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21 febrero 2013

El cónclave

  Alguien me manda un correo electrónico. El Papa ha renunciado. El alemán se marcha, se pira, se jubila, se abre. La palma del martirio no es para él, ya la llevó por suficiente tiempo su antecesor polaco y debe estar aún pringosa. Por lo visto lo ampara el Código de Derecho Canónico. Compruebo ambas cosas y son ciertas. Repaso mi  vida en Papas: Pablo VI (ver Las Sandalias del pescador), Juan Pablo I (ver El Padrino III), Juan Pablo II (ver Gentl), Benedicto XVI (ver Drácula de Bram Stoker).
 
  El que me lo manda sabe que me encantará la noticia. ¿Tenía algo contra Ratzinger? No me consta. ¿Había hecho campaña a las puertas del Vaticano pidiendo su renuncia? No me consta. ¿Soy católico? Me consta que no. ¿Idiota? Tal vez, pero no toquemos temas que no vienen al caso.
 
  Ergo Why? La persona que me lo manda sabe que me encanta el show de los cónclaves de elección papal. ¿Será un italiano? ¿Será  negro? ¿Será gay? La persona que me lo manda sabe que la última vez hasta hice una porra. La persona que me lo manda incluso me quiere zaherir diciendo que me encantaría no sólo participar en ellos sino encima resultar elegido. Yo que soy un agnóstico, ateo o agnóstico impenitente. Anticlerical cerebral y militante contra las religiones del Libro. Y ¡ay! el caso es que es verdad.
 
 
  Serán restos de mi educación en los jesuitas, pero me gusta la escenografía católica cuando se visten las mejores galas vaticanas. El desfile de los purpurados. Las intrigas vaticanas. Fantaseo con su encierro. Los oigo cuchicheando en los rincones de la capilla Sixtina mientras simulan rezos a la Virgen de Montserrat. Jurando en arameo, latín y griego clásico y conspirando bajo el baldaquino de Bernini. De alguna manera soy a los cónclaves lo que muchos gays a Eurovisión. No entiendo como los bares no montan "Cónclaves Night" para seguir en directo la elección, con palomitas, patatas fritas  y vino casi consagrado (pida dos pague uno).
 
 
 Adoro que de pronto, las tertulias radiofónicas se pueblen de teólogos (liberados o esclavizados), vaticanistas, y otra fauna sacada de novelas de Dan Brown o programas de Iker Jiménez.
 
  Y luego están las palabras. Expresiones que sólo se escuchan estos días como "Colegio Cardenalicio", "Veni Creator" o mi preferida: ¡El  Camarlengo! Tengo pesadillas con que un desalmado en twitter sabotee la fumata blanca.
 
  Es cierto que, por mor de la buena mala salud del Benedicto XVI, el show esta vez será incompleto y sólo constará de la segunda parte. Pero aún así, disfrutémoslo. Es un mes de hermoso espectáculo que como buenos cristianos purgaremos con años de flagelación homófoba, machista y financiera, entre otras. Sólo me queda un deseo. Que la santa Paloma elija a un anciano.