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09 noviembre 2016

Lo que "Sully" tiene que decir sobre Trump

  "Sully", la última película de Clint Eastwood, narra la historia del amerizaje forzoso en el río Hudson el 15 de enero de 2009 de un avión comercial que cubría el trayecto entre Nueva York-Charlotte. Todos los pasajeros y la tripulación sobrevivieron y la prensa pronto llamó al acontecimiento "El milagro del Hudson" y al piloto del avión, el comandante Sullenberger, exaltado como un héroe. ¿O no? El filme invita a reflexionar al tiempo que se disfruta de una película narrada al estilo del cine clásico americano.

  Como me meo (dicho sea en el sentido argentino del término) en los manuales de redacción de blogs no iré al grano de lo que quiero decir hasta el final y seguiré el torrente de mis incoherentes pensamientos. Así que como consideración previa (que dirían los picapleitos) se debe mencionar que esta película es dirigida por un señor de ochenta años. Al otro lado del Atlántico, otro ilustre veterano que comparte quinta con Eastwood, Ken Loach, estrena otra magnifica película: "Yo, Daniel Blake". Es decir, un mundo de emancipados a los 40, prejubilados a los 60 y de cineastas de pulso firme que ya cumplieron los 80 años ¿cómo no vamos a volvernos locos o creer en una persecución paranoica del gluten y la lactosa contra nuestro cuerpo?

  Como toda película construida sobre un guión clásico, se nos presenta un divertido juego de protagonistas, antagonistas, y dificultades a superar. Sully es una persona que ama su profesión. Su vocación ha sido volar desde que tenía uso de razón. También es un hombre ya veterano (lo que en España hubiera sido razón más que de sobra para tildarle de chocho y senil) y también tiene sus problemas personales y económicos que quizá (quizá) le pueden descentrar de su delicada profesión. Se encuentra frente a una situación extraoridinaria y peligrosa. Un grupo de pájaros (de nuevo los pájaros) rompe los dos motores del avión y se ordena al aparato que regrese cuanto antes al aeropuerto más cercano. Pero Sully toma la arriesgadísima decisión de amerizar en el río Hudson pensando que no podría llevar el aparato en esas condiciones hasta el aeropuerto. ¿Hizo lo correcto?
  Una persona tiene que tomar una decisión en segundos. De que acierte depende no solo su propia vida, sino la de más de un centenar y medio de personas. Me imagino a mí mismo con mi bien conocida templanza en esa misma situación.
  1. Motor izquierdo no funciona. "Me c... en ... t... me c.. en mi p... m... soy un desgraciado... 30 segundos. (Copiloto habla pero no se le escucha).
  2. Motor derecho no funciona. " Me c.. en... t... mier..., mier..., mier... ¿Qué hacemos? ¿Qué c... hacemos? ¿Donde c... puse en libro de instrucciones de emergencias? ¿Si la última vez lo puse aquí...? (Al copiloto) "Dí algo...j..." 45 segundos.
  3. Marco el teléfono de mi madre y le pregunto si sabe como aterrizar un avión sin motores. Mi madre me pide calma, probablemente lo sabe y todos nos salvamos. 
¿Pero y si una madre no está disponible? Sully consiguió vencer a su primer antagonista (el fallo de motor y los inefables pájaros) pero se le vienen otros, una comisión investigación. Los burócratas de la comisión de investigación son halcones de buenas formas y mirada metálica que cuestionarán la actuación del comandante. Nuestros expertos (ingenieros, informáticos...) dicen que usted pudo llevar el avión al aeropuerto. Es cierto que los pasajeros y la tripulación se salvaron, pero no están contentos ni las compañías de seguros que deberán pagar las debidas indemnizaciones ni la compañía aérea ni algunos políticos.

   De modo que la historia de Sully será la de demostrar al "poder" que hizo lo correcto. Demostrar su inocencia que ha sido puesta en entredicho hasta el punto de que el propio comandante, que se muestra como una persona de gran integridad moral y profesional, empieza a tener dudas sobre sí mismo.

   Pero si el poder tiene dudas y probablemente oscuros intereses, si el propio Sully tiene dudas, la gente no las tiene. No la tiene el camarero del bar que ha creado un cóctel "Sully". No la tiene la peluquera de la televisión ni la encargada del Hotel: Sully es un héroe. La gente sencilla lo sabe, no necesitan simuladores ni algoritmos. Los buenos americanos hablan de beisbol y se lanzan en el agua helada del Hudson en menos que canta un gallo para socorrer a los pasajeros sin dudarlo. El "poder" es el que habla con lengua de serpiente. El poder es retorcido. El "establishment" está podrido y lo están sus comités, sus expertos e incluso sus máquinas y artefactos. Llega un momento en que hay tanta mierda debajo de la alfombra que quizá sea mejor quemarla. ¿Y si el fuego se descontrola y nos quema la casa?


 No nos pongamos agoreros. Somos españoles y tenemos el flamenco.
Tiriti Trump Trump Trump. Tiriti Trump, Trump, Trump.





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22 septiembre 2016

Firma aquí si quieres que expulsen a Dracula de la película por su condición de vampiro

  En el año 2007 tuve la oportunidad (me pondré cursi y diré el privilegio) de colaborar en el documental de Jaime Natche "Cada pez a su estanque". La película trata de la sencilla historia de la filmación de una película escolar, que fue realizada en el colegio Inmaculada de los jesuitas de Alicante, colegio al que tuve la oportunidad (me pondré cursi y diré privilegio) de asistir. La historia del filme era bien sencilla. Chico quiere a chica. Chico quiere conquistar a chica y para lograrlo le regala un pez de colores capturado en un estanque (los animalistas no eran en los 60 lo que son ahora) Cuando Romeo va a darle su regalo, comprueba que Julieta había elegido como novio a un malote de un curso superior.

  Esta pequeña y tierna película tiene interés por ser un proyecto de enseñanza práctica del cine pionero en las escuelas españolas. Los alumnos se repartieron bajo la dirección del profesor José María Ródenas todos los empleos necesarios para la filmación: script, sonidista, operador de cámara y por supuesto director, actores y actrices.
 
   Durante el rodaje de estas películas los alumnos aprenden a ser creativos, a trabajar en equipo, a resolver problemas con pocos recursos y tiempo, a tener paciencia, a elegir y sobre todo a entender que el audiovisual es un arte (o al menos un oficio) pero que la verdad fílmica (perdón por la pedantería) no es la realidad. Hasta en los documentales de plantas y animales hay montaje, manipulación de imágenes para crear un determinado efecto, para elaborar una historia, personajes buenos y malignos (el león Pablo y la hiena Mariano, por poner dos ejemplos al azar).

   ¿Elemental? Puede que lo sea o tal vez no tanto. La atracción de las pantallas en los seres humanos está demostrando que deja en calzoncillos a la planetaria. Teniendo una influencia tan decisiva como tiene todo lo audiovisual (series, películas, programas de televisión, transmisiones deportivas, videojuegos etc) en nuestras vidas, modo de pensar, comportamientos, en nuestra estética (¿habría tantos tatuados si los futbolistas no lo hubieran puesto de moda?) es manifiesta. Uno diría que para los espectadores resabiados del año 2016 están ya al tanto de los trucos técnicos y los artificios de guión. Ya no somos desde luego como los primeros espectadores del cinematógrafo que se tapaban la cara espantados cuando veían en la pantalla un tren a toda velocidad dirigiéndose hacia sus butacas. ¿O si lo somos?

Cada pez a su estanque
   Hace tan solo unos días leí que una petición de Change.org había reunido 80.000 firmas en un día para expulsar a un concursante de Gran Hermano 17 por no se qué estúpido comentario respecto a los animales. ¿Todavía existe Gran Hermano? Al parecer sí, y somos el país de Europa con más ediciones (soy español, ¿a qué quieres que te gane?). Supongo que alguien se habrá ocupado en serio o lo estará haciendo, de evaluar el daño producido por la programación basura que Berlusconi trajo a España en los años noventa y que continúa hasta la fecha. Pero eso es harina de otro costal.  

