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27 marzo 2014

¡Disuélvanse!

  Los más veteranos recordarán este mandato. Los que somos lo suficientemente jóvenes como para no recordar cómo paraba los penaltis Iribar, el mandato nos suena más a cualquier película yanqui. Llega el "poli" bueno con barba de tres días al lugar del crimen. El difunto recortado en tiza sobre el suelo, un policía que grita a los curiosos "circulen, aquí no hay nada que ver".

  ¡Disuélvanse! ¡Váyanse a casa!
 
  Al poder nunca le ha gustado que se junten más de diez personas, salvo si es para ver a Di Stefano o asistir a una misa. Les da por beber, comer y en ocasiones les da por pensar y si el asunto se pone crudo les da por protestar. ¿Quizá porque no tienen trabajo? ¿Porque ya no tienen cama en el hospital? ¿Porque sus hijos van a clase sin desayunar? ¿Porque se han dejado dinero y tiempo de su vida en sacarse una licenciatura, dos másteres y quién sabe si un doctorado que solo les sirve para triunfar jugando al Trivial Pursuit? No me parece razón suficiente.

  El artículo 21 de la Constitución Española, ya saben, ese texto desfasado del siglo XX descubierto en las excavaciones realizadas en las viejas facultades de derecho y redactada por peligrosos izquierdistas antisistema como Manuel Fraga, Miguel Herrero de Miñón, Jordi Solé Tura y otros, bajo los auspicios del gobierno revolucionario popular socialcentrista, bolchevique, feminista de Adolfo Suárez, garantiza el derecho de reunión pacífica y sin armas. Además afirma que este derecho no necesita autorización previa.

  Pero ¿qué pasa con el derecho de manifestación cuando las hordas desesperadas toman Madrid? ¿Qué pasa con la seguridad y con los ciudadanos de bien que solo quieren comprar en las rebajas, tomarse unas cañas tranquilamente y preparar la comunión de sus hijos? Veo en una televisión que toma por nombre un número impar de mal fario, un reportaje sobre la manifestación del pasado 22 M. La voz del comentarista, aterrada, nos advierte de la gravedad de las imágenes y de los disturbios. "Somos el hazmerreír del mundo". Solo falta la Carga de las Walkirias como música de fondo. "Como a todo antisistema, me gusta el olor a napalm por la mañana". En la pantalla solo se ve a un tipo haciendo una foto pero, ¿a quién van a creer, a mí o a sus propios ojos?

  La alcaldesa de Madrid da el parte de destrozos y bajas. Desde el desembarco de Normandía o la visita del Papa a Valencia, no se conocía semejante horror. Se manifestaron "por la dignidad" (no me hagas reír) cerca de un millón de personas. 650 000 euros de pérdidas entre las que se incluyen los gastos de la policía, protección civil etc. 101 personas fueron heridas. Fallecidos cero. Heridos grave cero. Uno de los manifestantes, herido reservado, va a perder un testículo. Y todo eso pese a los esfuerzos del gobierno para que la manifestación fuera especialmente violenta y descontrolada hasta el punto de montar a sabiendas un dispositivo policial deficiente.

  Pero no nos desviemos de lo que importa. ¿Un español sin su testículo? Seguramente eso es lo que buscaban los "fascistas", como los califica el canal de televisión con nombre de número de mal agüero. Dejar a los hombres sin lo más preciado. Debe limitarse de una vez y para siempre el derecho de reunión y de paso sus compinches, la libertad de expresión, la libertad de cátedra, el derecho de huelga (alias "El Piquete"), el derecho de asociación y el secreto de las comunicaciones.


¡Disuélvanse!
Este texto se autodestruirá en su cerebelo dentro de cinco segundos.

 
 

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