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21 febrero 2017

Que seis años (de prisión) no son nada

  Iñaki Urdangarín ha sido condenado a seis años de prisión.


  Si seis años fueran realmente seis años, significa que entraría ahora en la cárcel, perdón, en un centro penitenciario y saldría en febrero de 2023, más o menos. Imagínense que esto mismo les sucede a ustedes. Adios hasta 2023. Adios a las cañas en el bar, a los partidos de fútbol, a leer en la terraza de casa, o a lo que quiera que hagan y disfruten en libertad. La cárcel es dura. Cualquiera que la conozca lo sabe, por mucho que ya diste, afortunadamente, de las mazmorras de Ben Hur. Seis años es una eternidad. Ni siquiera podemos asegurar que estaremos aquí, o si estamos, en qué condiciones.

  Sin embargo, todo el mundo sabe que seis años de prisión no son seis años en la prisión. Al tiempo establecido en una condena le pasa algo similar que a los minutos de un partido de baloncesto. Cuando echas un vistazo al marcador queda un minuto y seis segundos. Vas al baño, te lavas, vas a la cocina, te preparas un bocadillo de jamón con tomate, te sirves una cerveza. Limpias la encimera porque al servirte la cerveza has derramado líquido, vuelves a sentarte frente al televisor y ves que los jugadores siguen parados y sólo han transcurrido quince segundos más. Ríete de Einstein.

  Con el tiempo judicial y especialmente con las condenas penales pasa otro tanto. Por eso a mucha gente le parece que la condena de seis años y tres meses de cárcel una pena leve. Una bagatela que en el chanchullo del juzgado puede quedar reducida a dos, a una o a ningún año de prisión. Por de pronto, el fiscal del asunto, ejerciciendo de político, ya ha dejado caer que se está pensando seriamente (¿acaso se puede pensar eso en broma?) en pedir prisión para el ex Duque de Palma, eludible, eso sí, con fianza. Es decir. No veremos (o lo veremos poco tiempo) a este señor entrar en un Centro Penitenciario. No lo veremos con el educador ni enseñando a los reclusos contabilidad y el lanzamiento en suspensión. Ese es al menos mi pronóstico. Creo que nos quedaremos sin ver si Iñaki es más Paul Newman en la Leyenda del Indomable o  el "Malamadre" a lo Luis Tosar. Muchos lo lamentarán, y no sólo los guionistas de cine. Creerán que no se ha hecho justicia. ¿Pero qué justicia?

  Personalmente no me alegro de que se mande a nadie a prisión. Sigo siendo de una vieja escuela que considera la prisión un fracaso global. Las nuevas (no tan nuevas pero en España aún sin explorar) tendencias sobre la justicia ya no ponen el énfasis en la justicia retributiva, es decir, aquella que busca sobre todo el castigar al infractor, sino en la justicia restaurativa, aquella que busca la reparación del daño, principalmente con la víctima del delito, pero, por extensión, de toda la sociedad.

  La teoría clásica hablaba que la pena tiene una función preventiva, ya que los delincuentes se andarán con ojo a la hora de hacer sus fechorías y también reparadora. Sin embargo, la mayoría de las personas que, por desgracia, hayan sido vícitmas de un delito, habrán podido comprobar por sí mismas, que el procedimiento judicial no ha supuesto una reparación del daño causado, ni desde el punto de vista económico (los delincuentes en general se declaran insolventes) ni desde el punto de vista moral. Las víctimas, como bien decía en una conferencia en el Colegio de Abogados de Alicante, la magistarada Ana Carrascosa, se las considera tan solo "la prueba de cargo". Después del delito tienen que pasar por el trance de someterse a un jucio donde se le pondrá en cuestión sus recuerdos, sensaciones y afirmaciones A menudo fiscal y abogado defensor llegan a una conformidad y la víctima no sabe siquiera que ha pasado y se va a casa con la sensación de que nadie le dio una explicación. Las víctimas no solo quieren una reparación material, también un explicación a lo sucedido, dice Carrascosa. Un modo en que ellas puedean entender y reconstruir un relato que les ayude a superar lo que sucedió. Algo que el sistema judicial no da, pero que sistemas alternativos de resolución de conflictos, como la mediación, sí. Es verdad que en España aún queda mucho para llegar a un sistema sólido de justicia restaurativa, especialmente por la oposición de jueces, fiscales y bastantes abogados (es mi humilde opinión), pero esa es otra historia.

