Soy una persona con mucho sentido del ridículo. En alguna ocasión mi sensación ha sido exagerada, otras veces realmente hice el ridículo y la sensación es sumamente desagradable. Es como si un lodazal te cayera encima y por mucho que te laves y perfumes no fuera posible quitarse la hedionda pestilencia. Pero más desagradable que la propia sensación de vergüenza es la de vergüenza ajena. Una nota mal dada, una exposición torpe, un comentario desafortunado, o un debate "cara a cara" entre Rajoy y Sánchez.
Rajoy, Sánchez, Campo Vidal... No es el NODO pero está cerca.
Una escenografía rancia.
El moderador presentando a los candidatos con una pompa ridícula "buenas noches Europa, buenas noches América..." y dos que ya no son dos, que son cuatro. No son dos líderes, son dos personas que se han quedado colgadas en un bar. Se aferran a la copa de whisky y se hacen los disimulados. Pero qué vergüenza cuando uno se queda esperando a alguien que nunca vendrá.
Me pregunto si ningún asesor les habrá advertido de lo erróneo del debate en "La Academia". Dos borrachos que se van tambaleando y que se apoyan para no caerse. Hungría - Uruguay no jugarán ya la final de un mundial. Un partido entre McEnroe y Bjork ya no es, por mucho que se empeñe Campo Vidal (que no es Fernández Borbalán sino Urizar Azpitarte). Señor Sánchez, señor Rajoy, señor Sánchez, señor Rajoy, señor Sánchez, señor Rajoy. Alguna que otra expresión castiza "castañazo", gente que se "forró". ¡Ostras Pedrín! Y Campo Vidal comienza a tener tics .Vaya noche me están dando. ¿Alguien me da una aspirina?
El debate ha transcurrido en una cháchara sin sentido, con cada uno de los candidatos intentando colocar sus eslóganes. Perorando con lo que repiten una y otra vez en mítines y entrevistas. Sin ningún sentido del humor, sin ningún sentido de la autocrítica, sin ningún rasgo de humanidad. Es cierto que Rajoy, viejuno, faltón y autoritario, no se desenvuelve mal en este formato que es la réplica televisiva del casino de pueblo. Olor a Winston y a sobacos, carajillos, Real Madrid, Barcelona, pescozones a los hijos y miradas a hurtadillas. ¡Pepe, coño, siempre me sirves el café con leche fría! Mariano es un personaje de La Colmena. ¿Te gustan los puros? ¿Te gustaría tomar uno? Pues trabaja, como yo. ¡No me interrumpa, Sánchez! ¿Y la piñata? ¿Los pecados capitales?
¿Quién se toma en serio esto? Dicen que los "pensionistas". Supuestamente damas y caballeros de edad ya avanzada que han trabajado como mulas, pero que en la mayoría de los casos no han leído más de cinco libros. Señoras y señores criados con una educación básica, en la cultura de que es mejor lo malo conocido y que tienen que pedir ayuda a sus nietos para programar el video e ignoran cómo se manda un mail. Señoras, señores y mucho más jóvenes de los que creemos pero que viven en la dulce era analógica. Sálvame Naranja. Sánchez guapo, Rajoy experto.
Al decorado del debate le faltó la mesa camilla y el brasero. Cifras, papeles, tono agrio de Junta de Comunidad de Propietarios. Señor Rajoy, señor Sánchez, señor Rajoy, señor Sánchez, bla bla bla. Les faltó dejarse de hablar de política exterior y debatir sobre la derrama de la comunidad o dónde encargar los bocadillos de la próxima excursión del Hogar del Pensionista o del Ateneo. Imagino a Rivera e Iglesias, en parte contentos y en parte aburridos, viendo como sus versiones 1.0 fuerzan al máximo su memoria RAM, cómo se cuelga el navegador. Campo Vidal, Campo Vidal. A mi me gustaba Campo Vidal y Jimmy Connors. ¿Lo han rescatado del galeón San José?
Y tú más. Ruin. ¿A que te pego leche? ¿Vieja política?
Será política zombi, cadavérica, en rigor mortis.
Si hay algún indeciso que no se ha dormido, ya está votando naranja o morado.
El humor está aquí, en alguna parte
