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08 julio 2014

¿Aún te crees lo que te dicen?

  Puede que ser un devorador de historias en cine o en literatura pueda considerarse en el fondo una diversión para los que no nos podemos pagar un viaje a Disneyland Paris.  Pero ser un "ficciómano" tiene su utilidad: se distingue con más claridad lo que es ficción de lo que no. En realidad Cervantes (estoy por tener un rapto de locura a lo Santiago Segurola y llamarle "sobrevalorado") se equivocó.  Quien ama la ficción distingue mejor la realidad y sabe que la publicidad es una rama más de ella. De hecho, los géneros cinematográficos/publicitarios son drama, comedia, melodrama y Martina Klein/Nestlé. 

  Quizá han leído que algunas víctimasfamiliares del accidente de Spanair han pedido a Rafa Nadal que deje de anunciar a la aseguradora Mapfre. Resulta que Mapfre quiere indemnizar conforme el Baremo de Circulación. Es una tabla curiosa, de acuerdo con la cual se puede valorar en dinero cualquier tipo de lesión que uno pueda tener, incluida la lesión fatal

  La asociación de afectados del vuelo accidentado, legítimamente, piensa que la aplicación de ese baremo (que se suele aplicar analógicamente en muchos casos) no es justa, por la naturaleza del accidente sufrido. La asegura Mapfre no está de momento de acuerdo y legítimamente no desea pagar más que lo que establece el baremo. Si no llegan a un acuerdo, un juez deberá resolver el asunto

  Y aquí entra Nadal, la imagen de la aseguradora.  Algunos familiares, a través de change.org, piden al tenista que deje de anunciar Mapfre porque la aseguradora no merece sus valores. Ya saben, luchar cada pelota como si fuera la última, no dar ninguna por perdida etc. Dicen los promotores de la campaña que "ante la situación de estar luchando con un gigante, lo único que nos queda es tener a nuestro lado otro gigante: Rafael Nadal". Dicho de otro modo, si no pagas lo que te pedimos te mandaremos al manacorí para que te destroce en la media pista y te machaque con su "banana shot".

  El caso es que cabría preguntarse si Rafael Nadal, tras un descanso entre partido y partido, llegó a la conclusión de que la aseguradora encarnaba sus valores, cogió el móvil y les propuso ser la imagen visible de la compañía, además de proponer el eslogan: "personas que cuidan de personas". Por supuesto que no. Veamos como lo digo sin que suene demasiado fuerte:

 Nadal, genial tenista (y mejor persona supongo), lo hace por la pasta, el parné, la guita, la plata. 

  Y quien dice Nadal, dice Dani Mateo, Clara Lago, Sean Connery, Iker Casillas, Sara Carbonero, Pilar Rubio o Matías Prats. No digo que a George Clooney no le guste el Nespresso, pero no creo que fuera el incomparable sabor del Voluto lo que valorara únicamente a la hora de decidirse a hacer la campaña de publicidad del famoso café en cápsulas. En cuanto a Martina Klein, veo casi físicamente imposible que haya podido de verdad probar todos los productos que anuncia.

¿No digo más que obviedades? Ya lo sé. ¿Critico a quien anuncia productos, aunque eso suponga reconocer imaginarias pérdidas de orina o sorderas? En realidad no. Hacen bien, supongo. ¿Entonces qué?

  Si sabemos que esas personas, celebridades en sus profesiones, utilizan su popularidad para sacarse un dinerillo extra, por qué esperar que exista entre el producto que anuncian y ellos algo más que un contrato.

¿En una sociedad descreída aún creemos que las marcas son las personas que las encarnan? ¿O mejor sería decir que las interpretan?

  Tiger Woods sufrió la rescisión de varios de sus contratos publicitarios después de que se descubriera que era un poquito infiel; y la afición mordedora de Luis Suárez también ha causado un disgusto a las marcas con la está ligado. Luego la respuesta es que sí. Podemos reírnos de las celebridades e incluso los más osados pueden probar a insultarlas aprovechando las redes sociales, pero su influjo es tan fuerte como el de la luna sobre las mareas. Paseamos por la calle y vemos cientos de Cristiano Ronaldos, algunas Pilar Rubio y peinados como Neymar Jr. Sabemos que ellos son ficción y que lo hace por la pasta, pero aún así les prestamos nuestro pedacito, que aunque pequeño, es realidad y desde luego nuestra plata.

