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24 marzo 2014

Tejero habla sobre Adolfo Suarez

  La figura del presidente Suárez se encuentra indisolublemente ligada a la del ex Teniente Coronel Antonio Tejero (padre), como la de Superman a Lex Luthor, Spiderman al Doctor Octopus,  Messi a Cristiano Ronaldo. El veterano ex militar y ex golpista nos recibe en el pequeño jardín de su casa malagueña. Su hijo sacerdote nos ha administrado con anterioridad el sacramento de la confesión y de la extrema unción. Ataviado con una bata verde oliva con sus iniciales bordadas en el pecho, chanclas con el logo de la Guardia Civil y tricornio, nos tiende la mano y nos ofrece una naranjada ("hecha con las naranjas de mi huerta"). Sorprende su aspecto. No es ya el fiero bigotón al que parecían olerle los sobacos y que entró a tiros en el Congreso. Más bien parece un bronceado hipster jubilado deseoso de hablar de agricultura ecológica y reiki.

SG.- Don Antonio.  Gracias por recibirnos en su casa. Me siento tan cómodo que parece que haya vuelto al internado.  Le preguntaré directamente. ¿Qué recuerdos tiene del Presidente Suárez?

T.- Tengo un gran recuerdo de él. Fue un gran político equivocado. De todos es sabido que teníamos nuestras discrepancias, pero siempre dentro del talante que exhibimos los tipos que nos vestimos por los pies. Usted seguramente es demasiado gordo para entenderlo, pero es así.

SG.-  Pero usted entró en el Congreso a dar un golpe de Estado.

T.- Creo que se ha malinterpretado lo que fue ese gesto histórico. En primer lugar no me gusta el término "asalto", ni tampoco el término "golpe" que acuñó la izquierda radical, soviética y separatista en contubernio con las feministas de Femen. Lo que hicimos fue una irrupción patriótica, informal e incruenta en el hemiciclo, que es algo muy distinto. ¿Sabía usted que hubo más daños en el Congreso por al actuación negligente de un fontanero en el año 2005 que durante nuestra "performance"? Son cosas que algunos quieren que la opinión pública ignore. La manipulación informativa es tremenda. Todo está intoxicado. Escuchas cosas del Generalísimo que te dan ganas de asaltar el Nou Camp. Sin duda, hay una gran falta de cultura política en nuestro país.

SG.- Sin embargo, todos vimos las imágenes del Congreso y no se apreció precisamente amistad entre ustedes.

T.- Al contrario. La conexión fue instantánea. ¿Por qué cree que no se tiró al suelo como el resto de los hombrecillos del Congreso? Porque conectamos. Él sabía que yo lo hacía por España. Por supuesto no le perdonaré que legalizara a los comunistas, pero lo cortés no quita lo valiente. Es verdad que durante algunos momentos tuvimos algunas palabritas, pero creo que se magnificó ese hecho. ¿Sabía usted que durante aquellas horas hablamos mucho? De haber  sido Bogart hubiera sido el comienzo de una gran amistad.

SG.- ¿De qué hablaron?

T.- No le puedo contar todo, (me guiña). Por supuesto hablamos de todo y cuando digo todo digo todo.  Le puedo asegurar, eso sí, que Suárez tenía un gusto futbolístico exquisito. Los dos nos sabíamos de memoria la alineación entera del Real Betis Balompié de la época: Esnaola, Bizcocho etc... Esas cosas unen mucho a los tíos. ¿A usted le gusta el fútbol?

SG.- No mucho.

T.- Ya me parecía que además de obeso usted era un invertido. A los izquierdistas no les gusta ningún juego en el que se usen pelotas.

SG.- Retomando la entrevista. ¿Volvió a tener contacto con él después del intento de golpe?

T.- Desgraciadamente no. Una vez instalado en Marbella le mandé uno de mis cuadros pero me lo devolvieron por falta de franqueo. Le hubiera enviado un guasap, pero no entiendo el funcionamiento ese invento sionista. Además él ya estaba enfermo.

SG.- ¿Qué papel hubiera jugado Suárez de haber triunfado su golpe de Estado?
T.- No me corresponde a mi decirlo. Al Borbón le era simpático, o sea que igual le hubieran hecho Gobernador Civil de Alicante. Nunca aspiré a decidir  esas cosas. Soy solo un soldado y si hubiera tenido que decir apunten fuego, lo hubiera hecho.

SG.- Hoy toda España le rinde homenaje ¿Cómo cree que será la reacción de la gente cuando usted (quiera Dios que falte mucho tiempo) ya no está entre nosotros?

