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07 febrero 2017

Juego de Tronados

  Antes de comenzar a sacar punta al filón tragicómico de Podemos, a su sitcom de bajo presupuesto, vaya por delante que en mi opinión ni la más extravagante declaración ni la declaración más sonrojante llegan a la altura de los zapatos de cualquier felonía del Partido Popular en la Comunidad Valanciana. Una advertencia pertinente pues aunque coloquialmente decimos que nos han robado el corazón, siempre es peor que nos roben (literalmente).

  Particularmente y aunque he sido votante de Podemos por descarte, siempre me ha estragado su dialéctica entre sabionda y flowerpower, su buenrollismo ñoño, su condescendencia de claustro de universidad española, en donde hay tantos "príncipes" del saber. Me irritaba su continua y cargante necesidad de descubrir el Mediterráneo. Es fácil imaginártelos en la casa rural, tocando la guitarra como cristianos de base y asando chorizos a la sidra en la chimenea mientras se habla de las terapias alternativas o de un emocionante encuentro en cierta comunidad remota de Bolivia. Unos encuentros elitistas, por supuesto. Reservados a profesores de universidad, politólogos, poetas inéditos, guionistas de televisión y directivos de Médicos Sin Fronteras.

  Quizá esos encuentros no han existido nunca salvo en mi mente. Es posible que tenga envidia sin más y que me gustaría haber participado en uno de esos encuentros. Seducir a una chica con pañuelo palestino y muslos de esprinter mientras le cuento un rollo sobre Gramsci o House of Cards. En cierto modo Podemos me ha hecho sentir viejo, o si se quiere, adulto. Me han transportado a la madurez. He sentido vergüenza ajena con las exhibiciones de puño en alto, los gritos asamblearios en el Congreso, las muestras de cariño "youtuber", su tufo a Instragram. Cuando se ponen serios utilizan las enojosas frases del poder. Fulanito es un "valor", hay que "empoderar", se debe "implementar".

  Es cierto que desconozco los entresijos del asunto. Me gustaría leer la crónica de José Martí Gómez. Pablo Iglesias se sincera al periodista mientras apura un vermut en un garito del amanecer a una hora en que lo normal sería consumir churros. No dispongo de esa información. Solo soy un tipo de provincias que lee las noticias y sobre ellas tiene que hacerse una idea de la realidad, como el fulano de la caverna de Platón. Pero a veces las sombras son muy claras. Si ves en la pared la silueta de un león y el rugido de un león, será un león. Por ejemplo Carlos Fabra parece un gagster de película y sin embargo fue un dirigente del Partido Popular.

  A esta generación de treintañeros les gusta imaginarse como el Che Guevara, pero luego presentan a su novia en las redes sociales como lo harían Bisbal y Chenoa. Se enfrentan al viejo stablishment y sueñan con asaltar los cielos pero lo hacen con contratos de asesoría y en despachos de universidad. En la cafetería no se juntan con el Personal de Administración y Servicios. Se sienten feministas, pero al final son las chicas las que lavan los platos y son ellos los que vigilan la barbacoa. Ya lo dice Miguel Urban: es una lucha de "machos alfa". ¿Machos alfa? 

  Como macho Delta que soy para mí, lo más cansino de todo esto no es el espectáculo por la lucha por el poder (el psicodrama en palabras de Iglesias) sino la ñoñería burguesa (y hamburguesada) con la que lo hacen. Sus melindres al pedir disculpas después de la enésima puñañada o la enésima zancadilla. Gritan escandalizados mientras preparan la cicuta; ¿Hasta dónde hemos llegado? ¡Tartufos!

  Chicos, chicas. Esto es un partido. Estamos hablando de poder. Estamos hablando de política. Estamos hablando de cabrones y cabronas. Ya saben: están los enemigos, los enemigos a muerte y los amigos dentro del Partido. Podemos no es diferente. No todo el mundo vale para ese sórdido mundo de luchas, intrigas y traiciones, de la misma manera que no todo el mundo vale para subirse a un ring y empezar a repartir manos al hígado. La diferencia está en quién da los golpes bajos y quién no, y quién da la mano tras el combate y abraza al adversario y quién no. La gente "maja" no se dedica a la política, escribe libros de poesía o vende en mercadillos. En política más pronto que tarde habrá que cambiar la llave de un despacho. Los políticos, por desgracia, no son los filósofos de Platón. Aún éstos serían desagradables, como los escarabajos peloteros, pero necesarios. En el Partido Popular eso no pasa. Ya saben que los cadáveres no llegan a los congresos. Se da por supuesto que hay que cazar varios leones antes de sentarse en el consejo de ancianos (o pagar a alguien en b, para que lo haga).

