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16 abril 2016

You are not a bastard

  Dice Mariano Rajoy que en diez años los universitarios españoles deberán hablar inglés si quieren obtener el título. Para ser algo que ha dicho Rajoy, tiene bastante sentido, aunque es otra vuelta de tuerca a la ley del embudo, con la que luego les iluminaré. Verán, quiero compartir con ustedes la siguiente hipótesis. Pienso que a Rajoy se le toleran las frecuentes estupideces, simplezas, errores, falta de liderazgo y actitud pasiva por tener dos rasgos que aún son muy valorados. Es hombre. Es registrador de la propiedad.

  Si Mariano Rajoy fuera Mariana Rajoy y en vez de registrador de la propiedad fuera trabajadora social, auxiliar de clínica, bibliotecaria o parada no quiero ni pensar lo que los "Azúas" dirían cada vez que lo escucharan decir que el calentamiento global no existe porque se lo dijo su primo; que con Camps siempre estará a su lado, detrás o delante o que un plato es un plato. Pero está forjado a fuego en el imaginario español, al menos en el de los que pertenecen a cierta generación, que alguien que nada menos ha ganado la oposición de oposiciones es una persona brillante, por más que dé muestras de ser un mediocre, y que además no habla inglés.

  Hace unos años leí la siguiente anécdota del presidente de Chipre, Demetris Christofias. Hay que añadir que Christofias, pese a ser comunista, es muy "rajoyano" y se ha prodigado con abundantes frases similares a "es el vecino quien elige al alcalde y es el alcalde el que elige al vecino". En una ocasión durante un consejo europeo, Christofias departía en uno de los corrillos informales con otros líderes cuando de repente se incorporó el primer ministro británico, David Cameron, al grupo y Dimitris le dio la bienvenida con la frase "you are not a bastard".

 A Cameron no le hizo ninguna gracia que le dijeran que no era un chulo o un cabrón porque no tenía ninguna duda al respecto. El resto del grupo se quedó también igualmente sorprendido. Al final todo se trató, como era de suponer, de un malentendido lingüístico. El presidente chipriota había traducido literalmente una expresión griega equivalente a nuestro "hablando del rey de Roma". Ni que decir tiene que después del sofocón y de las excusas, Christofias tuvo que arrostrar con una buena cadena de chistes y chanzas sobre su incompetencia lingüística. 

  Pero "talking about the king of Rome". ¿Hubiera sido posible la misma anécdota con nuestro registrador de la propiedad favorito? Afortunadamente no, porque nuestro líder no tiene la "competencia lingüística", como se dice en la jerga, para mantener una conversación informal en inglés y animarse a meter la pata. ¿No recuerdan la conversación que mantuvo Mariano con el panameño Bertín Osborne en su programa de la televisión pública? Estaban en la cocina, como Pajares y Esteso en los bingueros, hablando de sus cosas. 

- ¿Y tú con el inglés cómo te manejas?

- Pues me cuesta...en mi generación no te mandaban a ningún sitio... pero salvo los nórdicos, el resto...

  ¿No te mandaban a ningún sitio? Mariano, habla como el vecino que trabaja en correos y que te dice que se ha ido de vacaciones a Londres. Cualquiera diría que el inglés es importante para desenvolverse a nivel internacional. Cualquiera diría que Rajoy no es una persona que ha estado ocupando altos cargos de responsabilidad, y últimamente el de mayor responsabilidad de España. ¿Por qué no se preocupó durante estos treinta años en aprender idiomas? ¿Un plato es un plato? ¿"A dish is a dish"? Al menos Aznar tuvo la decencia de hacerlo, y por cierto, con éxito, pese a las críticas, de tinte más bien palurdo, que recibió.

  Todo esto sería enternecedor si no fuera una manifestación más de la ley que rige las relaciones internacionales y también profundamente las nacionales. La ley del embudo, según la cual tú tienes las obligaciones y yo los derechos. Tú pagas tus impuestos aquí, y nosotros ya veremos dónde. Para mí todo, para ti, ajo y agua.

  Pueden darse una vuelta por las ofertas de empleo. Observarán la desproporción enorme entre requisitos y oferta. En los requisitos casi siempre incluirán idiomas. Inglés por supuesto, pero también alemán y francés son necesarios para alcanzar la condición de mileurista o de semiesclavo. Por tanto, se establece un "Principio de Peter" salvaje en el que los directivos pasan de la incompetencia a la superincompetencia ¿Han leído la carta de cese del ministro Soria? El recepcionista con contrato de un mes puede negociar en varios idiomas pero el Presidente del Gobierno de España, no puede ni siquiera decir, por error, "you are not a bastard". Eso es cosa de nórdicos. 

Un plato es un plato y un jeta es un jeta.



