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09 abril 2018

Yo no me llamo Javier (Cifuentes)

   Yo no te conocí en la playa, no nos fuimos juntos a comer paella, nunca pasaste una noche en mi hotel, no te has bañado conmigo en la piscina de mi chalé, tu no me presentaste a tus padres, no me invitaste a tu casa, ni a dormir ni a comer, hola como estás, que niño tan bonito, ¿Cómo? ¿Qué es mío? ¿Que yo soy el padre? Pero eso como va a ser, si yo soy impotente, deja ya de joder, yo no me llamo Javier, yo no me llamo Javier. 
  Yo tengo un máster en Derecho Autonómico, yo fui a clase, aunque luego no fui a clase, yo me matriculado aunque no recuerdo cuándo, yo hice el trabajo de fin de máster aunque no recuerdo dónde está, yo lo defendí ante un tribunal aunque no recuerdo las personas. ¿Cómo? ¿Que el tribunal dice que nunca me he presentado? Deja ya de joder yo tengo un máster, deja ya de joder, yo tengo un máster, eh, eh, eh...


  Pablo Carbonell ironizaba con aquel que niega todas las evidencias. Años después Cristina Cifuentes ha hecho su propia versión del clásico de los Toreros Muertos. Como a menudo sucede con la canallocracia española, el asunto ha llegado a un estadio en el que pasa de ser trágico a ser cómico, como ya entendió en su momento Valle-Inclán.


  Hace mucho que el asunto del máster de Cifuentes quedó claro para cualquiera cuya fuente de información no sea exclusivamente la COPE o TVE. A partir de ahora todo es carne de memes, cantera para chistes, abono para el escarnio. Sin duda, la interesada se lo ha buscado y no deja de ser irónico que acabe así su carrera política, una nimiedad si se compara con muchas de las felonías de sus compañeros de partido y de las de otras formaciones.


  Ya teníamos a nuestra disposición la matraca nacionalista, pero aventuro que la matraca de los másters seguirá aún no estando (Javier) Cifuentes en escena. Aparecerán políticos con máster nunca cursados, con cursos que no son máster pero en el curriculum vitae aparecen como tales. Máster sin exigencia alguna que reparten los partidos entre sus acólitos.


  Sin duda el negocio de los máster merece un capítulo aparte. Una vez que Bolonia consiguió abaratar académicamente el título universitario para convertirlo en un neobachillerato, la posesión de un máster se volvió prácticamente imprescindible para todo aquel que quisiera ser algo en la vida laboral. Ciertos negocios no solo tienen la virtud de llenar los bolsillos de unos cuantos sino que, por decirlo suavemente, vuelve a poner socialmente las cosas en su sitio. Por ejemplo Dimas Gimeno cursó MBA en IESE institución en que el consejero delegado de PRISA Manuel Mirat, cursó un PDD (Programa de Desarrollo Directivo) y PADE (Programa de Alta Dirección de Empresas). Por si están interesados, las tasas del programa Executive MBA de IESE ascienden a 7.131 euros.


  Claro que no es el caso que nos ocupa. Para los políticos un máster, un posgrado, un doctorado es un adorno. No quieren que nadie les tome por zoquetes y mucho menos tener menos títulos académicos que sus becarios. Hay quien critica la titulitis, pero ¿cómo se cura uno de esa enfermedad si está rodeada de una sociedad de enfermos enganchados a los títulos y alérgicos a la cultura sin papeles ni certificados? Dicho de otra forma. Cuando uno nace en España en su currículum se escribe: inglés- nivel medio.


  En cuanto a cómo queda la universidad española con este asunto prefiero guardar silencio y no hablar ni siquiera con un ejército de abogados. Además tengo algún título universitario español y no tiraré piedras sobre mi tejado. Muchas universidades se han apresurado a pregonar su rigor académico y limpieza institucional. ¿Excusatio non petita, accusatio manifesta?


  Decían las abuelas y los abuelos que más vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo. Pero también cree el ladrón que todos son de su condición.