  Esto no es el maldito Juego de Tronos. Esto es cien veces más escalofriante. Es "Lucha de Poder en el Wonderland Podemita". Muchos lo hicieron antes, en Suresnes, por ejemplo. Se quiebra la inocencia y no hay vuelta a atrás. Se mata al león para ser admitido como jefe de la tribu, pero el león ya no volverá a rugir ni a pasearse por la sabana. Todo héroe es a menudo también un criminal. Si tuvieran sentido del humor verían que la clave está en el nombre del sitio elegido para hacer el congreso: "Vistalegre". Dejad de dar la lata. Que gane el mejor o el menos malo. Limpiad la sangre. Restañad las heridas, afeitaros el bozo y poneos a trabajar, que os necesitamos.




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25 julio 2016

La ley del embudo

  Según leo en El Diario, una cuenta del maligno Twitter difundió la foto del diputado de Podemos, Xavier Domenech, saliendo del hotel Urban. La publicación lo califica de lujoso. Debe ser uno de esos hoteles maravillosos en los que tocas un timbre y alguien, tan amistoso que no parece humano, te trae una aspirina que puedes tragar con alguna de las delicias del minibar. Miriam Noguera, diputada convergente o como llamen ahora a los ¿independentistas? de Convergencia Democrática, se "hizo eco" de la noticia en su inevitable cuenta de Twitter con la indignación que el caso requería. Transcribo en catalán, me parece más gracioso: "I jo pago 49 euros a un hostal, pero el pueblo ests tu, oi". 

  Hago notar a los lectores que "el pueblo" está escrito en castellano, detalle que no puede soslayarse para el avispado lector que advertirá una connotación hiriente teniendo en cuenta que Xavier Domenech es también catalán. El "oi" final en rigor no significa nada. Es una coletilla ñoña catalana, valga la redundancia. Se puede poner al final o se puede poner al principio. Así se puede decir: "Oi que es maco?".

  Si analizamos la noticia que indignó tanto a la señora Nogueras es fácil concluir que Domenech es algo diferente del Destripador de Boston. En puridad salir de un hotel de lujo no significa necesariamente pernoctar en él. Puede que Domenech quedara con alguien para tomar un café y además tuviera que abonar una exorbitante cantidad por un agua con gas, un café con leche y un Belmonte. El diputado no habría disfrutado de las atenciones suprahumanas del hotel sino que además habría descendido a los inframundos de las "clavadas" de la hostelería de lujo.

  Pero pongámonos en la hipótesis más escabrosa: el diputado de Podemos habría pasado la noche en el hotel de lujo. El diputado de Podemos habría osado abrir el minibar y tras sopesar el tesoro líquido de su interior habría decidido meter en su gaznate el jugo de uno, dos y hasta tres benjamines. Al diputado de Podemos le habría sobrevenido una insoportable jaqueca y habría descolgado el teléfono para pedir una aspirina. En menos de cinco minutos un empleado del hotel, tan cariñoso, sonriente y atento que no parece humano sino más bien nuestra madre, habría tocado a su puerta y le habría dado una caja entera de aspirinas, no sin antes recordarle que estaba a su disposición. El diputado de Podemos habría dormido como un tronco en su confortable cama king size, arropado por una fabulosa cantidad de canales de televisión. Mientras en su hostal, Nogueras, buscaba sin éxito la TV3 en un televisor tan antiguo como la propia Cataluña y al no conseguirlo tenía que contentarse con Sálvame deluxe. Quizá Wifredo el Velloso tenía un aparato similar en su castillo. 

  Sucede que los hermosos cuentos solo existen en la mente de los fabuladores. La noticia no era noticia sino bulo. Lástima. No soy como Nogueras. Me encanta pensar en el diputado Domenech intentando abarcar con su cuerpo toda la superficie de la cama, el meñique del pie derecho en septentrión, la punta de la nariz al oriente. Recorriendo con la vista los vastos territorios de una suite. Pero resulta que el tuit era falso. Domenech nunca salió del hotel Urban. Nunca pernoctó en ese hotel ni vació su minibar. Como buen hombre de izquierdas se tomaría unas cervezas en la pensión mientras buscaba, sin éxito, la TV3. 

