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14 noviembre 2014

Releer a los clásicos: Ana Botella

  No recuerdo qué fulano escritor decía que no leía a nadie que no llevara al menos treinta años criando malvas. Los escritores son así, desabridos en ocasiones. No debe de ser fácil tener que demostrar que se tiene el verbo fácil, la lengua larga y una aguda visión de la realidad, es decir, ser lo que toda la vida del señor se ha llamado un "intelectual" (fracasado o no). 

  Yo no soy intelectual (fracasado o no), ni escritor, ni exquisito, pero de cuando en cuando rebusco entre mi biblioteca y los contenedores de basura para encontrar algo con lo que alimentar mi desnutrida materia gris, en el primer caso, y pizzas y yogures sin caducar en el segundo. Rebuscando he hallado una de esas joyas que todos tenemos ocultas en nuestras estanterías, invisibles bajo las películas de polvo gruesas como lonchas de jamón york y opacadas por las familias de lepismas. 

  Estoy hablando de "Mis ocho años en la Moncloa" de la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, publicado en 2004 cuando todavía no ostentaba tan alta magistratura y aún no había acuñado el famoso eslogan de la capital de España: ¡De Madrid al relaxing cup!

  En este delicioso libro, a caballo entre el libro de memorias políticas y el libro de memorias de señoras bien con criadas internas, la señora Botella desgrana con pulso firme, pero no exento de ironía, agudeza y pastas de té, lo que fueron sus años viviendo de alquiler en el mal llamado Palacio (en realidad un modesto chalé) de la Moncloa. 

  En su momento ya fueron suficientemente valoradas las revelaciones del libro. Por ejemplo en la primera página revela que tanto su hijo como marido son llamados con el nombre Jose (extirpando muy españolmente acento y María). Pero releído el libro diez años después y después de los acontecimientos que han sacudido este país, su narración de los acontecimientos cobra un nuevo sentido.

  Por ejemplo el relato de la boda de su hija Ana. Es cierto que da detalles interesantes como que "mantenemos muy buena relación con Blair y Berlusconi, así como con Durao Barroso y a los tres agradezco el detalle que tuvieron de asistir en un día tan importante para nosotros". Más adelante narra cómo todo estaba preparado. "Todo parecía estar bajo control cuando nos fuimos de vacaciones. El traje, el permiso de la Iglesia, los invitados, el catering, la decoración...¡Hasta las mesas estaban colocadas!".

  Parecen detalles frívolos para la boda de El Escorial, conocida años después, gracias a las fotos de Francisco Correa, como una versión española de la boda de Connie Corleone. Sin embargo a los grandes literatos hay que leerlos siempre entre líneas. No dicen, insinúan, no tutelan, guían. Atentos a este párrafo aparentemente insustancial en el que habla del compadreo delictivo que se respiraba. Me permito poner en negrita las palabras clave. Los paréntesis son míos.

  "La celebración posterior fue divertida y familiar (1100 invitados). Había mucha gente joven colocada estratégicamente en el patio central; son los más animados y allí estaba la pista de baile..."

  Pero no todo va a ser alta política. El libro también cuenta anécdotas graciosas y ligeras que demuestran la humildad y compromiso social de la autora, como aquella en la que renuncia a pasar por la zona de autoridades del aeropuerto de Barajas (hoy Artur Mas) y acaba poniendo una reclamación a Iberia. 

  Y también para la geopolítica. Así reflexiona la autora en ocasión de la visita del presidente chino a España. 

  "Hasta hace poco China y España eran dos mundos desconocidos entre sí. Los países de occidente, y entre ellos España, tenían un gran desconocimiento de la cultura oriental, entre otras cosas como consecuencias de la dificultad de las comunicaciones".

  Me imagino perfectamente a Marco Polo con ganas de participar en un programa de fenómenos paranormales para tener "unas palabritas" (en el sentido que las empleaba el antiguo vigilante señor Grady) con Jack Nicholson en El Resplandor (The shining 1980).

  Botella vendió más de 60.000 ejemplares de su libro en el mes siguiente a su publicación. El tercer libro de "no ficción" más vendido de España. Eso fue hace diez años, que parecen diez siglos. Como saben, más tarde llegó a ser alcaldesa de la capital de España y en cuanto a España, o lo que queda de ella, ya saben lo que le pasó. ¿Recuerdan cuando nos martilleaban lo oídos diciendo que vivíamos por encima de nuestras posibilidades y que por eso éramos responsables de la crisis?

  Libros como el de Botella deberían leerse como documento histórico en las universidades. Una crónica de vino en "b" y rosas pagadas por el erario público, que al final resultaban ser geranios mustios. Un humilde capítulo local, a fin de cuentas, de lo que Borges llamó la "historia universal de la infamia".




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12 noviembre 2013

Basureando por Madrid

  Si leen este blog seguro que tienen tanto tiempo libre que hasta leen las noticias. Siendo así, incluso los que no dispongan de un pasaporte con las columnas de Hércules, sabrán de la huelga de los servicios de limpieza de la ciudad de Madrid. Periódicamente hay una en algún lugar del mundo. La última famosa fue en el sur de Italia.