30 marzo 2018

Bandera a media asta por la muerte de la aconfesionalidad

  Los viajes en el tiempo sí que existen. Se pueden hacer en avión, en coche, en moto e incluso a pie. En ocasiones basta con cruzar una frontera, pongamos por ejemplo la que separa España de Francia. No es un viaje agradable, sobre todo si cuando regresas a tu país lo haces también al pasado; pero siempre será un trayecto interesante. En Francia la ley que consagra la separación de la Iglesia y del Estado, y por tanto la laicidad oficial del Estado francés, se promulgó en 1905. El artículo 1 de la Constitución Francesa de 1958 consagra que Francia es una república laica (y por cierto también indivisible). Para la mayoría de los franceses, profesen la religión que profesen e incluso si no son creyentes de ninguna, la laicidad del Estado es la piedra angular de su república, tan valiosa como la Torre Eiffel o el Monte Saint Michel.

  La Constitución Española de 1978, tributaria de la época en la que tuvo que ser redactada y refrendada, en cambio, recoge el principio de aconfesionalidad del Estado. El artículo 16.3 dice que ninguna relación tendrá carácter oficial, para añadir seguidamente que los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y demás confesiones. En el contrato de adhesión que en parte supone nuestra Carta Magna se tuvo que tragar con cláusulas abusivas si al final se quería obtener el préstamo del régimen democrático. La derecha de Alianza Popular logró introducir la mención a la Iglesia Católica "con el reconocimiento del catolicismo como hecho religioso" y de ahí la necesidad de que los poderes públicos cooperen con ella como explica Antonio Cañellas. El artículo 3 de la Constitución Española de 1931 decía escueta pero taxativamente: "El Estado Español no tiene religión oficial". 

  No me gusta utilizar frases hechas, especialmente si están manidas, pero ¿cómo no decir que de aquellos polvos vienen estos lodos? Un abogado sevillano consideró que los estatutos del Colegio de Abogados de Sevilla vulneraban la aconfesionalidad del Estado cuando declaraba patrona a la Santísima Virgen María en su misterio de Concepción Inmaculada. Los colegios de abogados son corporaciones de derecho público. La Sentencia del Tribunal Constitucional 34/2011, de 28 de marzo, no le dio la razón al demandante. Consideró que manifestaciones simbólicas como la enjuiciada no eran tanto religiosas como "culturales". Explicado en palabras de la propia sentencia "fácilmente se comprende que cuando una tradición religiosa se encuentra integrada en el conjunto del tejido social de un determinado colectivo, no cabe sostener que a través de ella los poderes públicos pretendan transmitir un respaldo o adherencia a postulados religiosos; concluyéndose así que en el presente caso, el patronazgo de la Santísima Virgen en la advocación o misterio de su Concepción Inmaculada, tradición secular del Colegio de Abogados de Sevilla, no menoscaba su aconfesionalidad".

  No es el momento ahora de recordar cómo las tradiciones han sido "integradas en el tejido social", las obligaciones de asistir a las procesiones, los cierres de todo tipo de establecimiento durante el viernes santo, ni cómo estás cambian y evolucionan. Mejor viajemos al pasado, a marzo de 2018. El Ministerio de Defensa español, cuya titular no es aunque lo parezca la madre de Norman Bates cuando era joven, decide que las banderas de España ondearán a media asta en los cuarteles en señal de luto por la muerte de Cristo. ¿Cultural? ¿No está integrado en el tejido social? El Defensor del Pueblo tiene sus dudas. Las autoridades militares y religiosas siguen desfilando a título institucional en las procesiones de Semana Santa, y lo que es peor, no lo hacen vestidas de damas de mantilla. Algunas cofradías pueden pedir el indulto a condenados que a menudo se conceden, algo que parece no casar muy bien ni con la separación de poderes ni con un estado aconfesional y todo en aras de la tradición cultural y de la "realidad social".

  De acuerdo con el informe realizado por Pew Research Center solo el 9% de los españoles consideraba que ser cristiano era una parte importante de la identidad de ser español. De acuerdo con el CIS en su barómetro de 2016, el 70% de los españoles se declara católico (si bien la pregunta a responder ya incluía la palabra católico) aunque el número de practicantes no llegaba al 20%. En un estudio realizado por el Observatorio del Pluralismo religioso en España, cofinanciado por el Ministerio de Justicia en 2013,  el 65,20% de los encuestados consideraba que la religión era muy poco o nada importante en su vida.