  Si 80.000 personas se indignan por los comentarios de un concursante de Gran Hermano, ¿cuántos espectadores siguen el programa? La audiencia por lo visto va en declive pero sigue siendo aún millonaria. Y lo más importante, ¿cuántos espectadores creen que lo que están viendo es "verdad"? ¿Cuántos no saben que estos programas son guionizados y que los concursantes interpretan a un personaje (de acuerdo, su propio personaje) pero a fin de cuentas es una recreación, una ficción de buenos y malos, protagonistas y antagonistas, amor, celos, amistad, traición... ¿Acaso se pediría que se expulsara a Drácula por...? (Ver título de la entrada para completar chiste. Gracias). 2016. Cuidado viene el tren.

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10 abril 2016

Hitchcock/Truffaut

  Para la ciudad de Alicante el día grande es el de la la Santa Faz, que se celebró este pasado jueves. Para este blog, el Santo Patrón es sir Alfred Hitchcock. Los alicantinos celebran una romería caminando unos doce kilómetros por una autovía. La fiesta concluye con una merienda en un descampado o con un macrobotellón (este año participaron 40.000 jóvenes, muchos de ellos menores) que deja la zona más bonita de la ciudad, la playa de San Juan, convertida en un repugnante vertedero. Pueden ver las fotos en Internet si son aficionados a los vertederos. Así lo manda la tradición. Misa, alcohol y sobre todo, mucha basura. 


Pero como nuestro patrón es sir Alfred, lo celebramos viendo cine, hablando de cine y leyendo sobre cine, lo que no excluye tomar una copa o dos y limpiar todo para que no quede rastro de nuestra presencia. Somos así de sosos. Esto último lo hemos aprendido también de Hitchcock en el libro "El cine según Hitchcock", que recoge una serie de largas entrevistas que François Truffaut realizó en 1962 (Alianza Editorial).

  No creo que me ponga demasiado solemne si afirmo que para cualquier aficionado al cine la lectura del libro y ahora disfrutar del documental es obligado. Pero también para cualquiera que tenga inquietudes artísticas, pues pese a que a medida que pasan los años el trabajo de Hitchcock se engrandece y hace mucho que quedó clara la complejidad y riqueza de su cine, el cineasta lo aborda como un profesional que trataba de hacer su trabajo lejos de la mística del creador genial iluminado por el ejército de musas y quesos manchegos. 

Por ejemplo:


Miedo y orden

"Ah sí, soy alguien muy miedoso. Hago todo lo posible para evitar las dificultades y las complicaciones. Me gusta que mi alrededor sea limpio, sin nubes, perfectamente tranquilo. Una mesa de trabajo bien ordenada me produce paz interior".

¿Cómo y dónde trabajar?

"Hice mi trabajo lo mejor posible. Me serví de medios cinematográficos para contar una historia adaptada a una obra de teatro. Toda la historia de "Dial M for a murder" (Crimen Perfecto. 1954) se desarrolla en el salón de una casa. Pero esto no tiene importancia. Rodaría también de buena gana un film en una cabina telefónica". 

Verosimilitud

"La verosimilitud no me interesa. Es lo más fácil de hacer. El Los Pájaros (1963) hay esa larga escena del bar en el que la gente habla de los pájaros. Entre esa gente hay una mujer con una boina en la cabeza que es precisamente una especialista en pájaros, una ornitóloga. Está ahí por pura coincidencia. Por supuesto podría haber rodado tres escenas para hacerla llegar de modo verosímil, pero estas escenas no tendrían ningún interés".

Maldad

"Cuanto más logrado está el malo, más lograda es la película. En otros términos, cuanto más fuerte es el mal, más encarnizada será la lucha y mejor será la película".

El interés del público

"He pensado siempre que no importa que una escena sea larga si despierta el interés del público. Si el público está interesado, la escena siempre será corta, pero si aburre siempre será demasiado larga". 

Suspense versus sorpresa

"Lo esencial es conmover al público y la emoción nace de la manera de contar la historia, de la manera de yuxtaponer las secuencias. Tengo la impresión de ser un director de orquesta, un sonido de trompeta correspondería a un primer plano, y un plano largo sugeriría una orquesta tocando con sordina ante bellos paisajes y utilizando colores y luces; soy como un pintor. En cambio desconfío de la literatura: de un buen libro no nace necesariamente una buena película".

François Truffaut

"Cuando se dio cuenta, siendo adolescente, de que su físico le apartaba de los demás, Hitchcock se retiró del mundo y lo observó con una severidad inaudita. Cuando digo que ha practicado el cine como una religión no es una exageración, y además él utiliza al menos esa expresión dos veces en este libro".

"Muchas personas no ven en Hitchcock más que la ciencia, la habilidad, ignorando lo que con el tiempo transcurrido me impresiona más de él. Su profunda emotividad". 

Han dicho. 




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23 marzo 2016

Billete de ida al paraíso

  A partir de ciertos niveles de maldad, sucede como con los números: hay cantidades que cuesta imaginar, por grandes o por pequeñas. Con la maldad sucede lo mismo. A veces se superan ciertos límites que resultan incomprensibles. ¿Quienes son esos tipos dispuestos a llegar a un aeropuerto o a una estación de metro y son capaces no solo de poner la bomba y asesinar a decenas de personas inocentes sino incluso a inmolarse ellos mismos? 

  Habrán leído, como yo, todo tipo de explicaciones. El experto en política internacional. El experto en terrorismo y seguridad. El experto en Oriente Medio. El psiquiatra que nos asegura (palabrita de Freud) que los terroristas no son enfermos mentales. El arabista e incluso el Imán que nos asegura que el Corán no dice nada de esto, que la religión musulmana promueve el amor entre los hombres y la comprensión; como si no estuviera claro hace tiempo que las religiones, ésta o cualquiera, valen igual para un roto que para un descosido. Lo mismo inspiran al que se va a vivir con los necesitados, como a los que piensan que lo que se necesita es, precisamente, pisotear al prójimo.

  Todas estas cosas están muy bien. Pero a veces el arte y en concreto el cine pueden dar una explicación más cabal con su capacidad de penetrar en el alma humana y desnudarla. Poner al descubierto los tejidos que nos hacen unos animales sumamente singulares y radicales en nuestro ingenio y en nuestra abyección. De modo que se me ha ocurrido recomendar dos películas. Seguramente ustedes las conocen. A fin de cuentas yo no soy Carlos Boyero, ni siquiera Torres-Dulce.

  La primera de ellas es Paradise now, película palestina del año 2005, dirigida por Hany Abu-Assad. La historia de dos amigos que se preparan para ser terroristas suicidas. Sin embargo, uno de ellos no está del todo seguro, y le entran serias dudas de que esté haciendo lo correcto. En una memorable escena, los dos chicos son llevados a una nave donde van a grabar el vídeo/amenaza. Los islamistas tienen pasión por el cortometraje. Mientras graban, el líder del grupo, que por supuesto no tiene muchas ganas de ir a reunirse urgentemente con las huríes, les alecciona sobre lo valeroso de su acción y les habla del paraíso mientras se zampa no recuerdo si un bocata o un trozo de fruta. Es decir, con la mitad de interés con el que un comercial de Vodafone te trata de convencer de las virtudes de una oferta de telefonía. 

  La segunda película, algo más reciente, es Timbuktu, que ya he mencionado en este sacrosanto blog. Película mauritana del año 2014, dirigida por Abderrahmane Sissako. La película narra la vida de la ciudad de Tombuktú cuando la ciudad cae en manos de extremistas religiosos extranjeros. El líder del grupo es un tipo bastante torpe, que no es capaz siquiera de aprender a conducir. El sumo sacerdote no se apaña con las marchas del Toyota. En un momento dado, tienen, por supuesto, su calamitosa sesión de grabación de un vídeo del subgénero terrorista.

