30 marzo 2018

Bandera a media asta por la muerte de la aconfesionalidad

  Los viajes en el tiempo sí que existen. Se pueden hacer en avión, en coche, en moto e incluso a pie. En ocasiones basta con cruzar una frontera, pongamos por ejemplo la que separa España de Francia. No es un viaje agradable, sobre todo si cuando regresas a tu país lo haces también al pasado; pero siempre será un trayecto interesante. En Francia la ley que consagra la separación de la Iglesia y del Estado, y por tanto la laicidad oficial del Estado francés, se promulgó en 1905. El artículo 1 de la Constitución Francesa de 1958 consagra que Francia es una república laica (y por cierto también indivisible). Para la mayoría de los franceses, profesen la religión que profesen e incluso si no son creyentes de ninguna, la laicidad del Estado es la piedra angular de su república, tan valiosa como la Torre Eiffel o el Monte Saint Michel.

  La Constitución Española de 1978, tributaria de la época en la que tuvo que ser redactada y refrendada, en cambio, recoge el principio de aconfesionalidad del Estado. El artículo 16.3 dice que ninguna relación tendrá carácter oficial, para añadir seguidamente que los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y demás confesiones. En el contrato de adhesión que en parte supone nuestra Carta Magna se tuvo que tragar con cláusulas abusivas si al final se quería obtener el préstamo del régimen democrático. La derecha de Alianza Popular logró introducir la mención a la Iglesia Católica "con el reconocimiento del catolicismo como hecho religioso" y de ahí la necesidad de que los poderes públicos cooperen con ella como explica Antonio Cañellas. El artículo 3 de la Constitución Española de 1931 decía escueta pero taxativamente: "El Estado Español no tiene religión oficial". 

  No me gusta utilizar frases hechas, especialmente si están manidas, pero ¿cómo no decir que de aquellos polvos vienen estos lodos? Un abogado sevillano consideró que los estatutos del Colegio de Abogados de Sevilla vulneraban la aconfesionalidad del Estado cuando declaraba patrona a la Santísima Virgen María en su misterio de Concepción Inmaculada. Los colegios de abogados son corporaciones de derecho público. La Sentencia del Tribunal Constitucional 34/2011, de 28 de marzo, no le dio la razón al demandante. Consideró que manifestaciones simbólicas como la enjuiciada no eran tanto religiosas como "culturales". Explicado en palabras de la propia sentencia "fácilmente se comprende que cuando una tradición religiosa se encuentra integrada en el conjunto del tejido social de un determinado colectivo, no cabe sostener que a través de ella los poderes públicos pretendan transmitir un respaldo o adherencia a postulados religiosos; concluyéndose así que en el presente caso, el patronazgo de la Santísima Virgen en la advocación o misterio de su Concepción Inmaculada, tradición secular del Colegio de Abogados de Sevilla, no menoscaba su aconfesionalidad".

  No es el momento ahora de recordar cómo las tradiciones han sido "integradas en el tejido social", las obligaciones de asistir a las procesiones, los cierres de todo tipo de establecimiento durante el viernes santo, ni cómo estás cambian y evolucionan. Mejor viajemos al pasado, a marzo de 2018. El Ministerio de Defensa español, cuya titular no es aunque lo parezca la madre de Norman Bates cuando era joven, decide que las banderas de España ondearán a media asta en los cuarteles en señal de luto por la muerte de Cristo. ¿Cultural? ¿No está integrado en el tejido social? El Defensor del Pueblo tiene sus dudas. Las autoridades militares y religiosas siguen desfilando a título institucional en las procesiones de Semana Santa, y lo que es peor, no lo hacen vestidas de damas de mantilla. Algunas cofradías pueden pedir el indulto a condenados que a menudo se conceden, algo que parece no casar muy bien ni con la separación de poderes ni con un estado aconfesional y todo en aras de la tradición cultural y de la "realidad social".

  De acuerdo con el informe realizado por Pew Research Center solo el 9% de los españoles consideraba que ser cristiano era una parte importante de la identidad de ser español. De acuerdo con el CIS en su barómetro de 2016, el 70% de los españoles se declara católico (si bien la pregunta a responder ya incluía la palabra católico) aunque el número de practicantes no llegaba al 20%. En un estudio realizado por el Observatorio del Pluralismo religioso en España, cofinanciado por el Ministerio de Justicia en 2013,  el 65,20% de los encuestados consideraba que la religión era muy poco o nada importante en su vida.

