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12 septiembre 2016

Hillary Guitar

  Erica Berestein, Nick Corasaniti y Ashley Parker, reporteros del New York Times, han acudido durante el último año a los mítines de Donald Trump y han grabado en vídeo las actitudes, provocaciones e insultos de sus asistentes. El vídeo es una antología de la xenofobia, el racismo, el sexismo y del odio. ¡Que le den a lo políticamente correcto! Los admiradores de Trump dan rienda suelta a sus pasiones y tras la ceremonia oficiada por el multimillonario neoyorkino les hierve la sangre. Los periodistas lo condensan todo en tres minutos de akelarre audiovisual, pero advierten que no se trata de hechos aislados.

  Sin embargo lo que más llama la atención del trabajo son la prioridades en la jerarquía del odio. Por supuesto odian al islam, odian a los inmigrantes mexicanos y por extensión a todo lo que suene a español, odian al negrata de Obama, pero por encima de todo odian a Hillary Clinton. ¿El modo de demostrar su odio hacia ella? Lo han adivinado. Sí, no piense más: lo ha adivinado. 

  Para empezar Clinton es, por supuesto, una puta. No hace falta que les diga lo que en su opinión necesita. No hace falta que diga que los asistentes recuerdan el asunto de Lewinsky, de la que solo ella tiene la culpa puesto que no lo hace tan bien, y además ¿cómo se puede tener muslos anchos y pechos pequeños?

  Pero no todos los asistentes son tan considerados. Algunos piden a gritos que sea colgada, que admitámoslo,  es muy americano. Me pregunto (es pregunta retórica) si conocerán la extraordinaria película "Johnny Guitar", dirigida por Nicholas Ray y estrenada en 1954. Por supuesto no la conocen. El cine clásico americano se conoce fuera de Estados Unidos de la misma manera que el flamenco continúa vivo gracias a Tokio. 

  De la complejidad del film (si algún día quisiera hacerme pasar por  una persona seria en estos casos diría que es "poliédrica") dan fe las diferentes sinopsis en español (lo siento Trump) que ofrecen Wikipedia y FilmAffinity.

  Wikipedia: Johnny Logan (Sterling Hayden), un portentoso pistolero, ha cambiado su revólver por una guitarra. Con ella se dirige hacia la casa de juegos de Vienna (Joan Crawford), donde le espera un trabajo como músico, y un viejo amor. Emma Small (Mercedes McCambridge) odia a Vienna porque Dancin' Kid (Scott Brady) la prefiere. Así que cuando la diligencia es asaltada y el hermano de Emma resulta muerto, ella no duda en culpar a Dancin' Kid y a su banda. Luchará por destruir a Vienna y sus sueños de prosperidad con el ferrocarril.

  FilmAffinity: La relación sentimental entre Vienna, la propietaria de un salón situado en las afueras de una ciudad del Oeste, y Johnny Guitar, un pistolero con el que se vuelve a encontrar en un difícil momento, constituye todo un clásico que alcanzó un gran éxito de taquilla.

  Creo que no hace falta decir lo que la gente del pueblo pensaba sobre Vienna, ya que el lenguaje de las películas de la época era menos vulgar pero más elocuente. Hillary no regenta un Salón, pero como a Vienna, la chusma enloquecida del pueblo la quiere colgar, en nombre de la ley y el orden.

 Hay quien interpreta que los hilos del poder, de la economía, de la política, de la moda, lo manejan un puñado de poderosos en conciliábulos como Bildeberg o Davos. Pero aunque esto sea así, que no lo sé, debe cristalizar en los corazones de la gente. Cuando digo en los corazones también digo en su hígado, en sus pulmones, en su garganta y en su bilis, en sus gónadas y traseros. Como hace el vídeo conviene dar un paso atrás, olvidarse de la tribuna, mirar al público y mezclarse con él, como hacía el protagonista de La Rosa Púrpura del Cairo

Darse una vuelta y contemplar. Horrorizarse con los demás y con uno mismo.