  ¿Será realmente así como suceda? ¿Hablan de las huríes mientras el líder come una ensalada o un kebab? ¿Se repite seis veces la toma porque el kalashnikov sale desbocado o porque justo en el momento en que dice que se va a rebanar el pescuezo a los infieles, le entra al tipo la carraspera? Se dan cuenta que se han quedado si batería y tienen que ir a comprarla a toda prisa a unos grandes almacenes?

  Las dos cintas tienen la virtud de enseñar la banalidad del mal. Su profunda estupidez, su infantil inconsistencia, como la de Franco, que era capaz de firmar sentencias de muerte mientras mojaba los churros en el chocolate, según se cuenta. ¿Y para qué nos vale esto? Porque, en mi opinión, nos vuelve a situar de nuevo en el contexto humano. Simplifica la magnitud y la reduce a una cifra que la podemos comprender. No digo que deba sustituir los sesudos estudios, los analistas políticos, los espías, los catedráticos de filología árabe, los expertos de política internacional. Pero nos recuerda que estamos en presencia, pese a su gigantismo criminal, de humanos. Humanos con mucha cara unos, y muy idiotas otros. 




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19 marzo 2016

¡A Barrabás! ¡Soltad a Barrabás!

  Me doy cuenta cada vez que escribo una entrada (no me atrevo llamar a esto artículo ni tampoco me gusta la palabra post) de tinte "personal", de lo más bien triste y gris que resulta mi vida puesta negro sobre blanco. Con un poco de esfuerzo algún día llegaré a artista torturado, aunque eso me cueste dejar el pan sin gluten y la cerveza sin alcohol. Lo que quiero decir es que hablo de aficiones, costumbres y manías muy propias de alguien un poco aburrido, un poco solo y quizá un poco friki. No me voy a poner a llorar como una Magdalena. Pero Magdalena (por favor, sin gluten) es uno de los personajes que me interesa de esta historia. Historia sagrada para ser exactos

  Aunque la Constitución Española me ampara para no tener que revelar mis creencias religiosas, no creo que vaya a ser despedido de mi empleo si les digo que creo más en la morcilla de Burgos que en Cristo. Eso no significa en modo alguno despreciar a Cristo. Al contrario, como ex alumno de un colegio de Jesuitas que soy, creo que conozco bastante bien el catolicismo, la Biblia, los sacramentos, mandamientos, rezos y canciones varias y por supuesto, la Pasión y Muerte de Cristo. Puedo sacar pecho: me sé las escrituras y costumbres católicas mejor que muchos beatos. Será por eso que pese a mi condición, más bien descreída en materia de fe, me gusta la Semana Santa. 

  Es cierto que no puedo evitar observar las procesiones con los ojos de un sueco pasmado, con un punto de sorpresa bovina, como la de la vacas que ven pasar el Tour de Francia. Hay algo atractivo, hermoso, excitante y por supuesto morboso en la Semana Santa española. Resurrección, muerte, pestiños y caramelos. Debo añadir que la imagen  de señoras con mantilla y medias negras sosteniendo un gran cirio en las manos evoca una de las pocas fantasías sexuales que mi pobre imaginación en ese campo (en el campo del sexo, no de la Semana Santa) me permite alcanzar. La música entre solemne y pachanguera, los pasos, la teatralidad de los capataces, el olor a incienso y azahar...

  Pero no era de pasos de lo que quiero hablar, sino más bien de la verdadera Semana de Pasión que suelo regalarme que no es otra que la cinematográfica. Para muchas personas, especialmente cuando no había tantos canales y plataformas audiovisuales, la verdadera penitencia consistía en ver una y otra vez las mismas películas de Semana Santa, empezando por Ben-Hur y acabando por la Túnica Sagrada. Para mí en cambio es bendición y además tradición.

  Paso gran parte de la Semana Santa olisqueando y rebuscando en las televisiones (cada vez más reacias) para encontrar las viejas películas bíblicas. Me gusta verlas en versión doblada. Disfrutar de su soniquete mojigato pero competente. No podría verlas de otro modo. Por supuesto encabeza el ranking Ben-Hur (cuyo remake aguardo entusiasmado pero temeroso) y Espartaco. Me sé de memoria gran parte de los diálogos y cuanto más las veo más distorsiono la historia. Por ejemplo, Espartaco, cada vez me parece un fanático populista y en cada visión del film simpatizo más con los piratas cilicios, A quién no le gustaría poder haber dicho alguna vez: hola, me llamo Manolo: soy pirata Cilicio. Dirección calle Abordaje sin número. 

  Pero también soy devoto seguidor (mucho más devoto que de las morcillas de Burgos) de las películas de segundo orden. Victor Mature con cara de palo viendo a Cristo o estreñido cuando empuja las columnas para derribar el templo y ocasionando la peor pesadilla para una compañía de seguros. Yul Brynner empeñado en hacer quedar a los dioses egipcios como los zorros en comparación con la zarza ardiente que ni siquiera tiene nombre. ¡Que así se escriba y así se cumpla! Qué cinéfilo no se ha visto alguna vez sorprendido diciendo esas palabras mientras se enjabona las partes en la ducha.

  Así paso la Semana Santa. Otros prefieren los atascos en el telesilla o pagar 50 euros por coger un buen sitio para ver procesionar a las cofradías de Lorca. Mi cabeza está habitada durante esta semana de muerte y resurrección con las falsas voces españolas del genial Charlton Heston, de Brynner, de Victor Mature, de sir Lawrence Olivier (Antonino ¿comes ostras? ¿y comes caracoles?) y de otros tantos. Sé que lo que me cuentan no es del todo verdad. Que los malos no fueron los romanos y ni mucho menos los egipcios. ¿Pero a quién le interesa la verosimilitud en el arte y en el cine?

  Y así paso mis días, y mientras camino en dirección a la nevera para tomarme otra torrija más, tal y como hacía de pequeño, grito ¡A Barrabás! ¡Soltad a Barrabás! ¡A Rita no, a Barrabás! Y van y lo sueltan. Y cambia tanto que incluso se llega a hacer el primer Papa ruso, y se pasea por Roma. Y el cinéfilo loco dice: Tú eres Pedro. Y nadie te comprende salvo tú.

Cultura Inquiera


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01 febrero 2016

Tanto gilipollas y tan pocas balas

  El pasado fin de semana se celebró en Madrid el Festival Internacional de Cine Cutre (Cutrecon). Mi falsa crónica del festival, de la que no he visto ni una sola cinta, es la siguiente. El Cutrecon se reivindica un año más como un referente mundial del cine más cutre, salchichero y chapucero. Amantes del género de todas las edades, nacionalidades, colores y diagnósticos psicológicos se dieron cita en masa/pizza en los cines donde se realizaban las proyecciones; no salieron decepcionados. Efectos especiales zarrapastrosos, montajes imposibles, sonidos no sincronizados y diálogos de vergüenza hicieron las delicias de los cutrecinéfilos. Esta edición se dedicó principalmente a mostrar el peor cine policíaco de todos los tiempos. Felicidades a los organizadores y enhorabuena a los premiados (si los hubiere).

  Mi entrada en el mundo del cine cutre es tardía. He tragado bastante cine iraní y cuando era adolescente creí que me gustaba Paris Texas y El cielo sobre Berlín. Creo que no entendí ninguna de las dos y sospecho que sigo sin entenderlas, aunque francamente querida, me importa un bledo. Luego llegó "Qué grande es el cine" de Garci. De las secuelas que me ha dejado ese programa todavía no me he recuperado. Mis síntomas están ahí. Palpitaciones con "Centauros del desierto". Sudores fríos con "La ventana indiscreta". Fiebre con "Horizontes de grandeza", tos seca con "Ordet". Con estos antecedentes quería ser más Torres-Dulce que un experto en cine cutre. Pero acabar siendo una especie cutre de Torres-Dulce al final lleva las aguas a su cauce, por así decirlo y llevándome tardíamente a las procelosas aguas del mejor peor cine.