  ¿Por qué siendo España un país tan secularizado existen tantas dificultades para que exista una efectiva separación entre la Iglesia Católica y Estado? Alguien nos grita: ¡No es la religión, idiota! Es cierto que estas prácticas de exteriorización católica, que a menudo no tienen que ver propiamente con los sentimientos religiosos apuntalan la idea "sociológica" de que España sigue siendo una sociedad católica. Ya hemos visto que de este hecho sociológico se extraen relaciones de "cooperación" de la que la Iglesia Católica saca buenas ventajas, como es bien sabido. Hacen seguramente bien. ¿Quién de buena gana renuncia a sus privilegios? Pero sería erróneo señalar a la Iglesia como la culpable, cuando no es más que la herramienta. No son ellos los que imponen que sean los legionarios los que saquen en procesión al Cristo yaciente. Si la derecha española de filiación próxima o lejana le interesa apuntalar la simbología católica, incluso más allá de las supuestas tradiciones no es por lo que tiene de católica sino, de nacional-católica.

  El infame general Franco que como señala Paul Preston apenas había dado señales de interés por la religión en su etapa africana, comprendió la importancia de la religión católica como legitimadora del régimen nacido del golpe de estado contra la república. La religión se convirtió en piedra angular de su nuevo régimen totalitario junto con un nuevo nacionalismo español, de corte autoritario y centralista, que acabó patrimonializando y bastardeando la historia y los símbolos españoles. Una ponzoña que sufrimos incluso en democracia. 

  Es este modo de entender España, una idea patrimonial en la que unos cuantos tenían las riendas del poder estatal y económico, el que ha sobrevivido y prosperado en democracia llegando a nuestros días y que reacciona cuando se siente amenazado, ya sea por las tendencias anticentralistas, como los que piden una sociedad más plural, igualitaria y laica. No es por Cristo por quien ponen la bandera a media asta. Nos la acercan bien porque aún creen que tras el escudo (que no está en la Constitución Española) se oculta un pájaro de mal agüero que aún vuela sobre el valle del pasado.

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04 junio 2014

Tiempo de aduladores

"La adulación, bajeza del que adula; engaño del adulado y aún bajeza de los dos; porque su bajeza muestra el que gusta de adulación, que no se fía en el valor de sus méritos". 


En estos términos hablaba de la adulación el nunca suficientemente reconocido y adulado, Francisco de Quevedo

  La proclamación (si la democracia real no lo impide) de Felipe como Felipe VI rey de España el próximo día 18 de junio (el cambio de la "n" por la "l" en el mes hubiera traído a los maliciosos un material demasiado fácil), ha desatado como una fiebre de primavera, una alergia a quedar fuera de las "fuerzas vivas". Amanece en la pradera del poder un grupo de seres no se sabe si mamíferos o roedores. Debían morar debajo de la tierra porque hasta entonces pasaban desapercibidos algunos, otros parecían seres de otra especie, quizá carnívora.

  No hablo de las gentes de bien que quieren de buena fe la monarquía y se van a llevar un alegrón de fastos, armiño, discursos solemnes, ritos ancestrales y caras sonrientes. Esas gentes de bien que quieren la estabilidad del país y están dispuestos a soslayar la fortuna que el Rey cesante ha amasado en los últimos años y que New York Times estimaba en 1790 millones de euros (calderilla). Dispuestos a soslayar las maniobras para que su hija, la Infanta Cristina, quede impune de los turbios negocios de Urdangarin. No, no hablo de estas buenas gentes. "Las buenas personas" de las que habla, en un contexto muy distinto, la estupenda novela de Nir Baram.

  No hablo de los monárquicos de toda la vida (si los hubiere), ellos tienen motivos para estar satisfechos. Hablo de los "súbditos" que se aprestan (me encanta utilizar este verbo) a ensalzar al nuevo monarca. ¿Quién sabe si son realmente el pensamiento del que los escribe o simplemente ponen su voz como testaferros de su empresa? ¿Quién sabe si creen que podrán ser recompensados en el futuro?

