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14 diciembre 2013

Ya nos tienen donde querían

  En el momento en que los efectos de la crisis (a la que debemos llamar estafa, robo, expolio) es más desgarrador: niños que pasan hambre, familias que pierden su vivienda, personas enfermas a las que no se les hacen pruebas para ahorrar costes etc;  los poderes económicos y políticos han conseguido redondear su agenda de control social: ya nos tienen donde querían.

  Por una parte se desmantela la Agencia Tributaria, dejando la Unidad de Grandes Contribuyentes en manos afines y destituyendo, como ocurrió con la inspectora del caso Cemex, a quien osó imponer una multa a la multinacional.

  Por otro lado se desmantela y privatiza lo público: la sanidad, la educación y ahora también la seguridad.

Se crea así un triple y perverso efecto:

  •   De un lado se agudizan las desigualdades entre la exigua élite de politicastros, banqueros y empresarios empobreciendo al resto, muchos de los cuales estaban afiliados a lo que se conocía como clase media e incluso media alta.
  •   En segundo lugar se restringen los derechos civiles y sociales. Se sigue así un programa autoritario pero se manda un mensaje a la sociedad de que claramente han perdido. Que no intenten nada contra la oligarquía, pues ni tan siquiera son capaces de mantener los derechos básicos conquistados (aborto, justicia gratuita, sanidad, educación).
  •   Por último, pero no menos importante, se genera un negocio. Una vez saqueados los presupuestos, se trata de apropiarse de infraestructuras o bien de "crear necesidades" destruyendo al competidor público que las estaba suministrando. Se compran políticos para que tomen decisiones y luego se les premia con "super cargos" en una empresa, gracias al famoso sistema de la "puerta giratoria": hoy consejero de una administración, mañana consejero de la empresa a la que yo beneficié como administración.

  Y para tapar todo ello se necesita un espantajo, un trampantojo de dimensiones al menos similares al colosal delito que cometen. He aquí, dicen, que por fortuna tenemos el tema catalán. Es perfecto. Suscita pasiones, debates enconados y simplistas, gana adhesiones para los partidos de la derecha y además es controlable como una marioneta.

  Los viejos socialistas, comunistas y anarquistas sabían que el nacionalismo (que no los pueblos) era una valiosa herramienta de la burguesía para dividir a la clase trabajadora, por eso era radicalmente incompatible con la izquierda. Por citar solo un clásico: Eric Hobsbawm. Por no añadir que el estado nación es un invento que ha quedado tan obsoleto como la lámpara de aceite. Ahora la burguesía son los cuatro que llevan las riendas del tinglado, la clase trabajadora, los demás, por mucha corbata que nos pongamos.

  En la víspera de escenificar el "enfrentamiento", llamado el choque de trenes por algún periodista, los "independentistas" de CiU y los "nacionalistas españoles" del PP, con la ayuda de otros "nacionalistas" vascos, los del PNV, votaron juntos y revueltos la nueva ley de seguridad ciudadana que permite ejercer funciones policiales a agentes privados de seguridad, y por ende, garantiza contar con una policía privada a quien se la pueda pagar. ¿Coincidencia? Los mismos tres partidos ya habían votado juntos otras leyes restrictivas de derechos.

  Meses antes Rajoy y Mas en secreto se reunían en Madrid para trazar una estrategia. Aquí la tenemos. Nos pasaremos un año de discusión furibunda y estéril sobre Cataluña y "su derecho a decidir". Asunto que se resolverá con un nuevo pasteleo. Pasarán a segundo plano sus recortes en derechos y sus robos. Sus Millet, sus Bárcenas, sus Alperis, sus Gürtel, sus Pallerols, sus Pujol, sus Eres, sus Blesa, sus Matas, sus Urdangarines y etcétera, etcétera, etcétera, mientras nos van desplumando y apropiándose de lo que a todos nos pertenece. Quienes se atrevan a rebelarse, lo pagarán caro.

  ¿Choque de trenes? Pero si viajan en el mismo barco, todos en primera clase, comiendo jamón de bellota y bebiendo champán francés. Nosotros somos sus galeotes. Otra cosa es que nos pongan una bandera delante para que no veamos o para embestir, según convenga.


El humor está aquí, en alguna parte
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