  En cambio sí sabemos quién pernoctó, no un día ni dos, no una semana ni dos, no un año ni dos en el hotel Palace de Madrid. Durán Lleida, el histórico portavoz del Grupo Catalán en el Congreso. Allí recibió a Jordi Évole para su entrevista. Durán  debía echar un vistazo al minibar y escogería un zumo (solo los pobres bebemos los benjamines). Es inconcebible que un señor con tanta clase esté en una pensión y sencillamente impensable la posibilidad de imaginarle  comiendo de rancho, no digo ya abriendo una lata de fabada Litoral. La mera idea de que un alguien como Durán pueda pasar incomodidades hace que te sientas como en los momentos más duros de "Liberad a Willy". Hoteles como el Palace están pensados para el disfrute de señores como Durán, que saben de añadas de vinos, pero también de cuál es la taberna más inmunda de Sicilia donde se sirve la mejor lasaña.

  En suma, parece normal que lo que para unos sí, para otros no. Ellas tapadas con burka, pañuelo y hiyab. Ellos en calzoncillos y con una camiseta de Nike. Ellos en el Palace, pero tú (rata izquierdista) a tu sucia pensión. ¿Acaso no eres del pueblo? ¿Acaso no eres la plebe o vas de farol? Si ellos pactan con los nacionalistas es razón de Estado, si lo haces tú es vender España. Es la lógica del abusador. La lógica del maltratador, que tiene todos los privilegios pero que se convertirá en martillo de herejes en cuanto oses disfrutar de las migajas. Tus movimientos serán observados con lupa. Tus fallos magnificados. Tus derechos extinguidos. Tus vicios exagerados. Tus faltas convertidas en crímenes. Y para ellos: "ancha es Castilla". Es derecho de cuna. Derecho de pernada. Caudillo de España o de Cataluña por la gracia de Dios. 

Y lo peor es que nos lo creemos. Domenech: ¡Vete al hotel Urban y vacía en mi nombre el minibar! A mi salud y a la salud de todos los hipócritas. 

Pop Art by Andrew Fairclough


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09 mayo 2016

Paseando por la plaza

  Un hombre joven y atractivo camina por una plaza. Su cara me suena. Alguna vez la he visto en la tele y no en Juego de Tronos. ¡Es Alberto Garzón, de Izquierda Unida! Me lo pido como vecino. Me lo pido para celebrar una barbacoa. Me lo pido para que me pase unos apuntes. Habla de las clases populares, nos recuerda que está donde nació el 15-M, en la "plaza" Puerta del Sol. Por fin, nos anuncia el motivo de su alborozo, de su beatífica sonrisa. Fumata blanca. Nos anuncia que por el bien de las trabajadoras y trabajadores ha llegado a un preacuerdo con Podemos. Mientras camina, relajadamente, la sonrisa ancha, como decía Víctor Jara, no importaba nada, ibas a encontrarte con él, con él, con él...

  Aparece en plano Pablo Iglesias. Se dan un abrazo. Iglesias nos informa que se van a celebrarlo a no sé qué sitio, (desconocido para un paleto de provincias como yo) y es entonces cuando la Casa de la Pradera Progresista llega a su clímax, Iglesias va y cita a Aníbal del Equipo A. "Me encanta que los planes salgan bien". ¿Quién es el guionista de los vídeos de Podemos, Antonio Hernando? Hay también una versión "Podemos". En ella es Pablo Iglesias quien va al encuentro de Garzón, pero como diría Carlos Boyero, es previsible, prescindible, cargante y reiterativa. Además el cámara padece parkinson.

   Pero, vayamos por partes. Parte Equipo A. Si Iglesias los hubiera visto de pequeño, en los años ochenta y no cuando eran una serie de culto para culturetas, sabría que Aníbal, interpretado por el genial y borracho George Peppard, era divertido pero básicamente un fascista que sin duda estaba a la derecha de Ronald Reagan. Habían huido de la cárcel, encarcelados por un delito "que no habían cometido" y se ofrecían como mercenarios. El resto del equipo lo formaban un genio loco, un ligón rubio y Mister T, un negro cuyo mayor atributo era la fuerza bruta, su pinta estrafalaria, su miedo a volar y sus pocas luces. Nada que dejara especialmente bien a la comunidad afroamericana. Claro que estamos en los ochenta. No había tantos remilgos. Afrodita A era una inútil que solo servía para tirar sus tetas y ser salvada por Mazinger Z. Los personajes femeninos que aparecían en el Equipo A hacían básicamente lo mismo.