  Pero antes de seguir con el asunto y antes de que la fiscalía actúe de oficio contra mí, debo aclarar que el título de esta entrada es un homenaje a uno de los personajes de culto del cine cutre de todos los tiempos: Ford Fairlane, un detective privado, chulo y arruinado que trabaja para las estrellas de la música de Hollywood. La fascinación de este cine no solo hay que buscarla en los gintonics que se pueden ingerir durante la proyección. Como el buen cine cutre, la película coge un género, lo manosea, hace un tirabuzón, entra en bucle y el resultado es esta delicatessen para paladares exigentes.

  Sin embargo yo tengo más debilidad por las películas de Michael Dudikoff, y especialmente por su saga de héroe ninja, en la que se enfrenta a los enemigos habituales en sus formas de narcotraficantes y agentes extranjeros, pero también a una trama de corrupción en el seno de las mismísimas fuerzas armadas. ¿Un "podemita" avant la lettre?

  Escuchando a personas más especializadas en el cine cutre observo que puede llegarse a la excelencia de la decadencia mediante dos formas. Una es crear un argumento imposible que te lleve del terror, el suspense o la acción a la carcajada. La segunda, no incompatible con la primera, consiste hacer todo lo posible para que la película sea todo lo deficiente que sea posible desde el punto de vista artístico y técnico.

  La saga Sharknado, una de las joyas recientes de la serie B, sería un buen ejemplo de la primera opción. Un tornado esparce un montón de tiburones por Los Angeles y comienzan a merendarse a sus habitantes. Se retuerce el argumento, como haría Ferrán Adriá con una de sus creaciones, hasta obtener un producto de resultado indescifrable, con sabor a terror y carcajada. 

  Aunque el gusto por lo cutre no es ni mucho menos exclusivo de los españoles, hay en el público y en los creadores locales un gusto muy acusado por lo satírico en su vertiente de lo cochambroso, en su doble naturaleza material y moral. El mismo Don Quijote es un personaje patético que monta un jamelgo famélico y que se mete en embrollos ridículos. Valle-Inclán hizo del esperpento un género en sí mismo. Max Estrella podía vivir en cualquiera de los pisos de 13 la Rue del Percebe. La versión rural de ese inmueble está retratada en "Amanece que no es poco", una película venerada por millones de seguidores, pero cuya calidad la descalifica para entrar en el olimpo extravagante del cine cutre, donde ya moraba Jess Franco, Ozores y otros grandes nombres del cine español. 

Mis respetos para ellos. Seguiremos en lo que podamos su ejemplo. Seguiremos informando.


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21 noviembre 2015

La Kermesse Heroica: ¿Vienen los malos?

  Pido disculpas de entrada si el título resulta un poco pretencioso, o simplemente ininteligible. Pero como dijo Vito Corleone, "tengo mis razones". "La Kermesse heroica" es una divertida, chispeante, provocativa, ¿feminista? y deliciosa comedia francesa rodada en 1935 y dirigida por el cineasta belga Jacques Feyder. La cinta habla de los hombres, de las mujeres, pero sobre todo del miedo que sentimos a los otros, especialmente al extranjero. 

  La acción se sitúa en el siglo XVII. Los tercios españoles avanzan por Flandes arrasando todo cuanto encuentran a su paso. Un pequeño pueblo aguarda aterrado la invasión de los bárbaros del sur y deciden que lo más prudente es poner a salvo a los proveedores de semen de la localidad con la esperanza de minimizar los daños. De repente, aparece un súbito cambio en el poder del pequeño pueblo, que es asumido por las mujeres, quienes parecen tener mejor presencia de ánimo para enfrentarse con los crueles y despiadados invasores, que por fin llegan hasta las puertas de la ciudad. ¿Asesinatos? ¿Violencia? ¿Imposición de la fe católica a sangre y fuego? ¿Pretty woman a la holandesa o Forrest Gump para intelectuales?

  A los autores aficionados de blogs nos gusta escribir frases del tipo, "la historia es irónica", o nos gusta hacer un par de citas cultas del estilo "como decía John Stuart Mill..." Es la manera de ganarnos el prestigio que sin duda no tenemos. En el caso de Feyder y de esta película en concreto, yo diría que la historia ha sido irónica. Y como dijo por segunda vez en este post Vito Corleone, "tengo mis razones".

  Si en vez de una película, La Kermesse heroica fuera un señor o una señora, sería de esos individuos que todavía son capaces de hacer el camino de Santiago sin despeinarse y que han decidido aprender ruso, pese a tener más de setenta y cinco años. Se conserva como una rosa. No deja de tener su gracia si se tiene en cuenta que sus "hijos" de La Nouvelle Vague francesa, consideraban en su tiempo las películas de Feyder y de sus colegas del Realismo Poético Francés, como una antigualla.  La ironía (y aquí es donde se trata de lucir el escritor de blogs aficionado) es que algunas películas de Feyder, y ésta en concreto, conservan su frescura y lozanía de "runner" mientras que muchas de las cintas de los autores de la Nouvelle Vague, más jóvenes, no se pueden ni levantar del sofá.

La "Kermesse heroica" debiera ser de obligado pase en los colegios españoles, pero no lo será. 


  Debiera serlo porque habla de la historia de España (razón por la cual el profesor de izquierdas del colegio no la pondrá). Debiera serlo porque es divertida (razón por la cual será desaconsejada por el Consejo Escolar y el AMPA). Debiera serlo porque es toda una burla a la xenofobia (razón por la cual se quejarán los padres de alumnos de derechas), contra los varones (razón por la cual será considera visceralmente "feminista"). La Iglesia española no sale muy bien parada (lo cual disgustará a los católicos), no se dicen tacos, ni hay espadas láser, ni consumo de drogas (lo cual fastidiará a los profesores frikis y culturetas), y es en blanco y negro (por lo que se argumentará, fastidia "ad nauseam" al alumnado).

  La Kermesse heroica debiera verse en los colegios, en los juzgados, en las comisarías y ser expedida en las parafarmacias. No lo será porque para el claustro de profesores la película clásica de referencia es "ET, el extraterrestre de las cavernas". Pero debiera serlo y, aquí es donde quería llegar; es un conjuro divertido, inocuo, chispeante y deliciosamente provocador contra los convencionalismos y sobre todo contra el miedo al extranjero.

  Y es aquí donde el bloguero aficionado lanza su mensaje y entronca su recomendación final, su moraleja cibernética "al hilo de los acontecimientos que todos conocemos". Se aproximan, queridos lectores, épocas oscuras. Fanáticos asesinos harán o tratarán de hacer lo que ya sabemos. Otros tratarán de recortarnos nuestros derechos civiles y nuestra libertad (de pensar, de reunirnos, de hablar de sentir y de gozar). Dirán, eso sí, que es por nuestra seguridad. (Tururú). Estamos en medio, y tiran de nosotros de manera inmisericorde y poco decorosa (como le sucedía a Richard Harris en "Un hombre llamado caballo" 1970). Conviene, en mi opinión, hacer acopio de fuerzas, argumentos, humor, buena música y buen cine, por lo que pueda pasar en los próximos años. 

  Tan bueno como el más elocuente discurso, tan eficaz como cualquier tratado sesudo, tan inspirador como cualquier charla de misionero yogui o cooperante/santo perdido por el mundo sin fronteras, será siempre una buena película. 

  La Kermesse heroica es una dulce sátira envuelta en el evocador aroma de las película históricas, con una ambientación prodigiosa que parece sacada de cualquier cuadro de Vermeer. Que nadie espere discursos solemnes (como los que hacía el a veces plomizo Charles Chaplin en sus películas), ni lecciones magistrales. La hora y media de proyección se pasa en un suspiro. Y mientras, casi sin enterarnos, nuestros prejuicios sobre los demás quedan vapuleados, como lo son también el orden establecido, las supuestas virtudes del honor y el valor, y por supuesto, la guerra.