  Los madrileños viven haciendo montañismo entre las nuevas colinas de basura que han emergido en las calles. Como no se sabe si acabarán siendo recogidas o ya permanecerán en la ciudad como nuevos accidentes geográficos, algunos vecinos han propuesto ponerles nombre. Colina Compresas-Gallardón, Pico Botella No Reciclada y la cumbre más alta e inaccesible se llamará el KK-2. Sin embargo la alcaldesa ha tranquilizado a los habitantes y ha declarado: —sabes lo que te digo, que las pasas no son higos—.

  Nos podemos reír, pero esto de la basura es un asunto serio, tanto si está en contenedores como si la ciudad es en sí mismo un contenedor y los humanos que la habitan molestos roedores. Puede enfocarse de un modo más inteligente a como yo lo hago. Por ejemplo, el escritor Isaac Rosa cree que la porquería que puebla las calles de Madrid no deja de ser más que una metáfora orgánica de la pobredumbre política que nos rodea. Lo decía de un modo muy bello. La comparación es tan acertada como facilona.

  Quizá sea útil ponerle números. A fin de cuentas la basura es un buen negocio. No es casualidad que la mafia controle el negocio de la basura en el sur de Italia, como denunció Roberto Saviano en su libro Gomorra. Tony Soprano también se dedicaba a la gestión de residuos.

  En el caso madrileño los residuos también aparecen por todos sitios. Tres de las cuatro compañías adjudicatarias (Valoriza, OHL y FCC) hicieron al Ayuntamiento una oferta que éste no pudo rechazar. Ofrecía prestar el servicio por un precio que ni siquiera los de Media Mark se atreverían a anunciar. Además Tony Soprano no se presentó al concurso.

  Podemos asegurar sin empacho que se trata de un modo de gestión muy a la española. Los números cuadran o son debidamente torturados para que se "positivicen" o "negativicen" según el caso. La Polla Records, grupo que cada día recuerdo más y más por profético, y para el que pido el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, lo decía con meridiana claridad en una de sus canciones: "Como primer punto del orden del día subiremos nuestro sueldo. Como segundo punto bajaremos el de los demás".

  Los sindicatos son obtusos, pero acabarán entrando en razón. Nuestros muchachos ya están manos a la obra y Madrid volverá a ser la ciudad resplandeciente donde hasta los patos que chapotean en el río Manzanares juegan al pádel y cantan arias de opera italiana.
 
 


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27 septiembre 2013

¿Se pagó lo suficiente al autor del relaxing cup of Café con Leche?

  El sueño de todo escritor es crear una obra que conmueva a los lectores y les saque de su gris o brillante (según el caso) monotonía. El sueño de un escritor vago, incompetente o no inspirado es el mismo, pero que alguien se lo escriba mientras él se dedica a jugar al pádel o buscar el gintonic perfecto. Hace años que como lector voy rastreando negros y plagios en los escritores de best seller. Mi perspicacia o paranoia ha descubierto un buen puñado: el día que los saque a la luz alguno temblará. Atentos.

  Mientras sucede, me gustaría hablar algo del negro literario en general, como especie. Es un personaje en sí mismo de novela. Por cuatro duros escribe a tanto la palabra a mayor gloria de otro sujeto que luego será el que de las conferencias, sea entrevistado en las radios y trate de ligar a los y las fans en la feria del libro. Pero como el ying y el yang, el lado oscuro de la fuerza, el Real Madrid y el Atlético, todo tiene su reverso (tenebroso o no).

  El reverso brillante del negro literario es el hacedor de discursos para líderes. Igualmente ocultos entre bambalinas, son tipos a los que se les presume dotados de un verbo prodigioso y una astucia sobrenatural. La persona capaz de poner en boca del líder (o lideresa) la palabra adecuada para guiar al pueblo a través de las aguas abiertas del Mar Rojo (con perdón). El negro del líder no es un tipo de camisa raída encorvado sobre su pupitre, es un gurú de la comunicación, demiurgo furioso, y eso por supuesto se paga.

  El negro del líder, además, tiene vocación de reconocimiento. Mientras que el individuo que escribe a Lucía Etxebarría (se trata por supuesto de un ejemplo figurado) nunca jamás saldrá a la luz salvo retorcido en un saco de basura, el negro de Ana Botella (es un ejemplo real) puede salir a campo abierto y clamar a los cuatro vientos: ¡Yo lo escribí! ¿Algún problema?

  El negro ocasional de Botella, Pau Gasol y Felipe "el asturiano" es el señor Burns. Como ya se han hecho muchos chistes sobre la coincidencia de su apellido con el maligno director de la central nuclear de los Simpson, les doy por reídos y avanzo. La pregunta sobre cuánto costó el discurso que el señor Barns le preparó a Ana Botella para la reunión del COI es retórica. Ya se ha publicado lo que Terrence Burns cobró por el discurso de Botella, Gasol y el Príncipe, así como su entrenamiento para la alocución: 220.000 euros. Precio de mercado, han defendido desde el Ayuntamiento de Madrid.

