Garbiñe Muguruza ha ganado su primer título de Grand Slam en Roland Garros. No hace falta ser adivino ni leer en la vísceras de los pollos para augurar que, si las lesiones la respetan (como suele decirse en la jerga de la prensa deportiva), este no será el único gran título que consiga. Me encanta Garbiñe. Adoro la precisión con la que arrea leches a la pelota. Debo añadir además mi cercanía a la estrella ya que soy uno de sus más de doscientos (o trescientos) mil amigos de Facebook, pero hoy prefiero empezar a hablar de Serena Williams.
Hace años se publicó que Serena junto con su hermana, habían acorralado a cierta jugadora con intención de intimidarla, o dicho en términos macarras, para "canearla". Puede que la leyenda sea apócrifa, pero es cierto que durante aquellos primeros años de su triunfante carrera, aún a la sombra de Venus, había algo un poco turbio, quizá no en ellas mismas como en su entorno familiar y en concreto su padre. Sobre los padres de los y las tenistas se puede escribir una novela de realismo sucio. Pero el tiempo pasó y Serena se convirtió en eso que pomposamente se llama una leyenda del deporte. Sí, yo también sucumbí a sus cansinos pasos, seguidos de eléctricos golpes buscando ángulos ocultos a los profanos.
Aún así, Serena no ha sido nunca la tenista mejor pagada. Las marcas, al parecer, prefieren a otro tipo de mujeres. Diferentes. Digamos más... blancas. Sharapova, de acuerdo con la revista Forbes, duplicaba en ingresos patrocinadores a Serena en el año 2015. Quizá no solo era un asunto de color de piel. Es posible que las marcas quizá se decanten por mujeres más esbeltas, o mujeres "pavotontas". Estresadas y aparentemente rebeldes, pero deseosas de devorar jamón de York, y por supuesto blancas y delgadas. Mujeres con menos culo que Serena, menos muslos y menos nalgas. Reconozco que con estos datos hay todo un terreno abonado a la demagogia. Pero antes de retirarme prudentemente, les recuerdo que durante este mismo torneo de Roland Garros, Serena ha tenido que escuchar el siguiente punto de vista de un espectador: "retírate, gorda".
Horas antes de que Garbiñe ganara su título, moría Muhammad Alí. "¿Por qué Jesús es blanco y tiene los ojos azules? ¿Por qué en la última cena todos son blancos? Y María y los ángeles también son blancos. ¿Por qué Tarzán, el rey de la selva, era blanco? Él podía hablar con los animales, pero los africanos que llevaban allí siglos no podían, solo Tarzán podía hacerlo". Invito a que vean el resto de la entrevista de la que he extraído estas frases. Les dejo el enlace que acredita que la rapidez de la mente y la lengua de este hombre, al que después de ganar la medalla de oro olímpica en Roma, aún le negaron comida en un restaurante solo para blancos de su ciudad.
Desde entonces los tiempos han cambiado. Es cierto que Obama no ha sido lo que muchos esperaban ¿acaso podía serlo? Pero si se analizan sus dos mandatos con un poco de perspectiva, viendo de dónde veníamos y quizá todavía más comprobando a dónde podemos ir parar, el balance del presidente negro no ha sido negativo y sin embargo las críticas que ha recibido han sido feroces. En una reciente encuesta fue considerado como el peor presidente de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial.
Otra reflexión demagógica sugeriría que los negros están bien haciendo deporte, donde son inmensamente superiores; o incluso componiendo e interpretando música, pero no son tan bien vistos cuando ejercen funciones directivas y mucho menos en el poder. Supongo que algunas están tentadas de suprimir negros por mujeres, o por gordos, o por personas con diversidad funcional o discapacitados (elijan la terminología que más les guste) y la frase funciona igualmente. Como soy un bloguero democrático, hagan lo que les resulte más conveniente.
De alguna forma todos somos negros, y desde luego yo soy gordo, al menos cada vez que escribo en este blog. En una película de Spike Lee que ha hecho de la negritud material fundamental de su filmografía, un personaje negro, homosexual, artista y friki, clamaba que él pertenecía a una minoría de una minoría de una minoría.
Me gustaría terminar con una cita del poeta y novelistas nigeriano Ben Okri. Quizá no venga a cuento de lo que he dicho hasta ahora, o quizá, solo por un error en la geometría de las letras, que diría cualquier argentino, sí. Me encanta y últimamente la recuerdo mucho, sin tampoco saber por qué. Sin saber qué me está diciendo. La comparto en versión original.
Así comienza su novela The famished road.
In the beginning there was a river.
The river became a road and the road branched out to the whole world.
And because the road was once a river it was always hungry.
