La pasada semana, un avión de la compañía Ryan Air con destino a Gran Canaria efectuó un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de partida, Madrid, debido a una despresurización de la cabina. Ya saben, "si la cabina se despresuriza automáticamente bajarán unas mascarillas y (sonriente como las azafatas) respire normalmente". ¿Respiro normalmente o rezo normalmente y me arrepiento por mis pecados no cometidos?
Las noticias no dan más información, pero recuerdan que la misma compañía ha sufrido tres incidentes más en España durante el último mes. El sindicato de pilotos (en antaño el malvado sindicato SEPLA sólo superado por los archimalos controladores aéreos) hablan de presiones a los pilotos de la compañía para cumplir los objetivos.
En las mismas fechas, las autoridades sanitarias españolas anunciaron que están estudiando reducir las mamografías que se realizan. Un comité de "expertos" decidirá cómo realizar las mamografías solo "necesarias". Debemos entender que hasta la fecha se realizan mamografías por puro recreo. Contrasta este punto de vista con las campañas oficiales de "hace dos días" en las que más que animar, se exhortaba a las mujeres para que se hicieran estas pruebas. ¿Lo que antes era imprescindible es ahora suprefluo?
El cumplimiento de los objetivos económicos de las empresas y los países nos ha convertido a todos en usuarios low cost. El mantra mágico de estos tecnócratas se llama "reformas estructurales". Pero ya decían las abuelas que lo barato sale caro y lo caro, barato. ¿De verdad se ahorra suprimiendo mamografías?
El cine, como siempre, nos ha ilustrado más de una vez, en la falacia de los recortes presupuestarios que no suponen más que un trasvase de capital de unos a otros y la importancia de contar con buenos servicios públicos. Con toda humildad, aquí dos sugerencias.
- La cuadrilla (The navigators). Director Ken Loach. Reino Unido. 2001.
- Ser y tener (être et avoir). Director Nicolas Philibert. Francia. 2002.