  Yo digo en cambio que es barato. En el discurso de Pau Gasol, el señor Burns tuvo que hacer un ejercicio de imaginación novelesca al hablar de niños aún inexistentes y aplicar conocimientos de genética para señalar: "a veces me pregunto cómo serán mis hijos; tengo la sensación de que serán altos". (Pau, si son bajos desconfía). El discurso del Príncipe Felipe alcanza cotas de lirismo a la altura del recientemente desaparecido Seamus Heaney: "... soy deportista y me dirijo a ustedes como padre de dos niñas que quieren un futuro brillante". Ya habrá tiempo de que crezcan y se hagan góticas como las de Zapatero. Con el discurso de Ana Botella, Burns abandonó la senda paternofilial para profundizar en  un registro más mundano. Cierto es que fue criticado el  "relaxing cup of café con leche". Se sabe que el señor Burns pensó en citar el Museo del Prado, pero pensó que los miembros del COI no estaban interesados en los pastos. En cuanto a Velázquez y Goya, dos perfectos fracasados.

  El señor Burns además de ser eminente literato y MBA por la Universidad de Georgia, es un gurú del markéting, especialista en comunicación verbal y no verbal. "Todo empieza por la marca" es su lema. ¿No será que somos tan brutos que no apreciamos un buen trabajo intelectual? Dice Burns que en marketing es fundamental saber qué es lo que nos distingue de los otros. ¿Es el café con leche, con permiso del bocata de calamares, lo que distingue a Madrid de otras ciudades? Que venga Javier Reverte y nos saque de dudas.

Nota final:  Se desconoce si el señor Burns tiene hijos, si son altos, y si él es más de té que de café.



El Señor Gordo
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19 septiembre 2013

Pasando olímpicamente de las fuerzas vivas

La Merienda
  Tengo una noticia para ustedes. No se si saben que Madrid se presentaba como ciudad candidata para organizar los Juegos Olímpicos del año 2020. Quizá se han enterado que no salió elegida. Sabrán que ni siquiera fue vice elegida. Fue farolillo rojo, colista, derrotada, última, la candidatura "margi", la que pringó. Si no lo sabían abandonen la medicación y tómense un café con leche. 

  Creo que se necesitaron cinco minutos para que empezaran a circular los primeros chistes sobre la fracasada (por tercera vez consecutiva) candidatura de Madrid. Hasta diez minutos antes los responsables de la misma decían que la capital de España era favorita ante la "candidatura del burka" de Estambul y la "radioactiva" Tokio. Hasta diez minutos antes los medios de comunicación secundaban esta teoría.

  La delegación de Madrid era algo así como un cuero de élite social. Una nutrida representación de la gente que manda, los que parten el bacalao, los de arriba. Lo que los abuelos llamaban las fuerzas vivas, el belén viviente del "quién es quién" en Madrid y el deporte español.

  Allí estaba el más glorioso jugador español de todos los tiempos, que dirigió a los electores un emotivo discurso sobre sus hijos que aún no han alcanzado el grado de nasciturus. Allí estaba el presidente del Cómite Olímpico español, el Presidente Joker de la Comunidad de Madrid, un Príncipe con familiar imputado, una Alcaldesa mujer de expresidente, un puñado de deportistas, varios cantantes y actrices, el campeón del mundo en corte de jamón y el noble Cayetano Martínez de Irujo. La creme de la creme, preparada, entusiasta, confiada en sus posibilidades.

  Lo que pasó ya lo conté aquí y en primicia catalana. Pero lo interesante fue lo que pasó inmediatamente antes. La élite exhibiendo sus miserias, como el dichoso rey desnudo del cuento. La zafia antipática tratando de hacerse la encantadora al hablar un inglés zarrapastroso mientras utilizaba el tono de quien narra un cuento a un niño; y con una anécdota patosa extraída de la mente de un norteamericano que no sabe nada de España. El presidente que da la vuelta al mundo y no sabe decir tres frases correctas. Los deportistas encolerizados con el resultado hablando de mangoneo y casi trescientos invitados dándose la gran vida en Buenos Aires, como fin de fiesta del despilfarro olímpico de Madrid.

  Es justo que a los cinco minutos circularan todo tipo de chascarrillos, bromas, burlas y chanzas de toda esta tropa de élite. Pero si son élite, algo tendrán. Y lo tienen. ¿Qué tiene el presunto delincuente Díaz Ferrán, el presunto delincuente Urdangarín, el presunto inteligente Rajoy, la presunta brillante Ana Botella? La que no sabía que tenía un Jaguar en el garaje, el Juez que olvidó decir que era militante del PP, el hijo del buen independentista que lleva bolsas de dinero a Andorra, el honorable amante catalán de la ópera y la música. ¿Cómo llegaron hasta allí? Algo que no hemos descubierto deben de  tener el Presidente Plasma, la Alcaldesa cuentacuentos ¿Qué vieron los mayores empresarios de España en Díaz Ferrán para elegirlo su presidente y defenderlo contra todas las evidencias? No sería belleza, ni honestidad, ni oratoria ¿No será que juegan con las cartas marcadas?


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