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14 diciembre 2015

A vergüenza revuelta, ganancia de pescadores

  Soy una persona con mucho sentido del ridículo. En alguna ocasión mi sensación ha sido exagerada, otras veces realmente hice el ridículo y la sensación es sumamente desagradable. Es como si un lodazal te cayera encima y por mucho que te laves y perfumes no fuera posible quitarse la hedionda pestilencia. Pero más desagradable que la propia sensación de vergüenza es la de vergüenza ajena. Una nota mal dada, una exposición torpe, un comentario desafortunado, o un debate "cara a cara" entre Rajoy y Sánchez. 

  Rajoy, Sánchez, Campo Vidal... No es el NODO pero está cerca. 
Una escenografía rancia. 

  El moderador presentando a los candidatos con una pompa ridícula "buenas noches Europa, buenas noches América..." y dos que ya no son dos, que son cuatro. No son dos líderes, son dos personas que se han quedado colgadas en un bar. Se aferran a la copa de whisky y se hacen los disimulados. Pero qué vergüenza cuando uno se queda esperando a alguien que nunca vendrá. 

  Me pregunto si ningún asesor les habrá advertido de lo erróneo del debate en "La Academia". Dos borrachos que se van tambaleando y que se apoyan para no caerse. Hungría - Uruguay no jugarán ya la final de un mundial. Un partido entre McEnroe y Bjork ya no es, por mucho que se empeñe Campo Vidal (que no es Fernández Borbalán sino Urizar Azpitarte). Señor Sánchez, señor Rajoy, señor Sánchez, señor Rajoy, señor Sánchez, señor Rajoy. Alguna que otra expresión castiza "castañazo", gente que se "forró". ¡Ostras Pedrín! Y Campo Vidal comienza a tener tics .Vaya noche me están dando. ¿Alguien me da una aspirina? 

  El debate ha transcurrido en una cháchara sin sentido, con cada uno de los candidatos intentando colocar sus eslóganes. Perorando con lo que repiten una y otra vez en mítines y entrevistas. Sin ningún sentido del humor, sin ningún sentido de la autocrítica, sin ningún rasgo de humanidad. Es cierto que Rajoy, viejuno, faltón y autoritario, no se desenvuelve mal en este formato que es la réplica televisiva del casino de pueblo. Olor a Winston y a sobacos, carajillos, Real Madrid, Barcelona, pescozones a los hijos y miradas a hurtadillas. ¡Pepe, coño, siempre me sirves el café con leche fría! Mariano es un personaje de La Colmena. ¿Te gustan los puros? ¿Te gustaría tomar uno? Pues trabaja, como yo. ¡No me interrumpa, Sánchez! ¿Y la piñata? ¿Los pecados capitales? 

  ¿Quién se toma en serio esto? Dicen que los "pensionistas". Supuestamente damas y caballeros de edad ya avanzada que han trabajado como mulas, pero que en la mayoría de los casos no han leído más de cinco libros. Señoras y señores criados con una educación básica, en la cultura de que es mejor lo malo conocido y que tienen que pedir ayuda a sus nietos para programar el video e ignoran cómo se manda un mail. Señoras, señores y mucho más jóvenes de los que creemos pero que viven en la dulce era analógica. Sálvame Naranja. Sánchez guapo, Rajoy experto.

  Al decorado del debate le faltó la mesa camilla y el brasero. Cifras, papeles, tono agrio de Junta de Comunidad de Propietarios. Señor Rajoy, señor Sánchez, señor Rajoy, señor Sánchez, bla bla bla. Les faltó dejarse de hablar de política exterior y debatir sobre la derrama de la comunidad o dónde encargar los bocadillos de la próxima excursión del Hogar del Pensionista o del Ateneo. Imagino a Rivera e Iglesias, en parte contentos y en parte aburridos, viendo como sus versiones 1.0 fuerzan al máximo su memoria RAM,  cómo se cuelga el navegador. Campo Vidal, Campo Vidal. A mi me gustaba Campo Vidal y Jimmy Connors. ¿Lo han rescatado del galeón San José? 

  Y tú más. Ruin. ¿A que te pego leche? ¿Vieja política? 
Será política zombi, cadavérica, en rigor mortis. 
Si hay algún indeciso que no se ha dormido, ya está votando naranja o morado.



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05 diciembre 2015

Quiero que gane lo peor de mí mismo

  Albert Boadella dijo una vez, hace ya años, que Jordi Pujol representaba lo peor de sí mismo. El dramaturgo sabía que hay una íntima conexión con los propios enemigos, con las personas y actitudes, valores y emociones que detestamos. El hecho de que nos repugne tanto estriba en parte en que los reconocemos como inmersos en nuestra propia naturaleza

  En su obra "Ubú President", Els Joglars trazaban el perfil de un mandatario mezquino (cambió las naranjas del patio de la Generalitat por otras de plástico porque se las robaban), manipulador y con tendencia a quedarse con todo. Y eso fue dicho y escrito en 1995, cuando Pujol era el padre de la patria. El político sensato con "seny" con el que a todos, empezando por el gran Iñaki Gabilondo, se les caía la baba cuando hablaba. Supongo que el propio Pujol o colaborador luego la recogía, la metía en un frasco y la vendía en una tienda Gourmet.