El humor está aquí, en alguna parte
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01 septiembre 2012

Falsos viajes de verano: Viajes Solidarios



  Una buena forma de aprovechar las vacaciones es dedicarlas a los demás, por ejemplo ayudando a  los nativos de países desfavorecidos. La ONG Confit de Pato Solidario (Copatoso) que dirige el padre salesiano Aitor Txurruca, se dedica desde hace más de treinta meses a ayudar a las personas que viven en países gastronómicamente subdesarrollados o en vías de desarrollo culinario. Este año he tenido el placer de colaborar con ellos en su proyecto solidario en Hill Rivers (Texas, Estados Unidos de América), que es un país que está en Norteamérica.

  Iba preparado para encontrarme con situaciones difíciles, pero la realidad fue mucho más dura. Empezando por lo más agradable, egoístamente, fue comprobar cómo pasaba de ser Señor Gordo a Señor de Complexión Delgada tirando a Señor Flaco, tal es el tamaño de la gente local. A partir de ahí todo fue bastante duro. El objetivo consistía en introducir a los nativos en el uso del aceite de oliva virgen, e incluso se hablaba de terminar implementando un proyecto que sería regentado por personal local especializado en fideuá.

  Sin embargo pronto nos dimos cuenta de lo lejos que estábamos del objetivo. Para empezar los nativos desconocen los conceptos desayuno, comida, merienda y cena. Tienen palabras que las mencionan, pero en realidad todo el día es una prolongación de comidas o de "no comidas" que la gente local engulle. Implementamos un programa para que dejaran al menos una hora entre ingesta e ingesta. Los nativos prefieren snacks, hamburguesas y unos productos llamados tacos, que se parecen a lo que se come en los países más al sur del suyo.

  Probamos a introducir elementos sencillos para incluir los fundamentos de la gastronomía. Para ello, dentro del marco lógico de desarrollo gastronómico, elaboramos gazpacho andaluz y ajoblanco. El asqueroso resultado fue que los autóctonos lo tomaron por salsas y mojaban su fajitas y el pan de molde en ellos. No sintiéndose saciados engulleron tres cubos de palomitas de maíz transgénicas cocinadas en microondas. La introducción filete ruso (casi infrahumano en nuestras latitudes gastronómicas, pero un manjar aquí) también trajo sorprendentemente problemas serios, por el deficiente uso de los locales del cuchillo y el tenedor. A fuerza de tomar alimentos que no necesitan los cubiertos han olvidado cómo utilizarlos, si alguna vez lo hicieron. El cuchillo lo toman con todo el puño y lo proyectan verticalmente contra el filete, como si el pobre animal aún tuviera que ser sacrificado. A algunos locales que habían superado ciertos niveles de desarrollo se les suministró una ración de sardinas con un resultado calamitoso. Pocos pudieron sacar la carne de la espina y dos individuos tuvieron que ser hospitalizados. A modo de conclusión, se me ocurre dar una serie de recomendaciones para el futuro:

  • Instruir a los locales entre las salsas (que son susceptibles de ser mojadas) y las sopas (que no).
  • Implementar un programa de destrezas en el manejo de cubiertos. La pala del pescado solo podrá ser introducida mucho más tarde.
  • Instruir a los locales en el uso de aparatos de cocina más allá del microondas.
  • Presentar a los locales las materias primas sin elaborar a fin de que observen que tanto pescados como carnes en su estado de vida poseen cabezas, huesos y espinas.

  En lo personal debo decir que me quedo con la sonrisa de la gente, su amabilidad, incluso cuando te apuntaban con su colt y su agradecimiento cuando les descubres que la merluza es un pescado comestible. No obstante la experiencia ha sido dura, y si la repito, será en un país con menos problemas. Quizás Holanda.

Posdata: Me he enterado, supuestamente, de dos proyectos solidarios que pueden ser interesantes y necesitan voluntarios La Fundación colombiana René Valderrama tiene un proyecto de cooperación al desarrollo personal y solidario en España. Se trata de que los habitantes de este país sean capaces de decir por favor y gracias.

La ONG francesa Bon Vivant en cooperación con el Consejo de Europa ha organizado campamentos solidarios para españoles en nuestro país. El objetivo es tratar de convencer a los locales que es posible montar una fiesta e incluso un botellón sin dejar el lugar de la celebración hecho un vertedero.

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