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18 mayo 2015

La supervillanía de los superhéroes

  En mi casa circulaban cómics de Marvel que eran propiedad de mi hermano Alberto. Incapaz como soy desde la más tierna edad para entrar en el mundo de la fantasía y también para encontrar el interés en los cómics o las películas de acción, me limitaba a mirar los dibujos, sin prestar demasiada atención a las tramas de villanos, supervillanos y superhéroes; pero al menos sí he tenido una cultura general básica sobre Thor, Superman, Spiderman, Batman, la Masa (ahora llamada Hulk) y la Cosa, que es un superhéroe menor que merodeaba por pantanos y cuyo aspecto y nombre me resultaban atractivos. 

  Ha sido con el tiempo cuando —pensando que me había perdido algo interesante— he prestado más interés al mundo de los superhéroes, y en parte por mi labor de tío abnegado que compra bocadillos y chuches (admiradoras razón aquí) he visto un buen puñado de películas de superhéroes y cada vez que las veo más me sorprendo, pero no en el sentido que ustedes creen (o que yo creo que ustedes creen).

  Les supongo enterados de la polémica entre el director mexicano González Iñárritu y el actor Robert Downey Jr. (desconociendo hasta la fecha quién es el senior). El primero dijo que las películas de superhéroes suponían un "genocidio cultural". Iñárritu manifestó que no hay nada malo cuando tienes siete años y te gustan los superhéroes, pero que hay algo enfermizo cuando no se madura y aún te sigue apeteciendo ver esas películas de buenos y malos, que además cuestan enormes sumas de dinero.

  Downey Jr. ( ¿pero quién puñetas será el Senior?) replicó que para una persona cuya lengua materna era el español, poner juntas la palabras genocidio y cultural dejaba claro lo brillante que era. Les doy diez segundos para que manden a Robert Downy Jr. al lugar que se merece, ni muy limpio ni muy honesto, antes de continuar, no si antes recordar que el actor carece de estudios. ¿Ya? Entonces sigamos. 

  El asunto de las películas de los superhéroes parece banal, pero la respuesta salvajemente racista del actor pone de relieve que se ha tocado un asunto delicado, como el nervio que de repente te descubre el fisioterapeuta en algún lugar recóndito de tu anatomía y te hace rabiar de dolor. Criticar a los superhéroes es en cierto modo tocar un nervio, un nervio americano, por supuesto.

  Nunca termino de sorprenderme por cómo las películas de entretenimiento para masas, las supertaquilleras como Los Vengadores, La Era de Ultron (The avengers. Age of Ultron 2015) son las más explícitamente políticas. Por poner el ejemplo de este último, el paralelismo que hace del papel norteamericano de garante de la paz realizado con operaciones rápidas sobre el terreno en vez de con costosas invasiones es tan grosero, que se acerca a la pura propaganda. Mención aparte es el papel de las mujeres, que si son felices, esperan a su superhéroe marido en su granja de Wisconsin, pero si son luchadoras, se debe a un oscuro trauma (son estériles o huérfanas) a la espera de ser rescatadas sentimentalmente. Debo añadir a esta mini-reseña que la película resulta enrevesada y soporífera. Se puede resumir en que los efectos especiales hechos por genios (que contaban con 220 millones de dólares de presupuesto) y un guión realizado para infantes poco exigentes (si es que existen).

  Pero sería injusto decir que esta película represente al subgénero de superhéroes, donde hay cintas notables, algunas son capaces de darle una vuelta de tuerca a los superhéroes, como el Caballero Oscuro (The dark Knight 2008) , Hulk (2003) o incluso Los Increíbles (The Incredibles 2004). Pero plomizas e interesantes comparten la misma naturaleza.

  Como dice el periodista de New Yorker, Richard Brody en su artículo "Advice for Robert Downey, JR.: "Iñárritu está en lo cierto. Las películas de superhéroes tratan sobre el poder (el poder personal, el poder militar, la autoridad pública y las fantasías individuales de poder. En su, a menudo torpe forma, juntan a escala mundial el conflicto entre los sueños íntimos y sus fracasos. Esa es la razón de su éxito. Representan de manera caricaturizada los grandes miedos, esperanzas, anhelos. Es verdad que no tienen mucho que ver con la vida real, pero si están llenos del material de la imaginación". 

  ¿De la imaginación, de los miedos, de los anhelos de quienes? 
¿De todo el mundo, especialmente del mundo norteamericano? 

  Los superhéroes no solo son bichos raros, y en esa faceta son toda una ayuda para comprender la diversidad funcional. No se debe olvidar que tienen una labor fundamental: luchar contra el mal y el crimen, habitualmente supervillanos que no se conforman con llevarse el dinero a las Islas Caimán, sino que quieren destruir el mundo, comenzando por alguna ciudad de Estados Unidos. 

  Puede que el superhéroe hable de poder, pero principalmente habla del miedo. Es una fantasía que se construye sobre el terreno abonado del pánico a fuerzas desconocidas que quieren imponer el terror. El superhéroe es una respuesta fantástica al pánico histérico, quizá el mismo que hace armarse hasta los dientes al granjero de Texas o a militarizar a la policía de los Estados Unidos. Un miedo local que se quiere hacer global.

  Seguramente alguien objetará que de ser así no se explicaría el éxito global de los superhéroes y del cine americano de acción a lo largo y ancho del mundo. No niego el atractivo de sus personajes, mitad dioses, mitad monstruos. Pero denme a mi, o mejor a alguien con talento, 220 millones de dólares, (y otro buen puñado para promocionar la película) y verán lo que es capaz de hacer, sin necesidad ponerse histérico porque un robot chalado nos quiere aniquilar. 




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28 febrero 2015

Notas de Cine

  "Notas de cine" es un excelente programa de cine y música que emite la Cadena Ser, dirigido por Antonio Martínez. Como es una emisión (como decía mi abuela) buena y cultural, está proscrita a la madrugada del sábado al domingo, no sea que la gente desarrolle sentimientos por algo diferente a un gol de Messi o unas rebajas de Carrefour.

  Antonio Martinez formaba parte junto con María Guerra, Elio Castro, Juan Zabala y su director Carlos López-Tapia, del programa de cine "Lo que yo te diga" que se emitía en la Cadena Ser. Juntos lograron convertir que un niño necrófilo y ficticio fuera el crítico cinematográfico más reputado del país. Ahora, con diferentes componentes, tiene una interesante página web y podcast que siguen el espíritu del programa.

  En una promo hace años del programa Notas de Cine, escuché a Almodóvar decir que en ocasiones ponía música de cine en casa y que convertía las actividades cotidianas en una experiencia cinematográfica. La idea quedó rondando en mi cerebro, perdida y compartiendo neuronas con las que se encargan de lograr que cada calcetín tenga su pareja, y la que me recuerda (sin éxito) que tengo que llamar al seguro de la casa, y por fin ha dado su fruto. Por supuesto, lo que ahora sigue es tan solo una propuesta. No oso decir que deban utilizarse siempre, y sin el consenso de la pareja, el compañero de piso o la delegación del Gobierno. Pero es una propuesta meditada de años y avalada por un psicólogo, un trabajador social, un educador y un policía nacional.


  • Desayuno. Dicen los expertos en nutrición que es la comida más importante del día. En España se maltrata al Desayuno de lunes a viernes. O quizá no. Quizá solo se oculta a las miradas de los nutricionistas haciéndose llamar almuerzo, paraíso formado por tostadas con aceite y jamón. ¿Qué escuchar? Perdonen que sea una propuesta obvia, pero ¿a que es bonita? Moon river me llamaba a susurros.