  De entre todos los halagos, el que me parece más falso y empalagoso es precisamente el más repetido. El "trending topic pelotero" dice que Felipe es el más preparado para hacerse cargo de la corona de España. Repiten, cacarean (me encanta utilizar este verbo) que don Felipe tiene un máster en Relaciones Internacionales en Georgetown. Es Teniente Coronel y recibió formación militar en la Academia General Militar de Zaragoza, en la Escuela Naval de Marín y en la Academia General del Aire en San Javier (que además tiene un excelente festival de jazz en verano).

  ¿Quién va estar más preparado? ¿Pero es que tenemos otro? ¿La Infanta Elena? Aunque es mayor  también tiene el problema de ser mujer y además... además. Yo la prefiero, es la única que no ha metido la pata y que es claramente no corrupta dentro de su familia (real y viviente). Pero ese es otro tema. Aduladores. Sea el más o el menos preparado Felipe, (del que ya nos advierten que no es tan "campechano" como el padre) es lo que hay, sin posibilidad de elección. 

  Además, permítanme que humildemente impugne la tesis de su excelente preparación. Sé que lo hago yo, un sinsustancia que no tiene donde caerse muerto, que no sabe situar correctamente Georgetown en el mapa y que la única pistola que he empuñado era de agua (además de un bocadillo de igual nombre). Pero si digo esto, es porque tengo mis razones. 

  Conforme con la Constitución Española, la figura del monarca es básicamente simbólica y representativa. Como dice el aforismo, el Rey reina, pero no gobierna. El Rey es irresponsable, conforme con el artículo 56.3 de la CE, pues todos los actos del Rey están necesitados de refrendo, salvo aquellos que afectan a su vida privada. En suma, la mejor formación que hubiera podido tener el nuevo monarca, en mi opinión, sería la de arte dramático, como Ronald Reagan.

  Decía el profesor Antonio Torres del Moral en el manual de derecho Constitucional que en su día estudié, que "la monarquía era en España una magistratura de autoridad e influencia, que servía para lubricar el funcionamiento de la máquina del Estado y permeabilizar todas las instituciones".

  Si es como su padre, con Felipe no faltará ni lubricación ni permeabilización. Espero que no se me tome diciendo esto por un pelota más.



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02 junio 2014

El Rey Juan Carlos I abdica y se jubila ¿Viva la república?

  Mariano Rajoy acaba de anunciar la abdicación del rey Juan Carlos I, y para variar, lo ha hecho bien y sin titubeos. Algo debe tener la sangre azul finalmente que hace que la gente se espabile. Algo tienen las monarquías, los reyes y las princesas que todos queremos ser en algún momento el rey de la casa o la reina de sus sueños. Será una larga tradición de cuentos de hadas, la costumbre o la pereza.

  Ahora los analistas nos bombardearán con sus explicaciones sobre el particular. Sus efectos. ¿Servirá su abdicación para revitalizar el maltrecho prestigio de la monarquía? ¿Qué efecto tendrá en España? ¿Se ha hecho lo correcto? Si se mira bien, revitalizar y monarquía, una arcaica institución que por definición es la antítesis de la democracia, parece una contradicción en sus términos. Pero nunca se sabe, ya que de sobra sabemos que la historia sólo avanza en un sentido, el del tiempo y no en el de las ideas. Quizá lo correcto fuera agradecer los servicios prestados y pensar en una república. Yo por mi parte me comprometo a sopesar mi voto si Felipe se quiere presentar a presidente. 

  Sin embargo me temo que lo que ahora se pondrá en marcha, para empezar, es uno de los artículos más injustos de la Constitución Española, el artículo 57, que sin ningún empacho señala que en la línea de sucesión se preferirá al varón sobre la mujer. En virtud de esta discriminatoria norma, contraria al propio artículo 14 de la Constitución española que señala que todos somos iguales ante la ley, será Felipe el próximo rey de España y no la Infanta Elena. Peor aún, será Felipe sin que los españoles nos podamos pronunciar sobre la jefatura de Estado que vino impuesta por el régimen anterior y las excepcionales circunstancias históricas de la transición.

  Dicen que el candidato único a rey, Felipe (Alias VI), es una persona preparada, y si lo comparamos con muchos de sus predecesores y familiares como Fernando VII, Isabel II o el propio Alfonso XIII, no cabe duda que es de lo mejor que la factoría Borbón (Fábrica de reyes desde el Siglo XV, atendemos pedidos también fines de semana) ha producido en los últimos siglos. Pero su formación no le impide ser un tipo atildado, encorsetado o más bien almidonado, y a fin de cuentas decimonónico, por mucho que su plebeya esposa le haya podido espabilar llevándolo a conciertos de música indie. 