  El cine, la literatura, la televisión, el cómic, la publicidad y su sobrina la propaganda política, y otras formas de ficción, debería estudiarse en los colegios. Estoy seguro que así formaríamos ciudadanos a los que no se les podría, tan fácilmente, dar con queso.

PD.- Ojalá que los afectados por este accidente consigan recibir una indemnización justa.




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02 diciembre 2013

Viva el sucedáneo. Arriba el impostor

  En España la mayoría de los políticos no permiten que se les pregunte en las ruedas de prensa.

  Desde luego no lo hace el Presidente del Gobierno, MRB, quien solo está autorizado para hablar de ciclismo, Nadal y, vagamente, de "cosas" que a veces "son un lío". De cuando en cuando algún preboste concede una entrevista a medios afines, o manda a "la infantería de la desvergüenza" (tipos a lo González Pons o Durán) para que hagan alguna escaramuza en medios hostiles. No crean tampoco que se les da un duro. Cualquier entrevista de Hard Talk de la BBC tiene el doble de sustancia. A lo sumo, se llevan un pequeño revolcón, y estos tipos/as son a prueba de bochorno.

  Y sin embargo, (siempre hay un sin embargo), convertidas las comunicaciones políticas en publicidad, la publicidad juega a realizar entrevistas, coloquios y congresos científicos. Por supuesto entrevistas, coloquios y congresos tan falsos como mis propios viajes o mis críticas de cine. El Banco Sabadell es el precursor en España de este nuevo género que se llamaría de "entrevista simulada". Lo llaman "encuentros", creo recordar, pero en vez de salir marcianos (que es lo que esperaría cualquier individuo nacido en los setenta) entrevistan a tipos como Pep Guardiola, Loquillo o Inocencio Arias (este último no sé si de verdad o fue solo una pesadilla que tuve).

  Básicamente el formato es: un triunfador/a es falsamente entrevistado por un periodista triunfadora/o en un cálido ambiente a medio camino entre el reservado de boîte y la tienda de Nespresso, donde en un supuesto ambiente íntimo nos destilan en dos frases la poción que explica sus logros. Por ejemplo (San) Pep Guardiola I de Catalunya y V de Alemania dixit: "llevo aprendiendo y tratando de superarme desde el primer día". ¿Desde el día de su nacimiento? ¿Trató de mamar mejor de la teta de su madre el segundo día, y mejor aún el tercero y llegar a la perfección con los potitos? ¡Ole!

  La estrategia publicitaria (de comunicación) ha debido tener éxito porque ha crecido y evolucionado. Verdaderos científicos dan falsos seminarios. Estudiantes fingidos hacen preguntas interesantes, futbolistas abren su corazón. Científicos reales imparten falsas conferencias en la que nos anuncian falsamente que viviremos más. Falsos ex parados nos hablan de sus falsos empleos y de la falsa emoción que sintieron en su inexistente primer día de trabajo. Y todos nos gritan: "mejora, sé positivo, cree en ti, lucha por tus sueños, querer es poder". ¿Pero cómo, cómo? ¿Qué cómo? ¡Domiciliando tu nómina, merluzo!

  Hubo un tiempo en que los intelectuales se devanaban sus hiperdesarrollados cerebros sobre el tema del original y la copia. La copia era el producto predilecto del captitalismo de consumo. Se supone que estaba el original "fetén" y las incontables copias casi idénticas pero que en realidad eran impostores que los demás adquiríamos. Ahora es al revés. El original se convierte en un impostor y es la copia, lo falaz es lo valioso, pues sólo el embustero puede aproximarse a la perfección. ¿Que no? Por ejemplo: Los falsos periodistas de Canal Nou tenían empleo estable y bien remunerado pero en cuanto mutaron a periodistas de verdad fueron al paro.