T.- Creo que si alguien se merece un homenaje en el Congreso, sinceramente soy yo (ríe). Pero, hablando en serio, yo ya he tenido el reconocimiento de los españoles de bien y de aquellos que me importan. ¿Sabía que el Cuerpo me monta un paella cada 23 F?

SG.- Lo sé, ha salido publicado.

T.- Nunca he buscado el reconocimiento personal. Lo que hice lo hice porque mi deber me lo imponía y porque tengo un par. Si se lo hacen a Suárez, me parece bien, pero yo sólo doy cuentas a la Patria y Dios.

SG.- Si le invitaran, ¿iría al funeral del Presidente Suárez?

T.- Si me lo rogaran de corazón y hubiera paella, no me importaría.
 
 


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17 marzo 2014

Si es ridículo, es verdad

  Uno de los problemas con los que nos encontramos los juristas, especialmente los jueces (y pido humildemente perdón por pretender compararme con ellos), es distinguir lo que es cierto de lo que no lo es. Ellos no buscan la verdad "real" común del resto de los mortales, sino "la verdad formal o jurídica", es decir, aquella que se puede probar. Y para el resto de los mortales, ¿cómo distinguir lo verdadero de lo falso? Aquí doy mi receta para la escena pública española: si el hecho es ridículo o grotesco seguramente será real. ¿Escéptico? Pasen y vean.

  23-F falso. Ya lo conocen y ha sido analizado en este blog con la solvencia, rigor y agudeza que nos caracteriza, el falso documental de Jordi Évole. A algunos gustó, otros lo tacharon de banal y todos nos dedicamos a lo que nos gusta: echarnos los trastos a la cabeza. Lo esencial de la falsedad es que describía un plan perfectamente hilvanado. Un complot para simular un golpe de Estado en el que estaban implicados políticos, cineastas, militares e incluso la corona. ¿Un plan perfectamente ideado en España? No me hagan reír. Comparemos con el e 23-F real.

  23-F real. Hablamos de un 23-F, sí, pero del año 2014. El golpista Teniente Coronel Antonio Tejero es un apacible jubilado que vive tranquilamente retirado en la costa de Málaga y que se dedica a pintar (a todos los tiranos les gustan las artes) y a escribir de vez en cuando artículos de tinte neofascista en diarios locales. Su hijo Antonio Tejero Jr., que ha seguido los pasos de su padre en la Guardia Civil y también es Teniente Coronel, le prepara en una fiesta en el cuartel del Grupo de Seguridad Rural Número 1 con sede en Valdemoro (ya saben, cerca de Pinto). No estamos hablando de una fiesta cualquiera. Una celebración a la española.


  Dicho y hecho. Banderitas preconstitucionales de España, sangría, jamón ibérico, ensalada mixta de atún y un guardia civil con delantal va cortando el pan en rebanadas y restregando el alioli. —¡Coño Paco, que no hay limones! ¿Quién cojones se encargaba de comprar los limones?— El sargento Maroto, señor—. Joder con Maroto. ¿Nadie puede ir al Carrefour?—.

  Cuentan las crónicas que varios guardias fueron utilizados para hacer la paella y que hubo una exhibición de material. —Mira papá, con este material no hubiera quedado un rojo vivo en España, ahora solo nos dejan utilizarlo contra los negricos de Melilla—. Eso es lo que cuentan las crónicas, pero hay detalles que deberían saberse.

  Quiero saber si a los postres el veterano golpista, algo achispado por la sangría, se arrancó a cantar "Suspiros de España" o el "Cara al sol". Quiero saber si todos los presentes se arrancaron a bailar pasodobles. Quiero saber si alguno lloró por la pérdida de Cuba. Quiero saber si había más guardias del Real Madrid o del Barça. Quiero saber quién tuvo que recogerlo todo y fregar los cacharros (sospecho que esa fue la única intervención femenina en todo este contubernio).

  Sólo hay una cosa que no quiero saber, porque como demócrata puedo tolerar, aunque mal,  que un golpista y su hijo se coman una paella en un cuartel. No creo que la escena pudiera ser igualada ni por el gran Valle Inclán ni por el añorado Berlanga. Como alicantino lo que no puedo tolerar de ninguna manera es que la paella les hubiera salido pasada, que hubieran empleado colorante artificial en vez de  azafrán de Novelda, que el alioli hubiera sido hecho con huevo, o aún peor, que fuera de bote. Y por el relato de hechos, todo me huele a chamusquina y por ahí sí que no paso.



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