 De haber buscado una referencia en las series de los ochenta para el vídeo, (tan improvisado, tan fresco, tan mindfulness) de promoción comercial del acuerdo Podemos con Izquierda Unida, sin duda yo hubiera echado mano, ya lo dije, de otro clásico: la Casa de la Pradera. De hecho creo que ese debería ser el título. La Casa de la Pradera de la Izquierda. No puede negarse que Iglesias tiene algunos rasgos épicos de Michael Landon y Garzón podría tanto hacer del reverendo Baker como de Laura Ingalls, previo un buen afeitado.

  Laura era uno de los nombres para mujer más populares de la época, y sin duda muchas Lauras votarán o estarán en las listas de la coalición de izquierdas, aunque ya las clases populares comenzaban a decantarse por las Tanias y Natachas, precursoras de las Vanesas, Jenifers y Samanthas...

  Si creen que en mi intento de ser irónico hay una postura contraria al acuerdo, se equivocan. He aprendido además, en un curso de psicología, que la ironía es una postura negativa propia de los fracasados. Se trata de algo más profundo,  de una aversión estética, cinematográfica, si se me permite. Hace años escribí en este blog, sin mucho acierto, algo similar con un vídeo de Rajoy. En el film, Mariano Impávido Coloso, paseaba apaciblemente por una playa gallega con la naturalidad con que lo haría un ganso en el Bolshoi y decía tales simplezas que daba ganas de poner el asunto en manos de la fiscalía para que iniciara el proceso de incapacitación. En aquella época pensaba firmemente que el gabinete de prensa de Rajoy estaba controlado desde Ferraz, pero ahora me doy cuenta de que probablemente lo era desde Irán, Venezuela y la productora de Gerardo Herrero.

  No quiero parecer un reaccionario. Ya sé que esto es parte del juego y que hasta a mí me viene bien, que no sabía qué escribir hoy y me encuentro esta perla de la cinematografía política española. Estamos en campaña. Los niños tendrán que ser besados. Las plazas pateadas. Las cimas holladas. Las bicicletas montadas. Los cochinillos trinchados. Los gazpachos, por mor de la estación, sorbidos. Tratarán de hacernos creer que son como nosotros. No solo de convencernos, sino de cautivarnos, de conquistarnos. Paseo donde tú paseas, veo tus series, animo a tu equipo, mojo tus magdalenas. ¡Miau!


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07 marzo 2016

Chulería: elogio y refutación

  Alguien dijo (¿Paracelso, Ortega y Gasset, Karlos Arguiñano?) que lo primero que nos atrae de alguien al final se convierte en lo que más detestamos. En realidad quien lo dijo (¿Hume, Kant, Chicote?) lo hizo con mayor precisión y donaire, pero creo que ustedes ya cogieron la idea, que es lo que importa. Será cosa de la naturaleza contradictoria del ser humano. De gracioso se pasa a cargante, de minucioso a maniático, de sabio a petulante, de deportista a vigoréxico, de sofisticado a remilgado, de campechano a zafio y de seguro de uno mismo y ambicioso a chulo macho alfa cabrío. Me pregunto si es eso lo que nos ha pasado con Pablo Iglesias. 

  Las ideas que defendía Podemos ya existían y estaban representadas en otros partidos políticos. Algunas incluso en el PSOE y las coincidencias con Izquierda Unida son verdaderamente notables, que diría el líder M.R.B. Puede que la diferencia esencial que existía entre los primeros y los segundos estribara en la ambición. Podemos se atrevió a proclamar que ganar las elecciones, hacerse con el poder y cambiar las políticas era algo posible. La izquierda, unida o no, dejaría de ser así un club selecto en sus formas y lecturas (mucho Gramsci, mucho Susan George) pero marginal en su influencia política. Todo lo más una concejalía por allí, o un ayuntamiento más bien remoto por allá. Tenían la chulería de la ambición que se plasma sin ambages en su propio nombre. Podemos, claro que podemos, qué coño.

