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08 marzo 2017

Día. Internacional. Mujer.

  Como no tengo muchas experiencias internacionales dejen que les cuente ésta una vez más. Me hace ilusión. Lo haré a lo Juan Cruz, pero sin la necesidad de hacer una mención laudatoria para nadie. Paseaba en un día de invierno por Nueva York (en el primer y único viaje que he hecho a esa ciudad) feliz y helado. Estábamos a menos nueve grados e iba vestido como un alicantino debe hacerlo en esas circunstancias, poco más o menos como Amundsen camino del Polo Sur. Eso me gustaba. Añadía "aventura" a la "aventura". Vagaba por Manhattan a pie. La idea era coger una avenida y llegar al sur de la isla, parando para comer guarrerías por el camino.

  En esto me encontré lo que era el final de una concentración de mujeres, algunas ataviadas con vestidos de principios del Siglo XX. Enchufado en modo turista me hice una foto con una de ellas. Una media hora después me había hecho una foto con un turista asiático y había firmado un autógrafo siendo confundido con vete a saber quién. La mujer accedió amable (y resignada). Estaban ya desmantelando un escenario, en donde habrían pronunciado discursos y entonando himnos (supongo).

  Miré hacia arriba. Estaba al pie del edificio Triangle. Estaba al pie del edificio Ash, en la esquina noroeste de Greene Street y Washington Place. Ahora el edificio pertenece a la Universidad de Nueva York. En las ventanas de los pisos octavo, noveno y décimo, donde se encontraba la fábrica Triangle Shirtwaist, donde murieron 146 mujeres, se habían colgado pendones violetas y banderas estadounidenses. La mayoría de las fallecidas eran mujeres inmigrantes que trabajaban en la fábrica por salarios de hambre en jornadas agotadoras. Conocía los detalles de la historia y el vértigo fascinante del paisaje de Nueva York cobró para mi otra dimensión.

  Debió ser en esa época tambien cuando trabajaba asesorando asociaciones en un servicio municipal. Un día nos trajeron un calendario mural en el que estaban señalados todos los días internacionales (o gran número de ellos). Lo primero que llamaba la atención es que, como sucede con los calendarios de partidos de fútbol o de tenis, apenas si había una fecha libre para poner otro día internacional de lo que fuera, y eso que el calendario había dejado fuera los días internacionales "culturales". De la misma manera que todos los días del año en algún lugar se estaba celebrano un partido de fútbol de liga, primera división, segunda, Champions League, Europa League, Concacaf, Copa de Africa, Copa América, Copa de San Pedro, no hay casi un día en que no se celebre, reivindique, o ambas cosas algo.
 EL
Ilustración de Helena Pérez

  Por motivos obvios el día más importante es del Día Internacional de la Mujer. Asisto con pereza al enésimo debate sobre por qué un Día Internacional de la Mujer y no uno del hombre. Algunas mujeres de las que participan del debate están a favor de que haya también un día del Hombre o en contra del de la Mujer. Creo que no tener un "día" te proporciona la buena noticia de que no lo necesitas. Hay un día para muchas enfermedades, pero no un "Día Internacional de los que Derrochan Salud" ni tampoco el "Día Internacional de los Magnates o de los Mangantes".La geografía del machismo (la sociedad patriarcal si queremos ponernos estupendos) incluye muchas cuevas y ciénagas, no solo las montañas y los valles de la desigualdad o de la violencia de género. También están los mezquinos privilegios que no terminan cuando una mujer hecha y derecha se declara en un juzgado tonta y rubia, con el aplauso de sala, o en los detalles de la vida cotidiana. Algunos y algunas son conscientes y siguen haciendo sus cálculos de conveniencia. Por supuesto, el signo de los tiempos demanda pedir todo sin renunciar a nada.

  El discurso oficial, por supuesto, discurre por otros derroteros. Los medios de comunicación publican las cifras que acreditan que las mujeres todavía sufren en términos generales una situación de desigualdad. Se recuerda que cobran menos, que padecen cifras más altas de desempleo, hay menciones a la violencia de género. Las emisoras musicales pinchan temas "de chicas". Los espacios culturales buscan para entrevistar pintoras, arquitectas, actrices. A algunos eso les parecerá un acto de justicia para "visibilizar" a las mujeres creadoras, otros creen que es una discriminación más. Quizá los últimos tengan contratados a algún cuidador. Si es así, lo más probable es que sea una mujer.

