Los españoles, al menos los medios de comunicación, han debatido sobre la figura de Hugo Chávez durante el tiempo de su mandato casi con tanto calor como los propios venezolanos. Después de todo quizá la tradicional hermandad de España con los países iberoamericanos que tanto cacarean los políticos y tan poco practican existe en la calle (y si no véase la vergonzosa legislación de extranjería que les hemos aplicado a mayor gloria de la Unión Europea). Nos importa lo que pasa en Iberoamérica y en Venezuela, no sólo en Canarias, donde todavía se la conoce como la octava isla, sino en toda España (perdón, estado español).
Cuando los venezolanos debaten sobre Chávez dan miedo. Es difícil encontrarse a alguien que no sea un furibundo partidario o detractor (en España se encuentran muchos más de los segundos). Ninguno de ellos es capaz de reconocer mínimos aciertos durante estos años de Chávez en el poder (como la reducción de la pobreza) ni mínimas críticas (como obvio talante populista y autoritario, el fomento del culto a la personalidad etc). Si alguno de ellos estuviera dispuesto a reconocer las zonas grises en vez de ver sólo las blancas o las negras, me hubieran convencido para su causa.
Da espanto reconocer esa vena cainita y, sinceramente, reconocerse en ella. Porque quizá de forma natural entre primos hermanos es la misma tendencia que tenemos los españoles, pocos dados a las matizaciones en nuestras opiniones, anclados en banderías, macerados en el rencor por los medios, y yo el primero de ellos.
Escuché a un analista contraponer el respeto de la prensa de Estados Unidos al informar de la muerte de Chávez con la que ha mostrado la española. Añadía que entreveía en esta actitud un residuo colonial. Yo no llegaría tan lejos, pero los hechos dan la razón al analista en cuestión. Un importante diario catalán llegó a titular el hecho de la siguiente manera: "El caudillo se calla", en alusión al incidente con el Rey Juan Carlos I en una Cumbre Iberoamericana. Ja ja ja. Seguro aún se están partiendo en la risa en la redacción. Les doy el premio a la ocurrencia, se merecen unas moneditas.
Algún lector, sin embargo, dirá: ves la paja en el ojo ajeno y no la viga en el tuyo. ¿Acaso no hace usted un chiste con el título? Los españoles no podemos ver con un poquito de sorna los numeritos del mandatario, su eterno programa de "Aló Presidente" como floridos juegos de sudamericanos subdesarrollados. Sin embargo, mirados desde la otra orilla, es verdad que sería impensable un programa similar con Rajoy o Zapatero, pero ¿es mejor tener un presidente mudo y que cuando habla lo hace para mentir o decir sandeces? ¿Era mejor el discurso melifluo de Zapatero? Si tuviéramos que momificar a alguien para rendirle culto; ¿A quién sería? ¿A Iker Casillas?
Suerte Venezuela, y a nosotros que nos pillen confesados.
