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14 octubre 2016

Cantautores

  A los humanos se nos da bien hacer bandos. En palabras de un legendario personaje de Clint Eastwood, los que miran y los que cavan. Siguiendo esta lógica simplista de la dicotomía, hoy es el día en el que hay que recordar que hay dos tipos de personas: a los que les gustan los cantautores y a los que no. En el grupo de los que no, están los que no les gusta la música, los que odian el sonido de la guitarra y también los candidatos no premiados al Nobel de Literatura.

  Por supuesto uno tiende a pensar que estas lumbreras de las letras, estos pensadores privilegiados, estarán por encima de los rumores sobre su candidatura. A Cervantes nunca le dieron el Nobel, por la misma razón que nunca pudo oír hablar del "genocidio" en América, y por los mismos motivos a Shakespeare. Y tampoco se lo dieron, y podían, a Borges o a James Joyce. ¿No les importó? ¿No les importa que los periodistas estén en la puerta de casa dispuestos a enarbolar la cámara y la alcachofa? Puede que no.

  Pienso por ejemplo en Murakami. Eterno aspirante a ganar el premio, y por lo tanto supongo que preparado para que al final sea un oscuro poeta filipino o un semidesconocido dramaturgo bielorruso el que se lo lleve. Dejaré volar la imaginación y me lo imaginaré escuchando música para pasar el día en que se conoce el nombre del galardonado. Si fuera español podría decir si sale con barba, San Antón y si no, la Purísima Concepción. Las novelas de Murakami están trufadas de música, fundamentalmente de música de los años 60. ¿Qué nos ponemos para pasar el día de hoy? ¿Beatles, Rolling Stones, los Who...?

  En su novela Tokyo Blues, Midori interpreta una curiosa canción que ella misma había compuesto. "Quiero cocinarte un estofado, pero no tengo cazuela. Quiero tejerte una bufanda, pero no tengo lana. Quiero escribirte una poesía, pero no tengo pluma". Sí, yo también pienso de vez en cuando que los cantautores pueden ser unos farsantes. "Esta es una canción (rasgueo de guitarra) que escribí en una noche como esta (rasgueo de guitarra) mientras miraba el mar en una playa de mi amada Cádiz (rasgueo de guitarra) y miraba a una pareja de enamorados que paseaban (rasgueo) comiendo un helado (rasgueo) y que quiero dedicar a todos los que todavía les gusta el amor y los helados artesanos (rasgueo y grititos de emoción entre el público). La canción se titula: "Besos de vainilla".

  Pero eso no significa que todos sean así. ¿Acaso no es genial Joaquín Sabina? ¿No lo era Krahe? Brassens, Luis Pastor, Paco Ibáñez, Maria del Mar Bonet, Lluis Llach, Jaume Sisa, Joan Baez, Tracy Chapman, Mercedes Sosa, Victor Jara, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez...Sí, me imagino a Murakami escuchando música, eligiendo por ejemplo la de Bob Dylan. Quizás "The man in me".



The man in me will do nearly any task

And as for compensation, there's little he would ask

Take a woman like you

To get through to the man in me.


  Hace unos años, el concejal de un pueblo de cuyo nombre no quiero acordarme canceló el concierto de Bob Dylan por considerarlo aburrido y tocar de espaldas al público. Antes de proceder a lapidar a este concejal transcribo parte de una crónica con ocasión de su concierto en el Barclaycard Center de Madrid.

  "Pero no es posible que alguien que está pensando en que tiene cosas mejores que hacer encadene en una serie 'Simple twist of fate' (uno de los dos recuerdos del'Blood on the tracks', junto con otra irreconocible 'Tangled up in blue'), 'Early roman kings' (de 'Tempest'), 'Forgetful heart' (de 'Together trough life'), 'Spirit on the water' (de 'Modern times') y 'Scarlet town' (de nuevo, de 'Tempest'). No, Bob, no siempre se puede ganar al despiste".

  And the Winner is Dylan!, cuya leyenda es tan grande que ni necesita aparentar que le gusta dar conciertos y mucho menos recibir premios. Menos mal que ha acabado este horrible día Haruki (Murakami), Philip (Roth), Ismael (Kadaré), Javier (Marías) y otros. En las próximas fiestas, traeremos para que nos de un recital a Pérez-Reverte.






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03 mayo 2015

Japoneses sin Manga

  Yukio Mishima, Kenzaburô Oê y Haruki Murakami


  Reconozco que la lista no supone ninguna revelación. Los tres son sobradamente leídos, conocidos, célebres y premiados. Por tanto soy consciente de que no estoy descubriendo el Mediterráneo, pero quizá puede resultar de interés (¡oh paciente lector!) que cuente mi chapoteo en las playas del Mare Nostrum, es decir, mi experiencia de lector de estos tres autores. Si no considera interesante dicha experiencia, puede pasar directamente al último párrafo donde doy mi opinión sobre las semifinales de la Champions Leage.