  Hace un par de semanas comía en un restaurante. No diré el sitio porque no tiene el glamour de Nueva York. En una mesa un grupo de parejas o matrimonios amigos devoraban unos gazpachos manchegos. Había un carrito de un bebé y un infante de unos cinco años que se revolcaba por el suelo sin que nadie le dijera cómo se hacía bien, o se lo impidiera. Ellos hablaban más alto y ellas reían más. Ellos a un lado, ellas, todas juntas, a otro, cerca del carro del niño. Ya sé que no estoy contando la caída de meteorito, pero a mí nunca me deja de fascinar.



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13 enero 2016

La semilla del diablo rojo

  Si la comedia es drama + tiempo, la revolución podría ser escaño + bebé. Leyendo ciertos medios de comunicación, se diría que la diputada de Podemos, Carolina Bescansa, no ha llevado un bebé (su bebé) al Congreso de los Diputados, sino que era una bomba norcoreana, un leopardo, una probeta con ántrax o las obras completas de Ana Rosa Quintana

  El diario La Razón hace un repaso de las reacciones por la "demagógica" actitud de Bescansa. Celia Villalobos se ha acercado para recordarle (supongo que en su actitud imperativa pero cordial de dueña del Cortijo) que el Congreso posee una guardería "maravillosa" para hijos del personal. La canaria Ana Oramas González-Moro ha llegado mucho más lejos, haciendo honor a su ilustre segundo apellido, y ha asegurado que Bescansa ha llevado a su crío "para figurar" y ha defendido que "los menores necesitan protección". ¿Hay diputados peligrosos o es que se le debe quitar la custodia de su hijo a la diputada Bescansa? Lo último que he leído es que los "radicales" han convertido el sacrosanto congreso en un "circo". ¿Es más circense un crío que Martínez Pujalte? Es todo cuestión de gustos, supongo.

  Antes se hacía una distinción, quizá un pelín odiosa, pero muy gráfica entre los poderosos y el resto del mundo a los que se les (nos) llama ciudadanos de a pie. En realidad son ciudadanos de metro, de tranvía, de autobús, de colas delante de las ventanillas, en la consulta del médico. Es posible que como se dice, llega cierto nivel de poder en que ya no "se pisa la calle". En la calle hay cacas de perro, mendigos, gente que grita y niños. El efecto hipnotizador de los niños fuera del alcance de las niñeras y cuidadoras es asombroso. Esta misma semana un niño que trataba de leer las paradas del tranvía hipnotizó a todo a un vagón con destino a la Plaza de los Luceros (en su jerga "udedos"). En las panaderías, en los parques, en los bancos y hasta en los sórdidos juzgados se ven niños que juegan, que lloran, que ríen, se aburren y se duermen. Y aún así, la vida sigue. Uno podría pensar que el revuelo de la presencia de un niño en el Congreso se debe a la baja tasa de natalidad española, por lo demás secular (ya lo era en Castilla y en muchas zonas del Reino de Aragón).

  Pero no conviene que se contagien de mi ingenuidad. En estos mismos momentos, mientras usted tranquilamente lee este post (insustancial pero inofensivo) media docena de columnistas guardianes de la decencia y la cordura están babeando de placer sobre sus teclados. (Lo sé bien porque yo también he babeado a veces sobre el mío). Buscan adjetivos, porque los argumentos ya los tienen. Bescansa la demagoga. ¿Utilización comunista de la infancia? No está mal. Me permito humildemente darles una idea. Llevar un bebé (¡y además darle de mamar!) en el templo de la democracia española no es algo demagógico. Hablemos claro: es un acto diabólico.

  En La Semilla del Diablo (Rosemary´s baby) un actor de medio pelo (John Cassavetetes) ofrece su mujer (Mia Farrow) a sus diabólicos vecinos del edificio Dakota de Nueva York (sí, Iker, donde murió John Lennon) por supuesto sin su consentimiento, para que Satán tenga un retoño. La imagen fugaz de los ojos del bebé quedan en el recuerdo de los cinéfilos, pero también debía estar fresca en la memoria de los analistas políticos. ¿Huele de una manera extraña los escaños de Podemos? ¿Se han identificado extraños amuletos, cruces invertidas, extrañas ceremonias?