  ¿Por qué siendo España un país tan secularizado existen tantas dificultades para que exista una efectiva separación entre la Iglesia Católica y Estado? Alguien nos grita: ¡No es la religión, idiota! Es cierto que estas prácticas de exteriorización católica, que a menudo no tienen que ver propiamente con los sentimientos religiosos apuntalan la idea "sociológica" de que España sigue siendo una sociedad católica. Ya hemos visto que de este hecho sociológico se extraen relaciones de "cooperación" de la que la Iglesia Católica saca buenas ventajas, como es bien sabido. Hacen seguramente bien. ¿Quién de buena gana renuncia a sus privilegios? Pero sería erróneo señalar a la Iglesia como la culpable, cuando no es más que la herramienta. No son ellos los que imponen que sean los legionarios los que saquen en procesión al Cristo yaciente. Si la derecha española de filiación próxima o lejana le interesa apuntalar la simbología católica, incluso más allá de las supuestas tradiciones no es por lo que tiene de católica sino, de nacional-católica.

  El infame general Franco que como señala Paul Preston apenas había dado señales de interés por la religión en su etapa africana, comprendió la importancia de la religión católica como legitimadora del régimen nacido del golpe de estado contra la república. La religión se convirtió en piedra angular de su nuevo régimen totalitario junto con un nuevo nacionalismo español, de corte autoritario y centralista, que acabó patrimonializando y bastardeando la historia y los símbolos españoles. Una ponzoña que sufrimos incluso en democracia. 

  Es este modo de entender España, una idea patrimonial en la que unos cuantos tenían las riendas del poder estatal y económico, el que ha sobrevivido y prosperado en democracia llegando a nuestros días y que reacciona cuando se siente amenazado, ya sea por las tendencias anticentralistas, como los que piden una sociedad más plural, igualitaria y laica. No es por Cristo por quien ponen la bandera a media asta. Nos la acercan bien porque aún creen que tras el escudo (que no está en la Constitución Española) se oculta un pájaro de mal agüero que aún vuela sobre el valle del pasado.

El humor está aquí, en alguna parte
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19 marzo 2018

Vocabulario básico para expertos




Tradicionalmente ciertas profesiones se han ganado la vida haciendo creer a los demás que las cosas que decían no solo eran las más importantes sino que tenían un sentido más allá de lo que su público era capaz de comprender. Abogados, jueces, vendedores de cualquier cosa, trileros, economistas, matasanos, militares, loqueros y por supuesto clérigos y políticos eran los expertos tenedores en el manejo de un lenguaje tan pretendidamente elevado como estéril.

Ya durante los años al menos ochenta del pasado siglo surgió el imperativo de que uno ya no era solo uno, el tipo que desayuna, se va a trabajar, ríe, llora, come, defeca y ama sino un producto que debe ser vendido por uno mismo, de modo que se es a la vez objeto y sujeto en el mercado laboral, sexual, sentimental y social. Para ello era fundamental cambiar el nombre de las cosas y las personas. No me refiero a la práctica tan extendida de aplicar un anglicismo, como por ejemplo los fulanos que llaman "Summer Camp" a un campamento de vacaciones para niños sino a términos algo más elaborados. Los actores callejeros se transformaron en "performers" y los párrocos, como decía Camilo José Cela y en obispos auxiliares de grado de medio. 

Desde aquella época al año 2018 la sociedad ha avanzado hasta cotas que eran inimaginables como lo demuestra el eje del bien: Xi-Trump-Putin (que también podía ser la letra de cualquier canción de un grupo indie español). Por eso es necesario, más que necesario, imprescindible que si es usted uno de los que no maneja las palabras palangana las incorpore cuantos antes a su vocabulario. Su vida profesional y personal dependen de ello. Es eso o pertenecer a la tribu de los que jamás pone una "h" al verbo haber: la elección es suya. La presente relación es por supuesto incompleta, pero abarca al menos el 90% de sus necesidades. En caso de duda basta transformar cualquier vocablo en un anglicismo. Verbigracia: "Torneo de fútbol de chiquillos". " Beginners Soccer Cup". 

Transversal. Es inútil da una definición de transversalidad dado que por definición todo es transversal y si no lo es debería serlo o perecer en la hoguera de las universidades. Lo transversal atraviesa disciplinas, personas de la misma manera que antes lo holístico los incluía y lo multidisciplinar los reunía. Como la Santísima Trinidad es uno y trino. Padre, hijo y máster universitario. San Colectivo o San Comité. Si algo de lo que está haciendo no es transversal le anticipo que ya mismo que es una basura. Si no está haciendo nada, le recomiendo, aún tiene la esperanza de que sea una nada transversal.