  Yo siempre he detestado la chulería, y también he detestado, más aún, a aquellos a los que les encanta la chulería. Muchas veces se utiliza como sinónimo de determinación, de fortaleza de carácter o de inquebrantable resolución. A veces a lo que se llama temperamento no es más que mala educación, y desconocimiento descomunal de las más elementales normas ortográficas. Sin embargo, si miro en el interior de mi corazón, más de una vez me hubiera gustado tener esa seguridad flamenca y desenvuelta que diera a los demás la sensación de que podía comerme el mundo con ellos dentro y por supuesto, con patatas. 

  Iglesias forma parte de la generación española sin complejos. Ha mamado la arrogancia en la universidad española, donde otra cosa no habrá, pero la altanería la sirven en el catering junto con las albóndigas recalentadas y las croquetas congeladas que se ofrecen como caseras. En compañía de otros como él, montó un grupito tan leído como los viejos, tan informado de las redes sociales como los jóvenes, tan cools como los artistas y tan ambiciosos como los cachorros de las mejores escuelas de negocios. Suscitaron admiración y rechazo de poderosos y casposos, y con ese aval se atrevieron a proclamar: PODEMOS. "We Can Party", tradujeron al principio los informativos en inglés. 

  Y ahora tenemos esto. Una de cal y otra de cal otra vez. Yo soy uno de los que se ha decepcionado con Iglesias y sus seguidores no menos pagados de sí mismos. Tan leídos como son, deberían siempre recordar que el zoquete y pueblerino de Stalin se deshizo políticamente primero y luego físicamente de la lumbrera de Trotsky. No ganan siempre los más listos ni mucho menos los que se creen los más listos. La histriónica representación en el Congreso y su previa representación de vicepresidente de Barataria, apta solo para menores de 35 años y tuiteros, opacó lo que parece obvio: que Sánchez prefiere (o le obligan) simular un pacto imposible con la derecha antes que intentar el pacto (posible) de izquierdas.

  Pero la culpa no es de Iglesias, ni de Errejón, ni de Bescansa (iba a hacer el chiste malo de que tampoco es de su hijo, pero me abstendré). Ellos ya eran así. Somos nosotros los que hemos cambiado de gusto. ¿Por qué? Ya lo explica el príncipe Faysal en Lawrence de Arabia:



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30 abril 2015

Monedero: Adiós a las armas

  La razón por la que nos gusta tanto el cine, la literatura, la ópera o los reality shows es que la vida, en términos generales, es una sucesión de tediosas rutinas y de problemas que hay que ir solucionando. Es divertido e inspirador pensar cómo arreglar el mundo, la sociedad, el país, la economía, la justicia, la sanidad, las desigualdades. Las grandes ideas, los constructores intelectuales y filosóficos son como magníficos castillos. Pero la realidad se parece más a un apartamento con goteras en el baño. Al compañero de piso le huelen los pies y por desgracia, se escucha a los vecinos y sus ridículas conversaciones. 

  De toda la vida del señor los intelectuales han tenido un encaje difícil en los partidos políticos. Tengo un amigo, profesor universitario titular de cierta extraña disciplina llena de equis, ceros y unos, quien, al comunicarle a su madre la ruptura con su pareja, amén de otra ristra de problemas que iban desde conflictos con su casero hasta la incapacidad de reservar hora con el dentista, ésta le dijo que era muy bueno para todo, menos para la vida. 

  Pero quizá de lo que se trata es de ser bueno para la vida, y la política es una de las formas más radicales de vida humana. Cualquiera diría que un dragón está mejor adapatado para vivir que una rata, pero como todo el mundo sabe, los dragones (si alguna vez existieron) se extinguieron o casi, como los de Komodo; en cambio las ratas, ratones, roedores y otros bichos innobles proliferan.

  Los bichos de los otros partidos se han puesto contentos. ¡Ya son como nosotros, ya son casta! grazna Cristina Cifuentes, presa de algún tipo de espasmo de neurona. Carnaza para contertulios. Pero que nadie se engañe. Monedero no estaba llamado a ser un vulgar Ministro de Fomento. En todo caso, y en otros tiempos, hubiera sido un nuevo Raskólnikov, como en Doctor Zhivago recorriendo las estepas en las entrañas de un tren humeante. 

  Hay ejemplos para dar y tomar de los desencuentros entre los intelectuales y la "realpolitik" de barro y gusanos. Trostki por ejemplo era un sabio que hablaba con fluidez un buen puñado de idiomas. En cambio Stalin no solo era un psicópata, también era un patán pueblerino salido del algún oscuro lugar del Cáucaso. No hace falta recordar que mientras el segundo se hizo con el poder, el primero acabó con un piolet en la cabeza, depositada por un ciudadano catalán.

