaba de Nueva York. El gobierno marroquí decidió expulsarla a España al día siguiente, recalando en la isla de Lanzarote. La activista se puso inmediatamente en huelga de hambre y acusó al gobierno socialista de Zapatero de actuar en connivencia con el gobierno marroquí. 

  El Partido Popular, habitualmente reacio, cuando no hostil, a apoyar la causa saharaui, no dudó en posicionarse a favor de la activista, como también lo hizo el líder de Izquierda Unida, quien pidió la ayuda del monarca español de entonces, y Rosa Díez, la líder de un partido relevante de la época. Haidar se mostró particularmente crítica con el gobierno de Zapatero durante todos aquellos días, seguidos intensamente por los medios de comunicación como si fuera el reverso (tenebroso) de Top Chef. Los socialistas y la izquierda en general, que tradicionalmente habían sido los aliados saharauis en Europa, cabría decir del mundo, se sintieron secretamente dolidos por la dureza de la activista, felizmente arropada por la derecha española.

  Iba a recurrir a la poética frase de que ha llovido mucho desde entonces, pero lo cierto es que en Alicante no ha sido así. Pero el caso es que ha pasado el tiempo y ha llovido algo, y durante años solo algunos colectivos y universidades españolas se acordaron de Haidar, que en sus conferencias no desperdicia la oportunidad de señalar lo malos que somos los españoles, algo que a nosotros nos gusta casi tanto como el arroz a banda. En cuanto al interés por la causa saharaui del Partido Popular y diría que del resto de los partidos españoles, no creo que sea necesario decir nada, o quizá esta misma palabra define la situación.

  La política exterior no parece haber sido una prioridad ni para los partidos ni para la (me encanta utilizar esta pomposa palabra) ciudadanía. Lo es para Trillo (ese gigante de la democracia) y parece ser que para su hija. Por supuesto, siempre es interesante hablar de Cuba, Venezuela, Iraq o Grecia si con ello podemos arrear un fuerte bofetón al adversario. Pero los asuntos internacionales son asuntos para frikis interesados, como las películas de serie "B" o los aficionados a las secuelas de "Sharknados". Desde 1977 hemos tenido presidentes del gobierno muy diferentes, pero todos compartían la cualidad de no hablar inglés. El que tenemos ahora ni siquiera es muy viajado. En una reunión de jefes de gobierno en Chicago, Mariano reconoció que era la primera vez que había estado allí y solo le faltó decir que qué altos eran los edificios y qué limpio estaba todo. 

  ¿Y por qué ese desinterés? Muchísimos españoles están distribuidos a lo largo y ancho del mundo, desde Trinidad y Tobago hasta la Isla de Pascua. Vivimos en un mundo globalizado. No es que sea ya el efecto mariposa. Es que la mariposa ya parece un pterodáctilo. Pertenecemos a eso que aún se llama Unión Europea. Se está negociando al TTIP, que puede cambiar nuestras vidas sin que eso signifique que encontremos el amor de nuestras vidas. Muchos de nuestros problemas, zozobras e inquietudes no son diferentes de las que tienen en Francia, Grecia, Colombia o Irlanda. ¿Por qué no prestar más atención a lo que sucede de verdad en el mundo y a nuestro papel dentro de él? Atención de verdad, no al modo de Rivera (me doy un paseo en coche por Caracas, hago como que lloro y me vuelvo a tiempo para ver la final de la Champions). 

Dios me libre de mis amigos, que de mis enemigos ya me libro yo.




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09 mayo 2016

Paseando por la plaza

  Un hombre joven y atractivo camina por una plaza. Su cara me suena. Alguna vez la he visto en la tele y no en Juego de Tronos. ¡Es Alberto Garzón, de Izquierda Unida! Me lo pido como vecino. Me lo pido para celebrar una barbacoa. Me lo pido para que me pase unos apuntes. Habla de las clases populares, nos recuerda que está donde nació el 15-M, en la "plaza" Puerta del Sol. Por fin, nos anuncia el motivo de su alborozo, de su beatífica sonrisa. Fumata blanca. Nos anuncia que por el bien de las trabajadoras y trabajadores ha llegado a un preacuerdo con Podemos. Mientras camina, relajadamente, la sonrisa ancha, como decía Víctor Jara, no importaba nada, ibas a encontrarte con él, con él, con él...