  Es más que sabido que el medio es el mensaje, especialmente con los políticos, y que al final su discurso acaba sonando a la ciudadanía como una cháchara incomprensible plagada de mensajes como progreso, lucha contra la corrupción, empleo, esperanza, bienestar, riqueza, seguridad y otras similares que se pasa por la batidora de los medios, se embotella y tras echarle una buena dosis de conservantes, colorantes, acidulantes, edulcorantes y espesantes se mete en el gaznate de los votantes. Como ven, si ha llegado usted al final de este párrafo, estoy descubriendo la rueda. ¿Pero a que lo he hecho con arte? ¡Ole!

  Hoy me he despertado queriendo que lo peor de mí mismo, que Rajoy, gane las elecciones. Aunque les parezca imposible, reconozco en Mariano muchos de mis peores defectos. Tanto él como yo hemos pasado muchas horas (y perdiendo muchas neuronas como acaba de acreditar un estudio científico) viendo el Tour de Francia por la tele, amén de la Vuelta Ciclista a España, el Giro de Italia, la Liga, La Champions League, Roland Garros y otros. Tanto Rajoy como yo pensamos que la mejor decisión es aquella que no se toma. Nos gusta ver cómo la gente se va cociendo en su propia salsa a la espera. 

  Como Rajoy, tiendo a pensar que las cosas no son ni blancas ni negras, menos cuando alguien nos intenta convencer de que son grises. Tanto Rajoy como yo somos altos, delgados, nos sale una barba rala, feos, sosos y en gran parte inútiles (¡qué haríamos sin Soraya!). Reconozco que con todo Rajoy es mucho más listo y ha aprovechado mejor el tiempo después de todo, pero no es esa la razón por la que me he levantado queriendo que don Mariano Rajoy Brey (En España son muy españoles y mucho españoles...) gane las elecciones. La verdadera razón es que Rajoy no solo es, sino que además parece mucho más viejo que yo, y sus rivales no.

  Cuando era niño y tenía los cromos de la liga de fútbol (eso que tanto nos gusta a Mariano y a mí) me llamaba la atención lo viejos que parecían aquellos futbolistas embarrados y con el pescuezo girado buscando un remate de cabeza a la escuadra. Es verdad que el aspecto de Bizcocho, Esnaola, Migueli, Sol, Baena, Giuliano, Kempes, Miguel Angel, Guisasola o Artola era diferente a los supertatuados futbolistas de ahora, aunque su discurso es el mismo (partido a partido y no hay rival pequeño). Viendo hace unos días la entrevista al portero de la Real Sociedad (partido a partido, estamos a muerte con el míster) me preguntaba si su madre sabría que estaba aún levantado a esas horas. Ver que los futbolistas son niños es duro, pero aún no estoy preparado para que los que me parecen críos sean los presidentes. 

  No hace falta haber pasado por las aulas de la prestigiosa Universidad de Alicante, (grado de Sociología) para darse cuenta de que en el resultado de los comicios venideros (me encanta utilizar la palabra comicios, me hace sentir como un tertuliano de los que invitan a la SER) la variable (¡otra más!) generacional (¡y otra!) va a tener una importancia clave. 

  Hoy publica El País lo que todos los que tenemos hijos y sobrinos en edad de merecer sabemos. Los jóvenes detestan a Rajoy. También los jubilados que juegan al dominó con Mariano le detestan (ni siquiera se dejaron ganar por él en Valladolid el otro día), pero les pasa como a mi, no quieren aún a su nieto dando órdenes desde La Moncloa. Necesitan a una presidenta con arrugas o a un presidente que tenga que afeitarse. Nos aferramos en vano.

  Rivera por eso es el candidato ideal. No es que sea vagamente guapo, que lo es, y atractivo, que también. Es que tiene la saludable lozanía del "establishment". Si Sánchez es un prototipo, Rivera es la versión mejorada. Sánchez aún se cuelga cuando le instalas determinadas aplicaciones, entra en bucle, resulta aparatoso y los diseñadores no le consiguieron sacar cierto tonillo chulesco. El Rivera 2.0 todo resulta más "jugable", tiene mayor potabilidad y seguramente gigas. 