¿Lo que ha pasado hoy en el Congreso con ese niño ha sido un acto de publicidad?
 ¿Acaso no hay algo de luciferino en Pablo Iglesias? 
¿Alguien ha mirado los ojos del hijo de Bescansa? 
¿Demagogia o akelarre?

Cualquier madre diría: Chorradas. Todo niño es un ángel y por supuesto un demonio. 



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08 abril 2015

¿Las buenas causas no merecen buenos argumentos?

  Tengo la costumbre de leer todos los días los artículos que denuncian la violencia de género, como los de la profesora de la Universidad de Alicante, Mar Esquembre, en el diario Información. Habitualmente se utiliza un  tono alarmista, seguramente más que justificado visto lo que sucede.

  Vaya por delante, antes de ser tratado de postmachista, machirulo, reaccionario y varón opresor, que considero una prioridad no solo acabar con la violencia machista sino con la propia sociedad patriarcal. Creo además que mi experiencia, también como abogado, me ha hecho conocerla de primera mano. Por eso, compartiendo la intención, me desasosiegan tanto los artículos de Esquembre como el de otras y otros columnistas. Sin embargo, a veces observo que se tratara el asunto como si fuera una verdad revelada. Que no se tolera bien la discrepancia y que el debate racional queda a veces apartado. Nuestra legislación es pionera, y por tanto, y con más razón, es lógico que tenga grietas, problemas y desajustes. Además, la sociedad patriarcal no se limita a los estrechos límites de nuestras fronteras ni de nuestra época. A veces parece que se trata con normas casi sagradas y que en realidad todo el problema pasa por una deficiente ejecución de las medidas y que "el cumplimiento real y efectivo" fuera el bálsamo de Fierabrás, que simplemente no se aplica el recelo de los ignorantes o por la oposición de una mano negra. 

  La pregunta que me hago es: ¿la defensa de una buena causa exime completamente de la obligación de presentar argumentos, propuestas, ideas más allá de la pura denuncia?  Soy consciente de que crear buenos argumentos y defenderlos, hacer propuestas, ser creativo, ser incluso autocrítico, es más complicado, pero ¿no es un trabajo que merece la pena realizar? ¿No se les debería exigir ese esfuerzo a quienes tienen los medios y la capacidad para hacerlo, incluso si en dicha tarea no alcanzan siempre un unánime e incondicional grado de adhesión por quienes ya están ganadas/os para la causa?

  En una ocasión me dirigí a la profesora Mar Esquembre sobre lo que ahora escribo, y que tuvo la amabilidad de contestarme. Me dijo que se trata de una breve columna de prensa y no podían desarrollarse argumentos elaborados, y es verdad. Me hizo notar que se trataba de una columna de sensibilización y de denuncia. Sin embargo creo que los convencidos no necesitamos más "sensibilización" y en cambio son aquellos que tienen legítimamente dudas o falta de información a los que quizá fuera útil dirigir los esfuerzos, no con soflamas sino con la razón.

  Llámenme agorero, pero estoy seguro que tarde o temprano habrá una involución en la legislación española contra la violencia de género. No se está gestando en ambientes reaccionarios, como podría suponerse, sino muchas veces anida en el descreimiento que se está generando entre los agentes que luchan en primera línea contra la misma, y que no pueden manifestar públicamente sus discrepancias por miedo a ser objeto de linchamiento mediático. Me refiero a policías, funcionarios de justicia, abogados, trabajadores sociales, fiscales y jueces. No crean que la desilusión viene de no compartir el objetivo de su trabajo, eso se tiene claro, sino de no tratar de perfeccionar y criticar los instrumentos con los que nos hemos dotado, y llegado el caso, corregirlos. No basta con decir que toda crítica obedece a una estrategia "posmachista". No basta con apoyarse en datos que cualquier análisis serio consideraría deficientes. No es suficiente decir que el fin justifica los medios y taparse los ojos frente a las colisiones con principios jurídicos básicos.

  Cuando termino de escribir estas líneas ha estallado el asunto de López Aguilar. Como en este asunto no podemos hablar del afectado, un rancio personaje o de un recalcitrante representante del lado oscuro, sospecho que el asunto no podrá despacharse, como a veces se hace: con prejuicios y etiquetas. El hecho de que el impulsor de la Ley de Violencia de género sea ahora "víctima" y subrayo las comillas, de la misma, será sin duda aprovechado.

  Cuando el día de la involución venga, necesitaremos buenos argumentos 
y echaremos de menos las ocasiones en los que pudimos haberlos puesto 
a disposición de la opinión pública en vez de soflamas para incondicionales. 


