El descubridor de este síndrome no soy yo, que aprobaba con dificultad las ciencias naturales, sino los científicos de Rokambol. Afecta a una de cada treinta mujeres imputadas y acusadas. El rango de edad que prevalece está sobre los cuarenta y afecta más a residentes en urbanizaciones exclusivas. Por lo que leo se cree que puede estar relacionado con los pesticidas de los jardines o las colonias baratas de las empleadas internas. Los síntomas son falta de memoria a largo plazo, cara de pánfila, ojos bovinos, sonrisa cándida y fuera de lugar, incapacidad absoluta para sumar, restar, multiplicar y dividir.
En los estados más graves se acompaña de incapacidad para reconocer la propia firma, incapacidad para identificar de dónde sale el dinero con el que se compran todo tipo de objetos, sumisión aparente al varón y crecimiento desproporcionado de la superficie facial ante preguntas de naturaleza patrimonial. Aquellas que sabían leer balances, cuentas de resultados o tenían conocimientos de fondos de inversión, productos bancarios, préstamos hipotecarios y personales etc, pierden estas habilidades hasta el punto de no saber responder con precisión a preguntas básicas tales como: "cuánto dinero lleva en el monedero" o "cuánto cuesta un bolso de Hermès".
Se han relatado casos de síndrome de la mujer idiota también en varones, pero los expertos han descartado que se trate de verdaderos individuos afectados. En primer lugar porque para padecer el síndrome de la mujer idiota hay que ser mujer. En segundo lugar porque sus ojos bovinos y especialmente su sonrisa cándida o idiota no se corresponde con los casos relatados en mujeres. Por este motivo, la comunidad científica se inclina a pensar que en los casos en que pudieran aparecer todos o algunos de estos síntomas en varones, estaríamos en presencia de ejemplos de disverdad, fabulación interesada, cara crónica o lo que le más reciente estudio de Smith, Lavender y Cifuentes califican como " fuleros".
Los síntomas aparecen cuando se expone a la paciente a la presencia judicial o policial. No está demostrado que la visión de togas, balanzas y otro tipo de objetos relacionados con la justicia sea la causante única de los síntomas, si bien, una investigación realizada por el Instituto Nóos demostró que la exposición excesiva a expedientes judiciales podría producir un empeoramiento de las habilidades matemáticas básicas y alucinaciones amatorias con respecto a parejas o ex parejas con las que se compartió algún tipo de desplazamiento patrimonial.
La profilaxis recomendada prescribe, entre otras precauciones, examinar con atención los extractos bancarios, desconfiar del dinero que aparece solo, así como de los objetos que sin ninguna explicación emergen en el entorno familiar, como Jaguars o palacetes en la zona alta de Barcelona, leer los documentos antes de firmar, leer el Financial Times tres veces por semana y cuando empiezan a aparecer los primeros síntomas, tomar un avión a Brasil y bailar en carnaval.
Debo por último, hacer mención a la existencia de una corriente crítica compuesta de naturópatas, contables, y la "Asociación de Madres con Criterio", que niegan la existencia del síndrome. Describen a las afectadas como frescas y delincuentes. En opinión de estos disidentes el síndrome lo padecen realmente los jueces, fiscales, abogados y periodistas que se tragan el anzuelo. Suerte que tenemos la ciencia para silenciar a este grupo de iluminados.
En los estados más graves se acompaña de incapacidad para reconocer la propia firma, incapacidad para identificar de dónde sale el dinero con el que se compran todo tipo de objetos, sumisión aparente al varón y crecimiento desproporcionado de la superficie facial ante preguntas de naturaleza patrimonial. Aquellas que sabían leer balances, cuentas de resultados o tenían conocimientos de fondos de inversión, productos bancarios, préstamos hipotecarios y personales etc, pierden estas habilidades hasta el punto de no saber responder con precisión a preguntas básicas tales como: "cuánto dinero lleva en el monedero" o "cuánto cuesta un bolso de Hermès".
Se han relatado casos de síndrome de la mujer idiota también en varones, pero los expertos han descartado que se trate de verdaderos individuos afectados. En primer lugar porque para padecer el síndrome de la mujer idiota hay que ser mujer. En segundo lugar porque sus ojos bovinos y especialmente su sonrisa cándida o idiota no se corresponde con los casos relatados en mujeres. Por este motivo, la comunidad científica se inclina a pensar que en los casos en que pudieran aparecer todos o algunos de estos síntomas en varones, estaríamos en presencia de ejemplos de disverdad, fabulación interesada, cara crónica o lo que le más reciente estudio de Smith, Lavender y Cifuentes califican como " fuleros".
Los síntomas aparecen cuando se expone a la paciente a la presencia judicial o policial. No está demostrado que la visión de togas, balanzas y otro tipo de objetos relacionados con la justicia sea la causante única de los síntomas, si bien, una investigación realizada por el Instituto Nóos demostró que la exposición excesiva a expedientes judiciales podría producir un empeoramiento de las habilidades matemáticas básicas y alucinaciones amatorias con respecto a parejas o ex parejas con las que se compartió algún tipo de desplazamiento patrimonial.La profilaxis recomendada prescribe, entre otras precauciones, examinar con atención los extractos bancarios, desconfiar del dinero que aparece solo, así como de los objetos que sin ninguna explicación emergen en el entorno familiar, como Jaguars o palacetes en la zona alta de Barcelona, leer los documentos antes de firmar, leer el Financial Times tres veces por semana y cuando empiezan a aparecer los primeros síntomas, tomar un avión a Brasil y bailar en carnaval.
Debo por último, hacer mención a la existencia de una corriente crítica compuesta de naturópatas, contables, y la "Asociación de Madres con Criterio", que niegan la existencia del síndrome. Describen a las afectadas como frescas y delincuentes. En opinión de estos disidentes el síndrome lo padecen realmente los jueces, fiscales, abogados y periodistas que se tragan el anzuelo. Suerte que tenemos la ciencia para silenciar a este grupo de iluminados.
El humor está aquí, en alguna parte