  ¿Iglesias? Todo el mundo sabe que hay tipos a los que se les piden favores y son excelentes personas, pero cuando se llega a una fiesta o hay que ir de viaje, uno quiere estar con los que molan, no con los buenos. Los fascistas de la falange decían que vale quien sirve, pero la realidad es que "mola" quien puede (de poder, de fuerza). Rivera mola más, es así de simple. Iglesias es el friki del after. Por supuesto siempre tendrá su público abundante, pero no es Ken. Rivera es Nadal, es Tommy Hilfiger. Está bien lo de Alcampo y la coleta, pero al final, cuando de poder se trata, la increíble capacidad del sistema para reproducirse a sí mismo es imparable y Rivera es el modelo de la casa confortable, los bíceps torneados, la limpieza bucal impecable, la novia guapa, lista, dulce y dócil (y no la novia chillona e irascible del politburó), el coche cool, la palabra adecuada, la boda en Bali (suegros y suegras llorando de emoción, por supuesto). Es encomiable vivir en Carabanchel con latas abiertas en la nevera y moho en la junta de los azulejos, desde luego. Pero ya te iremos a buscar, Pablo, cuando el catalán (entonces ya no será Rivera, será Albert) nos salga rana. Da igual que el pasado de Rivera sea ideológicamente inconsistente y preocupante. Da igual que sus apoyos sean medianamente tenebrosos. Los viejos queremos a un fracasado (y viejo) como nosotros, pero la juventud siempre aspira a la salud, al vigor,  al triunfo. Just do it!

Por eso Rivera será el presidente del Gobierno con ayuda de la versión 1.0.
Ojalá me equivoque. La suerte es que casi siempre lo hago.


Mitch Blunt


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01 diciembre 2015

No ir

  ¿Quién no ha soñado alguna vez con no ir a trabajar y seguir conservando el puesto, el sueldo y su reputación? O mejor aún, ¿quién no ha soñado que uno no va a trabajar y otra persona más eficaz y servicial va por él? Yo como abogado sé lo que es trabajar y que no te paguen, pero aunque vivo en el lado oscuro de la luna, sé que existe otro lado. Lo sé porque lo veo en las noticias. En concreto veo a Rajoy, que tiene un pequeño empleo como presidente del Gobierno de España, y que no va a trabajar a veces (como ir a un insignificante debate electoral con otros candidatos para un trámite jurídico al que llaman elecciones generales), o mejor aún, se lo encarga a otra persona, en este caso la siempre dispuesta vicepresidenta-para-todo, Soraya Sáenz.

  Ayer tuvo lugar el debate de tres candidatos organizado por El País con dos ausencias. Uno de los candidatos (Garzón de Izquierda Unida) no fue invitado. Todo club selecto debe tener un "margi", un apestadillo que haga más viciosamente interesante la reunión de los "elegidos". Hasta en la pandilla de los más zoquetes del patio se sabe. Yo he hecho con mi marginación una cantidad no despreciable de clubes selectos a lo largo de mi vida, algo de lo que me enorgullezco. La otra ausencia como saben es la de Mariano Rajoy. Teniendo en cuenta que el debate era lunes 30 de noviembre y por tanto el horario no coincidía con ningún partido de la Champions Leage, ninguna etapa del Tour de Francia, ninguna eliminatoria de la Copa Davis ni aparentemente nada que no fuera urgente, su ausencia resultó aún más dolorosa.

  Los organizadores del debate, para mostrar este gran vacío que Mariano dejó en los corazones de los ciudadanos, colocaron melodramáticamente un atril vacío en señal de su ausencia (snif, snif). Yo hubiera ido más allá y habría colocado un ramo de flores, para acentuar los tintes dramáticos, aunque la audiencia sabría de sobra que no estaba muerto, estaba de parranda.

  A estas alturas subrayar lo imprescindible de un debate público entre candidatos en una democracia parece algo tan obvio como resaltar que deben pelarse las patatas para hacer una tortilla española, o que se necesita agua en una piscina para poder nadar en ella. Sin embargo es sabido que los maltratados/as ven como naturales situaciones y comportamientos que los demás ven como inaceptables. Yo jamás votaría a un candidato que se niega a debatir, (ni para presidente ni para presidir el "AMPA") pero debo reconocer que millones de personas sí lo hacen, y como la hipótesis de que millones de personas son necias es inaceptable, cabe preguntarse genuinamente por qué sucede.

  La razón por la que se tolera quizá radique en que para los votantes los debates son tan irrelevantes o dañinos como para el candidato. Para muchas personas en España (y muchos otros países) discutir de política es un acto peligroso, que se hace con pasión, engendra diferencias donde no las había y es un acto básicamente pretencioso y vacío que se descalifica con la frase "estos están arreglando el mundo". Además el debate y la confrontación serena de ideas es algo que está excluido de la enseñanza en España. De hecho, los alumnos que debaten y cuestionan son "raros". Si a esto se le suma que persiste entre muchas personas (y especialmente varones mayores de cincuenta años, caladero de votantes del PP) una actitud que confunde el autoritarismo con la seguridad, se entiende que en la práctica los debates se vean como algo pernicioso y a evitar. Los medios tampoco ayudan mucho con sus valoraciones de "quién ha ganado el debate", puntuación alquímica que solo saben descifrar nigromantes en ciencias políticas y sociológicas.