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24 septiembre 2014

Quiero ser capitán de Copa Davis, pero no capitana

  Es cierto que siendo varón no puedo ser capitana. Pero aún así, no le arriendo la ganancia a la que ha sido finalmente elegida. No sé si podría soportar con la misma entereza la carga de la brigada machista. En realidad Toni Nadal, Verdasco (entrena más y sal menos) y otros, han roto el sueño que tenía con ese empleo idílico. Quizá sea idílico con badajo colgando, pero si eres mujer, si no infierno, se convertirá en purgatorio.

  Por supuesto Toni Nadal y otros niegan que sus críticas a la elección de Gala León se deban a que anide el gusano del machismo en su cerebro. Pero el gusano en las manzanas, hasta que no se abre no se ve. ¿Es una comparación manida? Sí, pero la otra que se me ocurría es la de los sepulcros blanqueados. Creo que me he atascado, como algunos tenistas con el servicio. Necesito un ace.

  Dicen los Nadal y cía que sus críticas son estrictamente tenísticas. A saber: dicen que debería ser un tenista con más méritos que Gala León. Pongamos por ejemplo... a ver si se me ocurre un nombre... ¿Qué tal Carlos Moyá? Fue número uno del mundo. Ganador de Roland Garrós. Ganador de la Copa Davis y además es amigo a los jugadores. Creo que es el candidato ideal. Déjame ver la bola de cristal. ¿Cómo? Me dice que con Carlos Moyá España ha perdido.

  La bola de Cristal me informa que los jugadores pasarán de Moyá. Que a la hora de la verdad, cuando toca jugar contra Brasil para defender la permanencia en el grupo mundial, ocho de los jugadores top 100 de España se borrarán alegando los más diversos pretextos. Dice la bola de cristal que España perderá contra Brasil. Dice la bola que Moyá, en vez de ponerse duro con los jugadores, "los comprende" y pone por delante su amistad y compadreo como exjugador a su obligación como Capitán de Copa Davis.

  Sabiendo como sabemos lo que nos dice la bola, ¿realmente tiene razón Toni Nadal cuando dice que debería ser un ex tenista brillante el que debiera ser capitán de la Davis? ¿Debe ser necesariamente alguien que ha sido buen tenista buen capitán de Davis? El mismo Toni Nadal no conocía bien el circuito cuando empezó con su sobrino y que se sepa, no ha ganado más torneos que Gala León.

  La escenificación de tanta caspa machista tuvo lugar en los programas deportivos "El Larguero" de José Ramón (anestesista) de La Morena en la Cadena Ser y "El Partido de las doce" en la Cope. Gala León acudió a esos dos programas nocturnos. Cuando dejó uno fue al otro. Habitualmente cuando un tipo es nombrado en un cargo deportivo, los periodistas se deshacen en babas de alabanza (ya llegará la hora de las cuchilladas). Pero en este caso no.

  Las entrevistas no fueron tales. Fueron encerronas propias de matonismo de instituto. Los abusones acorralan en el patio y  obligan a la víctima a morder el polvo. Especialmente sangrante fue el programa de De La Morena. En vez de realizar una entrevista a la capitana para que hablara de su ilusión y sus proyectos (recuerdo perfectamente la que le hizo a Carlos Moyá) aquí le tenía reservada una sorpresita. Toni Nadal, cien kilos de peso, 35 victorias 30 por KO empezó a acorralar a Gala. —No quiero entrar en polémica, ¿pero de verdad te crees más preparada que Ferrero?—.  

  El periodista conocido por sus chistecillos decimonónicos del tipo "ya tendrás que poner un piso a tu novia que está en edad de merecer", jaleaba al Pollo de Manacor. León, verde en estas contiendas se limitó a ser un saco de boxeo. Me pregunto si cuando empezó a entrenar a Rafa alguien le acosó del mismo modo y le espetó quién era él y de dónde había salido para creerse un entrenador profesional. Como colofón, Toni Nadal le echaba en cara "no haber llamado a su sobrino para saber qué tal su muñeca". ¡Qué crueles pueden llegar a ser las churris!

