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08 febrero 2016

Puro teatro

  Desde que tengo uso de razón, que no es mucha pero sí desde hace mucho, he oído hablar de la crisis del teatro. También se habla de la crisis del cine español, cómo languidece el ballet y en términos generales, el ocaso de la cultura y el triunfo de la barbarie (léase fútbol masculino profesional y televisión basurienta). En realidad cuando se habla de que el teatro está en crisis, no se piensa en los magros beneficios empresariales, ni en la falta de público o de talento. Quizá ninguna de esas cosas escasea tanto. 
Quizá duele más la irrelevancia.

  Por eso todo el mundo del teatro debería estar feliz por que la parte más humilde de la profesión, los títeres, sean ahora una cuestión de Estado. ¿Qué digo cuestión de Estado? Un drama nacional. Un asunto que compromete la seguridad nacional. ¡Enaltecimiento del terrorismo!, lo llaman. Hay que ver cómo le gusta a los juristas usar un lenguaje ampuloso. Enaltecer el terrorismo, mancillar a las víctimas...

  Puede que el teatro esté en crisis pero de ningún modo ser teatrero

  Si tienen la mala fortuna de leer los periódicos españoles y ver las televisiones, habrán advertido que el apocalipsis está próximo. Suena la primera trompeta. No porque este año no haya habido invierno. No porque los almendros estén locos y florecidos. Los pájaros no es que visiten al psiquiatra, como dice la canción de Joaquín Sabina, es que ya han abandonado, desesperados, la medicación. El fin del mundo se anuncia como la toma del poder por Podemos. Las empresas se irán de España y seremos parte de algún siniestro califato. ¿Califato ye-yé? Pero yo creo más bien que la trompeta suena anunciando que los pelmas dominarán la tierra. De momento ya dominan muchos medios de comunicación, la política y el poder judicial, valga la redundancia. 

  Pero hablaba del teatro y de los titiriteros mártires de la censura y de la falta de talento. Para mí la censura ha sido siempre despreciable. Nunca he comprendido cómo personas que se dicen a sí mismos progresistas tan a menudo se mostraban como inquisidores de la fe power flower. Bueno sí lo sé. No son tan progresistas como dicen, porque si lo fueran el principal valor que protegerían sería la libertad. Dentro de la libertad, no hay censura. La libertad no consiste en el derecho de decir, hablar y publicar opiniones sensatas, razonables y acertadas. Se pone a prueba con las estupideces, con los errores e incluso con todo lo que incluye la provocación, el mal gusto y la franca estulticia. Cuando se cree en la libertad, ninguna de esas cosas tiene necesidad de ser penada, puesto que la razón, el tiempo y el buen sentido pone al necio, al torpe y al gañán en su justo lugar y el único límite estaría en la mentira.

  Pero la izquierda le cogió gusto a decir ¡Ay no me gusta esto, ay no se puede permitir lo otro! Por supuesto hay campos en los que uno no puede competir con otros. Ya lo decía el "Milagroso Max" en "La Princesa prometida": "nunca trates de farolear a un farolero". Y en materia de recortes de libertades y de censura no se puede competir con ellos. Tampoco en el doble rasero y en la sobreactuación melodramática. 

  Lo de los titiriteros... ¿No recuerdan cual es la escena más famosa de toda función de guiñoles? Por supuesto que sí. Un muñeco empieza aporrear a otro con una cachiporra. ¡Ay, ay, ay! Incomunicar a unos titiriteros, por muy chapuceros y desafortunados que estuvieran en su obra, no deja de ser una comedia bufa, triste y cobarde. Cobarde porque el garrotazo va directo al pescuezo de patosos, pero elegidos porque son débiles. Es patético incluso leer en los medios progresistas curarse en salud (no sea que les tomen por enaltecedores y mancilladores) y hablar de lo "desafortunado" de la función de guiñol. ¿Enaltece Malditos Bastardos la violencia racial? ¿Enaltece Los pájaros el odio a los animales? ¿Enaltece El Quijote el desprecio por los enfermos mentales?

  Todos sabemos de qué vamos. Se trata de la cachiporra. 
Se trata del garrotazo de Goya. 
El motivo es lo de menos, puro pretexto, puro guiñol. 
¿Quieren teatro de verdad? 
Pues que lean sobre la hipocresía. Que lean el Tartufo.




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