  Ya lo dice Pablo Casado (versión alcatel del PP de los candidatos jóvenes del resto de los partidos) que el vencedor del debate ha sido el PP, que con sabiduría no fue y por tanto no manchó su lengua hablando de obscenidades como la economía, la seguridad, la inmigración o la sanidad. Es verdad que algún día tendrá que hacerlo, pero (¡gracias a Dios!) tenemos a la chica. Dice otro portavoz del PP que el presidente no fue porque "estaba gobernando". Uno se lo imagina entonces, de noche en medio de la tormenta, solo en el puente de mando, controlando el timón, la presión de la caldera y sorteando los arrecifes, mientras los marineros se emborrachan en el camarote, parloteando sobre mujeres y jugando a las cartas.

  Siendo sinceros, lo más importante que hará y dirá Rajoy a lo largo de la campaña electoral ya está dicho y hecho. Dicho: Cristiano Ronaldo se merece el Balón de Oro. Hecho: la cariñosa colleja a su hijo, en el acto más humano que se le recuerda en público, quien declaró que los comentarios de Manolo Lama eran una basura. Estoy seguro que tal y como lo dijo el niño el padre comparte la opinión, y se han echado ambos unas buenas risas a costa de semejante maldad (verdad verdadera). ¡Bien por el padre! Pero, ¿y el candidato?

  Al candidato no le irá mal, o por lo menos no peor. Ya ganó así más de una vez. Lo mejor es no ir, no hablar, mandar a otro o mejor a otra... ¡Dolce far niente!




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15 mayo 2015

¿La edad de la inocencia?

  Si usted es hispanita sabrá que la parte de la Península Ibérica (y las islas y ciudades ocupadas), donde se inventó la tortilla de patatas, se encuentra en plena campaña electoral. 

  (Si vive en España vaya directamente al párrafo tres). Dentro de un par de domingos se eligen los gobiernos de las ciudades y de unos cuantos parlamentos de Comunidades Autónomas. No son unas elecciones cualquiera. Dos partidos "emergentes" disputan la supremacía de los dos partidos "del sistema" y otro buen puñado de partidos de izquierda, nacionalistas más otro de color magenta tratan de mantener el tipo y conservar al menos parte de la representación que poseen. En resumen, se trata de una elecciones moviditas

  Como son tan disputadas las elecciones, los candidatos se ven en la obligación de "echar toda la carne en el asador". El problema es que, y aprovecho de mala manera el gancho de la frase, es que la carne que se echa es casquería. Como mucho una morcilla, pero ni una sola cinta de lomo, ya no hablo de solomillos. Trataré de explicarme.

  Hace ya más de siete años, durante la campaña para la primera elección de Barak Obama como presidente de Estados Unidos, que los politólogos, sociólogos y otras especies de expertos en el campo de la naturaleza humana, señalaron el cambio que habían dado las campañas electorales. Destacaban el papel, por ejemplo, de las nuevas tecnologías de la información, que habían transformado (decían) el discurso político. 

  Pero de la misma manera que ya hemos sobrepasado dos mil uno y no tenemos un ordenador como Hal 9000 dando su merecido a los astronautas aviesos; en las elecciones españolas del año 2015 no asistimos a una vuelta de tuerca en la sofisticación política. Al revés: la vuelta de tuerca se da sobre los mismos modelos añejos de siempre, modos y costumbres con olor a sobaco recalentado y calcetines sucios. 

  Creo que las imágenes y el olor a fritanga política está en las retinas y las fosas nasales de todos (y de todas, por supuesto), pero solo para divertirnos, mencionemos al que quizá sea el más espeluznante: Rajoy, Cifuentes y Aguirre dando/haciendo un simulacro de paseo en bicicleta. Los guardaespaldas les vigilan a cierta distancia, como si fueran leprosos. Caras de mastuerzos. Ni siquiera se han ajustado bien el sillín. Lo veo y me insulta como español (no deja "ese" de ser el Presidente del Gobierno de mi país). Me insulta como ciclista, me insulta como ciudadano y por último me insulta como seguidor de Verano Azul. Si un humorista tratara de hacer una parodia de la escena, le resultaría una ardua tarea, puesto que la escena en sí ya es un esperpento. 

  Sin embargo, ¿de verdad son tan... digámoslo sin tapujos... estúpidos como aparentan? ¿Lo son sus asesores, sus politólogos, sociólogos, coach y "seos"? No lo creo. ¿Entonces por qué lo siguen haciendo? ¿Por qué fingir que se monta en bici con cara de merluzo? ¿Por qué seguir besuqueando a niños, abrazando ancianos, tocando las cabezas de los discapacitados, plantando geranios, cantando coplas, haciendo paellas, todo ello con la expresión en la cara más falsa que la Dama de Elche? 

¿Por qué?

  Toda persona medianamente inteligente sabe, o intuye desde pequeño, que es importante definirse en la vida. No solo lo que se quiere, lo cual resulta esencial, sino también "de qué se va". Si nos ponemos serios podríamos decir en términos de sencilla comparación, que elegimos meta y herramientas. Es decir, no se puede ser como este blog, en parte aspirante a página de humor, en parte columna política y cultural. Ni carne de chiste ni pescado de analista.