 En la Cope hubo una repetición de la jugada. Rafael Nadal no es tan básico como su tío, pero (otro mito caído) parecía compartir su misma mascarada (de nuevo El Padrino al rescate). Como aficionado perdonaré a Rafael Nadal eso y lo que haga falta. Joseba Larrañaga fue bastante más equilibrado, pero el formato "Salvame" idéntico. El "experto" en tenis acaloradamente decía que Gala era una desconocida, y que sus críticas no eran machistas porque le daba igual que León fuera hombre, mujer "o hermafrodita"... 

  Los capitanes de Davis apenas entrenan. No hacen táctica. Solo deben elegir a los mejores jugadores disponibles. Hasta esta semana, para ser sincero, pensaba que su principal habilidad era dar palmaditas diciendo "vamos, vamos" y saber abrir con presteza la botella de sales. Se ve que ahora los capitanes de Copa Davis deben de ser neurocirujanos. La bola de cristal no me dice si la falta de compadreo de León con los jugadores será al final más beneficioso para el equipo. No me dice si al final León reirá como mujer lo que otros no supieron llorar como hombres y nos devolverá al grupo mundial de la Davis.

 Lo que me dice es que si eso ocurre, los bocazas no pedirán perdón. Nunca lo hacen.






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23 julio 2013

Pechos fuera

  Pido perdón por tratar con frivolidad un tema serio, aunque la banalidad, la falta de rigor y estar en ayuno de información sea marca de la casa; de lo contrario militaría en Izquierda Unida o sería contertulio de 13 TV. Pido perdón por dar rodeos antes de entrar en el tema serio. Si no lo hiciera, hubiera sido admitido en el Máster de Periodismo de El País, y posteriormente hubiera sido afectado por un ERE de Prisa.

  A quienes ronden los 40 años o tengan hermanos que lo hagan les sonará la frase del título, todo un eslogan generacional. Se trata de una frase de la celebérrima serie de dibujos animados Mazinger Z. La serie fue luego condenada al ostracismo por machista y bélica por un tribunal de pedagogos y gentes del "Ampa" (pero es idolatrada en el hampa). Como toda buena frase mítica, nunca se pronunció (como aclara este reportaje de ABC), lo que la hace todavía más legendaria, a la altura de otras imposturas, como "Tócala otra vez Sam" o "No me siento las piernas".

  Mazinger Z, cuyo nombre germánico ya inspira poca confianza, era un súper robot pilotado por Koji Kabuto (japonés) que luchaba contra dos seres malignos: El doctor Infierno (cuyo look recordaba al de Carlos Marx) y su esbirro el Barón Ashler, un inquietante ser mitad varón, mitad hembra. Afrodita A era la robot chica (no es bueno que el androide esté solo), cuyos únicos y limitados poderes eran dos torpedos en forma de pechos. Afrodita A en general era un estorbo, y servía argumentalmente para ser secuestrada y posteriormente rescatada por Mazinger. En resumidas cuentas: los buenos (el eje alemán/japonés) eran una panda de reaccionarios; y los malos representaban la pluralidad sexual, ideológica, cultural y la mala leche. De niño ya lo sospechaba.

  Puede que los pechos de Afrodita A fueran un arma humilde, pero es el arma que ha quedado en el recuerdo de los fans. Puede que los "robots tíos" fueran más poderosos, pero sus habilidades letales no  han perdurado tanto en la memoria. Afrodita A era poderosa, pese a los guionistas de la serie.

  No hace falta ser un psicoanalista para saber que los pechos fascinan a los varones (tanto heterosexuales como homosexuales) y a las mujeres (por supuesto a las lesbianas pero también a las heteros). Cuando un pecho se muestra desnudo por error, una legión de mirones lo buscan con fruición y desesperación en la red, como el furtivo pecho de Ona Carbonell en los mundiales de natación. A veces ese pecho furtivo escandaliza a las masas hamburguesadas, como el de Janet Jackson.

  Llegado a este punto, ¿Cómo no desafiar con unos pechos desnudos al poder, a los integristas, a los puritanos, a los dictadores, a los religiosos? Un pecho de mujer es más poderoso que cien barricadas, que trescientas piedras, que miles de sermones de curas, imanes y rabinos. No es por casualidad que la libertad de Delacroix los mostrara. El pecho exhibido como protesta desafía a los pacatos. Les reta porque pone frente a frente el deseo de los malvados con su hipocresía. Harina de otro costal es por qué los pechos "reinvidicativos"  suelen ser como los pechos "comerciales".