   Sin duda los intelectuales tienden a creerse superiores al resto y eso, la biología hace tiempo que ha demostrado que es el fin de las especies. También se creen llamados a fines más elevados. Como dice Iglesias de su amigo, Monedero necesita volar y desplegar las alas. Cualquiera que conozca un poco la universidad española sabe que hasta los profesores más modestos se sienten cardenales de la curia y los catedráticos directamente levitan por encima de las cabezas de los demás mortales. 

  Vuelve Monedero a la calle, al aire fresco de las plazas, a respirar el aroma de las aulas universitarias, el perfume del programa de doctorado, lejos de las caras moquetas de las instituciones, del olor a fritanga entre compinches de las mesas de negociación. Como el Che, es mejor ir a "pegar tiros" como un héroe en Latinoamérica antes que revisar albaranes de partidas de medicamentos o presupuestos para comprar lápices en los colegios. Trabajo de contables, fontaneros, picapleitos y albañiles. Cosas de la vida, en suma, siempre tan prosaica y rutinaria.

  Juan Carlos Monedero se va antes de pisar la charca de los pasillos del Congreso. Antes de ponerse a conspirar en "pasos perdidos" con algún oscuro dirigente socialista o nacionalista. ¿Lucidez o cobardía? Como si hubiera diferencia.


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20 noviembre 2014

Los crímenes de la rue Podemos y otros relatos de terror

  Un cuento es un relato o narración, pero también, según el diccionario de Manuel Seco, un cuento "es una mentira, a veces con intención enfática", "afectación o fingimiento con el que alguien trata de exagerar la importancia propia" y también "un chisme o noticia desfavorable acerca de una persona".

Estos cuentos van a abundar de aquí hasta el día de las elecciones generales.

 Les anticipo el leitmotiv de todos ellos: demostrar la villanía (y de vez en cuanto la santidad) de los líderes de Podemos.

  Se publicó con gran escándalo (escándalo en el sentido del Capitán Renault en Casablanca) que Iñigo Errejón cobraba una beca de la Universidad de Málaga cuando en realidad reside en Madrid. Una beca en la que fue el único candidato y ofrecida por un colega de profesión, es decir, lo normal. ¿Desde cuándo los profesores dan clase a sus alumnos? La "carga docente" siempre ha quedado para los profesores asociados y similares.

  En realidad el asunto Errejón da igual. Hubo otros anteriores, como los que intentaban demostrar la impostura de los dirigentes de Podemos en su "postureo" de pobreza franciscana al ser sorprendidos viajando en primera clase desde Bruselas o alimentándose de otras viandas que no fueran grasientos kebabs.

  Durante estos meses los dirigentes de Podemos serán desenmascarados realizando equívocas actividades tales como: esquiar en Baqueira Beret, abrir una botella de Rioja de más de diez euros, comprar en Massimo Dutti, poner los pies encima de la mesa, tirar kleenex al suelo, cobrar sin dar clase, suspender sólo a los alumnos de derechas, emborracharse en conciertos de Pablo Alborán, vender pulseras republicanas en mercadillos sin licencia, comprar un dúplex, escuchar a Mocedades, casarse por la Iglesia y otras felonías por el estilo.

  Hablará una empleada de hogar que trabajaba sin contrato limpiando la casa de Pablo Iglesias y denunciará que sus gayumbos son Calvin Klein. Los alumnos de Errejón dirán que no lo han visto aparecer durante un año y eso que hicieron huelga de hambre solicitando su presencia. Una atractiva doctora venezolana casada y con dos hijos asegurará haberse sentido "acosada" por Monedero, quien le remitió más de ciento cincuenta mensajes de amor de tórrido contenido y lenguaje, en el que suplicaba que "si no lo hacía por él,  lo hiciera al menos en memoria de Chávez".

  Los contertulios, periodistas, expertos y politólogos debatirán si el "acosador" Monedero puede ser realmente digno de ser elegido diputado, si el vago Errejón puede ser ministro del Interior. Negarán legitimidad "moral" a Iglesias para ser presidente del Gobierno, pues un hombre que miente sobre la marca de sus calzoncillos es un hombre sin escrúpulos que puede igualmente socializar la economía, racionar la compra de prendas de Zara y enviar a los disidentes políticos a "gulags" en Olot. Habrá que armarse de ironía para ver cómo los leones denuncian a las jirafas por comerse las acacias y destrozar el medio ambiente.