  De esta gente, los falsos ciclistas y otros, se podrán decir muchas cosas, pero no se podrá negar que sí saben lo que hacen y dónde quieren llegar. Por tanto (ergo para los que quieran un chiste) si lo hacen es porque funciona. Es decir, todavía hay gente, más de lo que nos podamos pensar, quizá nosotros mismos, a los que la opereta electoral de niños en brazos y partidas de dominó en las residencias de ancianos nos emociona y nos convence en lo más íntimo de nuestro humilde ser. 

  La mercancía va en función del comprador, dicen los que saben de esto. No me resisto a hacer una, me temo que sombría, reflexión final. España se ha descapitalizado en talento de manera extraordinaria en los últimos años. Como de siempre les ha pasado a muchos países pobres, los más preparados, creativos y audaces se buscan las habichuelas fuera. 

¿Es esta campaña "analógica" de charanga y sardana el reflejo de la España que va quedando?





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30 octubre 2014

Sin perdón

  Pido perdón, pido perdón, perdón. Lo siento. 
Mis más sinceras disculpas. 
No lo sabía, no me di cuenta, me engañaron. 

  Estas y parecidas razones cacarea ahora el Presidente del Gobierno de España. Lo hace leyendo un papel sin tener el desparpajo de derramar unas cuantas lágrimas, aunque fueran de cocodrilo. Como dice Michael Corleone, nos pide el favor de que lo perdonemos, pero lo hace sin ningún respeto. Que le perdonemos su falta de cuidado, por su negligencia, pero no por sus propios pecados.

  Después de negarlo todo, después de decir que eran casos aislados, después de decir que exagerábamos, ahora que la corrupción política y empresarial en España es tan obvia como el aliento a ginebra de un borracho, se sacan el último naipe de la chistera. Su disculpa no nace de su afligido corazón sino de las instrucciones de los asesores. "Pedir perdón. Sentirse indignado. Posdata. No olvidar poner cara de cordero degollado antes de ser degollado".

  Los asesores, sociólogos y otros cerebros del Partido Popular han llegado a la conclusión de que España no deja de ser un país de tradición católica. Un país sentimental después de todo. Un país feo después de tanta corrupción, pobreza y desigualdad. Católico, feo y sentimental como Valle-Inclán, creador del esperpento definió a su decadente personaje el Marqués de Bradomín. No se hagan ilusiones, los asesores no leen a Valle, ni se creen feos ni mucho menos sentimentales. Pero sabedores de la influencia del perdón, no dudan en jugar la carta de la manipulación sentimental. Ya lo decía Calisto en la Celestina "que de los buenos es propio, las culpas perdonar". ¿Vamos a ser tan malvados con esta pobre gente que no ha matado a nadie, tan solo se ha llevado unos cuantos miles de millones de euros? ¿Y qué es acaso el vil metal comparado con la grandeza de nuestros corazones?

  En el fondo de la mayoría de los españoles anida una primera comunión (aunque rara vez una trigésima). Por tanto, algo les suena de la catequesis o de las palabras melifluas arrojadas en las clases de religión. El perdón es un concepto capital del catolicismo. Tienen un sacramento consagrado que se desenvuelve en torno al concepto de perdón. Sin embargo, bien provistos como está el Partido Popular de miembros del Opus Dei, debería recordar que tras administrarse el sacramento de la confesión lo que se logra es la absolución de los pecados. Como diría cualquier tertuliano que se precie: al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios exento de impuestos. 

  Estar libre de pecado, para los que vivimos sin religión, no significa gran cosa, pues existe el concepto del mal, y quizá también los remordimientos, pero no el pecado. Tampoco para los creyentes basta con la confesión. Como recordaba algún contertulio de edad, para recibir el perdón, el pecador debe mostrar sinceridad y propósito de enmienda. Difícil creer en la sinceridad de quien pide disculpas leyendo un papel y menos en su propósito de enmienda cuando las medidas que toma contra la corrupción son papel mojado.

  Los piadosos de verdad saben que ciertos pecados no se lavan con la mera confesión. El caballero don Juan Manuel de "Romance de Lobos" de Valle-Inclán, sabe que no basta el arrepentimiento de su vida disoluta, que ha llevado a la tumba a su mujer.  Es imprescindible la penitencia. Su penitencia es la búsqueda de la muerte que no llega, la indigencia y el martirio de ver a sus hijos convertidos en animales de rapiña.

  Pero además, el perdón debe de ser recibido y aceptado. No siempre conviene, pese a la buena fama que tiene la magnanimidad. Es bien sabido que los maltratadores tienden a pedir perdón a sus víctimas, a quienes les tratan de convencer de su sincero arrepentimiento. Muchos esfuerzos se han dedicado a convencer a las maltratadas en lo peligroso e inútil que resulta perdonar al maltratador, quien tanto si fue sincero como si no, probablemente volverá a repetir su agresión, seguramente con más violencia.

