Seguramente la sola mención del título habrá puesto los pelos como escarpias a más de uno. ¿Pero cómo se atreve? ¡Patán, mentecato, gañán seboso! Meterse con la Coca-Cola o con Rajoy nadie en su sano juicio lo criticaría, pero con Saramago... "va usted demasiado lejos".
Me explicaré, y lo haré con palabras sencillas, no para asegurar que se me entiende, sino porque no sé hacerlo de otra manera. No disfruto con las novelas de Saramago. Diré mejor, que pese a ser un buen lector, persistente pero lúdico al mismo tiempo, no he conseguido disfrutar con sus libros y lo he intentado. No entraré en detalles que incluyen bostezos y alguna expresión de fastidio en alguno de sus párrafos, y lo englobaré todo en la siguiente explicación: no entro en su mundo.
Pd. No he dicho sobre él mi última palabra. ¿Y si un día vuelvo y tengo que tragarme estas palabras? Entonces, sea.
Me explicaré, y lo haré con palabras sencillas, no para asegurar que se me entiende, sino porque no sé hacerlo de otra manera. No disfruto con las novelas de Saramago. Diré mejor, que pese a ser un buen lector, persistente pero lúdico al mismo tiempo, no he conseguido disfrutar con sus libros y lo he intentado. No entraré en detalles que incluyen bostezos y alguna expresión de fastidio en alguno de sus párrafos, y lo englobaré todo en la siguiente explicación: no entro en su mundo.
- En contra de José Saramago. Como las comparaciones son odiosas, comparemos: Cuando leo a Vargas Llosa, por poner el ejemplo de uno de mis escritores favoritos, me sumerjo en un océano de pasiones, me parece que solo un robot superdotado puede como él dar con la palabra precisa, con el cambio de todo, de lo cómico a lo épico, lo patético. Saramago me parece plano. No avanzo entre sus páginas o directamente me hunden en una dulzona melancolía, en el bostezo que te produce el petulante, y para eso prefiero a Ernesto Sábato.
- A favor de José Saramago. Y sin embargo, la brillantez literaria es desbordante en el planteamiento de su novela "Las Intermitencias de la Muerte". Narra la extraordinaria historia de un país donde a partir del uno de enero (fecha de mi cumpleaños) nadie muere. Los vecinos celebran jubilosos tan magnífico hecho. Sin embargo la muerte, olvidadiza, retornará. No menos lúcida y soprendente es la trama de su novela "Todos los nombres". Relata la historia de un funcionario del Registro Civil cuya afición (más bien obsesión) es recopilar recortes de todas las personas famosas que han pasado por sus manos como trabajador del registro. Pero un día, junto a la ficha de unos famosos que coge de los ficheros para copiarlos y restituirlos al día siguiente, se traspapela el historial de una mujer anónima.
- En contra de José Saramago. Se trata de un contra con matizaciones. En el año 2010 poco después de su muerte, la Audiencia Nacional le condenó a pagar algo más de de 717.000 euros a la Hacienda española. El argumento del escritor era que su domicilio fiscal estaba en Portugal. Pero ¡ay! los inspectores de hacienda pueden ser amantes de la literatura y tener un aspecto muy distinto al del frío burócrata, como quedó acreditado en Palma el pasado sábado. El nobel no se había cansado de loar y cantar las excelencias de su vida en Lanzarote. El escritor comunista se resistió como gato panza arriba a abonar a la hacienda española y para eso recurrió a un carísimo y nada comunista bufete de Abogados, donde solo por pisar la moqueta de entrada hay que depositar una cuantiosa provisión de fondos. Moraleja de la historia. Yo por si acaso, declaro que todos mis poemas los inspira mi lugar de residencia: las Islas Vírgenes.
- A favor de José Saramago. De acuerdo, no le gustaba pagar, pero ¿por eso deja de ser Saramago un escritor comprometido? Yo creo que no, quizá contradictorio, pero comprometido. Además dentro de un buen fabulador, por fuerza debe haber un farsante, de acuerdo con la peregrina hipótesis que acabo de acuñar. Sería injusto por tanto, no reconocerle su compromiso social. Sería injusto no reconocer que su compromiso fue anterior a ser un escritor reconocido en el mundo entero. Ya anciano no dudaba en participar en actos de apoyo a causas que en el fondo son de todos. Abundantes fueron sus escritos y manifiestos denunciando injusticias y la desigualdad. Me quedo con hermoso texto en el que criticaba al régimen cubano y hacía un bello alegato en favor del derecho a disentir. Estoy casi seguro que apoyaría mi derecho a disentir también de los maestros de la literatura, cuando no te tocan el corazón.
Pd. No he dicho sobre él mi última palabra. ¿Y si un día vuelvo y tengo que tragarme estas palabras? Entonces, sea.
El humor está aquí, en alguna parte
