Tan vieja como la sociología o incluso la Torá es la ciencia de hacer las preguntas correctas. La pregunta correcta que uno debe formular no es para obtener el punto de vista del sujeto preguntado sino para recibir la respuesta que previamente queremos obtener. Unos llaman a eso manipulación y otros lo llaman implementar las posibilidades asertivas de las frases interrogativas.
Uno de mis pasatiempos mañaneros favoritos es contestar a las preguntas que el diario español El Mundo plantea a sus lectores en una intrigante sección a la que llaman debate. La pregunta planteada tiene dos posibles respuestas. El "no" se marca con una flechita verde y el "sí" con una flechita roja.
Por lo general las preguntas, que suelen tener un contenido político, se formulan en los siguientes términos: ¿Cree usted que el gobierno debe asumir responsabilidades, o que los sindicatos hacen todo lo posible, o que la oposición hace su trabajo etc etc etc o es usted un idiota? Una vez que votas te salen unas barritas de colores con el escrutinio. La respuesta de los idiotas (que es la que yo siempre apoyo) sorprendentemente suele estar siempre, sea cual sea el asunto planteado, en torno al veinte por ciento. Sospecho que siempre el mismo veinte por ciento de idiotas, lo que me confirma que en España aún abunda el sentido del humor incluso entre los lectores de El Mundo.
El debate sobre Cataluña se está planteando en términos parecidos. Nadie en su sano juicio prefiere ser dependiente a independiente, pobre a rico, tonto a listo, aburrido a divertido (bueno quizá Rajoy sí prefiera ser aburrido...) Quién no apoyaría el derecho a decidir. Qué bonita la palabra independencia, pero qué feo el término secesión. ¿Le gustaría a usted que Cataluña dejara de pertenecer a la unión europea? ¿Le gustaría que dejara de pertenecer al euro? ¿Está de acuerdo en no otorgar la ciudadanía catalana a los nacidos fuera de Cataluña con residencia inferior a diez años? Quizá, sí, por qué no.
¿Cosa de políticos? Ni hablar. Yo mismo puedo dejar en mantillas a los plumillas de El Mundo y a toda una caterva de independentistas furibundos. He formulado y formulo en mi vida privada cientos de preguntas tendenciosas y he intentado contestar otros cientos. Preguntas tendenciosas, absurdas, manipuladas, capciosas, en fin fraudulentas. Y aún así, no crean, alguno hay que prefiere estar en el veinte por ciento de los idiotas. ¡Serán idiotas!
En fin. Nada más bello que la sinceridad y pocas cosas son más valiosas que una buena paella y la cualidad de atreverse a formular las preguntas adecuadas sin pelos en la lengua.
Terminaré mi entrada con un ejemplo práctico, pero animo a todos los lectores de bien y buena voluntad a que formulen las suyas y así construir un mundo mejor y más justo.
1.- ¿Deben los salarios adaptarse a las exigencias de la producción o es mejor que el egoísmo de los trabajadores lleve el país primero a la ruina y luego a la guerra?
Sí, debe adaptarse.
No. Me gustan las guerras y las epidemias.
2.- ¿Debe España seguir sangrando cultural y económicamente a Catalunya, despreciando su cultura, burlándose de su infancia y mancillando a sus mujeres o es preferible que Catalunya se dote de mecanismos institucionales que nos den paz, prosperidad y la liga de Campeones para el Barça?
Sí. Es bueno que España siga esquilmando Catalunya hasta que la península sea otra vez Al Andalus.
No. Es mejor tener instituciones independientes, vivir en paz y celebrar los títulos en la Plaza Canaletes.
3.- ¿Es justo que Zapatero, que nos ha llevado a esta crisis económica y política viva tranquilamente escribiendo sus memorias o debería sufrir en sus carnes tanta injusticia y pobreza como su desgobierno socialista trajo?
Sí es justo. Habría que invitarle a que optara libremente por el suicidio.
No. Debería cavar zanjas como castigo o al menos leer novelas de Lucía Etxebarría.