  —¿Quién es el dueño de esta pocilga?—. brama William Munny el asesino vengativo que encarna Clint Eastwood en "Sin perdon" (Unforgiven. 1992). Munny trabajaba humildemente de porquero. Su difunta mujer le había redimido. Sin sangre ni licor. O al menos eso creía, porque si es un asesino de ágil gatillo en el lejano oeste tarde o temprano uno seguirá su naturaleza y no habrá para él perdón ni redención, y eso que Munny era sincero. Conviene recordarlo y actuar en consecuencia.



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01 agosto 2013

Así habló Mariano

  Una amiga de cierto país de la Unión Europea me hablaba frecuentemente de la vergüenza (no digo discrepancia ni indignación) que le daba el comportamiento de su presidente.  Me daba pruebas, hechos y declaraciones, sin duda escandalosas, pero que palidecen al lado de la situación del Presidente del gobierno español. ¿Qué hubiera pensado ella si el presidente del gobierno de su país fuera Mariano Rajoy?

  Hoy, primero de agosto, ha comparecido (a rastras) Rajoy en el Congreso. Supuestamente comparecía para explicar el escándalo de financiación ilegal de su partido y los pagos de sobresueldos que, según la contabilidad del ex tesorero del partido, recibieron él y otros altos cargos del mismo.

  ¿Ha explicado o desmentido, aportando hechos o argumentos, si el Partido Popular tuvo una contabilidad "B"? ¿Ha explicado los sobresueldos en negro? ¿Ha explicado a cambio de qué el Partido Popular recibía tan generosas donaciones? ¿Ha explicado por qué hasta hace unos días el Partido Popular pagaba a Bárcenas la defensa y un sueldo, cuando aseguraron que no trabajaba para ellos? ¿Cómo es posible que durante veinte años no se dieran cuenta del enriquecimiento de su tesorero?  No, por cierto, que diría un personaje de Lope de Vega.
 
La explicación de Mariano ha sido solamente "me he equivocado" (durante veinte años).
Confié (durante veinte años) en alguien que no debía (y  además lo ascendí).

   ¿Ha explicado por qué, hasta hace solo unos meses, cuando se sabía que Bárcenas tenía cuentas en Suiza, Rajoy le mandaba "sms" de apoyo? "Luis (por Bárcenas) sé fuerte". (¿Juntos lo superaremos?) "Luis hacemos todo lo que podemos". ¿Qué significaban estos mensajes de texto? ¿Son acaso una pareja de enamorados? He aquí al brillante registrador de la propiedad dejando rastro de su afectuosa relación con el delincuente (como ahora le llama), como el caracol va dejando su baba a su paso por los azulejos.

  Hagamos por un momento como que estamos lobotomizados (parcialmente) y nos creemos la versión de Mariano, alias "El engañado", alias "Presidente/Plasma". M.R.B. Sería entonces un alma cándida que desconocía lo que pasaba en su partido durante cuatro lustros. Que ascendió a un delincuente en el que creía ciegamente incluso cuando ya estaba imputado (y se conocían sus cuentas millonarias en Suiza). Enternecedor, pero necesito otra dosis de electroshock para creerme eso.
  Pero Rajoy, que no duda en presentarse como un retrasado para exculparse y mantenerse en el cargo, es también aquel que se muestra desafiante y cínico, llegando a afirmar que no debía dar explicaciones, que éstas no iban a ser escuchadas ni entendidas por la oposición, que ya había llegado a sus conclusiones de antemano. ¿Y los ciudadanos? ¿Los que no somos PSOE ni UPyD, ni IU, ni CIU, ni PNV? Para Mariano no existimos.

 
  Personalmente creo que incluso para ser un sinvengüenza hay que tener cierto talento, talento del que Mariano carece. Sus corifeos y periodistas a sueldo dirán que estuvo brillante, fortalecido, coherente. Cacarearán en todas las emisoras la versión oficial. Pero es obvio que alguien con dignidad daría paso a otro de su partido, sin ir más lejos a su vicepresidenta, bastante más lista y desde luego más trabajadora. Pero el que se presenta como un ingenuo pasmado no tiene empacho en comportarse como un chulo (todos los mentirosos acostumbran a serlo). "Por supuesto, ni voy a dimitir ni a convocar elecciones". Por supuesto. Hasta ahí podíamos llegar. 



 Así habló Mariano.

¿Si sentimos vergüenza por Mariano? me preguntarán hoy.

Como diría un pijo: vergüenza no, lo siguiente. 



El Señor Gordo
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15 julio 2013

Adiós Mariano

  A menudo se critica en España la incapacidad que tienen los cargos públicos para dimitir. Acuciados por las imputaciones, las acusaciones, los chantajes o el descontento prefieren seguir en sus cargos contra viento y marea. ¿No decía el poeta aquello de que descansada vida la de aquél que huye del mundanal ruido? Eso me repito yo cada mañana. Pero los políticos, como los toreros y los amantes de la música de Alejandro Sanz, deben estar hechos de otra pasta. No les debe gustar descansar. Si me acusaran a mi de la décima parte de lo que acusan a un político imputado cualquiera, sólo sobreviviría a base de desayunar galletas de Trankimazin. Pero ellos van a una cena de gala y hasta tienen ganas de comer. Incluso si el menú es de carne roja.

