Recibo tres "WhatsApp" en las últimas veinticuatro horas. Me piden que ponga en mi perfil un dibujo que me remiten en archivo adjunto el día 11 de septiembre. Veo el mensaje y me entusiasma. Dice así "Jo vull ser lliure" (Quiero ser libre). ¡Es como si me hubieran leído el pensamiento! A eso he estado dándole vueltas durante el verano. ¿Y si fuera libre? ¿Y si me dedicara a viajar por el mundo? ¿Y si me ganara la vida recolectando cocos en Madagascar, como monitor de pádel en California o de guía turístico en las Islas del Pacífico? Libre de jefes, hipotecas, alquileres, tráfico, niños, pensiones alimenticias y sabañones. Sería estupendo. Pero qué poco dura la alegría en casa de un pobre ingenuo. Veo con más atención el dibujo que me piden que ponga en mi perfil el día 11 de septiembre y me doy cuenta que el idílico mensaje está incrustado en un fondo bastante chillón de color rojo y amarillo con una estrella roja centrada en la parte de arriba. Mi cerebelo lo detecta como una bandera (malo). Mi cerebro interno lo asocia con una bandera autonómica española debidamente tuneada para ser independentista. Conclusión: Es la bandera de los independentistas catalanes.
No es vivir feliz en Costa Rica, es politiqueo.
En resumen. Se me pide que el día 11 de septiembre (glorioso día de la nación catalana en España, día de los atentados de Nueva York en el resto del mundo), pida libertad no para mí sino para la creación de un nuevo estado. Una nueva frontera, un nuevo pasaporte, nuevos equipos para la clasificación en el mundial de fútbol, nueva policía, nueva ley de extranjería, nueva liga de perros pastores, nueva agencia tributaria e idénticos funcionarios y políticos. No está mal.
Trato de empatizar con el independentista catalán. Quiere ser libre. Y quién no. Libre de hablar catalán, libre de decir que no es español (antes mejor morir corneado por un facóquero), libre de "sentirse" catalán, libre de elegir políticos que se financian ilegalmente a través del Palau de la Música Catalana. Libres de creer inocentes a los hijos de Pujol o de considerar catalán a Lluís Llach, pero no a Eduardo Mendoza o Juan Marsé. Un estado sin banqueros opresores, ni sanidad privatizada. Algo así como Moldavia, pero con mundial de Moto GP.
Me parece bien. Cada vez que visito Barcelona se me revuelven la tripas con el gueto de Sarrià. La persecución implacable de los símbolos catalanes. El acoso al catalán que debe ser utilizado clandestinamente. El ejército apostado en las inmediaciones del Camp Nou, prestos a lesionar ahora y para siempre a Messi. Cada español odia las "cargolada" y a Guardiola. Además a todos nos huelen los calcetines, tenemos entrecejo y el aliento nos apesta a ajo.
No digo que mis bromas no sean malas, pero no crean estoy exagerando mucho. Ellos se "sienten" así además de catalanes, que es como sentirse enamorado pero al tiempo perseguidos y con ganas de comer butifarra, y los más ilustrados hablarán del odio cerril de Franco a Cataluña. Pero como alicantino adoro dar el pellizco de monja que supone recordar que Alicante fue la última ciudad tomada por los golpistas y que el sujeto autodenominado el Caudillo, que solo pisó una vez la ciudad, instaló en sus inmediaciones el primer campo de concentración de Europa con el beneplácito de catalanes ilustres, como el Cardenal Isidre Gomà i Tomás.
¿Es la creación de un nuevo estado el vehículo para la libertad de sus ciudadanos? Viendo el margen de maniobra de Chipre, Italia, Eslovenia, Lituania, Moldavia, Panamá, Irlanda, Portugal y tantos otros, la perspectiva no parece tan halagüeña. Pero el día 11 muchos pedirán sentirse libres. Antes ya se sentían catalanes. Yo me sentía mejor en vacaciones, aunque creo que estamos hablando de sentimientos distintos. Y sin embargo yo también quiero ser libre. Nos vemos en Costa Rica.

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