¿Por qué se resisten? ¿Por qué insisten en permanecer en el mundo de los vivos? ¿Por qué no dan un paso atrás, el paso definitivo hacia el agujero, la fosa, el hoyo, la incineración, la momificación, la criogenización? Muchos de ellos son creyentes, supongo. Les espera por tanto San Pedro con el mando a distancia del paraíso, o acaso las huríes. Los testigos de Jehová tendrán que esperar, cierto es, al juicio final, y tras resucitar volver a ponerse a currar, pero tampoco parece que eso les desanime. Si se quiere, podemos utilizar la filosofía optimista "neocom": morirse no es un "problema", como muchos piensan, es una "oportunidad". Quién sabe si incluso oportunidad de negocio.
Y sin embargo, ellos, humanos, sin distinción de sexo, edad, religión, orientación sexual o afiliación futbolística, erre que erre. Quieren vivir y cuanto más, mejor. Es más, los viejos, a los que más les compete la obligación de desaparecer, se aferran a este "valle de lágrimas", lágrimas que tributan un 21% de IVA. ¿Por qué prefieren seguir soportando la artrosis y a Van Rompuy?
Pero antes de entrar en harina, quiero situar esta lacra que azota muy especialmente a España en su justa proporción, para que podamos aquilatar suficientemente la entidad de la catástrofe. Según Eurostat, la esperanza de vida al nacer en España en el año 2011 era de 82,5 años, la más alta de la Unión Europea y una de las más altas del mundo. En el caso de las españolas esta cifra se eleva escandalosamente a 85,1 años, la más alta de Europa. Por supuesto los gobiernos se han puesto a trabajar para corregir el citado desequilibrio mediante privatizaciones chapuceras, recortes sanitarios y copago de medicinas. Ojalá fuera tan sencillo.
Ya en mayo el FMI, dirigido por Christine Lagarde, investigada por corrupción, que sustituyó a su compatriota Dominique Strauss-Kahn, investigado por abusos sexuales y que a su vez sustituyó al español Rodrigo Rato, imputado en el caso Bankia, nos advirtió sobre "el riesgo de que la gente viva más de lo esperado". El economista que llevó la voz cantante en el informe es un compatriota llamado José Viñals, que llamaba a este problema llamado vivir, el "riesgo de la longevidad". No se refiere a que Urdangarín pueda refundar el Instituto Nóos a los ochenta años. La gente vive de más y eso pone en riesgo las pensiones de los futuros jubilados.
Para resolver la cuestión, nada mejor que crear la comisión de expertos para que ponga el punto sobre las íes. Juntas en una sala a diez catedráticos de lo que sea, que entre todos suman más de veinte doctorados, debidamente engrasados y te resuelven el problema más intrincado en menos tiempo que el que usted emplea en decir Cons-tan-ti-no-pla.
Los expertos proponen bajar las pensiones, proponen "desligar" las pensiones del coste de la vida (IPC). Es decir, reducirlas. El caso es que los expertos contemplan unas previsiones para un futuro cuyas condiciones no conocen, realizando una prospección con las condiciones presentes, sin tener al menos la modestia de plantear varios escenarios posibles.
La propuesta ha sido calurosamente acogida por la agencia Moodys, la misma que avaló la solvencia de Lehman Brothers en víspera de su quiebra y por la Ministra española de Trabajo Fátima Bánez, que no ha trabajado en su vida, más que en puestos políticos.
Si ama a sus semejantes y tiene más de 67 años, al menos piénselo. No digo hoy, ni mañana. Ellos lo harían por usted. Aunque lo paradójico es que el aspecto de Viñals, Lagarde, Rato y no digamos Strauss-Kahn, invita a pensar que rebosan salud. No me extraña que llegaran a los noventa. Pero, si tan preocupados están ¿por qué no se ofrecen voluntarios?
El Señor Gordo
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Y sin embargo, ellos, humanos, sin distinción de sexo, edad, religión, orientación sexual o afiliación futbolística, erre que erre. Quieren vivir y cuanto más, mejor. Es más, los viejos, a los que más les compete la obligación de desaparecer, se aferran a este "valle de lágrimas", lágrimas que tributan un 21% de IVA. ¿Por qué prefieren seguir soportando la artrosis y a Van Rompuy?
Pero antes de entrar en harina, quiero situar esta lacra que azota muy especialmente a España en su justa proporción, para que podamos aquilatar suficientemente la entidad de la catástrofe. Según Eurostat, la esperanza de vida al nacer en España en el año 2011 era de 82,5 años, la más alta de la Unión Europea y una de las más altas del mundo. En el caso de las españolas esta cifra se eleva escandalosamente a 85,1 años, la más alta de Europa. Por supuesto los gobiernos se han puesto a trabajar para corregir el citado desequilibrio mediante privatizaciones chapuceras, recortes sanitarios y copago de medicinas. Ojalá fuera tan sencillo.
Ya en mayo el FMI, dirigido por Christine Lagarde, investigada por corrupción, que sustituyó a su compatriota Dominique Strauss-Kahn, investigado por abusos sexuales y que a su vez sustituyó al español Rodrigo Rato, imputado en el caso Bankia, nos advirtió sobre "el riesgo de que la gente viva más de lo esperado". El economista que llevó la voz cantante en el informe es un compatriota llamado José Viñals, que llamaba a este problema llamado vivir, el "riesgo de la longevidad". No se refiere a que Urdangarín pueda refundar el Instituto Nóos a los ochenta años. La gente vive de más y eso pone en riesgo las pensiones de los futuros jubilados.
Para resolver la cuestión, nada mejor que crear la comisión de expertos para que ponga el punto sobre las íes. Juntas en una sala a diez catedráticos de lo que sea, que entre todos suman más de veinte doctorados, debidamente engrasados y te resuelven el problema más intrincado en menos tiempo que el que usted emplea en decir Cons-tan-ti-no-pla.
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La propuesta ha sido calurosamente acogida por la agencia Moodys, la misma que avaló la solvencia de Lehman Brothers en víspera de su quiebra y por la Ministra española de Trabajo Fátima Bánez, que no ha trabajado en su vida, más que en puestos políticos.
Si ama a sus semejantes y tiene más de 67 años, al menos piénselo. No digo hoy, ni mañana. Ellos lo harían por usted. Aunque lo paradójico es que el aspecto de Viñals, Lagarde, Rato y no digamos Strauss-Kahn, invita a pensar que rebosan salud. No me extraña que llegaran a los noventa. Pero, si tan preocupados están ¿por qué no se ofrecen voluntarios?
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