  • Cocinando para los amigos. Bien es uno de los placeres de la vida. Solo hace falta tener buenas viandas y amistades con hambre. La comida ha sido la protagonista de grandes películas, sea en el papel secundario de la mantequilla del Último tango en París o en el estelar del El festín de Babette. Siento decir que mi propuesta va a ser más inquietante

  • Ducha segura. Ducha y cine. Ya sé en lo que están pensando. Pero queremos salir vivos de la ducha, lugar predilecto para que psicópatas, asesinos y entes paranormales cacen a sus desnudas (por lo general mujeres) víctimas. ¿Les podemos ahuyentar con acordes como los ajos a los vampiros o la decencia a José Ignacio Wert? Podemos (con perdón), con el pretexto de que en esta legendaria película hay una inolvidable escena en una bañera

  • La cama no es para dormir. Debo de corregir. Mi cama es solo para dormir, pero espero que tengan ustedes una vida más interesante, aunque si pierden el tiempo leyendo mi blog, permitan que lo dude. ¿Algo para ponernos tiernos? ¿Algo que nos ponga cachondos? ¿Algo que nos haga sentir vivos? 

  • Todos tenemos nuestros "Días de la rata". El Día de la rata es aquel en el que te sientes tan miserable que más valdría haber nacido roedor, gato o incluso mosca. Precisamente en mosca es en lo que quiere convertirse, según ha declarado en una entrevista, el director Gonzalo Suárez. Lo que a cada uno le anima es muy subjetivo. Por ejemplo, los depresivos nos ponemos bien intentando estar peor, de modo que yo ahondo en mis depresiones con el Requiem de Mozart o con una pieza de Eric Satie y me quedo como nuevo. Pero no compartiré mis fantasmas y haré una propuesta razonable. Si todo el mundo te dice que te quiere ¿qué es lo que se siente? 

Decididamente, las penas con notas son menos. 
Decididamente ninguna de las propuestas es seria, pero 
 ¿a que no ha sido peor leer el post que sufrir una inyección?





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14 febrero 2015

Clásicos de cine, con amor

 ¿Han visto las fotos de la fiesta de Cristiano Ronaldo? ¿Han seguido los detalles? ¿Han escuchado la música de este tal Kevin Roldán contratado por 25.000 euros? ¿Tienen ustedes el dinero de Cristiano Ronaldo y contratan a Kevin Roldán por 25.000 euros? ¿Soportan sus oídos el reguetón? ¿Preguntas retóricas? ¿Mal de muchos consuelo de tontos? No, simplemente hay cosas que no se pueden comprar con dinero, y aunque uno sea un pelagatos donde no tenga donde caerse muerto, es un patrimonio que no te pueden quitar (como la dignidad) y que otros nunca podrán comprar. 

 Y me refiero a la música. Y al cine. 


  Y al matrimonio de la música y el cine. Ya sé que no soy nada original al decir que las películas han popularizado la música clásica o culta y convertido a muchos compositores en músicos de cine. Los cineastas vieron pronto que el filón y la sintonía (¿aprecian el juego de palabras?) es tan grande que parece que Wagner, Mozart o Handel estuvieran pensando en las películas al componerlas.

  Dicen los gurús de los blogs que hacer listas es siempre un éxito. La gente adora las listas, al parecer. Las listas, las recomendaciones de los sabiondos, la música, el cine, el sexo y las croquetas de mamá. Ya hablaremos en otro momento de estos dos últimos ítems, y dediquémonos a la lista de cine y música clásica. Aquí les dejo mi lista. Si ven que falta algo o que se nos olvidaron las aceitunas, no duden en señalarlo.

  Los criterios que he seguido han sido únicamente dos. El primero es que la presencia del tema musical sea capital en el filme. El segundo mi santísima voluntad.




  • Barry Lyndon/Sarabande de Handel. La presencia de este tema de Handel es omnipresente en el filme. Otro personaje protagonista, el leit motiv de la toda la película. Kubrick siempre pensó que era su película más perfecta y personal, aunque el público la acogió con bostezos. Pero es más rica de lo que parece. También en música. Que Handel no oculte a Franz Schubert (Trío de piano opus 100).

  • Memorias de Africa/Concierto clarinete Adagio Mozart. ¡A los monos también le gusta Mozart! ¡Y eso que nunca lo habían oído! Claro que sí Fitz Hutton. Iba a decir que los monos son más listos que los jugadores de fútbol, pero sería un ataque gratuito contra la fauna. Por cierto que el verdadero héroe de los personajes reales de la película (tanto en la ficción como en la realidad) siempre fue Bros. 

  • Melancholia/Tristan e Isolda. Obertura. Wagner. ¿La tierra se acaba y nosotros pensamos en el amor? Algo parecido le dijo Rick a Ilsa. Es fácil de comprender los problemas de dos pequeños seres que no importan en este loco mundo. Seguramente solo a un loco como Lars Von Trier se le ocurriría hacer este tipo de película e incluir esta música que te perseguirá durante meses. ¿Meses? ¡Años!

  • Excalibur/ Muerte y funeral de Sigfrido. Wagner. Es mucha la música clásica que se utiliza en esta bella y rara película. Se consume en las sobremesas de las televisiones generalistas, pero es bella, opresiva, melancólica. Es decir, nada que pueda apreciar un psicoterapeuta. El final debía ser apoteótico. Y lo es. Muere el rey pero la dama del lago custodia la espada.

  • El Padrino III/Cavalería rusticana. Pietro Mascagni. Unos pastelitos en mal estado y quizá el grito de dolor sin sonido más ruidoso de la historia del cine. Parece que la ópera hubiera estado esperando todos estos años a que viniera Ford Coppola a rescatarla, igual que ahora quiere rescatar los estudios de la Ciudad de la Luz. 

  • Remando al viento/Master and Commander.   He dejado para el final mi favorito. Sin esta pieza de un autor no tan conocido fuera de las Islas Británicas, ¿qué sería de estas películas. Un jovencísimo Hugh Grant como Byron grita en la playa. Un marinero debe morir para no hundir el barco. Dejo ya dicho que quiero que se utilice en mi funeral, que tendrá lugar, según lo previsto dentro de 55 años exactamente. Byron dice, si has tenido el poder para escribir nuestro destino, ten valor para aceptarlo.

Ya han comprobado que tengo tendencia por lo solemne y lo melancólico. Volveré sobre lo mismo pronto.

¿Quieren hoy amor? Cine y música. Dos tazas.


  • Guinda final. Tocando el viento. El concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo se puede convertir en concierto de "Orange Juice". Pero cuando hay dignidad una humilde banda de pueblo puede ser la Filarmónica de Berlin. Debería ser el himno nacional.



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10 febrero 2015

¿Tolerantes con los intolerantes?

  El origen del cine está en la barraca de feria. Una atracción más junto con la mujer barbuda, el forzudo y otras maravillas de la naturaleza. Fue entretenimiento más tarde, basado en la acción y en algunos centímetros (cada vez menos) de piel. Sin embargo el cine consiguió elevarse sobre esta digna función de entretenimiento para poner un espejo sobre nosotros mismos, un rayo de luz sobre una parte de la realidad que parecía oculta. El cine es también y sobre todo luz. Luz en las sombras del desierto, como en la película Timbuktú (2014) de Abderrahmane Sissako.

  Pero antes de ir a ella quiero que echemos un vistazo a un artículo publicado por Arturo Pérez Reverte en septiembre del año pasado. Se titula "Sobre idiotas, velos e imanes". Reverte no es nada tímido a la hora de titular y de intitular a los demás. El artículo comenzaba así: 

  "Vaya por Dios. Compruebo que hay algunos idiotas -a ellos iba dedicado aquel artículo- a los que no gustó que dijera, hace cuatro semanas, que lo del Islam radical es la tercera guerra mundial: una guerra que a los europeos no nos resulta ajena, aunque parezca que pilla lejos, y que estamos perdiendo precisamente por idiotas; por los complejos que impiden considerar el problema y oponerle cuanto legítima y democráticamente sirve para oponerse en esta clase de cosas".