  El tiempo y los elefantes de Botswana dirán cómo le va. Humildemente me permito darle algunos consejos, en caso en que quiera y pueda tomar posesión de su nuevo puesto de trabajo.


  •   Cambiar las cerraduras de Zarzuela, por si a Urdangarín y su mujer se les ocurre entrar por la noche.        
  •  Prohibir las dietas de adelgazamiento en palacio. 
  •  Fichar al Cholo Simeone y a Pablo Iglesias como asesores. 
  •  Despedir al fotógrafo que hacía las postales oficiales. 
  •  Contratar un diseñador y reformar el despacho real tirando el Belén a la basura. 
  •  Leer su primer discurso como rey en español, catalán, euskera, gallego inglés y chino.
  • Y por último y no menos importante, (si todo falla o incluso si no) declararse republicano y presentarse a las elecciones del PSOE a la secretaría general. 

  No lo niego. La abdicación del Rey Juan Carlos I me hace sentir más viejo. Me duelen las rodillas y sospecho que es artritis. Me imagino a Rubalcaba, Felipe Gónzalez y el viejo Rey en un chiringuito de Cádiz, comiendo un pescaíto frito y unas cañas bien frías. Me los imagino perfectamente en sus sillitas de plástico, sillitas con nombre de cerveza, hablando de fútbol, quizá viendo cómo la selección española cae ante Brasil  —ya te dije yo que Xavi Hernández estaba viejo—.  Que sí Alfredo, que sí—.

—¡Qué  a gusto se está así! Si lo llego a saber lo hago antes.—.

—Ya te lo dije yo. ¿A qué sí Felipe?—.

—¡Bolivarianos!—.

—¡Qué dices Felipe!—.

—Que la defensa de la selección española son todos paquetes bolivarianos—.

—¡Ah!—.

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19 octubre 2013

¿A quién beneficia el pesimismo?

  Hay un dicho, o quizá una invención de mi cerebro que creyó escuchar alguna vez un dicho, que si escuchas a una persona hablar mal de Inglaterra es posible que sea francés, si habla mal de Francia será suizo y si habla mal de España será español. Lo cierto que la tendencia a quejarse del país y exagerar los males del propio país a quien se menciona en tercera persona es casi un deporte (con perdón) nacional.

  Dirán algunos que tal y como están las cosas, motivos no faltan. Pero también es cierto que los males que aquejan a España no son diferentes a los que tienen muchos países desarrollados, y que con todos los riesgos y peligros que asoman para el futuro, hay motivos para ser optimistas. Para los que no conozcan la idiosincrasia nacional debo aclarar que expresiones como "vergüenza", "somos el Tercer Mundo" o "estas cosas sólo pasan aquí", son moneda corriente en cualquier conversación entre españoles.

  Conviene de vez en cuando hacer un pequeño ejercicio. Pensar en problemas o situaciones vividas en otros países como si ocurrieran aquí, e imaginar nuestra reacción. Pongamos ejemplos de esta misma semana:

La oposición bloquea el presupuesto y el país está a veinticuatro horas de la bancarrota. Al final se llega a un acuerdo hasta diciembre, pero toda una semana servicios públicos han dejado de funcionar.
  Mientras eso pasaba, la policía española monta un dispositivo para expulsar a una niña que estaba de excursión con su colegio y llevaba escolarizada más de tres años. La policía detuvo el autobús, detuvo a la niña en presencia de sus compañeros y la expulsó a su país. No fue la última actuación de la policía. Mientras eso pasaba, tuvo que detener a la cúpula de un partido xenófobo de extrema derecha implicada en el asesinato de un periodista. Sucesos preocupantes o terribles y que sólo pasan en España. Jamás sucedería en Estados Unidos o Francia.