   ¿Estoy pidiendo la mediación para Urdangarín? ¿Pido que el equipo de Balonmano de la prisión participe en los Corruption Games como medida de reinserción? No llego tan lejos. Pero la sensación que me queda sobre el debate de la sentencia de este individuo es un juego de soga tira, en donde, en un extremo están los cofrades de la Santa Indignación popular que clama por la venganza; y por otra los leguleyos, fiscales, jueces y abogados con su retórica jurídica cuya conclusión suele ser mano dura con el pobre y comprensión con el poderoso (veáse la doctrina Botín).

  Creo que para la sociedad más provechoso que ver la reconfortante imagen de Urdangarín con un chándal de Alcampo, sería que restituyera todo el dinero. Que contara los mecanismos que utilizó, las presiones y ayudas recibidas en su escapada por los negocios con los políticos. Que contara todo sin omitir detalles, nombres. Sería más útil para todos que trazara un mapa preciso y real del lodazal político empresarial. Eso sí que ayudaría a restaurar la confianza, y la sociedad como víctima y él como victimario quedaríamos resarcidos y rehabilitado.






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09 febrero 2014

El síndrome de la mujer idiota

  El descubridor de este síndrome no soy yo, que aprobaba con dificultad las ciencias naturales, sino los científicos de Rokambol. Afecta a una de cada treinta mujeres imputadas y acusadas. El rango de edad que prevalece está sobre los cuarenta y afecta más a residentes en urbanizaciones exclusivas.  Por lo que leo se cree que puede estar relacionado con los pesticidas de los jardines o las colonias baratas de las empleadas internas. Los síntomas son falta de memoria a largo plazo, cara de pánfila, ojos bovinos, sonrisa cándida y fuera de lugar, incapacidad absoluta para sumar, restar, multiplicar y dividir.

  En los estados más graves se acompaña de incapacidad para reconocer la propia firma, incapacidad para identificar de dónde sale el dinero con el que se compran todo tipo de objetos, sumisión aparente al varón y crecimiento desproporcionado de la superficie facial ante preguntas de naturaleza patrimonial. Aquellas que sabían leer balances, cuentas de resultados o tenían conocimientos de fondos de inversión, productos bancarios, préstamos hipotecarios y personales etc, pierden estas habilidades hasta el punto de no saber responder con precisión a preguntas básicas tales como: "cuánto dinero lleva en el monedero" o "cuánto cuesta un bolso de Hermès".

  Se han relatado casos de síndrome de la mujer idiota también en varones, pero los expertos han descartado que se trate de verdaderos individuos afectados. En primer lugar porque para padecer el síndrome de la mujer idiota hay que ser mujer. En segundo lugar porque sus ojos bovinos y especialmente su sonrisa cándida o idiota no se corresponde con los casos relatados en mujeres. Por este motivo, la comunidad científica se inclina a pensar que en los casos en que pudieran aparecer todos o algunos de estos síntomas en varones, estaríamos en presencia de ejemplos de disverdad, fabulación interesada, cara crónica o lo que le más reciente estudio de Smith, Lavender y Cifuentes califican como " fuleros".

  Los síntomas aparecen cuando se expone a la paciente a la presencia judicial o policial. No está demostrado que la visión de togas, balanzas y otro tipo de objetos relacionados con la justicia sea la causante única de los síntomas, si bien, una investigación realizada por el Instituto Nóos demostró que la exposición excesiva a expedientes judiciales podría producir un empeoramiento de las habilidades matemáticas básicas y alucinaciones amatorias con respecto a parejas o ex parejas con las que se compartió algún tipo de desplazamiento patrimonial.

  La profilaxis recomendada prescribe, entre otras precauciones, examinar con atención los extractos bancarios, desconfiar del dinero que aparece solo, así como de los objetos que sin ninguna explicación emergen en el entorno familiar, como Jaguars o palacetes en la zona alta de Barcelona, leer los documentos antes de firmar, leer el Financial Times tres veces por semana y cuando empiezan a aparecer los primeros síntomas, tomar un avión a Brasil y bailar en carnaval.

Debo por último, hacer mención a la existencia de una  corriente crítica  compuesta de naturópatas, contables, y la "Asociación de Madres con Criterio", que niegan la existencia del síndrome. Describen a las afectadas como frescas y delincuentes. En opinión de estos disidentes el síndrome lo padecen realmente los jueces, fiscales, abogados y periodistas que se tragan el anzuelo. Suerte que tenemos la ciencia para silenciar a este grupo de iluminados.



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