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09 febrero 2014

El síndrome de la mujer idiota

  El descubridor de este síndrome no soy yo, que aprobaba con dificultad las ciencias naturales, sino los científicos de Rokambol. Afecta a una de cada treinta mujeres imputadas y acusadas. El rango de edad que prevalece está sobre los cuarenta y afecta más a residentes en urbanizaciones exclusivas.  Por lo que leo se cree que puede estar relacionado con los pesticidas de los jardines o las colonias baratas de las empleadas internas. Los síntomas son falta de memoria a largo plazo, cara de pánfila, ojos bovinos, sonrisa cándida y fuera de lugar, incapacidad absoluta para sumar, restar, multiplicar y dividir.

  En los estados más graves se acompaña de incapacidad para reconocer la propia firma, incapacidad para identificar de dónde sale el dinero con el que se compran todo tipo de objetos, sumisión aparente al varón y crecimiento desproporcionado de la superficie facial ante preguntas de naturaleza patrimonial. Aquellas que sabían leer balances, cuentas de resultados o tenían conocimientos de fondos de inversión, productos bancarios, préstamos hipotecarios y personales etc, pierden estas habilidades hasta el punto de no saber responder con precisión a preguntas básicas tales como: "cuánto dinero lleva en el monedero" o "cuánto cuesta un bolso de Hermès".

  Se han relatado casos de síndrome de la mujer idiota también en varones, pero los expertos han descartado que se trate de verdaderos individuos afectados. En primer lugar porque para padecer el síndrome de la mujer idiota hay que ser mujer. En segundo lugar porque sus ojos bovinos y especialmente su sonrisa cándida o idiota no se corresponde con los casos relatados en mujeres. Por este motivo, la comunidad científica se inclina a pensar que en los casos en que pudieran aparecer todos o algunos de estos síntomas en varones, estaríamos en presencia de ejemplos de disverdad, fabulación interesada, cara crónica o lo que le más reciente estudio de Smith, Lavender y Cifuentes califican como " fuleros".

  Los síntomas aparecen cuando se expone a la paciente a la presencia judicial o policial. No está demostrado que la visión de togas, balanzas y otro tipo de objetos relacionados con la justicia sea la causante única de los síntomas, si bien, una investigación realizada por el Instituto Nóos demostró que la exposición excesiva a expedientes judiciales podría producir un empeoramiento de las habilidades matemáticas básicas y alucinaciones amatorias con respecto a parejas o ex parejas con las que se compartió algún tipo de desplazamiento patrimonial.

  La profilaxis recomendada prescribe, entre otras precauciones, examinar con atención los extractos bancarios, desconfiar del dinero que aparece solo, así como de los objetos que sin ninguna explicación emergen en el entorno familiar, como Jaguars o palacetes en la zona alta de Barcelona, leer los documentos antes de firmar, leer el Financial Times tres veces por semana y cuando empiezan a aparecer los primeros síntomas, tomar un avión a Brasil y bailar en carnaval.

Debo por último, hacer mención a la existencia de una  corriente crítica  compuesta de naturópatas, contables, y la "Asociación de Madres con Criterio", que niegan la existencia del síndrome. Describen a las afectadas como frescas y delincuentes. En opinión de estos disidentes el síndrome lo padecen realmente los jueces, fiscales, abogados y periodistas que se tragan el anzuelo. Suerte que tenemos la ciencia para silenciar a este grupo de iluminados.



El humor está aquí, en alguna parte
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28 noviembre 2011

¿Una Familia Real disfuncional?

  Curarse en salud es un precisa expresión castellana, no exenta de ironía, que significa que alguien se va a excusar (o simula excusarse) por lo que va a decir posteriormente, con el deseo de que no se sea mal interpretado. Me curo en salud para decir que, por razones quizá no siempre bien explicadas y pese a ser una persona de izquierdas, siempre he pensado que la monarquía en España cumple un papel útil. En principio lo pensaba, por compartir cierto aprecio, heredado de otras generaciones, por el papel que tuvo el Rey Juan Carlos I en la transición democrática española. Más tarde fue la convicción de que la República no traía necesariamente, si quiera simbólicamente, algo mejor. Me parecía mucho más preferible un rey como Juan Carlos que un presidente de la Tercera República, pongamos por ejemplo como Aznar (con toda su corte pseudomonárquica al lado) o como Bono. Últimamente mi pulsión monárquica se vio reforzada al comprobar como los sectores de la extrema derecha la rechazaban, lo que me atrajo de nuevo sus simpatías, si bien no muy racionales, quizá más sinceras. Y en eso llegó el año 2011, y hasta hoy. Y todo este discurso se ha caído como un castillo de naipes del Carrefour.

  El año 2011 fue un cambio de era seguramente. No sabemos si en un año pagaremos nuestras medicinas que curan nuestras enfermedades y nuestros vicios gracias a los cuales contraemos algunas de nuestras enfermedades con añejas pesetas. No sabemos si dentro de diez habrá por mor del cambio climático primavera, verano, otoño e invierno. Pero sabemos que la familia real española es una familia en términos (tóxicos) de Trabajador Social como disfuncional. De no ser rey, reina, príncipe, princesa, infantas y duques, serían carne de servicios sociales, de psicólogo, de educador, de Centro de Día.

   El Duque (o ex Duque) de Lugo, un señor de aspecto estrafalario, ex marido de la Infanta Elena, todavía sufre las secuelas de un un ictus. Fue conocido por su vida desordenada y sus negocios como consejero de lo que sea en grandes empresas, que ahora andan de capa caída desde que el divorcio de la infanta supuso su exclusión de la gran familia real empresarial. El Duque (todavía) de Palma está implicado en una trama de corrupción. Se le investiga además por evasión fiscal. En cuanto a la Princesa Letizia, cuando se casó era una joven periodista. Ahora tiene un aspecto diferente e inquietante. Su desparpajo ha sido cercenado por el férreo protocolo. Algunos se preguntan el por qué de su extrema delgadez. Su suegra, la reina Sofía, fue retratada en un libro publicado hace unos años por una periodista de derechas como homófoba, superficial y desinformada. En cuanto al monarca, lo último ha sido golpearse con una puerta, que debía tener la fuerza y eficacia pugilística de Manny Paquiao. Por último, el Príncipe Felipe, heredero de trono de España o lo que quede de ella, está tan en su papel que, como dirían las abuelas, se diría que ni siente ni padece. Salvo el caso del ladrón, el resto de los personajes no necesariamente deben de ser censurados, pero ¿deben ser financiados?
  Hubo un tiempo en que todos hicimos bromas sobre la infanta Elena. Sí, todos sabemos cuales.Y sin embargo; ¿y si Elena, injustamente excluida del trono en esta España que va de igualitaria, es el futuro de la monarquía? Tiene un bonito nombre y siente los colores. No es que me importe mucho el futuro de la monarquía pero, ¿qué quieren? ¿Seguir hablando del paro o de la prima de riesgo?