  El segundo ejercicio que conviene realizar es algo tan saludable y en ocasiones difícil como escuchar. Escuchar a los extranjeros que viven en nuestro país. Saben que España no es "Wonderland" ni todos los españoles tan encantadores como Antonio Banderas. Pero por la experiencia que tengo hablando con amigos estadounidenses, ecuatorianos, uruguayos, franceses, argelinos... es que su visión de España es bastante más optimista. No sólo eso, sino que como dicen ahora los modertontos en una horrible expresión que ha hecho fortuna, "ponen en valor" aspectos que los españoles ignoramos.

  Alguno dirá: esos amigos prefieren seguirte la corriente antes que discutir con un señor gordo y pesado (valga la redundancia). No creo, pero ¿quién sabe lo que hay dentro de un corazón humano o de una empanadilla industrial?

  ¿Es el pesimismo un "gen" hispánico? ¿Una herencia cultural desde la generación del 98 que hemos heredado incluso los que no han aprobado la ESO o han opositado a Técnico de Administración General? ¿Y si interesa crear un ambiente pesimista y derrotista? ¿Y si a algunos les interesa que pensemos, como en la novela de Vargas Llosa, que Perú se jodió en algún momento del pasado ignorado sin que ya sea posible la solución?

  ¿Conspiranoico? Quizá, ¿no explica también el pesimismo la elección de un líder tan gris como Mariano? ¿A quién beneficia fomentar la resignación, la aceptación del status quo como si fuera una peste bíblica? El pesimismo no es malo porque nos haga infelices sino porque conduce a la docilidad y la pasividad. Lo dice un impenitente pesimista.

  Por supuesto no hablo del optimismo tontorrón. De la doctrina de la "posibilidad", la sonrisa en la cara y ver en cada desahucio no un problema sino "una oportunidad" como dicen los coach en su jerga. Hablo del optimismo que predique que es posible un cambio. Es posible la redistribución de la riqueza. Es posible la eficiencia. Es posible lograr que aquellos que han expoliado y llenado ilegítimamente los bolsillos acaben pagando por sus delitos. Es posible el crecimiento.
 
Es posible la prosperidad, porque no estamos construyendo sobre un solar, ni sobre las cenizas de un incendio... aún.
 
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01 agosto 2013

Así habló Mariano

  Una amiga de cierto país de la Unión Europea me hablaba frecuentemente de la vergüenza (no digo discrepancia ni indignación) que le daba el comportamiento de su presidente.  Me daba pruebas, hechos y declaraciones, sin duda escandalosas, pero que palidecen al lado de la situación del Presidente del gobierno español. ¿Qué hubiera pensado ella si el presidente del gobierno de su país fuera Mariano Rajoy?

  Hoy, primero de agosto, ha comparecido (a rastras) Rajoy en el Congreso. Supuestamente comparecía para explicar el escándalo de financiación ilegal de su partido y los pagos de sobresueldos que, según la contabilidad del ex tesorero del partido, recibieron él y otros altos cargos del mismo.

  ¿Ha explicado o desmentido, aportando hechos o argumentos, si el Partido Popular tuvo una contabilidad "B"? ¿Ha explicado los sobresueldos en negro? ¿Ha explicado a cambio de qué el Partido Popular recibía tan generosas donaciones? ¿Ha explicado por qué hasta hace unos días el Partido Popular pagaba a Bárcenas la defensa y un sueldo, cuando aseguraron que no trabajaba para ellos? ¿Cómo es posible que durante veinte años no se dieran cuenta del enriquecimiento de su tesorero?  No, por cierto, que diría un personaje de Lope de Vega.
 
La explicación de Mariano ha sido solamente "me he equivocado" (durante veinte años).
Confié (durante veinte años) en alguien que no debía (y  además lo ascendí).

   ¿Ha explicado por qué, hasta hace solo unos meses, cuando se sabía que Bárcenas tenía cuentas en Suiza, Rajoy le mandaba "sms" de apoyo? "Luis (por Bárcenas) sé fuerte". (¿Juntos lo superaremos?) "Luis hacemos todo lo que podemos". ¿Qué significaban estos mensajes de texto? ¿Son acaso una pareja de enamorados? He aquí al brillante registrador de la propiedad dejando rastro de su afectuosa relación con el delincuente (como ahora le llama), como el caracol va dejando su baba a su paso por los azulejos.