Empoderar. Del inglés "empowerment", conceder poderes. En español también puedes conceder poderes. Es un trámite aburrido. Se va al notario, se pagan 60 euros y puedes dar poderes a Angela Merkel para que te venda la casa de la playa, pero no se trata de esto. Empoderar es un proceso místico de toma de conciencia previo a echar un par de los atributos que se deseen. Sin embargo,

Implementar. Hacer las cosas, así sin más, es de perdedores. Los ganadores o las implementan o no las haces, entonces las implementarán. Los triunfadores directamente consiguen que las hagan otros para luego afirmar que ellos las han implementado. Cuanto más se implementa más caro resulta. Se puede implementar desde una política para la preservación de los patos en el delta del río Monnegre hasta una una acción para vender vinos picados en China. 

Visibilizar. Si no te ven ¿para qué existes? Hubo un tiempo heroico en que se pensaba que las masas proletarias se hartarían de todo y tomarían a los poderosos por el pescuezo. Incluso lo hicieron. Pero ahora los pobres no son esas masan en peligro de ebullición sino lo que el sociólogo Jesús Ibañez llamaba "superfluos e irrelevantes". Hay que dejarse ver, estar, hacerse presente, tener mil millones de visitas, de followers, de haters. Es indiferente sacar el paso de la Virgen del Remedio o del coño insumiso. 

Diversidad. Diversidad cultural, diversidad funcional, diversidad competencial, diversidad religiosa. Le pones diversidad a lo que sea y es como el agua bendita. Yo mismo la empleo y cuánto más la uso menos la veo.

Herramientas y competencias. Ambos términos definen el Santo Grial de la excelencia educativa. Tanto si estás matriculado en un curso cutre para aparcar a los parados durante quinientas horas como si realizas un carísimo MBA. La transmisión de conocimientos, la educación se deja para la propaganda de los jardines de infancia. A los profesionales se les dota de herramientas y competencias que les serán muy útiles en la selva de la globalización. Pero solo los elegidos en el manejo del cincel podrán llegar a la excelencia y crear un" protocolo de actuación". 

Empatía/Asertivo. ¿Crees que te posee el maligno? Error. Es mucho peor. Lo que te sucede es que no tienes empatía. Tienes la afectividad de una lechuga. Comes pollo y ni siquiera te has parado a pensar en su familia, en su granja. ¿Tienes solución? Veremos como vas de asertividad. Conoces tus derechos y los defiendes pero respetas a los demás. Soy del Ku Klux Klan. Conozco mis derechos a vivir en una comunidad blanca y que ser recoja mi cosecha de algodón, pero comprendo tus reticencias de hombre oscuro. Dialoguemos mientras construyo esta cruz. ¿Tienes cerillas? 

Poner en valor. Entroncada directamente con la castiza expresión poner los cojones encima de la mesa, poner en valor es el comodín perfecto para justificar cualquier tipo de acción, reacción, inacción o presupuesto público. Vale tanto para iniciar como para concluir, si bien para lo primero es preferible "poner encima de la mesa". La aclaración es pertinente porque las mesas tienen cajones y a veces se pierden cosas en ella. Por otro lado, también hay cosas que se ponen debajo de la mesa, pero es más difícil "ponerlas en valor". Poner en valor es el colofón, la guinda del pastel conceptual.

Tolerancia cero. El chiste (malo) dice. Estoy a cero grados, no tengo ni frío ni calor. Para el poder, siempre tan sobreactuado no es suficiente con decir que no se va a tolerar algo sino que hay que cuantificarlo para enfatizar que se es paladín en la lucha contra la violencia de género, la pobreza, las corridas de toros o los raperos. Hablar de "tolerancia 0" implica que existe una tolerancia 0,001. ¿Pero sería aún más radical la tolerancia -2? En este caso el "cerotoloerante" es impostor del tipo del que hace las cosas desde el minuto "0", antes del Big Bang.

Ejemplos prácticos:

A- "Con la implantación de acción lo que se pretende es dotar de herramientas y competencias educando en la asertividad y la empatía y así como visibilizar y empoderar a los colectivos que trabajan en por de la diversidad  y la tolerancia cero así como poner en valor su actividad".

O bien:

B.- "Para poner en valor la diversidad se necesitan las herramientas y competencias necesarias que permitan visibilizar y empoderar la diversidad desde el marco de políticas que implementen políticas de tolerancia cero desde la óptica de la asertividad y la empatía".