  ¿Pero qué más da? Los "grupies" de Podemos cantarán himnos en loor de los líderes. Nos hartaremos de saber las matrículas de honor de Iglesias (tú ninguna Señor Gordo/Casta/Cutrón), la colección de doctorados, publicaciones científicas, estudios sociológicos e historial de compromiso político de sus cuadros. Como hay una violoncelista en su "Consejo Ciudadano", no sería de extrañar que la estación del metro de Usera fuera el marco del estreno del cuarteto de cuerda opus 1 en re menor "Caneando a la Casta", también llamada "La Coleta guiando al pueblo".

  ¿Se ríen? No ser rían tanto. 

  Verán hasta qué punto el debate va a ser subterráneo. Verán cómo Nostradamus era un aficionado. Verán cómo los argumentos políticos parecerán diseñados para niños de cinco años. Ya verán el tono mamporrero, los crochet al hígado. Ya comprobarán la intoxicación del bla bla bla, buah, buah, buah, se acordarán de El Señor Gordo y lamentarán no tener su camiseta de emergencia.




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27 junio 2014

Falsos viajes: en la fiesta de los jóvenes monárquicos

  ¿Recuerdan la canción de Mecano llamada (salvo que Wikipedia o los listillos me corrijan) "en tu fiesta me colé"? Yo me he colado en casi todas las fiestas a las que he ido porque tengo el dudoso honor de no ser invitado a prácticamente ninguna, incluyendo la de mi Primera Comunión y la de mi Primera Excomunión. De todas formas, siguiendo con la música de los ochenta, como dirían los de Gabinete Caligari, colarme en las fiestas, además de ceder el asiento en el autobús, es para mi una virtual aptitud.

  Lo de los jóvenes monárquicos es una obsesión desde los ya lejanos años noventa. Hice la preinscripción para el viaje que hizo este colectivo marginal a Bután. Al final tuve que alegar otro compromiso en Miami, Panamá, Islas del Canal y en el Canal de La Mancha para no acudir, pretexto que enmascaraba una vergonzosa falta de recursos pecuniarios para sufragar no ya el viaje, sino cualquiera de los desayunos del mismo. 

  Incapaz de permanecer sin desayunar durante un mes, tuve que renunciar a la excursión y hacerme adicto al chocolate con leche y avellanas. Debo añadir, por si no lo saben, que en ese viaje se conocieron la Infanta Elena y Marichalar. Teniendo en cuenta mis gustos, mi sex appeal y la innegable rareza que comparto con el aristócrata, no descarto que de haber estado presente en Bután, la historia de España y de mi fondo de armario hubiera sido bien distinta.

  Por eso colarme en la fiesta de jóvenes monárquicos que celebraban el nuevo reinado de Felipe Algo, era para mí "lo más". La consagración de mi carrera de intrusismo en pos de canapés rancios, cava barato y gambas frías. Me enteré de la fiesta a través de la web "todoborbones.com". Allí aparecía todo lo necesario. Día, hora y lugar. Rogaban etiqueta completa para los hombres y para las mujeres vestido largo. Una empresa de prestigio en el mundo del champán organizaba el evento, con lo cual podría resarcirme de tanto vino espumoso almizclado.

  ¿Pero hasta qué edad se es joven monárquico? Si fueran agricultores, ganaderos, abogados o propietarios de una comunidad en la costa, mis 44 años parecerían infantiles, pero ¿cómo saber que era joven para un monárquico? Nada se escribió de los cobardes, así que ni corto ni perezoso me alquilé un esmoquin, me puse una pajarita de pega y me fui al prestigioso hotel donde se celebraba el evento. Con esta facha no podía coger el metro. Aparqué el fiat a tres manzanas (¿o eran cuadras?) del lugar del evento.

  La puerta estaba flaqueada por dos ujieres vestidos como lacayos del siglo XIX. Balbuceé unas palabras y sentí que mis intentos por entrar en la exclusiva fiesta iban a fracasar. Sin embargo los criados disponían de tecnología del siglo XXI en forma de smartphone a la que no quitaron ojo. De modo que entré sin problemas como lo hubiera podido hacer el mismísimo De Juana Chaos, incluso con pasamontañas puesto.