  Hagamos por un momento como que estamos lobotomizados (parcialmente) y nos creemos la versión de Mariano, alias "El engañado", alias "Presidente/Plasma". M.R.B. Sería entonces un alma cándida que desconocía lo que pasaba en su partido durante cuatro lustros. Que ascendió a un delincuente en el que creía ciegamente incluso cuando ya estaba imputado (y se conocían sus cuentas millonarias en Suiza). Enternecedor, pero necesito otra dosis de electroshock para creerme eso.
  Pero Rajoy, que no duda en presentarse como un retrasado para exculparse y mantenerse en el cargo, es también aquel que se muestra desafiante y cínico, llegando a afirmar que no debía dar explicaciones, que éstas no iban a ser escuchadas ni entendidas por la oposición, que ya había llegado a sus conclusiones de antemano. ¿Y los ciudadanos? ¿Los que no somos PSOE ni UPyD, ni IU, ni CIU, ni PNV? Para Mariano no existimos.

 
  Personalmente creo que incluso para ser un sinvengüenza hay que tener cierto talento, talento del que Mariano carece. Sus corifeos y periodistas a sueldo dirán que estuvo brillante, fortalecido, coherente. Cacarearán en todas las emisoras la versión oficial. Pero es obvio que alguien con dignidad daría paso a otro de su partido, sin ir más lejos a su vicepresidenta, bastante más lista y desde luego más trabajadora. Pero el que se presenta como un ingenuo pasmado no tiene empacho en comportarse como un chulo (todos los mentirosos acostumbran a serlo). "Por supuesto, ni voy a dimitir ni a convocar elecciones". Por supuesto. Hasta ahí podíamos llegar. 



 Así habló Mariano.

¿Si sentimos vergüenza por Mariano? me preguntarán hoy.

Como diría un pijo: vergüenza no, lo siguiente. 



El Señor Gordo
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04 septiembre 2012

¿Me voy de España? Quiero cambiar

Incluso a un pesimista recalcitrante como yo, le sorprende y le apena el desánimo generalizado que se ha apoderado de España. Hace años conocí a una joven israelí en un concierto en Cartagena. Como hacen muchos de sus compatriotas, tras realizar el servicio militar de su país, daba una vuelta  al mundo tratando de huir del horror del pasado y quién sabe qué más. Viajaba sola. Apenas ya le quedaba un mes para el fin de sus vacaciones y sólo tenía una cosa clara: no quería regresar a Israel. "Y aquí en España ¿dónde quiere ir la gente?". Eso me preguntaba la joven ex soldado israelí, asumiendo que el deseo de los jóvenes de su país también lo era de los españoles.  No muchos años después, sin embargo, su intuición se ha hecho realidad. Hay dos frases que se han convertido en el "trending topic" callejero. "Me voy de España" y su pariente probre "si pudiera me iría".

¿Tan mal van las cosas? Van mal, aunque la gente sigue paseando por las principales calles de las ciudades, atestados los bares y los restaurantes, llenas todavía de alegría las plazas y las playas. Sin embargo, la sensación de que todo se ha acabado, de falta de futuro, es generalizada. El hecho de haber elegido un gobernante que encarna en si mismo la mediocridad, y la falta de optimismo lo dice todo. ¿Y si jugamos a que todo es un pretexto para cambiar?

Una reciente encuesta ha revelado que a la mayoría de las personas le gustaría dar un giro a su vida. ¿Quién no ha soñado alguna vez con dejarlo todo y dedicarse a su pasión? A pintar, a escribir, a vivir en el campo practicando el trueque o a viajar por el mundo con un macuto y una guitarra. La crisis es la perfecta excusa. Y es que en el fondo la vida cómoda de la casa con hipoteca a pagar en cómodos plazos de treinta y cinco años era tan, tan aburrida.

Yo también quiero cambiar. Ser gusano, rana u obispo auxiliar, por ejemplo.

Recomiendo cinco películas de cambio. Quizá a alguno les de ideas. 
  • "Todo lo demás" ( Anything else) Woody Allen
  • "Alguien voló sobre el nido del cuco" (One flow over cuckoo´s nest) Milos Forman
  • "La vida por delante" Fernando Fernán Gómez
  • "El rayo verde" Eric Rohmer (Le rayon vert) Eric Rohmer
  • "Antes del atardecer" (Before sunset) Richard Linklater