O bien:

C.- Desde el marco de implementado pondremos en valor lo asertivo y diverso, añadiremos tres ñoras, dos dientes de ajo y reservaremos. Respecto al azafrán industrial mantendremos una postura de tolerancia cero. Una vez enfriado empoderaremos desde un punto de vista diverso".

O bien:

D.- Se empoderan tres ajos. Cuidaremos de que sean diversos. A ser posible un ajo de Ciudadanos y otro de la CUP. El primero estará lleno de pesticidas de última generación y el segundo rigurosamente ecológico regado con sangre sudor y lágrimas suizas. Una vez visibilizados en la sartén, experimentaremos por ellos empatía y nos sentiremos ajos trece minutos mediante la asertividad para luego implementar el caldo de pollo hecho de la víspera hasta que cueza, pues nuestra postura al pollo crudo será de tolerancia cero. Como estamos empoderados pondremos los ajos al servicio de nuestro guiso. Lo implementamos treinta minutos y ya está listo para ser puesto en valor, preferiblemente en una cazuela de barro.

10 marzo 2018

Benditos detractores


  Algunas noches sueño con que el obispo Munilla condena mi blog y afirma que llevo el demonio dentro, que incluso soy un esclavo de las feministas por las mañanas y de Lucifer tardes y sábados por la mañana. Por supuesto sueño despierto. He llegado a fantasear con la idea de llamarle (no creo que me pasen directamente con él), mandarle un correo electrónico (seguro que tiene un secretario que le filtra los mensajes, o incluso con esperarlo a la puerta del obispado a pecho descubierto, como si fuera una femen, con el torso pintado de la frase: "Monseñor, le necesito". ¡Bendígame! Es decir, ¡Condéneme!

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  Es difícil valorar cuánto le deben las promotoras de la huelga del pasado 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, que no día español contra la cultura "Spanish macho" por mucho que se empeñen los e periodistas de The Guardian o The Independent, a los detractores de la protesta. Pero con seguridad es mucho. A la ministra de no se qué lanzada por sus jefes a los caballos de la huelga a la japonesa, o a Cifuentes la presidenta de la Comunidad de Madrid, no la bióloga. Y por supuesto, como estrella invitada, a monseñor Munilla. La publicidad, el prestigio y la legitimación que estas personas han hecho de la protesta feminista ha sido impagable. Han hecho lo que decía el agente de la CIA interpretado por el genial Leo G. Carroll tras el falso asesinato de Eve Marie Saint a manos de Cary Grant, "colaborar espontáneamente en nuestro favor de nuestra causa". Va a ser verdad que Dios escribe recto con renglones torcidos.

  Es cierto que a veces resulta monstruoso descubrir que la mayor parte de la gente que te rodea no ha leído jamás un libro, vota al Partido Popular o considera que Alejandro Sanz es un buen músico. Pero los antagonistas dan sentido a nuestras creencias y apuntalan nuestra identidad. ¿Pero no sería igualmente insoportable para mí que en todos los supermercados sonara la música de Cat Stevens y en la televisión solo se pudieran ver películas de Alfred Hitchcock? ¿En qué quedaría mi identidad? Necesitamos a los intolerantes a los que están todo el día escandalizando. Sin ellos estamos perdidos. Es más, necesitamos ser escandalizados.

  Pero dejándonos de disquisiciones para las sobremesas pasadas por orujo. Me parece una evidencia que en este mundo de las redes sociales donde el más visible (¡ay la visibilidad!) es el que más grita, alguien te tiene que gritar a ti. En este punto debo confesar, como lo hice otras veces, que me he llegado a plantear como método bajuno de incrementar las magras visitas a este blog el replicarme a mí mismo. Nada excesivamente violento. Algo relativamente convencional. Por ejemplo: Señor Gordo, es usted un cretino y no sabe poner bien las putas comas. A veces he llegado a creer que un catedrático que me tiene por izquierdista desnortado me da réplica en sus artículos. Sería maravilloso.

  Leo una vez más las declaraciones del obispo Munilla. Me había pasado desapercibida la metáfora futbolera que utiliza. Dice que algo así el demonio ha hecho que meterse un gol en su propia meta a las feministas. ¿Mala baba sabiendo que fútbol y feminismo han sido siempre secretamente hostiles? De repente me ha venido a la memoria Predraj Spacić, autor de un más glorioso gol en propia puerta en el Santiago Bernabéu y he comprendido que no fue él sino el diablo quien se tiró en plancha para marchar un gol por la escuadra.

Ya lo tengo claro: Munilla es feminista y antimadridista.