  Una vez dentro, ¿cómo describir, oh lector, lo que vieron mis ojos? ¿Cómo no sentirse arrobado por esa exhibición de lujo, gomina y sonrisas blancas? No era el lujo lo que deslumbraba. Era la extraordinaria concentración de pijos por metro cuadrado. No sé por qué, pero me dio por pensar en aquella película tan emotiva, "Gorilas en la Niebla". Sin duda, la naturalista Dian Fossey debió sentirse tan fascinada como yo ante la presencia abundante y salvaje de tan raras especies, viviendo a su antojo en su hábitat a menudo cerrado para el resto de los humanos. ¿Acabaría yo como ella? ¿Atacado por furtivos seguratas o por algún macho alfa de la manada? Precaución.

  Entre su especie se reconocen. Puedes fingir su acento y repartir "oseas" pero ellos se ríen de forma diferente, caminan de modo distinto. Por tanto lo esencial era camuflarse en un corrillo, no reír, no caminar y en caso de peligro dar vivas al Rey y a España. Me acerqué al corrillo más nutrido. Todos estaban escuchando al único tipo sin esmoquin de la fiesta. Eso sí, llevaba corbata negra estudiadamente descuidada. Le miré con atención. ¡Era Pablo Iglesias, alias "El Coleta"!

  Estaba dando una charla sobre la justicia social y la casta. Algunos se reían, (ellos), alguno le atacaba y recibía rápidamente un zarpazo moral más arriba de las rodillas más abajo del plexo solar.

—¿Cuántos títulos nobiliarios tienes, Iglesias?
—¿Y tú cuántas matrículas de honor?

  En cambio las jóvenes monárquicas, tan rubias, con muñecas y tobillos tan delicados, labios tan perfilados y sonrisa tan blanca, parecían encantadas. ¿Qué hacía Pablo Iglesias en una fiesta de jóvenes monárquicos? 

—Voy al servicio. Ahora vengo—. Los jóvenes monárquicos dijeron ¡ja! Las jóvenes monárquicas dijeron ¡ay!

  El líder de Podemos galopó hacia los baños y yo fui detrás, como perro tras pastor. El servicio estaba tan limpio y era tan bonito que hasta la virgen María estaría orgullosa de descargar allí, como hubiera dicho el sargento Hartmann. Me puse a su lado. Era un tipo tan seguro de si mismo, que hasta la micción parecía un asunto de Estado. Sin más preámbulo le pregunté qué hacía allí, con la casta de las castas.

—¿Cuántas matrículas de honor tienes? ¿Cuántos doctorados? ¿En cuántas universidades has impartido clases? ¿Cuántos artículos científicos publicados?
—Ninguna, ninguno, en ninguna y cero, pero ¿qué haces tú aquí?

  Subiéndose la bragueta de Alcampo que le quedaba tan bien como una de Roberto Verino, la zarza ardiente dijo:

—Voy donde se me invita. No tengo miedo de explicar mis propuestas y debatir, sean jóvenes monárquicos o maduritos sin recursos como tú.
—¿Cómo me has descubierto?
—Ningún joven monárquico se pondría una pajarita falsa, ni un esmoquin con zapatos marrones. ¿Sabes qué es peor que ser de la casta? Ser un descastado. Debes de ser un bloguero socialista, o aún peor, un redactor de El País. Te diré, listillo, sin ánimo de ofender, que tengo permiso de las bases para estar aquí. Cada gin tonic bebido, cada canapé consumido, lo será con el conocimiento y permiso de las bases. Si no es refrendado, los vomitaré en la próxima asamblea.
—Puede que sí, le dije al líder de Podemos.

 Ningún joven monárquico me tomó por monárquico, ni por joven. Pero como me vieron inofensivo y el bar estaba bien surtido, se abstuvieron de tomar medidas de fuerza. Mientras deambulaba por los áureos pasillos reflexioné: ¿pueden llegar a ser los jóvenes monárquicos algún día de Podemos o los de Podemos podrán ser monárquicos cuando ya no puedan volver a ser jóvenes y se les invite a abrir ostras al lado de Letizia-con-Z?


Los caminos de la República son inescrutables, me dije. 

Mientras, hay que reconocer que el champán era muy bueno y la música no estaba mal.



El humor está aquí, en alguna parte
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