  Abucheos, peticiones de dimisión, titulares en la prensa. ¿No sería más fácil renunciar? Gente con más conocimientos que yo (es decir, la gente) me que dice que no. La renuncia al cargo supone renunciar al último parapeto. Salir a la intemperie para que te devoren las fieras. Vivir desnudo en la jungla. En otras palabras, hay que ser más inocente que un bebé para tener el valor insensato de dimitir de un cargo público cuando se está acuciado por problemas con la justicia.

  Desde el punto de vista humano lo comprendo. Tengo la horrible costumbre de empatizar con los que pasan dificultades, aunque los que las pasen sean villanos de ficción o realidad. Les rodea la policía, Superman, el bueno, la Cía, los sobres, los vaqueros del Rancho o vete a saber tú qué más criaturas bondadosas. Y sin embargo la experiencia dice que todo es estéril. Muertos, acabados, terminados, "kaput". Más que salmones remontando el río a los que les espera la muerte al final de su odisea, se asemejan más a zombis. Están muertos pero no lo saben. 


  Rajoy es ya un zombi, un vampiro, un nosferatu conservador. Bárcenas y todos los demás casos de corrupción lo han liquidado y sólo falta saber cuándo se le clavará la estaca en el corazón y quién será capaz de colgarle la cabeza de ajos. Por eso me gusta llamarle ahora Mariano. Por eso mi nivel de hostilidad hacia el personaje, que a veces ha estado cerca del fanatismo (lo considero mucho más insoportable que Aznar, que al menos parece creer en algo y juega al pádel) empieza a decrecer. Lo veo delgado, desmejorado, titubeante, con problemas de memoria típicos de los que han estado altamente expuestos a niveles tóxicos de estrés.

  Como le dijo Rick a Elsa, "tal vez no te arrepientas hoy, pero será mañana o cualquier otro día". ¿Arrepentirme de qué? De no haberme marchado antes. De no haber contado antes lo que pasaba, a fín de cuentas ¿qué son veinticinco mil euros para un Registrador de la Propiedad? En los años buenos eso se lo levantaba un oficial de notaría en tres meses.  Falta saber ahora si será verdad aquello que alguien vendrá que bueno te hará. En este caso, lo dudo. Adeu Mariano.


El Señor Gordo
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18 octubre 2012

Grecia y todos Caducados

    La semana pasada el gobierno griego anunció que permitiría la venta de alimentos caducados. Se darán por supuesto unas pequeñas reglas para que la gente no se intoxique más de lo aconsejable y se excluirán los productos cárnicos y lácteos. Este hecho me desconcierta como habitual consumidor de yogures pasados de fecha que me niego a tirar a la basura y nunca me sentaron mal. Dice Yorgos Moraitakis, asesor del Ministerio de Desarrollo, Competencia y Marina Mercante griego, que no entiende por qué esta medida está causando tanto ruido y no le falta razón. No van a ser las latas de alubias lo único que comemos caducado.

    Tomemos como ejemplo al Presidente del Gobierno español. Esta semana ha comenzado el juicio del hundimiento del petrolero Prestige, una de las mayores catástrofes ecológicas que hayan ocurrido. Ya con el barco hundido, Rajoy, responsable del gabinete de crisis que gestionaba la catástrofe, declaró que del barco salían unos hilitos como de plastilina. Diez años después no ocupa el banquillo en el juicio sino que es el producto estrella de nuestra tienda, y sin embargo ¿no les parece un señor francamente caducado?¿No lo está también el líder de la oposición?

    No sólo consumimos personas caducadas, también restos de la riqueza del pasado enmohecida. En España se va a crear este año un "Banco Malo" que almacenará todos los "activos financieros tóxicos". Es decir, detritus bancarios, solares llenos de moho, hipotecas malolientes, promociones inmobiliarias agusanadas y otros activos más putrefactos que caducados restos del antiguo esplendor.

    Pero quizá seamos demasiado injustos con los que detentan el poder ¿No son nuestras ideas de organizar nuestras vidas y el mundo productos perecederos que hace tiempo debieron haberse arrojado al contenedor de desperdicios orgánicos? El mismo modo en cómo vivimos, no está en gran medida pasado de fecha. ¿No está caducadas hace siglos las religiones? ¿No son los anhelos nacionalistas deseo de consumir un producto decimonónico cuya fecha de consumo preferente caducó cuando el mundo pasó a ser globalizado? ¿No es el propio sistema capitalista, con sus crisis cíclicas, sus tremendas desigualdades, y su coste social y medioambiental, un producto degradado por el tiempo, de olor rancio, textura pegajosa y sabor desagradable?

Me encantaría consumir productos frescos. ¿Alguien los vende?