  Aparece en plano Pablo Iglesias. Se dan un abrazo. Iglesias nos informa que se van a celebrarlo a no sé qué sitio, (desconocido para un paleto de provincias como yo) y es entonces cuando la Casa de la Pradera Progresista llega a su clímax, Iglesias va y cita a Aníbal del Equipo A. "Me encanta que los planes salgan bien". ¿Quién es el guionista de los vídeos de Podemos, Antonio Hernando? Hay también una versión "Podemos". En ella es Pablo Iglesias quien va al encuentro de Garzón, pero como diría Carlos Boyero, es previsible, prescindible, cargante y reiterativa. Además el cámara padece parkinson.

   Pero, vayamos por partes. Parte Equipo A. Si Iglesias los hubiera visto de pequeño, en los años ochenta y no cuando eran una serie de culto para culturetas, sabría que Aníbal, interpretado por el genial y borracho George Peppard, era divertido pero básicamente un fascista que sin duda estaba a la derecha de Ronald Reagan. Habían huido de la cárcel, encarcelados por un delito "que no habían cometido" y se ofrecían como mercenarios. El resto del equipo lo formaban un genio loco, un ligón rubio y Mister T, un negro cuyo mayor atributo era la fuerza bruta, su pinta estrafalaria, su miedo a volar y sus pocas luces. Nada que dejara especialmente bien a la comunidad afroamericana. Claro que estamos en los ochenta. No había tantos remilgos. Afrodita A era una inútil que solo servía para tirar sus tetas y ser salvada por Mazinger Z. Los personajes femeninos que aparecían en el Equipo A hacían básicamente lo mismo.

 De haber buscado una referencia en las series de los ochenta para el vídeo, (tan improvisado, tan fresco, tan mindfulness) de promoción comercial del acuerdo Podemos con Izquierda Unida, sin duda yo hubiera echado mano, ya lo dije, de otro clásico: la Casa de la Pradera. De hecho creo que ese debería ser el título. La Casa de la Pradera de la Izquierda. No puede negarse que Iglesias tiene algunos rasgos épicos de Michael Landon y Garzón podría tanto hacer del reverendo Baker como de Laura Ingalls, previo un buen afeitado.

  Laura era uno de los nombres para mujer más populares de la época, y sin duda muchas Lauras votarán o estarán en las listas de la coalición de izquierdas, aunque ya las clases populares comenzaban a decantarse por las Tanias y Natachas, precursoras de las Vanesas, Jenifers y Samanthas...

  Si creen que en mi intento de ser irónico hay una postura contraria al acuerdo, se equivocan. He aprendido además, en un curso de psicología, que la ironía es una postura negativa propia de los fracasados. Se trata de algo más profundo,  de una aversión estética, cinematográfica, si se me permite. Hace años escribí en este blog, sin mucho acierto, algo similar con un vídeo de Rajoy. En el film, Mariano Impávido Coloso, paseaba apaciblemente por una playa gallega con la naturalidad con que lo haría un ganso en el Bolshoi y decía tales simplezas que daba ganas de poner el asunto en manos de la fiscalía para que iniciara el proceso de incapacitación. En aquella época pensaba firmemente que el gabinete de prensa de Rajoy estaba controlado desde Ferraz, pero ahora me doy cuenta de que probablemente lo era desde Irán, Venezuela y la productora de Gerardo Herrero.

  No quiero parecer un reaccionario. Ya sé que esto es parte del juego y que hasta a mí me viene bien, que no sabía qué escribir hoy y me encuentro esta perla de la cinematografía política española. Estamos en campaña. Los niños tendrán que ser besados. Las plazas pateadas. Las cimas holladas. Las bicicletas montadas. Los cochinillos trinchados. Los gazpachos, por mor de la estación, sorbidos. Tratarán de hacernos creer que son como nosotros. No solo de convencernos, sino de cautivarnos, de conquistarnos. Paseo donde tú paseas, veo tus series, animo a tu equipo, mojo tus magdalenas. ¡Miau!


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