  No es que a mi me guste enrolarme sin más en el bando de los idiotas, (como tampoco me gusta hacerlo en el de los iletrados, como sugiere algún lector del blog), pero sí en este asunto como en otros, pertenezco a la irritante cofradía de los dudosos. Un ser dubitativo, aunque abierto a las razones. Así seguía unos párrafos más abajo Reverte su postura de ser intolerantes con los intolerantes y en concreto con los islamistas radicales: 

  "Porque, como todas las religiones extremas trajinadas por curas, sacerdotes, hechiceros, imanes o lo que se tercie, el Islam se nutre del chantaje social. De un complicado sistema de vigilancia, miedo, delaciones y acoso a cuantos se aparten de la ortodoxia. En ese sentido, no hay diferencia entre el obispo español que hace setenta años proponía meter en la cárcel a las mujeres y hombres que bailasen agarrados, y el imán radical que, desde su mezquita, exige las penas sociales o físicas correspondientes para quien transgreda la ley musulmana. Para quien no viva como un creyente".

  ¿Tolerante con los intolerantes? Precisamente comentando este artículo con mi amiga Cristina, residente hace años en África y los últimos en Níger, me defendía el punto de vista de Pérez Reverte. Decía haber contemplado en pocos años cómo el país se había "islamizado". Era raro encontrar una mujer que no llevara velo y hasta las niñas ahora también lo llevaban, cuando era algo que no se veía. Poco después sucedían en Níger, un país que había sido ajeno a las revueltas religiosas, los incendios de iglesias y el asesinato de algunos cristianos.

  Timbuktú relata bien este sistema de neocolonialismo religioso que sufren algunos países africanos, repentinamente invadidos por extranjeros "hermanos de fe", que son pretexto de la yihad. Timbuktú es una película cinematográficamente hermosa, pero que nos obliga a cambiar nuestro punto de vista. El acierto de la película es la eliminación (bendita eliminación) del punto de vista occidental y así ver el asunto desde otra perspectiva. La de pueblos hermosos, pero más vulnerables, que no se pueden permitir el lujo de disquisiciones sobre la tolerancia, sino que tienen que convivir con el enésimo atropello, esta vez en nombre de la fe. 

Es odioso el fanatismo. 
Es odiosa la falta de libertad y la estrecha moral del puritanismo y la infelicidad
Es odiosa nuestra indiferencia. 
Pero la música siempre será hermosa, como enseña la película. 
La música y el buen cine.

  No dejen de escuchar el enlace que adjunto del músico de korá maliense Tomani Diabaté.
Háganlo como un placer y un acto de rebeldía.



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08 febrero 2015

Goyas maduros: padres de familia con hipoteca y las orejas limpias

  Ayer se celebró la entrega XXIX edición de premios Goya. Quiero hacer notar el número de ediciones especialmente. Equis, equis, palito, equis. A un año de la treintena, un hombre y una mujer ya tienen que ir sentando cabeza y tomando decisiones. Mientras uno es joven, puede permitirse hacer determinadas locuras. De hecho una persona joven formal es alguien extraordinariamente sospechosa: solo puede ser opositor a notaría o el pequeño Nicolás. 

  Mientras que uno es joven puede ser irreverente. No importa sacar los colores a los invitados, rehusar ponerse una corbata, y qué decir de una pajarita. Se puede gritar en contra de la guerra, a favor de esta u otra causa social. Se puede ser lo que en términos generales se califica, un contestatario. Pero a cierta edad no es estético y desde luego no conveniente si se quieren pagar las facturas.

  La gala de entrega de los premios Goya de anoche fue la celebración de la madurez. El ministro Wert y su multimillonaria pareja podían exhibir su sonrisa porcina en la platea sin riesgo de que fuera borrada por ninguna inconveniencia. Tan solo Almodóvar se atrevió a darle un pescozón. Pero nada grave, no necesitó si quiera betadine moral. Fueron unos pocos pellizcos de monja. El presidente de la Academia pidió la supresión del IVA del 21% para el cine con el mismo entusiasmo con que se rellena un formulario administrativo.

  Los premiados no desentonaron. Lloraron lo justo, no demasiado. Se acordaron todos de sus padres, madres, amigos, parejas e hijos a los que quieren, aman e idolatran. Todo muy razonable, familiar, demócrata-cristiano "¿Qué puñetas son estos creadores que llevan vidas de registradores de la propiedad?" claman desde sus tumbas aquellos que edificaron sus obras entre gritos, susurros y whisky.

  De acuerdo. Quizá el creador maldito enfrentando a la gente de su época, al orden establecido y a largas sesiones de alcohol y cigarrillos esté trasnochada. Ya no hace falta castigarse el hígado ni dar con los huesos en la comisaría para ser un creador. Sin embargo, algún observador podría encontrar una vida más extrema en una convención de visitadores médicos que ayer en la gala de los Goya, con la excepción de Antonio Banderas. Su magnífico discurso merece un capítulo aparte.

  Hoy he leído los periódicos conservadores, habitualmente tan agrios con el sector cinematográfico español. No  hace mucho les tachaban de ser estómagos agradecidos al servicio del Partido Socialista Obrero Español. Desgranaban entre el público las cifras de subvenciones como quien da noticia de saqueos de las catedrales. Están encantados. Chicos serios ellos (a ellas siempre les toca llorar un poco) que cogen sus premios sin decir inconveniencias.

Premios de películas atractivas, pero, y eso es lo más importante, 
para todos los públicos ideológicos.

Posdata: Ya que tenemos una monarquía que puede vestir las solemnidades y que la pagamos para realzar actos como éste, ¿qué mejor cosa tenían que hacer anoche que estar con el cine español?
¿Es que coincidió con una obra de las niñas? ¿No había ni uno disponible?

Premios Goya 2014




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30 enero 2015

Entre bastidores

  Los tipos que hablan constantemente de sus cosas y que hacen referencia solo a su pequeño (o grande) mundo interno, suelen ser aburridos "ad nauseam". Sin embargo con el cine ocurre a veces lo contrario. Cuando se miran el ombligo y hacen una reflexión sobre su profesión, a menudo da fruto a películas extraordinarias.   

  El último filme que se ha unido a la nómina es Birdman (2014). Por fin González Iñárritu se ha liberado de cierto toque pedante y plomizo para crear una obra de ritmo prodigioso. Rodado en un aparente plano secuencia y a ritmo de sonido de percusión que juega a ser diegético, los personajes van y vienen desde el espléndido escenario a los cochambrosos camerinos de un teatro de Broadway. 

  El ritmo de sus idas y venidas es paralelo al caldero de ideas y miedos que bulle en su cabeza. ¿Lo mismo de siempre? ¿Los actores, actrices, guionistas, directores, productores con sus neuras y obsesiones? ¿Es que de verdad son tan especiales? ¿No funcionaría igual una película si hablaran de los funcionarios de un juzgado de instrucción? ¿Fue antes el huevo o con dos huevos?

  He hecho una pequeña lista de películas sobre el mundo del teatro y del cine para que saquen sus propias conclusiones. Sacarlas yo sería más trabajoso, y con toda seguridad, serían menos atinadas. Me limitaré a mencionar su nombre, fecha, director y un frase que me venga a la mente. 


  • Ser o no ser (Ernest Lubitsch) 1942. ¿La mejor comedia de la historia? ¿Una de las películas que mejor ha envejecido? Un grupo teatro polaco utiliza su talento contra el invasor nazi. Hago notar el año de filmación. Compárenla con El Gran dictador y verán cómo la primera está reluciente y la segunda huele a naftalina (sea lo que sea eso).

¿De verdad no conoce a ese gran, gran, grandísimo actor llamado Joseph Tura?


  • La noche americana (Francois Truffaut) 1973. La locura del rodaje de una película. El amor por el cine y sus innumerables problemas. Las depresiones de la actriz protagonista, el embarazo de otra y la mujer de un eléctrico que siempre está estorbando.

"¿Tú crees que las mujeres son mágicas?"


  • El viaje a ninguna parte (Fernando Fernán Gómez) 1986. Película triste, melancólica y divertida al mismo tiempo. El teatro contra el cine. El actor contra su público y los caminos polvorientos. 

"¡Malditos titiriteros!