Por cierto. Yo también soy un fraude, y para empezar, debo desvelar que ni estoy gordo, ni quiero. Ya les iré desengañando de más cosas en el futuro. Por hoy es suficiente.


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04 julio 2013

El ser humano (y la alcaldesa) son extraordinarios

  Sí. Yo me acuso. Me acuso de santurrón indignado. Y por ello, no me resisto a arrojarme y devorar el gran manjar de la hipócrita caída. Hablo de la alcaldesa de Torrelodones (Madrid), la Lara Croft del anuncio de Aquarius.

  Los anuncios de esta marca, lo reconozco, tienen para mí algo especialmente repulsivo. Llámenme puritano, pero me chirría el tono de exaltación de iglesia evangélica que emplea y el uso comercial de los problemas, como cuando utilizó a enfermos mentales.

  Un día se reunieron los creativos de la marca y de la agencia de publicidad. Supongo que harían "briefings" y "braimstormings", le darían vueltas al "target", al "claim" y al "budget", y después de hacer otras muchas otras cosas que acaban en ing y de sentirse transgresores (pero también divertidos) parieron la campaña que podemos titular "El ser humano es extraordinario: también hay políticos honestos".

  ¿Qué hay más transgresor que un loco? Un político honesto, si es que los hay. Ya saben, esos tipos que se desviven por la comunidad y no pertenecen a los partidos tradicionales. ¿Político, honesto y haciendo anuncios de Aquarius? Malo, me susurró el puritano que llevo dentro. De acuerdo, el gran Eduardo Punset también se arrastra en la publicidad de un pan de molde, pero tiene una gran familia que alimentar y su trayectoria merece el perdón.

  ¿Y la alcaldesa de Torrelodones? ¿Indulto u hoguera? La podemos ver saliendo guapísima de un coche, tras aparcar como una empastillada. Después se pone unos guantes rojos con aires de heroína de Kill Bill. Su mérito: haber renunciado al coche oficial. Hoy, el diario El País publica la fotografía de la edil saliendo de... el coche oficial del Ayuntamiento. Como diría la gran Florinda Chico en su versión remezclada del programa "Todo por la Radio": ¡ay, que me quedo muerta!  



  El coche sigue siendo por estos pagos el totem de éxito social. En los años de bonanza económica española, muchos empleaban parte de la hipoteca en un Audi, el vehículo entonces de moda. Nos gustaba conducir y no teníamos miedo de la gasolina ni de los desahucios. Pero el coche oficial, es otra cosa muy distinta. Es el reverso tenebroso. Atractivo sí, pero diabólico y adictivo, según los que lo han probado. Si uno se acerca puede percibir la pestilencia a azufre que emana del salpicadero. Para los ciudadanos de bien, esos que hacen facturas sin iva o que se llevan botellas sin pagar del Carrefour, el coche oficial representa el mal.

  La alcaldesa de Torrelodones lo sabía e hizo bandera y bebida isotónica de ello. Pero luego una edil tiene que moverse por su ciudad y por otros lados. ¿Tiene la alcaldesa que utilizar el parking o dar vueltas por la manzana hasta que encuentre sitio? No parece tan diabólico utilizarlo moderadamente, como ahora dicen que hace desde el Ayuntamiento.

  En mi opinión, el viejo dicho "dime de que presumes y te diré de qué careces", debía grabarse a fuego en los soportales de todos los edificios públicos y entidades bancarias. Así quizá acabaremos con la herejía gringa que nos grita "¡Véndete! ¡Tú eres la mejor marca!".

  Si los de Aquarius tuvieran verdaderos braimstorming y sentido del humor, deberían hacer sus anuncios con Ana Mato, Pepe Blanco o Snowden en Guantánamo, o quizá, en una versión para adultos con Luis Bárcenas, ese gran emprendedor. Entonces sí podríamos todos gritar: "¡El ser humano es extraordinario!". Especialmente algunos.


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