"Jamás he sido de derechas". "No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible". Estos y otros razonamientos de similar tenor las dijo don Jorge Bergoglio, alias Francisco, en una revista de los jesuitas. Parecen cosas razonables pero cuando uno trabaja como Papa, incluso un ateo puede entender la dimensión que cobra.
El empleo de Santo Padre es único en el mundo. No es comparable ni siquiera con el de Presidente, Canciller alemán o Duque de Palma. La plaza fue sacada hace miles de años, por tanto goza de una estabilidad envidiable y no se prevé que sea amortizada. Da prestigio, sueldo razonable y dos residencias (una para todo el año y otra para vacaciones). Pueden optar sólo varones bautizados aunque en la práctica los candidatos deben ser curas de alta graduación. Se requiere don de gentes, idiomas, disponibilidad para viajar y carecer de cargas familiares conocidas. ¿Una ocupación idílica? ¡No pardiez! Si así lo creen es porque no han visto Las Sandalias del Pescador o El Padrino III.
(Ojo en este párrafo y el siguiente spoiler)
En las Sandalias del Pescador (The shoes of the fisherman. 1968. Estados Unidos, Michael Anderson) Kiril Lakota (Anthony Queen) es un recientemente nombrado cardenal ucraniano, ascendido a la púrpura tras pasar años preso por las autoridades soviéticas. Poco después el Papa muere, el cónclave lo acaba eligiendo por sorpresa. Tras pasar por la zozobra de la soledad del nuevo cargo, acaba por hacerse con las riendas de la dirección y tras salvar al mundo de una contienda entre rusos y chinos, acaba por vender las riquezas de la Iglesia para atender a los pobres ante el espanto de todos los cardenales, salvo uno gordito y falto de cariño. En la inexistente segunda parte se habla de su crimen por la espantada Curia y la recuperación de las joyas con intereses de demora.
Más explícita es El Padrino III (The Godfather Part III. Estados Unidos. Francis Ford Coppola. 1990). Un cardenal sabio y de gran corazón ocupa la silla de Pedro y averigua turbios asuntos de las finanzas vaticanas. Una oportuna intolerancia a la lactosa hace que las aguas vuelvan a su cauce.
Los profanos pensamos que si además de cuestionar la condena católica a los homosexuales, los condones y el aborto, comienza a remover facturas y echar un vistazo a las inversiones, un ser en la penumbra del que sólo podemos ver su antebrazo púrpura y una lánguida mano acariciando a un gato negro ronroneando tomará sus decisiones. Quizá se llegue a la conclusión de que, siendo tan santo, cuanto antes se reúna con el Padre, tanto mejor para todos.
- Hipótesis primera. El Papa Francisco lleva adelante sus propósitos. Se ordenan mujeres y se pide disculpa a los homosexuales y a los que murieron de sida siguiendo sus doctrinas, igual que hicieron con Galileo.
- Hipótesis segunda. Una monjita afín le prepara por su santo un típico asado argentino que le acaba sentando mal, pese a que su aspecto invita a pensar que derrocha salud.
- Hipótesis tercera. Francisco es antes que Papa argentino. Ergo es elocuente pero habla de más. Reúne a la Curia y les tranquiliza sobre sus verdaderas intenciones, alegando que se sintió como Jorge Valdano.
Conclusión. Preguntada una teóloga sobre la posibilidad de la ordenación de las mujeres como curas (o "curesas") contestó con sinceridad que sería deseable, pero harto improbable ya que convertiría al catolicismo en otra cosa distinta de su naturaleza. ¿Qué sería de la Iglesia Católica sin sus diatribas contra gais, usuarios de condón, divorciados, abortistas, y lectores de manga? Sería sin duda espléndido, pero su parecido entonces a Intermón Oxfam o a Izquierda Unida sería asombrosa. También preocupante para todos los que necesitamos un mal para pensar que estamos en el lado bueno.
El Señor Gordo
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