Mishima. Lo leí a una edad en la que debía estar prohibido hacerlo. El libro era de mi hermana Alicia y era vecino de estantería al lado de novelas célebres de la época, "Memorias de Adriano" y "Bomarzo". En la portada aparecía el propio Mishima, en lo que ahora es un célebre icono, no tanto como el Ché pero sí a la altura de Hemingway (plasta ad nausean) con su pipa y su pose de marino, desnudo de cintura para arriba y con una cinta en la cabeza. La cubierta del libro informaba que el autor, poco después de esa foto, se había hecho el Hara Kiri. A un adolescente morboso no había que decirle nada más. La novela en cuestión era "El marino que perdió la gracia del mar" (1963). Ryuji, un marinero, comienza una relación con Fusako, una viuda que tiene un hijo que a su vez tiene una pandilla de amigos con ideas propias. 

  Años más tarde apareció otro japonés. Daba clases en un internado en Inglaterra. Clases de asignaturas de las que no tenía ni la más remota idea, como mis alumnos no tardaron en comprobar. Aún así, me apreciaban. Mi amiga Eva Llobell me mandó un libro, seguramente como una broma, o quizá para darme ideas muy precisas sobre qué es lo que tenía que hacer con mis discípulos. Se llamaba "Arrancad las semillas, fusilad a los niños" (1958) de Kenzaburô Oê. No tiene nada que ver con su compatriota antes mencionado, salvo la cualidad de aunar de manera precisa lo cruel y lo poético. Como dice la reseña que está publicada en la página web de la editorial española, "la novela narra las proezas de un grupo de chicos adolescentes evacuados en la guerra a un remoto pueblo de montaña donde su alcalde cree que hay que suprimir a los revoltosos de raíz".

  ¿Fusilé a los niños? Si es usted policía (aunque en ese caso dudo que sea aficionado a la lectura) o fiscal, le debo tranquilizar. Hay libros de los que se sale diferente de cómo entraste y esa novela me ayudó a comprender más a los muchachos que muchas charlas de pedagogía. Así que no lo hice, pero Oé debe de ser cuidadosamente dosificado, como la isotetrinoína. Años más tarde, le dieron el premio Nobel de literatura, y pude presumir en un par de reuniones. 

  Candidato parece que eterno a ese premio es Haruki Murakami, y por tanto, lo más probable es que no se lo den nunca. No creo que haga falta. Debo decir que a Murakami me lo recomendó Mati, la mujer de mi hermano. Se estaba comprando una de sus novelas en la Fnac y ciertos comportamientos de ciertas personas deben de ser imitados de inmediato, como la derecha de Rafael Nadal o el bacalao de Karlos Arguiñano. Compré, para disimular, una novela diferente: "Al sur de la frontera, al oeste del sol". ¿Es que no pueden poner un nombre normal o es un problema de traducción? La novela es la historia de Hajime y también de Shimamoto, su amiga de la infancia recobrada. Resulta que por aquella época yo le daba vueltas a cosas perdidas. ¿Se pueden recuperar? ¿Y si se puede es realmente deseable?

  Murakami, para mi gusto, hace concesiones al gusto occidental o quizá él mismo es más occidental que los otros colegas de profesión. Pero el hecho de que llene sus páginas de música de Coltrane y otros, no debe confundir sobre su "radicalidad" oriental, por decirlo de alguna manera (que los críticos y los radicales me perdonen).

  ¿Algo más? ¿Por citar tres autores archiconocidos ya tenemos que pensar que es un experto en literatura japonesa? ¿A quién va a recomendar más? ¿A Toyota, a Honda que leamos a Kawasaki? Pues resulta que tengo una. "Aparta de mi estos premios" es un hilarante libro sobre españoles y japoneses escrito por un peruano de origen japonés: Fernando Iwasaki. El volumen reposaba en casa de mi hermano, en una estantería, creo que de nuevo al lado de las aburridas "Memorias de Adriano". No diré nada acerca de ese libro, solo que es uno de los más divertidos que he leído en mi vida, y que si pudiera matar a Iwasaki y poseer su alma (no sé si también a su pareja) lo haría sin dudarlo.

  Añadir, a modo de conclusión, y como lo prometido es deuda, que espero que la final de la Champions League sea Bayern de Munich vs Juventus. Aunque creo que los japoneses son más de béisbol que de fútbol.

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