 Por eso mi respeto y apoyo a la tunecina Amina Tyler quien se está enfrentando con valentía a la barbarie de los barbudos. Mis respetos y mi apoyo a las mujeres, como las Pussy Riot que se enfrentan desnudas frente al poder de los fanáticos y los delincuentes de escaño blanco. Las podrán tapar, pero no  callar.


El Señor Gordo
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15 octubre 2010

Feminista

  El contrato que las maestras españolas eran obligadas a suscribir en el año 1923 incluía entre sus cláusulas, las prohibiciones de teñirse el pelo y la de viajar en automóvil con otro varón que no fuera su padre o su hermano. Eran obligadas a estar en casa entre las ocho de la tarde y las seis de la mañana, a menos que fuera para atender a una tarea escolar y debían usar al menos dos enaguas. Ni que decir tiene que tenían prohibido pasearse por las heladerías de la ciudad. Las heladerías son lugares de perdición, especialmente las provistas de productos artesanos, pero de eso ya hablaremos en otro momento.

  Estas obligaciones y prohibiciones y muchas otras más recientes, nos parecen ahora anacronismos risibles que han desaparecido de la faz de la tierra civilizada con la misma naturalidad con que cae del árbol la fruta madura o se cuelga el Windows Vista. Sin embargo, como todos sabemos y preferimos olvidar, su abolición fue el resultado de una lucha de varios siglos de muchas mujeres: las feministas.

  Soy feminista. Y usted, señor o señora gorda o flaca que me está leyendo también lo es. Bueno, concedo el beneficio de la duda, y quizá haya estado o haya querido estar en la pasada reunión ultraderechista de Josep Anglada, en la que ha manifestado (siempre tan originales) que la culpa de todo (todo en su totalidad) es de los musulmanes (moros en su argot) y de los latinoamericanos (en su argot, sudacas). En ese caso es raro que fuera feminista. Pero presumo por el buen y raro gusto de leerme que usted es, pese a todo, utilizando la terminología de Mariano Rajoy, una “persona normal”.

  “No soy machista ni feminista”. “No soy feminista sino femenina”. “No me gustan las ideas radicales, no creo que las mujeres sean mejores a los hombres”. “Por supuesto, no soy feminista porque no odio a las hombres…” Quien no haya dicho o escuchado alguna de estas desafortunadas frases que tire la primera piedra. Si es usted Ángel Luna (lo de la piedra es una metáfora) absténgase en todo caso de tirarla.

  Mientras otras corrientes de pensamiento, como el socialismo, el liberalismo o incluso el ecologismo, han conseguido mantener el prestigio de su denominación (o de su marca) a pesar de su fracaso u olvido, el feminismo, que ha triunfado en lo sustancial, integrándose con naturalidad en la mente de todos, ha obtenido un escaso reconocimiento; malinterpretado y despreciado como el capullo abandonado que deja la mariposa, podríamos decir en términos algo cursis. Y quizá no fuera tan importante, si no arrastrara injustamente por la misma senda del olvido e incluso del menosprecio a las mujeres y los varones que elaboraron y lucharon por las ideas feministas obteniendo los derechos que todos disfrutamos. Recientemente se tiende a enmascarar el poco apreciado nombre del feminismo, prefiriendo utilizar el más aceptable término “de género” que acompaña como apellido de buena familia, a un buen número de palabras, tale como política, estudios, problemas, investigaciones, observatorio etc.

  ¿Qué es el feminismo? Lo define la filosofa española Amelia Valcárcel como aquella tradición política de la Modernidad, igualitaria y democrática, que mantiene que ningún individuo de la especie humana debe ser excluido de cualquier bien o de ningún derecho a causa de su sexo.

  ¿Quiénes fueron sus precursoras? Como se ha destacado en muchas ocasiones, no es inocente que en el imaginario colectivo se siga caricaturizando a las feministas como señoras con bigote que odian a los hombres. Ni lo es que, durante todo el bachillerato y mi carrera de Derecho no fueran mencionadas ni una sola vez. Se me habló, eso sí, del esencial derecho canónico y del imprescindible derecho justinianeo, pero ni una palabra sobre Mary Wollstonecraft u Olympe de Gouges, por citar sólo a dos de ellas. No es de extrañar que cuando se hable sobre asuntos “de género” a veces no sepamos de dónde venimos, qué queremos hacer y adónde se pretende llegar, perdidos tras una extraña y peregrina arroba. Todos entenderán de que hablo.