  • Cazador blanco, corazón negro. White hunter, black heart (Clint Eastwood) 1990. ¿Por qué hacer cine cuando se puede ir de caza? Eso pensó John Huston durante el rodaje de "La Reina de Africa". La película irregular y bella narra la historia de dicho rodaje y la obsesión de Huston por la caza.

"Aquella gente me pareció espantosa. Todo aquel barrio está lleno de judíos".


  • El último metro. Le dernier metro. 1980. François Tuffaut. ¿Se puede dirigir una obra de teatro desde el sótano mientras los nazis tienen ocupada Francia? En cada actor interpreta al menos dos personajes: en la vida y en el escenario. Puede ser un héroe o un traidor. 

"Veo leyendo en la mano que usted es en realidad dos mujeres"
"Sí y ninguna de las dos va a acostarse con usted".



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19 diciembre 2014

El fiscal no tiene quien le filme

  Yo como usted, conocí a Eduardo Torres-Dulce antes de que fuera fiscal general del Estado. Era aquel contertulio que en el programa de televisión de José Luis Garci "Qué grande es el cine", dejaba a la afición pasmada con sus conocimientos enciclopédicos sobre John Ford o Howard Hawks. Recitaba de memoria y sin pestañear nombres de compositores, guionistas, actores secundarios, directores de arte, productores del cine clásico de Hollywood. Su disco duro, después de haber triturado el Código Civil, la Ley de Enjuiciamiento Civil, la Criminal y otros textos de terror, todavía tenía espacio para una cantidad ingente de películas, fechas y artistas. 

  No se confundan. No se trataba de un mero opositor que recitara de memoria la lista los secundarios del "El hombre tranquilo" (The quiet man) como quien canta un tema de derecho mercantil o el Padre Nuestro. Para aclararnos, Torres-Dulce no es sólo un opositor a la pulcra Soraya, o a la enfurruñada Cospedal, ni Mariano Rajoy, que sólo se conmueve con la lectura del Marca. Torres Dulce dejaba en mantillas con su conocimiento y criterio cinematográfico a algunos críticos de cine profesionales. Por eso era detestable (él y sus "compinches" cinéfilos del programa) como le escuché a un catedrático experto en cine en la Universidad de Valladolid. En resumen, debo reconocer que lo adoraba. 

  De acuerdo, el señor tenía unas ideas conservadoras, por decirlo de una manera que no sea delictiva. Simpatías si no membresía con la dudosa organización conocida como Opus Dei. Se le vio recientemente en la canonización de un determinado cura relacionado con la "Obra" en Madrid, cuyo nombre no recuerdo. Mi memoria para los nombres de curas está completa con la lista de pederastas. Pero un tipo que disfruta con el cine clásico no puede en el fondo, en el fondo fondo, tener un mal fondo. ¿Qué se le había perdido a un tipo como Torres-Dulce en la Fiscalía General del Estado? ¿No preferiría estar repantingado en el despacho, repasando aquel plano donde John Wayne cepilla su caballo mientras deja perdida su mirada en el horizonte, donde sabe que los indios ya han asesinado a su familia?

  ¡Ay los indios! Que añoranza cuando todavía eran malvados. Pero los malos ya no llevan pinturas de guerra, algunos no tienen la decencia de ponerse siquiera una corbata. Históricamente en España, los fiscales generales no habían sido otra cosa, hasta ahora, que los perros de sus amos. Pensaba Torres-Dulce que con él sería diferente, o acaso quería pasar de la butaca a la pantalla. Todo crítico, dicen, tiene dentro un cineasta. Como no me creo que Torres-Dulce sea un ingenuo, ni que prefiera los textos legales a los guiones de Samson Raphaelson, pienso más bien que quiso ser Gary Cooper, John Wayne o más bien James Stewart delante de Liberty Valance. 

  Pero el gobierno de la ley mordaza es bastante más retorcido que estos villanos, que siempre te citaban en medio de la calle y de frente. Para el gobierno de las devoluciones en caliente en la valla de Melilla, para el gobierno cuyo partido pagó con dinero negro la reforma de su sede, hasta un jurista conservador puede ser molesto, siempre y cuando sea inteligente y medianamente honesto. Parece que ambas cosas no le faltan al señor fiscal. Además no les importa disparar por la espalda y sin avisar.

  En la vida, sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en el cine clásico de Hollywood, enfrentarte a los villanos no te transforma automáticamente en héroe. A veces sucede que uno purga también sus pecados y sale solo y tambaleante como John Wayne en Centauros del Desierto

Si al menos mi peripecia ha dado para una buena película, habrá merecido la pena, -pensará. 



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10 diciembre 2014

Dioses y directores

  ¿Por qué las comparaciones son odiosas? 

  Eso se sabe cuando te comparan y no cuando comparas. Comparar es a veces inevitable, sea odioso o glorioso. Tienes una experiencia y de repente repites otra que te recuerda pero que no es lo mismo. No es lo mismo Exodus que Ben-Hur, ni siquiera Rey de Reyes

No es lo mismo este Ridley Scott que aquel Ridley Scott.

  Los aficionados recalcitrantes al cine tenemos varios pecados. El más notorio es el voyerismo. Otro es el de recordar frases de películas que ocupan en nuestro disco duro cerebral el espacio de informaciones más útiles, como por ejemplo, la alineación del Sevilla FC o dónde es más barato y fácil pasar la ITV del coche. Eso significa que tienes memoria.

  De acuerdo con el cardiólogo y sabio Valentín Fuster, se necesitan tres cosas para ser feliz: salud, una economía saneada y una adecuada falta de memoria. Los cinéfilos son seres en general relativamente infelices. Quizá porque si fuéramos del todo felices no dedicaríamos gran parte de nuestra vida a ver historias inventadas. Pero sobre todo porque padecemos una memoria cinematográfica desproporcionada. Una memoria que cambia de textura. Es rocosa donde habitan las filias y las fobias. Gaseosa cuando busca imágenes nuevas, un diálogo chispeante o melosa ya se sabe cuándo.

  Por tanto en eso radica la diferencia entre los aficionados empecinados y el resto. Los segundos llegan, ven y olvidan; mientras que los primeros llegan, ven, rara vez vencen y recuerdan. Le dan vueltas a las imágenes, las discuten y a veces, las regurgitan. 

  Por eso cuando uno acomoda las posaderas en la butaca soportando un coro de palomiteros para ver la última cinta de Ridley Scott, Exodus, inevitablemente te va a llevar a las memorias enfermas de celuloide las andanzas sutilmente gays de Ben-Hur y Mesala, la mirada cárnica de Victor Mature. Sabiendo que es de Ridley Scott vas a recordar sobre todo Blade Runner y Alien

  Y es cuando empiezas a comparar. 

  A Moisés caminando entre las aguas como quien va a pedir un café en Starbucks, con Charlton Heston apartando con solemnidad un mar Rojo de cartón piedra. Al Ramsés mascador de chicle de Exodus con el solemne Faraón Yul Brynner, que rugía "así lo digo, y así se cumpla". Las pústulas cutres de los egipcios malditos con la ferocidad del Alien

  Quizá sean otros tiempos. No tendría sentido imitar al ex presidente de la Asociación Nacional del Rifle en el año 2014. Pero el filme de Scott tampoco lo es. Si lo fuera, hubiera sido más respetuoso con la tradición africana del Antiguo Egipto. La comunidad negra se indigna de nuevo con razón al ver estos falsos faraones de ojos azules, salidos del KFC. En cuanto a los guiños al presente, no seré yo quien lo califique de "basura sionista", como he leído, pero sí harta el más de lo mismo de los hijos del Mossad. 

  Como los mirones obstinados de películas tenemos, para lo que nos interesa, memoria de elefante, volveré a ver las películas de Scott, como las de Allen y tantos otros. Es posible que la cinta acabe siendo como las siete plagas de Egipto. Si un dios malencarado nos las manda, lo aguantaremos con la fe que nos da Ra. A fin de cuentas, los grandes directores son los grandes directores y los egipcios eran, si no los buenos, los más interesantes.




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